viernes, 26 de septiembre de 2014

Cap.71. ELISA: Peligro.


Desconecté el móvil después de dejar a Chiara. Habíamos tomado algo en algunos de los bares de Chueca y nos habíamos despedido con un beso. Estaba intranquila con la idea de que la pasión entre nosotras cediera. Pensaba que eso era lo más fuerte que nos unía, a pesar de que Chiara intentaba demostrarme que no. Pero yo sentía una constante excitación a su lado, y me costaba disimular la premura de mi deseo. Por otro lado me enfadaba pensar que tal vez ella no sentía lo mismo y que su propuesta de conocernos más era una forma de evitar el sexo conmigo. Abrí la puerta de mi casa angustiada, cada vez más convencida de que la estaba perdiendo. Me topé con mi hermano que bajaba las escaleras al recibidor.
—Ciao —dijo apenas sin mirarme.
Yo subí hacia el salón sintiendo que la culpa comenzaba a hacer su papel, entonces escuché la voz de Nando.
—Por cierto, me encontré con Andrés por Chueca —dijo caminando hacia la puerta.
Mi corazón dio un vuelco.
—¿Por Chueca?
—Sí, ayer por la noche.
Respiré aliviada.
—Ya. Le tengo que llamar.
—Sí, será mejor que lo hagas.
No me gustó su comentario, ni el tono de su voz.
—Bueno, eso es cosa mía, ¿no? —respondí desde lo alto de la escalera.
—Claro.
Cerró la puerta tras él con un portazo. Me senté en el último escalón, agotada y triste. Mi hermano estaba enfadado conmigo, yo engañaba a mi novio y mi madre…
Antes de que pudiera completar ese pensamiento escuché la voz de mi padre detrás de mí.
—Eh, ¿qué haces allí sentada?
Me incorporé contenta de verle en casa. Últimamente viajaba mucho.
—Nada, estaba descansando ¡Qué ganas tenía de verte!
Me sorprendió mi propio entusiasmo. En casa somos poco dados a las demostraciones de afecto. Él sonrió asombrado.
—Bueno , tendré que irme más a menudo para que me recibas así.
Le rodeé con los brazos y sentí el aroma de su colonia y de la loción, que tanto me gustaban.
—¿Cómo te va todo? —me preguntó.
—Más o menos —contesté con sinceridad.
—¿Y eso? ¿No te gusta estar en Madrid?
—No, no es eso. ¿Y mamá? —pregunté entrando en el salón.
—Ni idea. Pensaba que vosotros lo sabríais, pero le he preguntado a Nando y dice que no tiene ni idea.
—¿La has llamado al móvil? —. Debían de ser las doce y media de la noche. Chiara y yo nos habíamos despedido temprano.
—Sí, pero lo tiene desconectado. ¿Sabes si había quedado con alguien? ¿Tal vez tenía entradas para el teatro? —. Me miró de un modo que me conmovió y me hizo odiarla. Adiviné que él estaba inquieto y fue su miedo el que me impulsó a tocar su hombro con cariño.
—Seguro que ha salido con Teresa, o con algún de sus amigas.
¿Tal vez él sospechaba algo? Yo había apartado de mi mente la imagen de mi madre desnuda con otro hombre, pero a pesar de todo era imposible olvidarlo.

—Por supuesto —añadió él dirigiéndose al mueble bar y sirviéndose una copa.
Miró su reloj de pulsera y desabrochó la correa para quitárselo.
—¿Cómo van las cosas por aquí? —preguntó dándole un sorbo a su bebida.
Me encogí de hombros.
—Sin novedad.
—¿Y Nando?
—Ni idea. Ya sabes que no hay manera de sacarle una palabra —mentí.
Asintió con la cabeza sosteniendo su copa con ambas manos frente a él. Se había sentado en la butaca de cuero blanca y miraba a través del cristal de su bebida como si intentara desentrañar algo.
—¿Sigue con esa chica?
A ciencia cierta me había sonrojado hasta las orejas, pero él no lo advirtió. Su mirada continuaba clavada en el líquido dorado de su wiskie.
