jueves, 29 de enero de 2015

CAP. 86. CHIARA: Rebecca

Roma trajo algo nuevo a mi vida. O tal vez conjuró lo antiguo, lo deshizo, lo convirtió el polvo y durante unos meses dejé de lamentarme.
Ni mi padre ni mi abuela me preguntaron nada. Ellos eran discretos y sabían leer en mis gestos. Mi abuela llenó mis días de trabajo. Volví al reparto de la flores, a la preparación de ramilletes, a las largas horas en el vivero, las dos juntas, silenciosas y al mismo tiempo cercanas.
Cuando acabó el verano me di cuenta de que no deseaba regresar a España. Yo no podía negar que necesitaba a Elisa, pero al mismo tiempo me resistía a intentarlo de nuevo con ella. Necesitaba protegerme de mis propios sentimientos de abandono, tan familiares para mí, en los que encarnaba esa chica a la que siempre habían rechazado.
No, esta vez no era así. Yo había puesto fin a mi romance con Elisa y había rechazado a Verónica. No es que eso me hiciera sentir mejor, ni más orgullosa.  En realidad eso era una muestra más de mi incapacidad para encontrar el amor. ¿Pero era eso tan importante? me pregunté un día en el que observaba a mi padre sentado en el jardín mientras mi abuela cortaba las malas hierbas. ¿De verdad era patético vivir sin pareja?
Verónica ya se había ido parcialmente de mi mundo, Elisa se resistía a abandonar mi memoria, pero yo sabía que el tiempo y la voluntad harían que eso acabara también. Hablé un par de veces con Vero por teléfono, sólo para asegurarme de que estaba bien. Su comodidad y bienestar me importaban, su existencia había dejado de hacerlo.
Casi todos los días bajaba a Roma y daba largos paseos por la ciudad, plagada de turistas. A finales de Agosto fue vaciándose lentamente y pude disfrutar de la decadencia de la ciudad sin las cámaras y los flashes nocturnos de la gente que intentaba llevarse a casa un trocito de vacaciones. No volví a España, y ni mi padre ni mi abuela me pidieron demasiadas explicaciones. Se alegraban de tenerme cerca. Perdí un curso pues no pude hacer la reserva de plaza, pero dediqué ese año a ampliar el negocio de mi abuela y le abrí una pagina web en la que creé mis propios diseños de ramos para novias. El invierno en Roma era duro, pero yo experimenté una explosión creativa que dejó de lado mi interés por el periodismo y lo cambió por camelias, rosas, claveles, lirios, tulipanes, jacintos y todo tipo de flores. Me gustaba lo que hacía, a pesar de que mis días transcurrían junto a una anciana y un moribundo.
Mi padre empeoró ese invierno y en menos de trece meses nos abandonó. No lloré durante su funeral. Mi relación con él había sido hermosa y el accidente del incendio nos había ayudado a recuperar una relación que nunca antes había existido.
—Los padres no deberían de sobrevivir a sus hijos —murmuró mi abuela cuando volvíamos del funeral.
Era un frase que ya había escuchado, y asentí sin soltarla del brazo.
—Papá fue feliz estos años en Roma, abuela. Creo que deberíamos de celebrar su vida, no llorar su muerte.
Me sonrió sin mirarme y seguimos caminando hacia la furgoneta aparcada en la entrada del cementerio.
Cerca de la puerta vi una mujer con un carrito de bebé. Hasta que no estuve cerca de ella no la reconocí.
