jueves, 5 de febrero de 2015

CAP. 87. ELISA: Renacer al amor.

Sara y yo comenzamos  a salir regularmente. No fue algo premeditado y sin embargo las dos aceptamos vernos como si desde la primera cita supiéramos que seríamos pareja. El sexo tardó en llegar. Mucho. 
Durante el invierno yo me instalé en su casa, dormía en su cama y ella me rodeaba por la espalda, se acoplaba a mi figura como un bebé y yo podía sentir el vacío de su pecho amputado dejando libre uno de mis homóplatos. Allí faltaba el calor de su piel y para compensarlo ella apoyaba su mano en ese pequeño espacio, ahuecando la palma, a veces rozándome con los labios ligeramente, casi ni un beso.  No sucedía nada más entre nosotras. 
El primer beso vino una mañana al salir de su casa, mientras me ponía el abrigo y ella trataba de meterme una cucharada de muesli en la boca y los arándanos y las nueces caían a nuestro alrededor entre risas. Sara se detuvo a limpiarme con la servilleta y luego me besó. Yo alargué el beso. Eso nos paralizó. Nos dejó quietas como estatuas talladas en un gesto. En ese beso no participaban nuestros cuerpos, tan solo la boca, los labios y tímidamente las lenguas. Tal vez por eso fue tan excitante. El deseo se había acumulado en cada uno de los rincones de mi cuerpo, pero sólo podía expresarlo con mis labios. Después del beso no pude concentrarme en nada. Pasé el día pensando como sería la vuelta a su casa. 
Lucia y Andrés habían regresado a Londres y vivían juntos. A pesar de que no les guardaba rencor evitaba sus invitaciones a vernos. La situación seguía pareciéndome extraña. Yo me había instalado en casa de Sara “provisionalmente” y esa provisionalidad me mantenía a salvo. Esa mañana me di cuenta de que dormíamos juntas, comíamos, cenábamos, desayunábamos juntas, hacíamos planes para el fin de semana y compartíamos amigos. Mi antigua costumbre intentó llevarme al terror de nuevo. No es fácil deshacerse de los fantasmas. Siempre están ahí, al acecho, esperando un poco de oscuridad en tu mente para hacerse visibles. Sí, estaba viviendo con una chica. Estaba saliendo con una chica, dormía con una chica. Era lesbiana, pero la cuestión que asaltó mi mente fue otra: ¿Por qué no hacíamos el amor? me pregunté, y el miedo se hizo mayor ante esta situación tan familiar a la que ya había vivido con Andrés. Decidí afrontarlo con la misma provisionalidad con la que había creado nuestra relación. Sin proponérmelo. Día a día, viviría con el miedo. Sí, así sería. De acuerdo, pensé. Lo acepto.
Esa noche al regresar a casa me di cuenta de que la quería. Estábamos sentadas a la mesa. Cenábamos en la cocina. El calor del horno caldeaba esa habitación, el resto de la casa estaba frío. Intentábamos ahorrar en calefacción. Ella siempre llevaba mitones para estar por casa y sus dedos se movían como si fueran pequeños animales vivos, diferentes de su cuerpo. Le daban un aire ligeramente tétrico que me hacía recordar, no sé por qué, la falta de su pecho.
—No me gustan esos guantes —le dije.
—¿Ah, no? Pues no sabes lo cómodos que son. Te calientan la mano y te permiten usar los dedos.
—Pero pareces, no sé… una enferma, o una homeless.
—Esa es la intención —dijo burlándose de mi esnobismo.
Decidí no comentar nada más. Reconocía ese enfado en mí que normalmente tenía que ver con mi incapacidad para hablar de mi miedo. Siempre me había resultado más fácil convertir las palabras, en ataques de ansiedad, angustia, crueldad. Había algo insano en mí que estaba empeñada en cambiar y creía estar lográndolo.
—¿Qué tal te fue en la escuela hoy? —me preguntó mientras lavábamos los paltos juntas.
—No me he concentrado nada.
—¿Y eso?
—Tenía la cabeza en otro sitio.
Ella canturreó algo en voz baja. Miré sus labios moviéndose en italiano. Los idiomas conforman los labios de las personas. Yo ya podía reconocer si Sara hablaba en español, inglés o italiano, tan solo mirando sus labios, aunque no escuchara lo que decía. Cuando hablaba en italiano su boca era amplia y risueña.
—¿Qué cantas?
—Nada, se me metió en la cabeza esta mañana y llevo todo el día con ella…
Tarareó algo que sonaba divertido, interrumpiéndose de tanto en tanto para tratar de completar los vacíos que la memoria había dejado en la letra de la canción. Era una canción infantil.
—Solía cantársela a Rebecca cuando era un bebé.
Casi nunca hablábamos de Rebecca, la hija de Gaia y ella. Hablar de la niña incluía a Gaia y yo la temía. Sí, temía que Sara aún la quisiera.
—¿La echas de menos? —pregunté haciendo acopio de una buena dosis de mi terror.
