jueves, 1 de enero de 2015

Cap. 83. CHIARA: No puedo amarte. Cap. 84. ELISA: Sara

Los recuerdos no envejecen. Eso es lo terrible, porque nosotros seguimos rumbo adelante mientras que nuestras vivencias se quedan congeladas en la memoria. Acaso añadimos o quitamos algo de nuestra cosecha, idealizamos un rostro o un momento que nos pareció único. Pero todo esto pertenece al mundo de lo imaginario porque el pasado murió, ya no existe. No ocupa un lugar en el tiempo, porque el tiempo también se fue y con él, lo que vivimos.
Intentar definirnos por lo que fuimos hicimos o pensamos es condenarnos a seguir siendo los mismos. Nos atamos a certezas acerca de lo que vamos a hacer basadas en lo cómo actuamos en el pasado, y eso nos impide cambiar, nos congela, de la misma manera que congelamos los recuerdos. Nos obliga a repetir los mismos errores con el convencimiento de que somos los mismos. Nos definimos con frases como: “Tengo miedo al compromiso”, “soy inestable, “siempre rompo yo las relaciones”, “No puedo tener una vida normal”, “me asusta amar a alguien”, “me da miedo que los demás dependan de mí”, “soy tímida, nerviosa, miedosa, incapaz, glotona, delgada, gorda, baja, alta, fea, guapa, solitaria, no sé estar sola…” y un día descubrimos que lo hemos convertido en una plegaria que recitamos de manera autom y en ese gesto veo a ElisaVerñota que una mañana, mientras Verñonica y yo desayunamos un gesto, uno que hace con la manoue cngeática, sin pararnos a pensar si, tal vez, algo de todo eso ha cambiado, si es posible que sea la excusa perfecta para no cambiar y darnos la oportunidad de ser diferentes.
Recuerdo el rostro de Elisa cada día, y cada día me aterra darme cuenta de que lo olvido un poco más, y la cara de Verónica se superpone a la suya, hasta que una mañana, mientras Verónica y yo desayunamos, hace un gesto, uno casual que reconozco porque en ese gesto veo a Elisa, y entonces su rostro me golpea con tanta fuerza que me echo hacia atrás en la silla sobresaltada por la nitidez del recuerdo.
—¿Estás bien? —Verónica desayuna siempre con un pie apoyado en la silla, rodeando con su brazo izquierdo la rodilla izquierda. No consigo que se siente como recomiendan las elementales normas de educación, pero aún así me gusta saber  que a ella todo eso no le preocupa en absoluto.
—Sí…claro.
—No, claro que no. Se te ha puesto una cara.… como si hubieras visto a un fantasma.
—Tonterías.
Ella unta su tostada con mermelada y una mantequilla india que no tiene grasa. Le gusta la cultura oriental y lleva una dieta ayurvédica que nunca acabo de comprender.
Muerde el pan y deja un rastro limpio en la tostada. Su dentadura es perfecta, tanto que cualquiera pensaría que es postiza. Recuerdo los dientes de Elisa, sus pequeñas irregularidades. Detalles mínimos en la colocación de sus dientes que le conferían ese tipo de imperfección arrebatadoramente humana que me hacía amarla más.
Bajo la cabeza y hundo mi mirada en el café. Hace dos meses que vivo con Verónica y hasta hoy había logrado creer que podía amarla. Esta mañana descubro que no es posible.
—Me gustaría que hiciéramos un viaje juntas —me dice—. Podemos ir a Benidorm. Mis padres tienen un apartamento allí. Sí, ya sé que es un lugar horrible, pero al menos estaremos cerca del mar y con mi sueldo y tu asignación no podemos ir más lejos. Además el apartamento está en una calita apartada del centro de la ciudad. Es mucho más tranquila. Nos vendrá bien. Te vendrá bien —añade, sin quitarme ojo de encima.
—No conozco Benidorm, ni siquiera puedo imaginar si es horrible o no.
—Es como un Manhatan hortera y en miniatura, pero tiene mar.
—Déjame que lo piense, ¿vale?
—Ok.
Verónica nunca me presiona. Ella se desliza a mi alrededor con la suavidad de un gato, buscando silencioso un lugar cercano a mí, pero lo suficientemente apartado de mis uñas. Ella intuye esa parte afilada de mi carácter y no la culpo por no querer probarla.
—Bien. Creo que bajaré a comprar algo. Tenemos la nevera vacía.
Sonríe mientras da el último sorbo a su infusión y recoge la mesa.
Mi descubrimiento acerca de mi incapacidad de llegar a amarla, por más que me esfuerce, me ha dejado inmóvil, vacía y culpable. Hace poco leí en un libro que el miedo es la ausencia de amor, y la ausencia de amor nos lleva al terror. Y sin embargo no es miedo lo que siento al descubrir mi falta de amor por ella. No, no es miedo. Es un vacío que se abre bajo mis pies y me deja caer de nuevo en una ciudad desprovista de significado. Así quedó Madrid cuando saqué a Elisa de mi vida. Las papeleras, las aceras, los comercios, las calles que antes tenían un nombre, las que reconocía, los bares que preferíamos, los lugares donde no besábamos, las botellas vacías de los viernes por las noches, el sonido de las calles por las mañanas, quedaron huérfanos de nosotras. Era un mundo que existía porque Elisa y Chiara existían, y juntas le daban entidad. Ahora camino sobre un suelo frágil, fino como el hielo, resbaladizo, traicionero y frío. Y sólo por un gesto. Un puto gesto que podía no haber visto si en ese momento en lugar de mirarla hubiera fijado la vista en otra cosa.