—¿Gaia? —exclamé deteniéndome frente a ella.
Mi abuela murmuró que me esperaba en el coche y se despidió con un gesto de cabeza.
—Lo siento mucho Chiara —dijo acercándose a besarme.
Recibí su abrazo con nostalgia. Su presencia ahí me recordó que en algún momento yo había tenido una familia.
—¿Cómo estás?
—Bien, aún no me hago a la idea. Creo que lo echaré de menos cuando pasen los días —reconocí.
—¿Estaba enfermo?
Recordé que nunca le había hablado de su accidente.
—Sí. En España tuvimos un accidente. Mi madre murió y el sobrevivió, pero nunca se llegó a recuperar del todo. Era cuestión de tiempo. Sus pulmones no funcionaban bien…
—¿Tú madre? —exclamó asombrada.
Asentí comenzando a sentirme peor que antes.
—Chiara… —me acarició el brazo con ternura— Jamás me contaste nada.
—No hubo ocasión.
—Eran muy jóvenes… los dos —se lamentó.
Un súbito llanto rompió el silencio del cementerio. Gaia se disculpó con una sonrisa y fue hasta el cochecito. Su cabeza desapareció bajo la capota de color beig. Escuché sus palabras de consuelo en susurros y la vocecita aguda de una niña.
—Eh, ¿es tu hija? — me acerqué al cochecito
Gaia asintió con orgullo. Asomé la cabeza y la miré. La niña dejó de llorar y me dirigió una mirada severa aún con la cara empapada en lágrimas.
—¿Estás muy enfadada? — bromeé.
Apartó la cabeza hacia un lado bruscamente y cerró los brazos sobre el pecho.
—Quería las flores de una de las tumbas y claro, le he dicho que no. Que esas flores son para la gente que está ahí.
—Ahí no hay gente —gruñó la niña.
—Eso es cierto —admití—. LA gente ya no está ahí.
Gaia me miró con curiosidad.
—Solo les recordamos dejándoles flores —le dije.
Me agaché y arranqué una flor silvestre que crecía junto al camino de tierra. Se la ofrecí. El rostro de la niña se iluminó y alargó la mano hacia la flor
—Mamá —dijo, mostrándosela  a Gaia.
Nos reímos las dos.
—¿Cómo se llama?
—Rebecca, y acaba de cumplir tres años y tres meses. Y ya sabe bañarse sola ¿verdad cariño?
—¿De verdad?  —pregunté incrédula.
—Casi —susurró Gaia —, pero le gusta que lo diga.
—¿Y Sara? ¿Cómo os van las cosas?
—Nos separamos.
—Lo siento.
—No, está bien así. Los niños lo perciben todo y deseo que mi hija tenga una infancia feliz, no una llena de peleas y tensión.
—¿Tan mal os fue?
—Dificil. No quiero echarle la culpa, pero Sara no estaba preparada para tener un hijo y yo no me di cuenta. Tal vez lo forcé todo… no sé.
Caminábamos ahora hacia la salida. El cochecito brincaba sobre la tierra del cementerio y Rebecca estiraba el cuello para poder mirarme.
—¿Mantenéis el contacto?
—Una vez al mes ella viene y nos visita. Aunque sinceramente creo que Rebecca no la reconoce. No creo que Sara jamás ocupe el lugar del padre, o de la madre. Ni si quiera creo que le interese realmente la niña.  No, no lo creo. Supongo que será la tía Sara.
—¿Y cómo lo llevas?
—Bien. Pero, no hablemos más de mí. De verdad que siento mucho no haber estado más en contacto contigo. No sabía que estuvieras en Roma. Pensé que habías vuelto a España.
—Regresé, pero  decidí quedarme aquí. Me gusta mi trabajo.
—Sigues con las flores.
—Sí —sonreí.