—En absoluto, aunque suene duro y frío. Lo cierto es que tengo que marcar en el calendario los viajes a Roma para verla. Si no lo hiciera, los olvidaría.
—¿Y a Gaia?
Dije esto apartándome de ella, abriendo la alacena para dejar unos platos previamente secados con un paño.
Sentí sus ojos clavados en mi espalda.
Yo me mantuve entretenida con los platos y ordené algunos de los vasos para no encontrarme con ella.
—La recuerdo, a veces. Cada vez menos.
—No es eso lo que te he preguntado —insistí con el corazón desbocado.
Sabía que me estaba acercando a la verdad de nosotras y eso me asustaba tanto como descubrir que ella aún amaba a Gaia. De pronto surgió en mí la urgencia de hacerle el amor.
—¿La echas de menos?
—¿Qué te pasa? — preguntó cerrando el grifo.
—Nada. Es que no entiendo qué estoy haciendo aquí —dije.
—Ya.
Se movió por la cocina con lentitud, rodeó la mesa pasando uno de sus dedos por el contorno, como si quisiera dibujarla. Luego se detuvo al otro lado.
—No he podido dejar de pensar en nosotras —añadí antes de que ella dijera algo—. El beso de esta mañana… ha sido.
—Nuestro primer beso —dijo ella.
—Sí, pero no entiendo qué está pasando y sé que es normal que yo trate de manipular las relaciones para evitar todo aquello que me asusta, pero me pregunto por qué tú estás permitiendo que esto pase.
—¿El qué? —sus ojos se dulcificaron animándome a seguir hablando.
—Que no tengamos sexo.
—¿Lo queremos?
Su respuesta me dejó helada. En mi fantasía, la que había creado durante ese día, yo la imaginaba ansiosa por hacerme el amor. Ocultando su deseo, de la misma manera que yo me había ocultado el mío. Pero tal vez, ella no me deseaba.
—Buena respuesta —dije con acritud—. Te escapas de contestar y me pasas la pelota a mí.
—Elisa, ven. 
La mesa circular estaba entre nosotras y ella extendía el brazo hacia mí.
—¿Por qué no te acercas tú? —contesté llena de rabia.
—Porque eso es lo que tú esperas, y así podrás rechazarme o escaparte si lo deseas. No hacemos el amor porque no estás preparada para hacerlo, es así de simple.
—¿Y qué pasa contigo? ¿Qué haces tú con tu deseo? ¿lo has congelado o te descargas con otras?
—Estás empezando a decir tonterías —contestó visiblemente herida por la última pregunta.
—No sería la primera vez, ¿verdad? Si pudiste serle infiel a Gaia, imagínate conmigo, que ni siquiera soy … 
Escuché la puerta cuando la cerró de un portazo. Había metido la pata hasta el fondo al hablar de Gaia. En ese momento supe que Sara estaba profundamente arrepentida de lo que le había hecho, pero no sabía si ese arrepentimiento incluía amor hacia Gaia o sencillamente culpa por haberla traicionado. Eso me corroía por dentro y no me dejaba calibrar el alcance de daño que podían causarle mis preguntas. La seguí con la misma ansiedad descontrolada de un perro de presa, consciente de que debía detenerme en ese sentimiento y no dejarlo correr hacia Sara. Sólo la lastimaría y destruiría lo que fuera que había entre nosotras, y sin embargo no me detuve y abrí la puerta que ella había cerrado bruscamente y seguí su rastro hasta el dormitorio, y abrí la puerta como un invasor, pisando el suelo con la fuerza de un cañón, sin respetar nada. 
Entonces escuché el timbre de su móvil y en la oscuridad del cuarto la oí hablar. Hablaba en italiano y eso sólo quería decir una cosa, que Gaia era la que llamaba. Eso me detuvo. Cerré la puerta y me quedé en el pasillo, jadeando, aun alterada por el fuego de mi rabia, mi miedo, mi deseo, mi propia confusión, como siempre generando incendios donde debería de haber calma.  Me dejé caer en el suelo del pasillo arrastrando mi espalda por la pared, como en una de esas películas americanas en las que ella o él necesitan explicar con ese gesto al espectador lo exhaustas que se sienten.  Y sin embargo yo no me sentía así. Yo la deseaba y la amaba y me estaba dando cuenta poco a poco hasta que punto me aterraba perderla.  Ella me había sostenido en una especie de limbo, sin pedirme nada, esperando a que yo misma me diera cuenta de lo que quería. Y lo había logrado. Pero tomar la iniciativa no era mi fuerte. No en un ambiente tan amable como este. Yo era buena en el dolor, en la confusión, en lo prohibido y pésima en la tranquilidad. 
Esperé casi un cuarto de hora. Lo que duró la llamada. Luego Sara salió al pasillo y me miró un segundo.
—Rebecca está enferma y debo de ir a verla. Sacaré un billete para mañana. ¿Estarás bien?
Su voz sonaba mecánica, como si ella misma no estuviera escuchándose.
Asentí.