La vida es aleatoria y cruel. Las coincidencias no son mensajes, como intentamos creer para consolarnos. Sólo son putas coincidencias que puedes ignorar.
Cojo la taza de café con las dos manos, porque a pesar del calor de Septiembre, se me han quedado las manos heladas.
—¿Me acompañas? Te vendrá bien salir. Hoy tienes uno de esos días…
No acaba la frase y yo asiento sin mirarla, mientras continúo dando pequeños sorbos al café.
Todos los detalles del rostro de Elisa se han hecho visibles y durante ese día, de pronto veo fragmentos de ella en todas partes. Al mirar mi reflejo en un escaparate la veo junto a mí, borrosa como un fantasma, cuando entro en la panadería percibo su olor aquella tarde que tomé café en su casa, obligada por su madre. Reparo en dos chicas que se besan en un banco y recuerdo el tacto de sus labios, incluso la mano de Verónica tomando la mía, ya no es de ella, sino de Elisa.
¿Cuánto tiempo durará esto?
—Háblame —me pide Verónica mientras esperamos junto al semáforo a que la luz se ponga verde—. Estás ausente. Desde esta mañana.
—Estoy cansada y hace calor.
—Tienes las manos heladas.
—Tendré la tensión baja.
—Volvamos a casa.
La sigo sin oponerme a nada. Decido que en días como este es lo mejor. No luchar. Dejar que Elisa destroce la estabilidad que trato de construir. Permitir el terremoto, dejar que Verónica me guíe.
Entramos en casa y voy directa al dormitorio. Ella en cambio se dirige a la cocina y escucho el sonido de las bolsa de plástico, la puerta de la nevera, los golpes amortiguados de la fruta al colocarla en las baldas. Algo ha rodado y cae al suelo. Verónica blasfema en voz baja. Hoy lo lleva peor que otros días.
Al cabo de un rato entra en la habitación, se descalza y se tumba a mi lado.
—¿Me quieres, o sólo deseas quererme?
Es una frase demasiado grande. Hoy solo puedo encajar preguntas sencillas de respuestas cortas.
—No te entiendo —me doy la vuelta en la cama y cierro los ojos.
—Es una pregunta fácil, Chiara. ¿Me quieres?
—Sí.
—Pero aún no consigues amarme.
—No sé qué es eso.
—¿No sabes qué es el amor? — se rpero aún así me gusta saber nderz, glotona, delgada, gorda, baja, alta, fea, guapa,stas cortas.
ir. Permitir el terremoto. si l íe sin ganas.
—No, no lo sé. La gente habla del amor como si fuera lo mismo para todo el mundo.
—Tienes razón.
—Pues entonces no es una pregunta sencilla.
—De acuerdo. Hoy no hablaremos del amor, simplemente te hundirás en tu melancolía basada en un amor hacia Elisa del que no sabes hablar.
Su voz suena irónica, pero no agresiva.
—Lo sabes todo. No sé para qué preguntas.
—Para que te cuestiones tú misma algunas cosas.
—Hoy no es el día de hacerme un psicoanálisis, mejor déjalo correr.
—Ok.
Pasamos unas horas juntas en la cama. Ella lee a mi lado. Me irrita su paciencia y su esfuerzo en no enviarme a la mierda. Me irrita nuestra convivencia pacífica que tan bien simulamos delante de las reuniones de sus amigos. Me irritan sus amigos.
—¿Es necesario que veamos siempre a tanta gente? — le pregunto de pronto.
—¿Perdona?
—Es que siempre tenemos la casa llena.
—Me gusta ver a mis amigos.
—Si, eso es evidente.
—¿Tanto te molesta?
—No soy una persona muy sociable, ya lo sabes.
—Sí, lo sé. Pero si te dejara meterte en tu cascarón terminarías desapareciendo dentro de él.
Suspira y cierra el libro.
—Si no te gustan mis amigos, ¿por qué no llamas a las tuyos?
Amigos. Pienso en Nando. Probablemente es el único amigo que he tenido. Angie. Peligrosa. Tal vez deba de regresar unos días a Roma. Hace semanas que no hablo con mi abuela ni mi padre.
—Creo que necesito un viaje, sí.
—Perfecto —dice más animada.
—Pero no a Benidorm.
—Vaya, menudo planchazo.
—Me gustaría ir a Roma a ver a mi familia.
—Claro. Te vendrá bien.
—De acuerdo, entonces buscaré un billete para este fin de semana.
—Como quieras.
