viernes, 31 de octubre de 2014

Cap 76. CHIARA: Dudas.



En mi nueva vida, salía cada tarde con Elisa. Nunca hablábamos de Andrés y poco a poco logré olvidar que él podía ser una amenaza. Elisa y yo comenzamos a encontrar temas de conversación en los que fuimos descubriéndonos lentamente. A veces nuestras discusiones eran vehementes y apasionadas. Sobre política, sobre la propia homosexualidad, sobre la educación y la mala calidad universitaria. Me gustaba escucharla, me gustaba descubrirla. Me gustaba ella. Solíamos vernos al atardecer, cuando la gente salía a las terrazas intentado escapar del calor. El asfalto recalentado no nos daba esa tregua, pero a pesar de todo Madrid era una ciudad en constante bullicio y la gente abandonaba sus hogares para inundar las terrazas en busca de compañía.
Yo quería una vida tranquila y otra apasionada. Quería ser amada por Elisa y al mismo tiempo temía las tormentas de nuestra relación. Esa era la contradicción que sentía. Mis deseos rebeldes e indisciplinados colisionaban entre ellos y en medio estaba Elisa.
Durante unas semanas disfruté de una nueva versión de ella. Una tranquila, cargada de una sensatez domesticada. Aún no estaba segura de si era un cambio definitivo o sólo una tregua antes de que todo volviera a estallar. Creí haber encontrado un equilibrio y haberme embarcado en  una victoria sobre la confusión de Elisa, hasta una noche en que apareció Nando.
Elisa acababa de marcharse de casa. Habíamos cenado juntas, un plato de pasta divertido; un invento de Elisa fruto de una mala combinación de ingredientes sobre los que yo le había tomado el pelo. Luego habíamos hecho el amor, con la misma confusión apasionada con la que Elisa me amaba, con el terror latiendo entre nosotras. Me había acostumbrado a estar al borde del abismo y sólo deseaba que nadie nos diera un empujoncito. Supongo que era pedir demasiado.
Nando llamó a la puerta  un minuto después de que Elisa se hubiera marchado y eso me hizo pensar que se trataba de ella, tal vez había olvidado algo. Abrí la puerta vestida con una larga camiseta y las braguitas. Nando me miró confuso. Mi acto reflejo fue tirar de la camiseta hacia abajo.
—Perdona, ¿te he despertado?
—¿Qué haces aquí?
—Estaba el portal abierto y te escuché caminando por la casa…
—Bueno, me iba a la cama —dije.
—¿Tan pronto? Estamos de vacaciones —exclamó abriendo los brazos.
—Ya ves —contesté entornando un poco más la puerta—. Me muero de sueño.
—¿Sales mucho? —intentó sonreír.
—Podías haber llamado antes —dije.
—¿Y si te invito a una copa? Ya que estoy aquí…
—Ya sabes que no bebo y estoy en pijama —dije tratando de evitar negarme directamente.
—Es un decir… una copa, un refresco, un helado. Lo que te apetezca.
—Estoy cansada, Nando.
—No sabes el calor que hace en la calle.
—Imagino.
Dio unos pasos hacia la puerta y para mi alivio se detuvo. Apoyó la mano en la madera resistiéndose a su deseo de tocar mi mano a escasos centímetros de las suya. Pensé que lo mejor era no reaccionar, no moverme, no darle a entender que me asustaba su insistencia.
—No pensaba volver a verte ¿sabes?, pero me acuerdo mucho de ti —dijo.
—Nando…
—No, espera. No te mosquees. Sólo te pido un rato de tu tiempo.
—Pero no ahora.
—Necesito que seamos amigos.
—Lo seremos, no empujes, Nando, por favor.
—Los amigos se ven.
—Con el tiempo seguro que lo haremos.
—Ya ha pasado casi un mes.
—¿Y te parece que estamos preparados para ser amigos solamente?
—Creo que sí y te juro que estoy siendo sincero.
—De acuerdo. Déjame que piense sobre ello.
Por su risa pude ver que no me creía, igual que yo no le creía a él.
—No me llamarás, ¿verdad?
—No sé por qué quieres seguir viéndome. De verdad que me parece que sólo es tozudez.
—¿Tozudez?
—Sí, eso he dicho.
Yo ya había descubierto que esa era una característica de toda la familia, incluida mi querida Elisa.
—¡Vaya! ¡qué bajo concepto tienes de mis sentimientos!
—Lo siento —dije.
Parecía sinceramente herido. Su tono cambio por una más suave, menos histriónico.
—No estoy bien Chiara.
—Espero que no sea por mi culpa.