Pasó de largo y fue hasta el comedor. Escuché el sonido del ordenador al encenderse. Me levanté y fui al baño. Me lavé la cara hasta que el agua salió tan fría que me dolieron las mejillas. Parpadeé unas cuantas veces y me miré. Sara era diez años mayor que yo. No estaba segura de si eso era una ventaja o no porque en ese momento necesitaba encontrar ventajas, puntos a nuestro favor, cualidades y características de nuestra relación que la hicieran mejor que la que había tenido con Gaia. ¿Por qué siempre me daba cuenta del amor tan tarde?
Salí del baño y fui al salón. Me detuve en la puerta. Ella imprimía su billete electrónico y no se movió al oírme.
—¿Y si voy contigo? — le propuse.
—Estaré un par de días y un hotel nos saldría carísimo.
—¿Dónde te hospedaras tú?
—En casa de Gaia.
—¿Con Gaia? — repetí y mi voz sonó ridículamente herida.
—Creo que vive con alguien, o al menos sale con alguien. Si es eso lo que te preocupa.
Me miró sin ninguna emoción.
—¿Has dejado de quererme? — pregunté.
—Nunca me preguntaste si te quería, ¿qué te pasa hoy? No entiendo todo este numerito de celos.
—Yo te quiero Sara —susurré—. Hoy no he dejado de pensar en ti.
—Eso no significa nada. Nos besamos. Eso es lo que te tiene tan alterada, pero eso no es amor necesariamente. Amor era lo que teníamos antes del beso y ahora te estás volviendo loca y tonta porque tus hormonas y tu deseo te gobiernan.
Dejó caer un grupo de folios sobre la mesa, como si quisiera matar un bicho sobre ella.
—No es verdad. El beso sencillamente me ha hecho ver lo mucho que te estaba deseando. Lo mucho que te quiero, lo feliz que me haces.
—De acuerdo. Tú a mí también, así que no lo jodamos por un beso ¿vale?
—Vale.
Quería que me sonriera como solía hacerlo cuando yo me comportaba como una niña, pero ahora ella estaba en otro lugar. Lo sentía y eso se me hacía insoportable. Sara me había ofrecido todo su espacio, no me refería sólo a su casa, era su espacio vital, su presencia constante. Yo lo había aceptado sin darme cuenta del valor que eso tenía y ahora no soportaba sentirla lejos de mí.
—¿Tú me quieres?
—Creo que ya sabes la respuesta a esa pregunta —dijo repasando los billetes.
—No, no la sé.
Me miró un segundo.
—No puedes ser tan simple. No me digas que eres así porque me muero.
—¿Simple?
—¿Es que no ves lo que tenemos? —me gritó de pronto—¿es que no puedes entender que alguien te quiera y te respeta lo suficiente como para dejarte el tiempo que necesitas?
—No… — tartamudeé.
—Por Dios, Elisa. Mírame, soy yo. No te inventes nada nuevo.
—No me invento nada — me defendí— Es que es como si me estuviera dando cuenta de que… de que…
—¿de qué?
—De que eres tú —dije al fin.
—¿De que soy yo?
—Sí. Te estoy viendo por primera vez.
Frunció el ceño.
—No sé si eso es interesante u ofensivo, aunque viniendo de ti puede que no sea ninguna de las dos cosas. Elisa eres tan particular, tan infinitamente compleja. Me gusta que seas así, pero hoy no puedo darte mis energías. Respétalo. No deseo irme a Roma, ni tengo especial interés en ver a Gaia, pero Rebecca está hospitalizada y yo tengo un compromiso con ellas. Hoy necesito que te comportes como una adulta.
Bajé la mirada. Entendía perfectamente de qué me hablaba y eso echaba por tierra todas mis fantasías acerca de mis cambios, mis intenciones de madurar. Me avergoncé de mí misma.
—Creía que estaba siendo una adulta —dije.
Por fin me obsequió con una sonrisa.
—Sé que lo intentas, sé lo que te cuesta dejar de sentir que el mundo gira a tu alrededor. Lo sé.
La frase era dura, pero su expresión no transmitía desprecio, ni juicio, tan solo ternura. ¿Quién era esa mujer tan maravillosa que me había aceptado con todos mis defectos? Deseé con todas mis fuerzas arreglar todo lo que había estropeado, crecer, entender lo que a ella le resultaba tan fácil.
—Bien. Tenemos que descansar. Mi avión sale muy temprano y necesito que me lleves al aeropuerto. ¿Harás eso por mi?
—Claro —sonreí.
Nos acostamos como cada noche y como cada noche ella se pegó a mi espalda, solo que esta vez mi corazón galopaba frenéticamente de amor. Me giré hacia ella y le acaricié la cara.
—Eres extraordinaria.
—No —dijo.
—Sí, lo eres y te quiero compensar.
—¿Compensarme?
—¿Qué te he dado yo?
—No necesito que me des nada. Lo que eres me vale. No lo entiendes, ¿verdad? No es cuestión de sacrificios. La cosa no funcionará así. Nunca lo hace. Es acoplamiento, como cuando dormimos juntas. No hace falta ningún esfuerzo ¿verdad? Funciona porque yo te acepto y tú a mí. Encajamos.
La besé y ella respondió a mi beso. Pasé mis manos por su cintura y sentí que su piel se erizaba. Eso me gustó y me dio confianza.
—Te quiero, Sara.
—Te quiero, Elisa.
Nos abrazamos y no hicimos nada más, a pesar de mi deseo. Ella necesitaba descansar y yo necesitaba aprender a confiar.