Me levanto de la cama sintiendo sus ojos clavados en mi espalda. Nunca me reprocha nada, pero su silencio es peor que cualquiera de las broncas que Elisa y yo teníamos. De pronto me doy cuenta de que se han invertido los papeles. Ahora yo juego el roll de Elisa y Verónica el mío. Me siento en una silla pensando en esto. Siento los brazos de Verónica sobre mis hombros y un suave beso en mi coronilla.
—Me encanta cómo te huele el pelo.
Ahora es con ella con quien comparto mi vida. Me  digo. Mi pasado pertenece a algo enfermizo que me contrae el estómago cuando lo recuerdo, pero a pesar de todo no consigo dejar de querer a Elisa. ¿Estoy enferma yo?
—¿Qué es lo que falla en mí? —pregunto de pronto. No es una pregunta para Verónica, es para mí misma, pero no he podido evitar decirla en voz alta.
Se coloca frente a mí y se agacha para poder mirarme a la cara.
—Nada falla en ti. Los amores frustrados nos colocan delante de nuestros límites y a todos nos cuesta asumir que tenemos limites. Parece que el amor pudiera no tenerlos, ¿verdad? Pues no es cierto. Hasta mi amor por ti tiene un límite, Chiara.
Escucho esta última frase como una advertencia y siento alivio al saber que ella aún conserva la fuerza suficiente como para hartarse de mí. Por eso la abrazo, porque necesito que ella sea fuerte.
—Eh, ¿y esto? —pregunta acariciándome el pelo.
—Necesito ayuda, Vero. No lo supero.
—Las cosas importantes siempre las resuelve el tiempo y la voluntad.
—No quiero pensare en ella y creía que lo hab, pero… de pronto. en ella y creas resuelve el tiempo y la voluntad.
ros lñimites y a todos nos cuesta asumir que tenemos limiteía conseguido, pero… de pronto aparece y todo se hace real y cercano, y no lo soporto más.
—Sí, sí lo soportas —dice mientras sujeta mi barbilla y me besa en los labios.
Ahora la veo frente a mí, con sus ojos claros y cargados de sinceridad. Ella no tiene recovecos oscuros, ni lugares cerrados. Ella se entrega sin temor y eso la hace valiente.
—Te quiero — le digo, y es sincero.
Vuelve a besarme y yo le devuelvo el beso.
Me gusta su boca y el sabor de su piel, me gusta cómo huele. Me aferro a eso y la abrazo con fuerza.
—Hagamos el amor —le susurro.
Me coge de la mano y me lleva al dormitorio. Nos tumbamos y repetimos nuestro ritual amoroso. No es que sea una rutina, pero con Verónica no hay sobresaltos ni sorpresas. Es un amor sincero que ondula como la superficie del mar levemente agitada por la brisa. Tal vez me he hecho adicta al dolor, al miedo, a lo imprevisible de Elisa. Procuro no pensar en nada y siento sus manos, expertas y delicadas haciendo su trabajo. Cierro los ojos cuando comienza a besar mi sexo. Su lengua está caliente y sus labios apenas me rozan y eso me excita aún más.
—Eli… —susurro.
—No —dice ella y se incorpora en la cama—. Eso no, Chiara. Joder…
—Lo siento, lo siento, perdóname.
—Sí, lo mejor será que te vayas unos días a Roma.
La veo vestirse, lo hace con rapidez, como si de pronto su propia desnudez le avergonzara.
—Vero, perdona. Hoy estoy rallada. Ha sido… no sé qué ha pasado.
Entonces, por fin afronta lo que está sucediendo.
—Lo que ha pasado es que aún la quieres y la añoras y me comparas con ella y yo no puedo seguir fingiendo que eso no me importa. Eso es lo que pasa Chiara, pero yo te quiero y por eso intento echarle paciencia, aunque creo que está produciendo el efecto contrario. Así que vete a Roma y piensa qué quieres hacer cuando regreses, pero si no lo tienes claro, no me llames por favor.
Así es como hoy estoy en el aeropuerto con una pequeña maleta en la que he metido cosas que ni siquiera recuerdo. La memoria es selectiva, sí. La memoria elige lo que somos capaces de recordar, lo que podemos recordar, lo que aún podemos soportar aunque duela, y sin embargo no consigo saber qué llevo dentro de mi maleta.
No sé dónde está Elisa. Ni siquiera sé si la volveré a ver. No tengo ni idea de cuánto tiempo me llevará superar esto, pero lo peor de todo es que no sé si quiero superarlo. De eso se trata, de la memoria, de la resistencia que opongo al olvido. No quiero olvidarla aunque eso me deje sola, aunque no consiga recordar otra cosa más que ella.


