jueves, 6 de noviembre de 2014

CAP. 77. ELISA: Oscuridad.


A través de la ventana del pasillo miré las nubes grises que arrojaban sombras sobre el asfalto. El aparcamiento era plano y monocolor, salpicado por los escasos coches aparcados. Tomé aire, como hacía cada día antes de entrar en la habitacis, perp alguiena habitacie Andrée Andr sobre el asfalto. El aparcamiento era plano y monocolor salpicado por los escasos coches ón de Andrés.
—Elisa.
El padre de Andrés me detuvo. Parecía físicamente disminuido como si se le estuviera escapando algo de su propia esencia. Andrés era hijo único y sus padres le adoraban. Eso era, pensé. Eso era lo que lo hacía tan difícil. Un buen chico, atento, siempre servicial y educado que no merecía que la vida le golpeara.
—Hola Javier —saludé acercándome a él.
Me dio un par de besos y me abrazó de una forma rígida y formal como si fuéramos dos agregados culturales.
—Nunca te agradeceremos lo suficiente lo que estás haciendo por Andrés —añadió cogiéndome de los hombros.
Imaginé que en ese momento podría haberme puesto una condecoración o algo así. Él no tenía ni idea de quién era yo, pensé.
—No. Está bien. Él es mi novio… —dije.
—Andrea está en la cafetería ¿Te importa quedarte con él mientras bajo a hacerle compañía?
—Claro. Ve tranquilo —dije.
Abrí la puerta del cuarto y saludé.
—Eh, hola. ¿Qué tal vas hoy?
—Esta semana me dan el alta —contestó.
Estaba sentado en la cama cubierto por las sábanas y apoyado en dos almohadas.
Se arregló el pelo con la mano.
—Debo de tener un aspecto horrible.
—No. Estás bien.
—Mis padres me han dicho que Lucía ha llamado preguntando por mí.
—Yo voy a verla esta tarde. No ha querido ver a nadie desde que le dieron el alta. Está rara.
—Pero es tu mejor amiga ¿no?
—Sí.
—Tiene que encontrarse realmente mal. Si yo tuviera un buen amigo en este momento… —se interrumpió—. Perdona.
—No pasa nada —sonreí.
—De verdad que te agradezco que estés viniendo cada día a verme. No quiero que pienses que no lo valoro.
—Pero no logras recordar nada aún —añadí.
—No.
—Es normal entonces que te sientas tan sólo, a pesar de que te visite gente.
—No sabes lo raro que es abrazar a desconocidos, o escuchar sus bromas acerca de cosas que no sólo no recuerdas, sino que parecen sacadas de la vida de otro.
—La verdad es que me cuesta imaginarlo.
—Pero me gusta que vengas.
—Gracias.
Me acomodé en el feo sofá. Mis visitas consistían en contarle todo aquello que él quisiera saber, con la cada vez más vaga esperanza de que en algún momento consiguiera recordar algo.
—¿Quieres que hablemos de algo en concreto? —pregunté.
—La verdad es que no. No creo que sirva de nada —. Parecía más desanimado que otros días.
—¿Te gusta la música? —pregunté.
Era una buena idea. Tal vez eso ayudara.
—Supongo. A todo el mundo le gusta la música, ¿no?
—Espera. Te pondré alguna de las canciones que me grabaste en mi Ipod.
Le puse los auriculares y busqué uno de sus temas preferidos.
—¿Preparado? —sonreí.
Regulé el volumen y di al play.
Cerró los ojos y vi sus dedos moverse al compás de la canción. Cuando acabó me miró agradecido.
—Es bonita. Gracias.
—Pero no la recuerdas.
—Esta no. Tal vez otra…
—Podemos probar con todas las que compartíamos.
—Sí. Una pesadez para ti.
—Te lo puedo dejar, y cuando te apetezca escuchas alguna.
Le quité los auriculares y lo guardé en el cajón de la mesilla de noche.
El resto de la mañana consistió en contestar a sus preguntas, aunque ese día casi parecía formularlas por obligación, como una especie de ejercicio que se había propuesto y sobre el que cada vez confiaba menos. Su desánimo era patente y su deseo de salir de ahí. Tenía varias fracturas en las piernas y aún no podía ponerse en pie. Eso lo estaba retrasando todo.
—¿Qué haces cuando no vienes a verme? —preguntó de pronto.
Tragué saliva al pensar en Chiara y en mis citas diarias con ella.
—A veces salgo con alguna amiga, o me quedo en casa leyendo. Escucho algo de música.
—¿Tienes muchas amigas?
—No. No muchas. Está Silvia, pero nos hemos distanciado un poco. Creo que esta tarde va a ver a Lucía, así que nos veremos, supongo.
—Pues esto tiene que ser un verdadero coñazo para ti.
—¿A qué te refieres?
—A lo que estás haciendo por mí.
—No. Es raro… —dije.
—Es lo más suave que podrías haber dicho. Gracias.