—No lo sé —volví a mentir.
—Parece que tenemos un problema de comunicación en esta familia —bromeó.
—Siempre —añadí.
—Pues eso no está bien, ¿no te parece?
—No lo sé —medité imaginando cómo sería la otra posibilidad: Mamá, papá, soy lesbiana y quiero a la misma chica que mi hermano.
Contuve la sonrisa, cargada de amargura.
—Soy lesbiana —repetí en voz baja sin darme cuenta.
—¿Qué has dicho?
Apreté los dientes con fuerza como si con eso pudiera impedir que salieran las palabras que acababa de pronunciar.
—Nada —. Me dirigí hacia la cocina con paso inseguro.
—Elisa —me llamó él.
—Dime.
—¿Quieres contarme algo?
¿Había escuchado lo que acababa de decir?
—¿El qué? —pregunté sin mirarle.
Trasteé por la despensa fingiendo que buscaba algo de comer.
Él dio otro sorbo a su bebida y siguió mirando a través de la copa. Le vi sacar su móvil y marcar un número. Supuse que estaba llamando a mi madre, entonces escuchamos el sonido de la puerta de entrada y los pasos de ella subiendo las escaleras.
Se detuvo en la entrada del salón haciendo esfuerzos por parecer tranquila. Al menos yo lo advertí. Pero, ¿podía él darse cuenta de esos detalles?
—¿Qué  tal el teatro? —me adelanté a decir. No sabía por qué estaba haciendo eso. Mi padre me miró sorprendido.
—Fantástico —dijo ella mirándome sin pestañear.
—¿Estabas en el teatro? —preguntó mi padre sin apartar la vista de mí.
—Acabo de acordarme, papá —me excusé adelantándome a ella de nuevo —. Me han dicho que esta versión de Los miserables no es muy buena —continué dirigiéndome a ella.
Mi madre era rápida y dejó el bolso sobre la mesa mientras su cabeza trabajaba.
—No peor que cualquier otra. No te esperábamos hoy, no sabes cuánto siento no haber estado para recibirte —añadió caminando hacia él con dulzura,
Se sentó sobre sus rodillas y depositó un suave beso en su boca.
Yo aparté la mirada de ellos. En ese momento me sentía sucia y traidora.
—Me voy a mi cuarto —murmuré.
Escuché la voz susurrante de mi madre a mi espalda, la risa suave de mi padre y subí rápidamente hacia mi dormitorio.
Cerré la puerta con pestillo y conecté mi móvil. Entró una llamada perdida de Andrés y un mensaje de Chiara.
Me ha encantado salir hoy contigo y estoy deseando verte de nuevo.
No pude reprimir una sonrisa de alivio, a pesar de que mi estómago danzaba y bailaba al compás de mis emociones. Ella ocupaba el trono brillante del amor en mi corazón y en ese momento deseé que todo nos fuera bien.
Entró un mensaje. Esta vez de Andrés.
¿Dónde te metes? Me muero de ganas de verte. Estoy por tu zona. ¿Estás en casa?
Cansada, contesté.
Tenía que ganar tiempo para poder pensar con calma qué decirle y sin embargo sentía que estaba retrasándolo todo por miedo.
Puedo subir a verte. Si me invitas a tomar algo.
Son las doce y media ,añadí.
Pero en tu casa hay luz, contestó.
Me levanté de la cama y miré por la ventana. Al otro lado del muro, en la calle y bajo la luz de una triste farola advertí su figura.
¿Desde cuando estás ahí? Pregunté molesta.
Acabo de llegar. Iba para casa en coche y he visto las luces de tu casa.
Alzó un brazo para saludarme y entonces lo sentí. Eso: pena, compasión, cariño. Fue como salir de mí para poder, por una vez, ponerme en el lugar del otro. Una sensación de fragilidad acompañó esa experiencia. Mi cuerpo podía entender el del otro. Mi mente podía pensar como la del otro, mi corazón podía abrirse al del otro.