ELISA.

Pasé una semana con Lucía en Londres antes de que ella me confesara que deseaba volver a Madrid. No le pregunté por qué. Era obvio y no quería que Andrés nos separara. Así que el resto de la semana la pasé sola, en un Londres especialmente caluroso con escasos chubascos que apenas aliviaban el ambiente. Paseaba por una ciudad que no significaba nada para mí y eso me dejaba anestesiada. En otros momentos la soledad era tan grande que ni siquiera las hordas de turistas que invadían las calles parecían suficientes para aliviarme. Pensaba mucho en Chiara y deseaba que estuviera bien. Mi esperanza se basaba en la convicción de que si era feliz, tarde o temprano me perdonaría y si me perdonaba, tal vez podríamos volver a vernos. Mis expectativas eran tan pequeñas que me consolé con eso al principio, pero cada día que pasaba la añoranza crecía y el temor a que jamás sucediera comenzó a apoderarse de mí. Decidí hacerme planes diarios, repletos de actividades. Visitaría todos los museos, galerías, acudiría a los musicales más populares, recorrería los barrios étnicos y pasearía por los mercadillos. La primera mañana me supuso un enorme esfuerzo cumplir mi plan. No tenía ningunas ganas de hacer nada de lo que me había propuesto, pero sabía que si me vencía la pereza, terminaría con una depresión.
Hice una larga cola frente a una galería de moda en la que una joven fotógrafa de aspecto exótico exhibía video montajes. Al entrar me fijé en sus ojos de un negro que jamás había visto antes. Recorrí las instalaciones esforzándome en interesarme en lo que veía hasta que entré en una sala oscura donde se agrupaban sillas frente a una pantalla. Me dolían los pies y estaba desanimada por el escaso éxito que mi rutina estaba produciendo en mi estado de ánimo. Entonces al mirar la pantalla la vi. Era Chiara. Mi corazón dio un salto. Ella bajaba de una furgoneta y llevaba un enorme ramo de flores. Se movía como si ignorara que la estaban filmando y probablemente era así. Me pregunté si se podía hacer eso. Estaba segura de que no. No sin su consentimiento. El fotograma pasó rápidamente a otro en el que las flores se marchitaban en un jarrón. Me quedé hasta que finalizó el video y esperé al segundo pase. No sé cuántas veces lo vi, pero esos escasos segundos en los que ella aparecía en la pantalla eran como aire renovado para mí y al mismo tiempo sentí la profunda tristeza que me causaba su ausencia.
Alguien se sentó en la fila detrás de mí.
—¿Te gusta? —su acento no era inglés sino claramente italiano.
Me giré en la oscuridad y vi a la misma chica que había visto junto al galerista al entrar en la exposición.
—Sí. ¿Conoces a Chiara? —pregunté.
—¿Chiara?
—La chica de las flores.
—¿Eres amiga suya?
—Sí.
—Qué coincidencia, ¿no?
—¿La conoces?
—Era amiga de mi ex. La vi un par de veces. Una chica muy atractiva aunque algo complicada, ¿no?
No contesté a esa observación. No sabía con quién estaba hablando, pero no me pareció correcto añadir nada más a su indiscreción.