—Es verdad. Es raro y a la vez, es como si nos estuviéramos conociendo por primera vez.
Me di cuenta de lo que estaba diciendo en ese momento. Iba un día tras otro a verle, a contarle quién había sido él, pero seguía sin atreverme a decirle quién era yo en realidad.
—Para mí es así, y aunque es raro, también es bonito —añadió mirándome—. Eres una persona muy amable y tienes mucha paciencia conmigo.
Me levanté del sofá y me acerqué a una mesita auxiliar donde había una botella de agua y unos vasos de plástico con manchas de carmín. Probablemente de Andrea. De pronto me sentía incómoda. Una farsante que se estaba haciendo pasar por otra.
—No me conoces —murmuré, sirviéndome un poco de agua.
—Bueno, en eso estamos —. Su voz sonaba algo más jovial que hacía un rato—. Pero me gustas.
Me giré hacia él sosteniendo el vaso en la mano. Bebí un poco y me encogí de hombros.
—No sé qué decir. No me gustan los halagos —añadí.
—Vaya —sonrió —Ya sé algo nuevo de ti.
Escuché las voces de los padres de Andrea y Javier  en el pasillo y me sentí aliviada de que pudiéramos interrumpir la conversación.
—Ayer vino tu hermano —dijo de pronto.
Me pilló de sorpresa.
—¿Nando?
—¿Tienes más hermanos? —bromeó.
—No. Perdona, es que no me ha dicho nada.
—Vino por la noche, ya era tarde, y se sentó allí, donde estabas tú. Me dio pena. Estaba muy serio y me pidió perdón.
—¿Perdón? ¿Por qué?
—Ni idea. Eso mismo le pregunté yo. Creo que se siente culpable por lo que nos pasó a tu amiga y a mí.
—Menuda tontería —exclamé.
Andrea abrió la puerta.
—Hola chicos.
Javier entró tras  ella con una bandeja repleta de bizcochos envasados.
—Os traigo algo de desayuno.
—Gracias. Ya he desayunado —contesté.
—Bien, ¿cómo va todo? —nos miró mientras se frotaba las manos y nos miraba expectante.
—Estábamos charlando un rato —contestó Andrés.
—¿Y hay alguna novedad?
Andrés y yo nos miramos. Supongo que los dos nos sentíamos culpables por no poder ofrecerles ningún progreso.
—Elisa me ha dejado su Ipod para que oiga algo de música.
—¡Qué buena idea! —exclamó Andrea—La música es tan evocadora…
Estaban los dos de pie en medio de la habitación con los ojos demasiado abiertos, demasiado brillantes, como si estuvieran preparados para celebrar algo.
—Por probar nada se pierde —añadió Andrés.
Escuché el timbre de mi móvil y me disculpé mientras salía al pasillo.
—Luci, ¿cómo estás?
—Hola Eli. Quería confirmar que vendrías esta tarde.
—Sí, claro. ¿Pasa algo?
—No, nada. ¿Estás en el hospital?
—Sí.
—¿Y cómo está Andrés?
—Sigue igual.
—Quiero ir a verle.
—Primero ponte buena tú, ¿vale?
—Yo estoy bien. Me encuentro bien, pero no dejo de pensar en él. Se ha llevado la peor parte.
—Se recuperará, ya lo verás.
—¿Nos vemos a las cinco entonces?
—Allí estaré.
—Eli… yo…Eli…
Esperé unos segundos a que acabara la frase.
—¿Va todo bien, Luci?
—No, hay algo que no me cuadra y no me lo saco de la cabeza.
—¿Qué es?
—Prefiero hablarlo esta tarde.
—No, Lucía, ahora no me dejes así.  ¿Qué pasa?
—Perdona, Eli. No tenía que haberte dicho nada. No es para hablarlo por teléfono y seguramente es una paranoia mía.
Me di cuenta de que por mucho que insistiera no obtendría otra respuesta.
—Sea lo que sea, seguro que podemos aclararlo —dije sin tener ni idea de lo que estaba hablando.
Colgué el auricular con una vaga sensación de peligro, podía sentir el olor de una tormenta aproximándose. Entré de nuevo en la habitación para despedirme de Andrés y sus padres.
—¿Vendrás mañana? Perdona, no quiero obligarte.
Andrea sonrió  y contestó por mí; algo que me irritó.
—Nadie la obliga. Es tu novia, ¿recuerdas?
—No, mamá. No es mi novia. Era mi novia cuando yo podía recordar lo que sentía —dijo Andrés sin dejar de mirarme.
Fue una respuesta clara, sincera y lúcida que me pilló por sorpresa a mí y a sus padres. Andrea sonrió nerviosa. Javier se dejó caer en una silla. Estaba segura de que de los dos, el padre de Andrés era el que estaba más afectado. Lo sentía en sus maneras rígidas y marciales que a duras penas sostenían lo que realmente sentía: un profundo desánimo, una desesperanza que no se atrevía compartir con su esposa, ni con su hijo.
—Bueno, me voy.
Salí al pasillo y cuando llegué al aparcamiento caminé un rato sola, dando vueltas una y otra vez al espacio en el que se aparcaban los solitarios coches.