—No me quito de la cabeza el accidente de Andrés y Lucía. No puedo dormir y cuando lo hago, me despierto viendo a Lucía llena de sangre y la cara de Andrés… y es horrible.
—Lo siento —dije.
Y era cierto.
Apartó la cabeza hacia un lado evitando que pudiera verle. Notaba sus esfuerzos por no desmoronarse.
—Nando… no sé qué puedo hacer yo.
—Sal conmigo un rato, sólo eso. Hablemos, demos una vuelta. Tu charla me hace bien.
—Venga, pasa, y tomamos algo aquí, pero sólo un rato.
Yo ya reconocía en mí esos impulsos, y a menudo me preguntaba si la influencia de mi madre y su fanatismo religioso cargado de una mal interpretada compasión no había sembrado en mí algo con raíces más profundas de lo que yo imaginaba. Pero la culpa sabía hacer bien su trabajo.
—Gracias.
—Pero sólo un momento, ¿ok?
—¿Me tienes miedo?
Me reí.
—No. No te tengo miedo, sólo estoy cansada —repetí.
—¿De verdad no te apetece salir?
—De verdad que no.
Caminó con naturalidad hacia el salón, y algo en la soltura con la que se movía me alertó de que no iba a ser fácil que respetara el tiempo que yo pensaba dedicarle.
Se desplomó sobre el sofá y sonrió.
—Echaba de menos tu casa.
—Ya. ¿Te preparo algo?
—Vale.
Palmeó el sofá.
—Pero antes, siéntate a mi lado, ¿vale?
Entorné los ojos y entonces lo vi. A mi padre, con sus mentiras y su falsa humildad. Vi a mi padre cuando prometía a mi madre lo mismo una y otra vez. Vi a mi padre arrastrado por sus propias pasiones. Daba igual que fuera el alcohol. En este caso era yo, y Nando mentiría una y otra vez para convencerme, para pedirme su dosis, y yo lo había descubierto.
El estómago se me movía. Mi compasión se cerró de golpe. Pensé que lo mejor era sacarle de casa.
—¿Sabes? Creo que me animo a salir a la calle. Espera a que me cambie. Tardo un minuto.  
Su mano se detuvo en el aire antes de volver a caer sobre el cojín que segundos antes golpeaba con suavidad.
—Vaya.…bien. Te espero aquí.
Corrí a mi dormitorio y me puse un vaquero y unas zapatillas. Cambié una camiseta por otra de tirantes y me recogí el pelo.
Cuando salí al pasillo me tropecé con él.
—¿A dónde ibas?
—Buscaba el baño.
Señalé con el dedo la puerta que sabía que él tan bien conocía,
—No sé cómo lo haces pero siempre estás preciosa.
—No me cortejes, por favor.
Pasé junto a él y acarició mi mano.
Mi reacción fue tan brusca que me disculpé.
—No hagas eso —exclamé dando un manotazo al aire.
Me miró sorprendido.
—¿Tanto asco te doy?
Caminé hacia la salida y abrí la puerta sin contestar.
—Venga, vamos ¿no querías salir?
Estaba enfadada conmigo por haber caído en una trampa tan simple. La pena.
—¿Puedo pasar al baño? —insistió con voz áspera.
Asentí manteniendo la puerta de la calle abierta.
Al cabo de unos segundos escuché el grifo del agua corriendo por el lavabo y salí al descansillo a esperarle.  
—Vamos.
Cerré la puerta tras él y bajé las escaleras trotando. Cuando salimos a la calle le tomé la delantera. Le indiqué un bar unos metros más abajo de mi casa. Nando me siguió dócilmente.
Entramos y fui hacia la barra.
—¿No prefieres que nos sentemos?
—No vale la pena, sólo van a ser unos minutos.
Sonrió.
—No dejas de marcar, ¿eh?
—Ya te he dicho que estaba cansada, Nando y a pesar de todo estoy aquí.
—Seguro que si fuera otra persona te quedarías toda la noche.
Preferí no hacer ningún comentario sobre eso. Sabía que se refería a Elisa y no iba a comenzara una nueva discusión.
—¿Os estáis viendo?
Hice un gesto con la mano hacia el camarero. Mi enfado iba en aumento, pero no estaba dispuesta a jugarle el juego.
—¿Qué vas a tomar?
—Una caña —dijo palmeando la barra con ánimo.
—Una caña —repetí.
El camarero se alejó hacia los surtidores de cerveza.
—¿Y tú? ¿no vas a beber nada?
—Me voy a casa, Nando. Disfruta de tu cerveza —contesté echando a andar.
Tenía que haberlo visto venir. Tiró de mi brazo hacia él y me cogió de la cintura.
Apoyé las manos en su pecho para apartarle, pero era fuerte y estaba enfadado.
—Oye. NO me dejes aquí tirado.
—Suéltame.
—¿Qué he hecho? —dijo aflojando pero sin dejarme ir.
—Engañarme. Hacerme creer que estabas jodido con lo del accidente. Buscarte una excusa para que accediera a salir contigo. ¿quieres que sigas?
—¿Y que puedo hacer? No me lo pones fácil.