—Nunca lo hubiera pensado… —dijo mirándome con curiosidad.
—¿Por qué?
—Chiara era una chica dura, cerrada y bastante áspera. Nada de flores. —rió.
—¿Así me veías entonces? —pregunté con sorpresa.
Asintió mientras se inclinaba sobre Rebecca para retirarle una sábana que la estaba haciendo sudar.
—Aún hace calor — se quejó.
—Pero ya está terminando el verano.
—¿Así que llevas mucho tiempo en Roma?
—Sí. Llegué el verano pasado y me quedé. La verdad es que no lo había planeado.
—¿Y tu carrera?
—Creo que nunca quise ser periodista —reí—. Pensaba que tenía que hacer algo de ese estilo de cosas ¿sabes? Reivindicativas, sociales. Tonterías. Lo único que necesitaba era firmar la paz conmigo misma.
—¡Cuánto has cambiado! —dijo observándome con curiosidad.
—¿Tú crees?
—Ohhh, sí. Eras una chica tímida y cerrada y ahora resulta fácil hablar contigo.
—Tenía dieciséis años —protesté bromeando.
—¿Y ahora?
—¿No sabes contar? —bromeé yo.
—Sin embargo pareces mayor.
—Vaya, ¡gracias por el piropo!
—¡No! Me refería a tu forma de hablar, a lo que dices.
—Era una broma.
Rebecca comenzó un discurso parlanchín sobre un pájaro, una ardilla y un cuento que habían leído a noche anterior. Su voz era dulce y risueña y podía estallar en una carcajada de la forma más inesperada.
—No me has llamado nunca —dijo Gaia, de pronto.
—Te imaginaba felizmente casada.
—¿Y por eso se deja de llamar a los amigos? —me reprochó con cariño.
No quise añadir nada a esa frase. Se me ocurrían miles de motivos. Nunca fuimos tan amigas, sólo fue un amor de juventud, ella me rechazó, no me gustaba Sara. Sara se mi insinuó.
—Lo siento —dije—. Francamente, no pensaba que esperaras tener noticias mías.
—Desapareciste y no volviste a visitarnos.
Habíamos llegado a la altura de la furgoneta. Mi abuela me esperaba apoyada en el capó.
—Gracias por venir —le dije.
—De nada —volvimos a abrazarnos.
—¿Te gustaría venir a visitarnos a Rebecca y a mí?
—Claro —dije sin reflexionar.
—No lo harás.
Gaia sacó a Rebecca del coche y la tendió hacia mí.
Sentí sus bracitos calientes y el peso de su cuerpo pequeño y tierno. Fue como si recibiera un ramillete de flores perfumadas. Mi corazón latió más deprisa.
—Eh, hola pequeña —mi propia voz me sorprendió por su suavidad y su tono.
Rebecca me tocó el pelo y clavó la mirada en una cadena de plata que llevaba colgada del cuello. Jugueteó con ella unos segundos.
—Le gustas —susurró Gaia.
—Nunca había tenido un niño en brazos —confesé descubriendo un nuevo placer.
—¿Te gusta?
—Sí.
—Bien, pues ahora que Rebecca te ha embrujado, ¿vendrás a merendar con nosotras una tarde de estas?
—Claro.
—¿No volverás a España después del verano?
—No está en mis planes.
—Bien. Me gustará tenerte por aquí. Podemos hacer cosas juntas.
Mantuve a Rebecca unos minutos más. Mi abuela se acercó a nosotras y las presenté. Jugamos con la niña y eso hizo que olvidáramos durante unos minutos que acabábamos de enterrar a mi padre. Nunca había sentido el embrujo de los niños, ni siquiera había pensado en ellos. No, no entraban en mis planes de futuro. Por eso no me di cuenta de cómo se incorporó Rebecca a mi vida hasta el día en que me llamó, “mamá”.