No dejaba de escuchar la última frase que había dicho Andrés. Algo que sonaba como música celestial, un salvavidas al que poder agarrarme para hacer lo que aún no me atrevía a confesarme.
Volví al centro de la ciudad a bordo de un autobús abarrotado de gente que olía a sudor y un conductor que parecía deleitarse en tener el aire acondicionado al mínimo, en pleno mes de Julio, a las dos de la tarde. Me bajé antes de tiempo, mareada y cansada de hacer ese recorrido día tras día. Llamé a Chiara para avisarle de que iría  a ver a Lucía esa tarde y no podría llegar hasta las ocho a su casa. Nuestras citas iban cogiendo una tranquila rutina que no apagaba mi deseo y me daba un respiro frente a todo lo demás.
—¿Dónde estás? —me preguntó.
—Ni idea —contesté distraída.
—¿Ni idea?
—Me he bajado de un autobús que parecía un microondas a punto de estallar.
—¿De dónde venías?
Noté ese tono de desconfianza en su voz que hizo saltar mis alarmas.
—¿Te pasa algo?
—No.
—Pues suenas crispada.
—Sólo preguntaba.
—Voy a comer algo a casa y luego iré a ver a Lucía, ya te lo he dicho.
—Sí, me lo has dicho.
—Entonces, ¿cuál es el problema? —No quería parecer agresiva pero me enfadaba su tono.
—Ninguno —respondió con voz átona.
—No lo parece.
—Nos vemos luego —dijo y colgó.
Estuve a punto de volver a llamarla y exigirle una explicación. No entendía por qué de pronto me hablaba como si fuera culpable de algo.
Eché a caminar hacia la boca de metro más cercana repasando nuestra conversación. ¿De qué demonios me acusaba? ¿por qué me hablaba con tanta frialdad? ¿Por qué me había colgado? Decidí que lo resolvería más tarde, cuando nos viéramos. No podía dejar que todo me afectara tanto, y sin embargo volví a llamarla. Esperé hasta que saltó su buzón de voz y entonces, colgué. Repetí la llamada dos veces más hasta que yo misma desconecté mi teléfono, furiosa y contrariada.
Regresé a casa y comí la comida que Jasmine había guardado para mí. Mis padres habían salido a comer con unos amigos y Nando no paraba en casa últimamente. Lo cierto es que desde el accidente de Lucía y Andrés tenía la sensación de que me evitaba.
A las cinco fui a ver a Lucía. Me recibió en pantalón corto. Aún tenía moratones en las piernas y en los brazos y los puntos de su labio le hacían mover la boca hacia un lado para no tirar de ellos.
—Eh, estás genial —mentí abrazándola.
—Sí, maravillosa —se burló, devolviéndome el abrazo.
La besé en la mejilla con suavidad y le acaricié la frente con cariño.
—Perdona que no haya venido antes a verte.
—No pasa nada, no te preocupes. Andrés es lo primero.
—No, no ha sido por eso, Lucía. Y Andrés no es lo primero —insistí.
—Vamos a mi cuarto —susurró pasando de puntillas frente al salón donde su hermano y sus padres dormían la siesta arrullados por una carrera de coches.
Subimos a su dormitorio y nos echamos juntas en la cama.
—Es horrible el calor que está haciendo este verano —suspiré aliviada por el aire acondicionado de su casa.
—Sí.
Estuvimos un rato tumbadas mirando en techo sin hablar.
—Eli me siento fatal por lo que le ha pasado a Andrés —dijo de pronto.
Entendí que ese “fatal” significaba algo más que la preocupación que sentíamos todos.
Me giré de costado y la miré. Ella seguía con la vista clavada en el techo.
—Ayer fue Nando a verle y por lo visto también se sentía fatal. Le pidió perdón. ¿Tú lo entiendes? Porque yo no —probé a decir.
Algo me hacía relacionar las dos cosas.
Lucía volvió la cabeza hacia mí. Luego se tapó la cara con las manos.
—Eh… ¿qué haces? ¿qué pasa? —susurré intentando apartar sus manos de su cara.
Se levantó y me dio la espalda, sentada en la cama.
—Algo pasó. Estaba segura, intenté que no bebiera, pero estaba super cabreado y yo no sabía por qué, aunque creo que lo imaginaba. Fue después de… Eli, no quiero acusar a nadie de nada.
—Lucía, la verdad es que no entiendo ni una palabra de lo que me estás contando.
—Cuando te fuiste a casa estuvimos tomando algo por ahí hasta que nos encontramos con Nando. Andrés le invitó a que os acompañara, creo que estaba triste porque te habías marchado, así, de repente y ya sabes que tiene mucha confianza con tu hermano.
Mi escaso sentido del equilibrio estaba comenzando a esfumarse. Lucía esperó un poco como si deseara que yo pudiera adivinar el resto de la historia.