—¿Cuándo la filmaste?
—Creo que fue hace un años y medio, más o menos. Le encargué un ramo de flores por el aniversario de mi chica. Luego no la vimos más.
Volví la cabeza hacia la pantalla y me concentré en esperar de nuevo la imagen en la que ella aparecía.
—¿Y tú de qué la conoces?
—Fuimos amigas.
—¿Ya no lo sois?
—Ahora estamos… distanciadas.
De nuevo Chiara bajó de la furgoneta y abrió la puerta trasera para sacar las flores. La calle estaba atestada de gente y ella se movía con soltura entre ellos.
—¿Te apetece tomarte algo? La galería va a cerrar. En realidad venía a decírtelo, pero te vi tan absorta en el video que no quise interrumpirte.
—Lo siento —contesté, precipitándome a levantarme de la silla y salir de la habitación. Debía de parecer una colgada o algo así, viendo el video una y otra vez.
—No te preocupes. Me encanta que te guste el video, aunque sospecho que sólo te interesa el trozo en el que sale Chiara —me sonrió.
—Sólo me ha sorprendido verla.
—Claro. El mundo resulta tan pequeño a veces, ¿no crees?
—Sí.
A la luz de la calle, ella me pareció distinta.
—Me llamo Sara —se presentó y extendió una mano hacia mí.
—Yo Elisa.
Señaló un bar en la acera de enfrente.
—Si quieres tomamos algo ahí. No está mal y dan unas patatas rellenas bastante aceptables.
Pensé que pasar un rato en compañía de alguien era preferible a seguir con mi absurda rutina que finalizaba a las cinco  media. Londres se regía por un horario muy diferente al de España. Los días eran cortos y las galerías cerraban temprano.
—Ok.
Sara era libanesa y había vivido en Roma varios años. Me enseñó una foto de su hija.
—¿Tienes una hija?
—Mi compañera y yo decidimos intentarlo y lo logramos a la primera.
Guardó la fotografía en su cartera y sacudió la cabeza con pesar.
—Pero la niña nos separó. A veces sucede. Crees que eso te unirá más y no es así.
Yo no contesté nada. Nunca había pensado en tener hijos. Los hijos eran para los valientes, o los inconscientes, pero nunca para personas como yo. No podía imaginar a un niño dependiendo de mi estabilidad.
Sara continuó hablando un buen rato. Llevaba un año en Londres y echaba de menos Italia, pero la separación de su compañera habría sido difícil de sostener en la misma ciudad. Viajaba a Roma cada quince días para ver a la niña. Cuando hablaba de ella yo no sentía que la amara realmente. Bien podría haberme hablado de su tía enferma a la que no le quedaba más remedio que visitar, o de un pariente al que le debía algo de fidelidad. Me sorprendió que llevara una fotografía  en la cartera.
—Es clavada a Gaia.
El nombre me sonó. Sabía que lo había escuchado antes, pero no logré recordar cuando, ni donde. Chiara no hablaba de su pasado, y yo nunca me había interesado por él. Para mí Chiara había nacido conmigo y eso me bastaba, pero ahora me pudo la curiosidad.
—¿Gaia?
—Mi ex.
—Me suena el nombre.