19 comentarios:

  1. Queeeee!!!!!! xD joder menudo final, víc te adoro siempre puedes sorprender a uno con estos episodios y dios que final!!! Para nada me lo esperaba, eres grande y me encanta como se va desarrollando esta historia... Sigue así y felicidades por el libro!
    Ayan7

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  2. No se que pensar ahora mismo del capítulo :), las vidas que están viviendo Chiara y Elisa son completamente diferentes. Es muy extraña la manera en la que habéis juntado la vida de estos cuatro personajes.
    Por otra parte me encanta como estáis llevando el crecimiento como personas de estas dos chicas, como se van planteando cosas que antes ni siquiera se les había pasado por la cabeza.
    La novela se esta convierto en una serie al más puro estilo "Grey's Anatomy" XD. La verdad es que me encanta, para mi los jueves es sinónimo de continuar con un nuevo capítulo de una de mis novelas favoritas

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    1. Hola Rouse. Me alegra que te guste y te enganche. A ver si podemos seguir así.
      Un beso y mil gracias por tu comentario.
      Vic

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  3. Wow te superaste a vos misma yo pensé que quería un final chiara elisa pero ahora tengo mis serias dudas, Rebecca robo mi corazón, GRACIAS POR ESTE CAPITULASO!!!

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  4. Wow cómo ha avanzado la historia!! Me alegro de que Chiara por fin sea feliz, ya le toca. Me está gustando mucho también la historia de Sara y Elisa. A ver como avanza la cosa que seguro que nos sorprendes jeje
    Me encanta que sea jueves y poder disfrutar de otro capítulo, especialmente hoy que no ha sido un día nada bueno y leyéndolo se me ha olvidado por un momento. Gracias!!

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    1. Espero que te guste el de esta semana.
      Un beso y gracias por tu comentario, tan alentador.
      Vic

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  5. Vengo leyendo los últimos capítulos así, por encima, porque no me gusta que anden cada una en otra cosa. Yo quiero que estén juntas :( Pero se que van a tener un final feliz, o eso espero. Ya creo hace más de dos años que leo esta novela, es la novela más larga que leí Y ME ENCANTA, leería dos años más. Pero me entro una nostalgia en estos últimos porque a como van las cosas de rápido parece que ya termina. Seguramente esta niña será el motivo de encuentro entre Chiara y Elisa en un futuro. Espero sean felices, no tanto, así cuando se encuentran se vuelven a enamorar ♥

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    1. Hola Sol. Sí, ya va siendo momento de acabar la historia, aunque la vida de la gente es larga y nuestras chicas aún son muy jòvenes… a ver qué va pasando.
      Un beso y mil gracias por tu comentario.
      Vic

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  6. Ohhh my god!!!!! O.O
    Woooooow! Todavía estoy en shock, Dios mio, o sea no lo supero, no dejo de agarrarme la cara con las manos con cara de, NO ME LA CREO!
    Me siento con un mar de emociones, o sea regresa Gaia a su vida, quizás en el momento perfecto, cuando cada una ha madurado, es increíble lo que nos pasa en la vida...y luego la niña, estoy impactada...mueeero por saber cómo continua ésta parte de la historia, qué emoción.
    Felicidades por el libro, Vic!
    Saludos, Ale

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    1. Hola Ale. A ver si podemos darle un empujón al proyecto con el ebook. LA verdad es que es mucho tiempo escribiendo esta historia y ya va llegando el momento de cerrarla. Ojalá sigáis leyéndola en ebook.
      Un beso enorme y gracias por tu fidelidad y tu constante entusiasmo.
      Vic

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  7. Me encanta esta novela la vengo siguiendo desde el primer capítulo y espero muchísimo todos los capítulos ,esperó que no terminen separadas. Las adoro a las 2 y quiero que estén juntas !!! Gracias vic ,saludos !!

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  8. Casi lloro de ternura con este capitulo, ha partido el padre de Chiara y ahora una parte de su pasado vuelve, quizá para que Chiara pueda reconciliarse con ese pasado, el tiempo corre tan rápido, y que sorprezota el embrujo de Rebecca sobre Chiara. ¡Es un capitulo precioso! ¡Ya espero con ansias el siguiente! ¡Gracias Victoria!

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    1. Hola Alexia. Gracias a ti por dejar tu comentario y por ser tan entusiasta.
      Un beso enorme.
      Vic

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  9. Como diría mi abuela: " ¡Jesús, josé y maría. Pero que novelon!
    Hace mas de un año que leo esta novela y todavía sigo enganchada como el primer día.
    El final de este cap me dejo sin palabras. Realmente Vic, te felicito. Esta es una novela hermosa y la forma que tienes de llevar la historia es increíble Me muero por ver mas de estas dos chicas.

    Saludes desde Colombia,
    Gaby.

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  10. Hola Gaby:
    ¡Gracias mil por seguir con nosotras!
    Un beso.
    Vic

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  11. definitivamente me quede sin palabras, cada día mucho mejor, eres enooooorme Vic

    Saludos y besos

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