Me desplomé en la cama atenta a todas esas sensaciones de vulnerabilidad que estaba sintiendo. Mis pulmones se llenaban de un aire nuevo en el que incluían al mundo. Me pregunté si mi asma crónico, mis ataques de ansiedad, mi miedo, no habían sido la consecuencia de mi egoísmo.
Claro, sube, escribí.
Guardé el móvil en mi bolsillo y lo puse en modo silencio.
Bajé las escaleras con cautela para abrir la puerta de entrada. Las luces del salón continuaban encendidas, pero mis padres ya no estaban.
Pulsé el telefonillo y abrí la puerta de la casa.
Tarde unos segundo en darme cuenta de que Andrés venía acompañado. Entorné los ojos para acostumbrarme a la oscuridad del jardín hasta que las luces térmicas lo iluminaron todo.
—¿Lucía? —exclamé sorprendida.
Ella trotó hacia mí con una sonrisa radiante.
—¡Eli! —exclamó abriendo los brazos.
Me llevé un dedo a los labios mientras corría hacia ella.
—¡Lucí! —susurré.
Nos dimos un abrazo y ella me besó en la mejilla. Me agarré a su abrazo como si fuera un salvavidas. Y hundía mi cabeza en su pelo castaño. Nunca me había alegrado tanto de ver a alguien.
Tras ella, Andrés nos miraba sonriente.
—¿Por qué no me has dicho…? —comencé a decir—¿Pero no estabas en Grecia?
Lucía me agarró del brazo.
—Era un aburrimiento total. Si me quedo un día más me muero —rió haciéndole un gesto a Andrés para que nos siguiera.
Le obsequié con una mirada de gratitud, y él me guiñó un ojo.
—Quería darte una sorpresa —dijo deteniéndose —Venga, vamos a tomar algo los tres —me propuso.
—Yo os traigo luego a casa —añadió Andrés.
—Ok —accedí sin pensarlo. La compañía de Lucía era aire fresco para mí y realmente lo necesitaba.
Corrí hasta la puerta de entrada y descolgué mis llaves del colgador. Ni siquiera me había quitado los zapatos y la noche comenzaba a ser menos calurosa.
—Vamos —exclamé cogiéndoles a ambos del brazo — ¿Y tú lo sabías?
Andrés sonrió mientras asentía con la cabeza.
—No eres la única que sabe guardar un secreto —añadió sin malicia.
—Le pedí que no te dijera nada. Quería sorprenderte y proponerte algo.
—¿Proponerme? ¿El qué?
—Que nos vayamos los tres juntos a Ibiza unos días. Mi tía nos deja la casa.
El plan parecía perfecto, pero en él no estaba Chiara. Me pregunté si algún día escucharía esa misma propuesta en la que ella estuviera incluida.
—¿Y tengo que contestar ahora mismo? —pregunté, nerviosa.
—A ver, ¿qué te retiene aquí? —bromeó Lucía.
Instintivamente aparté la mirada de ella y ella reaccionó a mi gesto en un segundo adivinándolo todo. Apretó mi brazo ligeramente.
—Bueno, ¿y qué habéis estado haciendo por aquí? —preguntó mirándonos alternativamente a Andrés y a mí.
—No mucho —contestó Andrés—. Eli y yo a penas nos hemos visto.
—Sí, es cierto. Yo he estado intentado acostumbrarme a mi familia otra vez —me apresuré a decir.
—La familia puede ser una pesadez —gruñó Lucia con solidaridad.
—Sí —murmuré yo entrando en el asiento delantero del coche de Andrés.
—¿A dónde vamos? —preguntó Lucía.
—¿Os apetece un local con música? Igual llegamos a tiempo de ver terminar de tocar a unos colegas —propuso Andrés.
Me encogí de hombros y me dejé llevar por ellos. Aún estaba procesando mi cita con Chiara, la vuelta de Lucía y la invitación a Ibiza.
Aparcamos cerca de casa de Chiara y me sentí como si la estuviera traicionando al salir con otra gente la misma noche que habíamos estado juntas.
Lucía  bajó del coche conmigo mientras Andrés buscaba un sitio donde aparcar.