—Tal vez Chiara te habló de ella. Creo que se enamoró de Gaia cuando salía con su hermano.
—¿Chiara? ¿Salió con un chico?
Me miró con fijeza y sonrió.
—Al menos lo intentó, pero no duró mucho. Gaia se enfadó con ella por haberlo ocultado.
—¿El qué?
Volvió a sonreír divertida por mi confusión.
—Que era lesbiana. Salía con el hermano de Gaia, pero estaba enamorada de ella.
—¿Te lo contó Gaia?
—Sí.
—Tal vez lo inventó.
—Lo dudo. Gaia ni siquiera sabía entonces que ella misma era lesbiana. No hasta que nos conocimos. Por eso se sintió tan culpable por lo que le había hecho a Chiara.
Sentí lástima por Chiara y al mismo tiempo un torbellino de preguntas aparecieron en mi mente. Siempre había dado por hecho el valor de Chiara, y ahora descubría que ella también había intentado esconder quién era.
—¿Y tú? ¿De qué conoces a Chiara?
—Del colegio.
—¿Salisteis?
No pude evitar sonrojarme. Ella aparentó no darse cuenta y se lo agradecí.
—Lo intentamos varias veces, pero nunca funcionó.
—Lo siento.
—No importa. De todo se aprende.
Sara apoyó la mano sobre la mía y la apretó ligeramente.
—Aún estás triste por eso.
No fue una pregunta y eso me hizo llorar. Una desconocida sentía mi pena, una mujer con la que no había intercambiado más de unos minutos de conversación podía romper mi coraza.
—Oh, no. Discúlpame. No quería ponerte triste —se apresuró a decir mientras buscaba un pañuelo en su bolso.
Me sequé la cara con el antebrazo mientras negaba con la cabeza.
—No, está bien. Hacía tiempo que no conseguía llorar. No es malo —dije.
La miré. Aparentaba unos treinta y cinco años, pero su cuerpo era delgado y tan juvenil que costaba calcular su edad. Hablaba con lentitud, y a medida que conversamos me di cuenta de que en su acento se mezclaban distintas sonoridades que le daban una hermosa musicalidad a sus palabras. Era agradable charlar con ella.
—¿Cuánto tiempo te quedarás en Londres? — preguntó mientras pagábamos la cuenta.
—No sé. No creo que mucho. Pensé que aquí estaría mejor, pero no ha sido así.
—Te paso mi número de teléfono y si te sientes sola podemos hacer cosas juntas.
La miré ligeramente sorprendida.
—No hace falta, de verdad —dije anticipándome a pagar.
—A mí me gustaría. No tengo tantos amigos y Londres puede ser una ciudad muy dura a pesar de sus ofertas culturales.
—Tal vez me vaya en unos días a España —dije.
Me ofreció su tarjeta.
—Bueno, pues si al final decides quedarte y te apetece, me llamas. Sin compromiso.
Cogí la tarjeta con timidez y la guardé en mis vaqueros.
—Gracias.
—No hay de qué. Me ha gustado charlar contigo.
—Sí… eh, claro. Para mí también. Pero no soy lesbiana, pensé.
Nos alejamos con un gesto y repasé nuestra conversación. Le había contado cosas que no le habría contado a una desconocida jamás. Me sentí idiota por haberlo hecho. Al pasar por una papelera, tiré su tarjeta, luego retrocedí y la recuperé de entre los papeles. No sé por qué hice eso.
No soy lesbiana, me dije. No lo soy.