—Suéltame —volví a pedirle.
—¿Nunca te ha besado un tío?
—Ni se te ocurra, Nando.
—Se me ocurre que igual te gusta. Sólo por probar.
Me apretó contra él y yo decidí no luchar. El camarero no perdía detalle, al otro extremo de la barra y yo no quería montar un espectáculo en el bar.
Me besó.
Apreté mis labios con tanta fuerza que sentí mis propios dientes contra la carne.
Sólo hice eso. Aflojé el cuerpo y le dejé hacer.
Mantuvo su intento de abrir mi boca unos segundos, luego me soltó.
No me molesté en mirarle al alejarme de él. Escuché su voz alta y clara.
—Si crees que Elisa es de fiar es que eres más tonta de lo que pensaba.
Vacilé un segundo.
No le creas, me dije. Está furioso y quiere hacerte daño.
Pero no me moví.
—¿De qué hablas? —dije sin pode evitar mi miedo.
—¿Sabes que va todos los días a verle? A Andrés. No sé qué te habrá contado ella, pero no la había visto tan entregada a nadie desde hacía mucho tiempo.
Estaba manejando una granada en mis manos que podía estallar en cualquier momento.
—¿Has venido a eso, Nando? ¿A hacerme daño?
—He venido a avisarte de que ella está aún con Andrés.  Ahora es posible que esté contigo, pero sólo porque Andrés no recuerda nada. Da igual lo que creas, nunca le dejará porque no es suficientemente valiente.
—Y tú sí ¿verdad? Eres tan valiente que te escudas detrás de Elisa para intentar convencerme de que intente algo contigo. Eres tan valiente que usas lo más vulnerable de mí para destruirme. Sí, eres un mierda que tiene que forzar a una chica para que le dé un beso.
Salí del bar a toda prisa y no aflojé el paso hasta haberme alejado. Evité el camino a casa. No quería que Nando me encontrara de nuevo. Quería golpearle, quería insultarle y hacerle mucho daño, tanto como él había intentando hacerme a mí.
Me pasé la mano por los labios borrando cualquier resto de su boca. Era repugnante, me dije. Era un cobarde y un manipulador.
Anduve una media hora entre callejones atestados de gente. Sintiendo el calor de la noche mezclado con el propio calor de mi ira.
Regresé a casa hacia la una y media. Entré en el portal y encendí la luz.
Al principio no la reconocí. Estaba muy cambiada, un poco mas robusta y con el pelo de un rojo infernal. Sentada en los escalones le rodeaba un fuerte olor a marihuana. Se puso en pie en cuanto me vio.
—¿Angie? —pregunté incrédula.
—Eh, hola. Te llevo esperando casi una hora.
—¿A mí?
—Sí. Estaba en el bar cuando te pasó eso con Nando y salí detrás de ti, pero desapareciste.
—¿Me seguiste?
—Pensé que igual necesitabas ayuda.
—No. No necesito ayuda —contesté pasando de largo junto a ella.
—¡Tienes mi número! ¡Puedes llamarme cuando quieras!
—Angie, hace mas de un año que perdimos el contacto y no deseo retomarlo.
—Lo sé. Pero a veces uno necesita un hombro sobre el que llorar y parece que no lo estás pasando bien.
—No me gusta que me espíen, ¿sabes?
—Te vi hace meses, por casualidad. Ni siquiera sabía que habías vuelto a España, pero no me atreví a saludarte.
—Vivimos en el mismo barrio, ¿sabes?
—No, no tengo ni idea de dónde vives.
—Un poco más abajo, en una paralela a la tuya.
—Hoy no es buena noche, Angie —dije, arrepentida de mi brusquedad inicial.
—Imagino… creo que sé de qué va todo esto.
No me gustó escuchar lo que acababa de decir.
—Pues no imagino por qué sabes de qué va nada en mi vida.
—Ya te lo he dicho. Somos vecinas y te he visto últimamente con Elisa. Parecíais muy unidas.
—Estamos muy unidas.
—Claro —asintió ella sin convicción.
—Bueno, me subo a casa. Estoy muy cansada. Ya nos veremos por ahí.
—Sí, ya nos veremos. Me alegro de haber hablado contigo.
Eso fue lo último que escuché antes de entrar en el ascensor. 
Pulsé mi piso y me tapé la cara con las manos. Quería llorar, pero no sentía pena sino miedo. ¿Y si Nando estaba en lo cierto? ¿Y si Elisa sólo ganaba tiempo antes de volver con Andrés? ¿Por qué no me había hablado de sus visitas al hospital? Maldije mi ingenuidad y mi cobardía al evitar ese tema con ella, pero no debía de hacer suposiciones sobre lo que los demás decían acerca de nosotras. No podía creer a Nando. No debía hacerlo. Sólo era un chico contrariado que quería venganza.
Sólo eso.