13 comentarios:

  1. Gracias ....Me gusta tu novela no sabes cuanto

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  2. Quiero que ya se encuentren elisa y chiara. :'(

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  3. *-* ¡Que genial capitulo! Muy tierno, muy relevador y lleno de esperanza, genial por todo. *-* Me he quedado pensando que quizá el destino de Sara haya sido Elisa, por lo bien que se complementan y el de Chiara, volver a encontrar a Gaia, aunque Chiara quiera tanto a Elisa. Aunque me preocupa mucho que Elisa y Chiara ya no estén juntas, también creo que Elisa está por fin experimentando y aprendiendo de un amor madura, y Chiara estará quizá disfrutando de un amor muy verdadero, de parte de Rebecca y Gaia, aunque Elisa también la amaba verdaderamente a pesar de todos sus errores. Es un capitulo que me deja muchos sentimientos encontrados y preocupación por lo que pueda pasar. :s
    Me gusta mucho Sara con Elisa, y que Elisa reconozca que la quiere. Ya quiero ver que pasará.
    También quiero preguntarte algo, si cuando Elisa escucha a Sara hablar en italiano sabe que habla con Gaia, entonces cuando Chiara y Gaia se encontraron en el entierro, ¿Estaban hablando en italiano y tú lo traduces para nosotros?
    Disculpa la ocurrencia.
    ¡Un abrazo!