21 comentarios:

  1. Los dos primeros párrafos son sublimes, la narración es fantástica. Ambos capítulos espectaculares. En serio, me quito el sombrero...

    Diría que son los dos capítulos que más he disfrutado, y, personalmente, creo que los mejores que has hecho durante todo este recorrido.

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  2. Ayyyy Vic, GRACIAS! No tienes idea de cómo he esperado el capítulo y menuda sorpresa la que me he llevado al ver que subiste 2, he saltado de alegría.
    Suuuper intensos, emocionantes, asfixiantes a la manera de ver que la vida es así de difícil y complicada, han estado increíbles.
    Que difícil es para Chiara el poder avanzar, quisiera decir que se le va a pasar o que debería de superarlo ya, pero supongo que cuando ésa persona es la indicada, no más no la debes de olvidad jajaja.
    La única que me saca un poco de onda es Elisa, ok ya sabemos que no eres lesbiana, pero porqué te lo repites tanto? A quién quieres convencer?
    Bueniiiiisimos capítulos Vic, bravo, bravo!!!!
    Atte Ale

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  3. Ay!!! ¡¡Se van a encontrar en Roma!! o eso espero.. Que pena Chiara, ojala le empiecen a salir las cosas bien y Elisa que justo se cruza con Sara, no me gustaría que tenga nada con ella, mas que nada porque se ve que no es una chica de fiar ya que medio se le insinuó a Chiara mientras estaba con Gaia. Bueno habrá que ver que sucede! Se extraño muchísimo la novela, espero hayas tenido unas lindas vacaciones Victoria, beso!

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  4. Clásico la típica "no soy lesbiana pero solo me gusta..." a veces es muy difícil aceptar ciertas cosas que por el momento nos atormentan por razón de que la sociedad considera que es un tabú, en el caso de Chiara también a cometido el error de "un clavo saca otro clavo", errores que seguramente la mayoría hemos pasado, me encanta la historia y como sigue desenvolviéndose, ¡¡¡Feliz Año Nuevo!!!, las mejores vibras para estos nuevos 365 dias

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  5. Gracias por estos capítulos. Os deseo que este 2015 tengais salud y que las musas no os abandonen, y tengais trabajo bien remunerado!!!

    La trama se lia cada vez más pero ya sabemos que la realidad supera la ficción y aún se puede enredar ... en Roma por ejemplo, jajajaja.

    Abrazos, Mano

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  6. Gracias por estos capítulos. Os deseo que este 2015 tengais salud y que las musas no os abandonen, y tengais trabajo bien remunerado!!!

    La trama se lia cada vez más pero ya sabemos que la realidad supera la ficción y aún se puede enredar ... en Roma por ejemplo, jajajaja.

    Abrazos, Mano
    (Esto de los comentarios ha entrado en bucle y no se cuantos envío, coger uno solo por favor 80)

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  7. Insisto , Me Gustaría Q Chiara Se Quedara Con Cualquiera Menos Con Elisa... Por Lo Demas Excelente Vic..
    Jess PR

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  8. Fantástico los dos capitulos

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  9. Te amo, en serio este capitulo me hizo pensar mucho, sobre todo los primeros párrafos, me sentí identificada y me diste una cachetada de realidad, Gracias por seguir escribiendo con tanta dedicación esta hermosa historia, espero con ansias el momento de su rencuentro.