 mis propios dientesa fuerza que sent, pero era fuerte y estaba enfadado.
ta a jugarle el juego.




12 comentarios:

  1. Yo creo que el problema que va a generar todo esto, es que Chiara no va a contarle nada a Elisa. Cuando lo más sensato sería decirle todo lo que ha pasado y evitar otra vez las confusiones entre ellas.
    La actitud de Nando es odiosa y patética.
    Genial como siempre la historia de esta semana.

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  2. wow!!! hola Vic, me hiciste acordarme de algo que me paso muy similar a Chiara y Nando y francamente me dejo una muy mala experiencia, aun no puedo entender por que simplemente no entienden que no nos gustan los chicos, y sobre todo que no puedan respetarnos, todos somos seres humanos y no por que nos guste algo diferente nos deben obligar o forzar.
    Por otro lado, con relación a la historia, no creo que toda la culpa sea de Elisa, tanto Chiara como Elisa no quisieron tocar el tema, muy probable por la fragilidad de la relación y no por que no se amen, si no por el entorno y las situaciones que se están desenvolviendo en sus vidas, tal vez les falta mucha comunicación y a lo mejor si un poco mas de valentía por parte de Elisa, sin embargo es lógico que existan "dudas" e incertidumbre, ojala realmente se sienten a platicar realmente que es lo que buscan y que tan comprometidas están en defender su amor, de Chiara no lo dudo, pero Elisa necesita un "empujoncito" para hacerlo.
    Y por ultimo pero no por ello menos importante, me encanta tu trabajo y por desgracia (y lo digo con toda honestidad) es lo único que conozco y me encantaría conocer mas acerca de ti y nuevamente de tu trabajo, te agradezco que te tomes el tiempo suficiente para que semana tras semana nos regales tan excelente novela y sobre todo que me tengas al filo de mi asiento, te mando las mejores de las vibras para que sigas adelante, te mando un abrazo y beso del tamaño del mundo.
    saludos desde México