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    1. Sí, claro. No lo escribo en italiano porque doy por hecho que entendéis que están hablando en italiano ya que están allí y las dos son de Roma. Además sería un lío escribirlo y luego traducirlo en una nota aparte.
      Mil gracias Alexia por tu comentario y tu curiosidad acerca de la novela y sus entresijos.
      Un fuerte abrazo.
      Vic

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  4. O.O
    ES TODO LO QUE PUEDO DECIR...O.O
    SALUDOS, ALE

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  5. No me había podido poner al día hasta ahora, y... una vez más me quito el sombrero. No sé qué les deparará el futuro a Elisa y Chiara, si volverán o no. Pero me encanta la relación de Elisa con Sara, y, sobre todo, a pesar de su miedo, me encanta que por fin haya admitido lo que es, seguirá comportándose como una niña, pero al fin está empezando a madurar.

    También que Chiara haya empezado a rehacer su vida con otra persona, algo que sin duda les hacía falta a las dos. En fin, brillante!

    Y, sobre lo que me comentabas del libro electrónico (perdonad que lo ponga todo en este comentario, tampoco os quiero "spamear" en cada cap/entrada), no hay nada que disculpar, es normal que estés algo "perdida" al principio con el libro electrónico, así que sin problema. Si te enteraste de lo de con quién obtenéis más ganancias, no dudes en decirme en qué página es mejor que lo adquiera!

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  6. Que exelente capitulo victoria, woo la verdd dan ganas de que elisa y sara sigan con su historia,estos ultimos capitulos como tu mencionast estan siendo mas tranqilos y muestran muchas cosas qe le faltaban alas chicas, me estan haciendo reflexionar si de verdad se deben de quedar juntas o no, pero bueno tu eres la escritora y se que simpre nos sorprendes y haces que esta novela sea maravillosa.

    Hay algo que me preocupa, en tus ultimos comentarios dices que ya se esta acabando la novela y eso me da nostalgia, pero como es la vida todo lo que empieza tiene un fin, pero igual me da curiosidad que as mencionada que las chicas aun son jovenes y todo es un mar de posibilidades asi que si tienes otro proyecto que incluya a la historia espero y la compartas con nosotras seria estupendo y sabes que te daremos todo nuestros apoyo, ya casi son dos años de estarla publicando y es super genial te felicito por la entrega que le tienes al proyecto, yo personalmento solo tengo como un año leyendola y solo eh comentado pocas veces para darte mi apollo porqe me di cuenta lo importante qe es nuestra presencia para ti, osea las lectoras y lectores, pues bueno ya me extendi un poco, que maravilloso capitulo y esperare ansiosa el proximo y el proximo y todo lo que venga jeje. ahhh otro comentario espero y todo este marchando bien con el libro dinos que tal va para que le siganos hechando ganas y poder llegar ala meta que tienes, si es que tienes una con el e-book. Me despido y te mando todas las buenas vibras. Saludos desde Mexico, Mariana.

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  7. Vaya capítulo!!!! Me he quedado de piedra. Deseando estoy de que publiques el siguiente. Sin palabras, no me esperaba que de pronto Elisa quiera a Sara. Es decir, no puedo soportar que no esté con Chiara. No puede ser!!!! jajajaj. Como siempre, muy bueno. Esperando que llegue el próximo.

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  8. Por favor, dime que no va a suceder que de alguna manera Chiara se va a reencontrar con Elisa gracias a Sara y Gaia y van a terminar juntas de nuevo. Es un buen final para una historia larga, pero para lo poco que las has mantenido separadas y lo poco que nos has mostrado como son en su individualidad, sería un final simplón y demasiado pobre para las grandes expectativas que me has creado. Por favor, no destroces mi ilusión y sigue dejándome la boca seca y el insomnio marcado bajo los ojos de leerte con ansia.

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  9. Me tienes enganchada... La historia va tomando distintos matices y eso me encanta, ahora lo que no se, es con que sorpresa no saldrás en la próxima publicación, pero estoy segura que como siempre valdrá la pena leerla.. abrazos!!!

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  10. Con todo el acontecimiento en los ultimos capitulos el titulo no va , deberian haber puesto otro (pequeña observacion) por lo general excelente novela n.n

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  11. Es interesante los distintos matices que esta tomando la historia según como van creciendo sus protagonistas, y también llama la atención los distintos encuentros con las otras personas, pero espero que Elisa y Chiara se reencuentren y se den cuenta que es ahí donde deben estar, que al final aún con el tiempo y los tropiezos al verse sea como la primera vez, magico, diferente que con las demás, verdadero y único. Te felicito por tus letras de verdad nos transportan y sobre todo haces una historia creible! Enhorabuena

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