—El caso es que yo los dejé hablando en la barra porque vi a Nacho y a Eva, ¿recuerdas? Los que iban en el coche de atrás cuando sucedió el accidente.
—Sí, ¿y?
—Pues estuve un rato con ellos y me dijeron que había una fiesta en no sé donde y que tenían coche … bueno ya sabes el resto. La cosa es que volví a la barra para preguntarles si les apetecía el plan y escuché a Nando decir el nombre de Chiara. No pude oír nada más porque dejaron de hablar en cuanto me vieron, pero luego Andrés ya estaba raro y no paraba de pedirse Gin Tonics y Nando le palmeaba la espalda como si tratara de darle ánimos.  Le pregunté si le pasaba algo, quise hablar con él, pero después de tres copas estaba eufórico y nervioso y yo ya no quería ir a la fiesta porque me daba miedo que condujera así, pero tampoco quise dejarle solo. Ahora creo que me equivoqué, porque si yo me hubiera vuelto a casa él no habría cogido su coche; habría ido con el de Nacho y probablemente no le habría pasado nada.
Lucía se detuvo a coger aire, yo en cambio solté todo el que estaba conteniendo.
—¿Sabes lo que creo? —murmuró.
Aún no estaba segura de lo que estaba sintiendo, pero sabía que en cualquier momento todo lo que estaba escuchando se reduciría a una palabra, y esa palabra definiría a mi hermano y yo no podría perdonarle.
—Lucí, no puedo seguir escuchando nada más —dije con un hilo de voz mientras intentaba incorporarme de la cama.
La habitación giró a mi alrededor como si fuera un carrusel y me agarré al borde del colchón.
—Eli, ¿estás bien?
—Sí, deja. Un poco mareada. Es el calor.
—Espera que te traigo agua —dijo saliendo del cuarto.
Volvió con una botella fría y un pañuelo húmedo que puso sobre mi frente.
—Perdóname, no quiero darte más problemas.
—Tranquila.
—Intenté hablar con él y convencerle de que no condujera así. Cuando entramos en el coche discutimos y él me dijo que estaba harto de mí, de nosotras… yo no entendía a qué se refería. Supongo que también llevaba unas cuantas copas encima, pero entonces se puso a llorar.
Llevaba un buen rato escuchando la voz de Lucía y quería dejar de oírla, pero su relato me fascinaba como si se tratara de una obra de teatro de la que estaba siendo espectadora.
—¿A llorar? —dije sin moverme. Era la frase que debía de decir.
—Sí. Empezó a llorar y le daba golpes al volante. Intenté consolarle y le cogí de la mano. Estuvo un rato llorando y de pronto arrancó el coche y dijo algo así como, “Ahora a divertirse para compensar tanta mierda”.
No creo que estés para divertirte,” le dije. “No sé qué te pasa, pero es mejor que lo dejemos.”
“Ay Luci, siempre tan sensata. Deberías de hacer una locura esta noche.”
“No quiero hacer ninguna locura, quiero que te tranquilices y me digas de qué va todo esto.”
 Eso le dije, entonces me besó. Lo del beso fue una tontería, lo sé, pero si no te lo contaba no me quedaba tranquila.  Aparté la cara y le dije que era un tonto de remate. Él se rió, y luego de pronto ya estábamos de camino. Yo estaba cabreada y no dejaba de echarle la bronca por lo que había hecho, le dije que era tu amiga y que no podía pasarse conmigo, le pedí que regresáramos a Madrid. Sé que estábamos discutiendo cuando el coche chocó con algo. Luego no recuerdo nada más, y luego a Nando y a Nacho y… bueno, todo eso.
Su voz sonaba ronca y ahogada como si estuviera a punto de echarse a llorar.
Me levanté de la cama y la abracé.
—No pasa nada Lucía. Tú no tuviste la culpa de nada —le dije.
Estuvo un largo rato llorando sobre mi hombro hasta que se calmó.
—¿Soy un monstruo por contarte todo esto?
—No, no eres ningún monstruo.
—Pero se trata de Nando, ¿lo entiendes?
Asentí. La besé y me levanté de la cama.
—Me voy. Te llamaré.
—Eli…
—No te preocupes, estaré bien.
—¿Le dirás a Nando que te lo he contado yo?
—No, no le diré nada porque no sabemos qué pasó esa noche, Lucía.
Lucía abrió la boca para decir algo, pero simplemente se quedó mirándome con esa expresión de incredulidad al escuchar lo que acababa de decir.
—¿Me odias?
Sonreí.
—¿Por qué iba a odiarte?
—Por acusar a tu hermano.
No podía escuchar ni una palabra más. Simplemente salí de la casa y dejé atrás todo lo que acababa de escuchar. Lo metí en un cuarto oscuro, un lugar que no visitaría. Cerré la puerta y giré la llave tantas veces como pude. Eso hice.