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  10. Me leí los 82 capítulos en cuatro días y el hecho de tener que esperar una semana para leer otro capítulo creía que sería insoportable. Sin embargo ha merecido la pena esperar, increíbles capítulos, el 83 me ha emocionado de verdad, me quedo con los dos primeros párrafos. Mi más sincera enhorabuena, sigue así.

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  11. Feliz año nuevo blog elisa y chiara, que fantastico regalo nos han dado, muchas gracias victoria estos capitulos han sido fenomenales jeje perdon tanto entuciasmo, siento que la novela comenzara una nueva etapa y espero que el final no este tan cerca. El capitulo de chiara me transmitio tantas emociones y me dejo muchas reflexiones, tengo que decir esto a lo largo de los capitulos siempre senti que estaba narrando su historia pero este capitulo me dio a entender que ya esta en el presente me da tanta emocion saber que pasara a continuacion y con respecto a Elisa no la entiendo en su ultima frase, pense que ya habia aceptado su homosexualidad pero siempre retrocede, ojala y pronto pueda liberarse de ese monton de emociones contradictorias que tiene en su interior, felicidades de nuevo y perdon por tanto choro jeje, saludos desde Mexico Mariana.

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  12. Sólo diré que me has alegrado la vuelta a casa con estos capítulos, muy interesante como conectas a los personajes, sigo admirando la manera en que haces fluir la historia. Gracias Vic, excelente forma de empezar el año. Felicidades!

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  13. Buenas :D
    Me recomendaron esta web novela y la verdad es que está genial. Me leí los capítulos en unos pocos días, pero no tenía conexión a internet (abría las pestañas y cargaba los capítulos con los datos del móvil y luego los leía). He notado varios errores en la escritura (tonterías, nada importante) y como no podía comentar he ido apuntando los capítulos en los que estaban. He visto algunos comentarios corrigiendo errores de ese tipo y espero que no sea una molestia que os lo señale por que me encanta la novela y la estoy disfrutando mucho :) me gusta mucho la forma en la que está escrita y como vamos conociendo a los personajes que son profundos (estoy harta de los típicos personajes planos). Mi pregunta es, ¿os molesta que os señale esos errores?, ¿os comento todos en un mismo comentario o los pongo en el capitulo en el que está?

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  14. Yo encantada de que me ayudes. Me quedé sin corrector hace más de un año, así que sería de gran ayuda que me señalaras los errores que encuentres.Mil gracias, de verdad.
    Un beso.
    Vic

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  15. Me gusto espero mas.....he escrito muchos buenos comentarios por que la verdad lo bueno siempre es mejor que lo malo

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  16. Estoy super ansiosa por el capítulo de esta semana, por fa subelo, me ha encantado bastante esta historia. Te felicito ^_^

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  17. Deberías ser constante. Es cada jueves no es así?

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  18. Para cuando el cap. 85? Estoy enganchadisima y me siento super identificada! Espero que Elisa y Chiara acaben juntas.

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  19. Por favor publica el proximo capitulo pronto... me estoy volviendo loca con la espera. Gracias

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  20. Oye si es cada jueves pero víc teabaja aparte creo, osea tiene más responsabilidades, son contadas las ocasiones en las que no coloca la historia los jueves así q bajale dos... Víc como siempre grande y genial y felicidades por que te publicaran
    Ayan7

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  21. ¡Me gusta mucho poder sentir cuanto se aman Chiara y Elisa! Las dos sienten tanto, cada una a su manera, y las dos luchan tanto, ya quiero que sean muy felices como indudablemente merecen.
    Veronica me parece muy honesta y muy justa con Chiara, realmente la quiere; y Sara aunque siempre me parece que actua fuera de lugar, también es amable y respetuosa con Elisa, espero que no esconda dobles intenciones.

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