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    1. Ja! A mi me pasó lo mismo, bueeno de hecho me ha pasado varias veces jejej, pero debo decir que sólo una fue muy marcada. No sé si es por que fue muy muy reciente o porque la verdad ha sido la más desagradable, pero es que de veras que el tipo no entendía el "no me interesas". Detesto que salgan con su rollo de "si no pruebas como vas a saber que no te gusta" ashh o sea como que sé bien lo que quiero y no eres tu. Jajajaj Ale

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  3. Vic buen capitulo!
    ahora si se le juntaron las dudas a nuestra querida Chiara!

    Besos... bonito día

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  4. Esta historia me tiene muy enganchada, me da pena Chiara y Elisa q no se decide.
    Nando me cae muy mal, es un pesado, si no lo quieren ya pues, parece q esta en batalla con Elisa.
    Espero el prox cap con muchas ansias.

    Janet

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  5. Hace un tiempo que quería decirte (y no se porque decidí hacerlo ahora), que me gusta la manera en que construyes los personajes, ellos se enojan, pelean, ríen, gozan, sufren y se equivocan; nos muestras distintas facetas de ellos que algunas veces nos gustan y otras veces no, y eso me hace identificarme con ellos; también he cometido errores, he dicho y hecho cosas que lastimaron a otros (y de las que luego me arrepentí), y eso no me hace mala persona, me hace humana.
    Flo

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  6. Cada día se pone mejor la trama.. Realmente gracias por la dedicación a esta historia. Te felicito. Y bueno, no sacaré ninguna conclusión ni haré ninguna critica, me encanta dejarme llevar por cada línea que vas llenando. Espero ansiosa el próximo capitulo, saludos desd Venezuela.

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  7. Woooooow! Siento que son demasiadas cosas por asimilar, pobre Chiara, no es justo lo que le pasa, sufrooo jejej. Ayy y esa Elisa, no es que crea en todo lo que dice Nando, pero igual Elisa no ha sido mucho de mi agrado, no confío en lo que dice. Ayyy y que horror con los dos acosadores que tiene Chiara, por un lado está el tipo este que no entiende lo que es un "no eres mi tipo y nunca vas a serlo", pobre, yo se lo que se siente estar en esa situación, una que no quiere ser grosera, pero es que hay unos que mas tercos no pueden ser y luego la otra Angie que no entiende lo que es un "lejos estamos mejor" jajajaja.
    Bueniiiiiisimo el capitulo Vic, me dió un flashback jajajaj. Saludos Ale

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  8. Buenísimo, como siempre. Eres una artista :)

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  9. Todo el capi tuve miedo de que Nando pudiera hacerle algo a mi amada Chiara y es gracias a la increíble manera en que construyes toda la escena, que bueno que no paso nada malo, la verdad espero que Elisa deje su cobardía a veces simplemente creo que no se merece a Chiara sigue así =)

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  10. ¡Elisa pendeja insufrible!
    Buena historia, saludos!

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  11. Es verdad que Nando y Elisa se parecen, pero lo de Nando es lo que es realmente negativo. A mí también me gustaría que Elisa y Chiara hablaran de esto y que no haya mal interpretaciones, ¡Que nochecita, pobre Chiara, puff! :(

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