11 comentarios:

  1. Fascinante como siempre. Haces algo extraordinario dándole giros a la historia para que tomen sentido las cosas. Sigo fiel cada semana. Gracias nuevamente por tu tiempo.

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  2. UFFFFFFFFFFFFFFFFFFFFFFF! Ésa soy yo exhalando aire, porque me he pasado leyendo todo el capítulo aguantando la respiración de lo emocionante y tenso que ha estado. Qué cañón!!! Suuuuper complicado, aunque debo decir que le estoy agarrando coraje a Elisa, no me gusta nada lo que le hace a Chiara, otra vez vuelve con sus mentiras, y todavia se queja porque Chiara le habla así bien fría. Jjajajajajaja ya sé que todo es en base a la trama, pero sufrooo Vic.
    Aún así ha estado EXCELENTE!
    Mil gracias por tu tiempo, saludos. Ale

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  3. MUY BUEN CAPITULO, AHORA ESTOY ANCIOSA POR LEER EL SIGUIENTE EN DONDE SE ENCUENTRE CON CHIARA Y ACLAREN LO SUCEDIDO, ESE NANDO ANDA ENVENENANDOLE LA VIDA A OTROS, HOMBRE DESPECHADO. SALUDOS VIC HERMOSA SEMANA

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  4. Hola


    Aquí leyéndote nuevamente como cada semana, gracias por no quitarnos nuestra medicina de cada semana, me alegras la vida, pero debo reconocer que mas me alegra la vida la historia de estas dos chicas, amo a Elisa, tan real :) transparente y confundida como solemos ser a esa edad

    Buena semana, espero y estés de lo mejor y que obtengas toda la motivación necesaria para continuar con este proyecto

    R

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  5. -Que buen capitulo por Dios!!! Lo que es capaz de hacer un hombre despechado..no se si sentir pena o rabia contra Nando¬_¬
    -a Elisa la entiendo por que quiere a Andres e imagino lo difícil que es decirle que lo deja por Chiara de nuevo
    -y por ultimo Chiara que ya entro en modo paranoia on, espero que cuando hable con Elisa la encare y le pregunte las cosas de frente asi sale de dudas
    Muchas gracias por el CAPITULAZO!!
    en espera del siguiente jeje:P
    Saludos Dy;)

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  6. Me dan ganas de degollar a elisa y se hace a las victimas y enojarse porq chiara no le trata bien. Hay muchas de por medio y ya chiara llego al limite como mi paciencia para con eli.

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  7. En tan pocos días me he leído todos estos capítulos. Ahora a esperar como todos. Q interesante la trama, también admito q me da bronca elisa, me hace querer estar ahí para ayudar a chiara jaja y darle un sopapo a nando

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  8. Pff menuda historia, llevo 2 días leyendo sin parar hasta hoy, espero el próximo capítulo con ancias! Un saludo desde México!

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  9. Desde Colombia les digo que es increíble mk!!!!
    Xx

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  10. Mk es increíble la forma como escriben está novela. Saludos desde Colombia

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  11. Nunca me imagine esto, me parece algo muy bajo de parte de Nando.

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