—Nos vemos en la entrada del bar —nos dijo.
—Eh ¿qué es lo que pasa? —me preguntó Lucía en cuanto estuvimos a solas —¿Seguís juntos?
—Creo que sí.
—¿Crees?
—Eso he dicho —eché un vistazo hacia atrás en dirección al portal de Chiara que iba quedando mas lejos.
—Eso no suena bien —observó frunciendo el entrecejo—¿La has visto?
—Sí. Esta tarde.
—¡Esta tarde!
—Acababa de llegar a casa cuando me llamó Andrés.
—¿Y él lo sabe?
—No.
—¿Se lo vas a contar?
—Pensaba hacerlo, pero no quiero joderle el verano.
—Es la excusa más pobre que he escuchado en toda mi vida.
—No es una excusa.
—Eli… —me reprendió con dulzura.
—¿Qué quieres que le diga? Sólo nos hemos visto una vez.
—¿Y qué tal te has sentido?
—Me gusta mucho —musité avergonzada.
—Pues eso es lo que le tienes que decir a Andrés.
—Ya lo sé.
—Pues adelante.
—Necesito mi tiempo —protesté ante su invasión.
—Por supuesto — se disculpó.
Habíamos llegado a la entrada del bar en el que se agrupaban unas pocas personas con aire de desgana. La música alcanzaba la calle, son un sonido parecido al de un pozo y de pronto el plan no me pareció tan bueno.
—¿Hay que pagar entrada? —preguntó Lucía a un portero que charlaba con otro tío.
Nos miró de arriba abajo y nos hizo un gesto para que entráramos.
—El concierto está acabando —murmuró volviendo a su conversación.
—Esperamos a un amigo —añadió Lucía mirando hacia el final de la calle.
Era el mismo local al que habíamos acudido Chiara y yo en nuestra primera cita con las chicas.
—No sé por qué os gusta tanto este sitio —observé cada vez más arrepentida de haber salido tan tarde.
—Bueno, era una excusa para estar juntos —me reprochó Lucía.
Andrés llegó jadeando después de una buena carrera.
—¿Entramos?
—Claro —dijo Lucía, empujándome suavemente hacia el interior del bar.
Sentí la mano caliente de Andrés sobre mi cintura y me volví para sonreírle. Él me besó en los labios. Yo miré a mi alrededor instintivamente. Estábamos tan cerca de casa de Chiara…
—Te he echado de menos —me susurró.
—Lo siento —dije con voz inaudible.
Bajamos las escaleras que llevaban a la sala donde un grupo de muchachos arremetían contra los instrumentos como si quisieran ganar algún tipo de batalla. Me alejé del escenario a toda prisa con la excusa de comprar bebidas para los tres.
Me apoyé en la misma barra en la que hab estado adcon Chiaran la que habla excusa de comprar bebidas para los tres.
emetsdres se llenaban de un arire nuevo en el que inía estado con Chiara hacía una eternidad.
Reparé en una chica que me observaba. Pedí las bebidas y esperé mientras dejaba vagar la mirada por las botellas de colores colocadas en baldas de cristal. Al segundo la chica estaba a mi lado. Era menuda, iba muy maquillada, casi parecía salir de un carnaval y llevaba un piercing en el labio.
—Hola —me saludó.
Su pelo teñido de rojo resplandeció cuando una de las luces móviles iluminó su cabeza. Apenas la miré, estaba segura de que me confundía con alguien.
—No me recuerdas ¿verdad?
—No. Lo siento —contesté sonriendo con compromiso.
—Yo sí me acuerdo de ti —dijo ella dando un sorbo a una cerveza—. Pero es que para mí fuiste lo peor.
Me quedé sorprendida por la facilidad con la que había expresado su antipatía hacia mí.
—¿Perdona? —dije extendiendo un billete de veinte al camarero que me servía las bebidas.
Andrés llegó sin aviso y me rodeó con sus brazos por detrás.
—Oye, que a mí el concierto me importa una full —me dijo al oído besándome en el cuello —. Yo lo que quiero es estar contigo.
La chica sonrió de medio lado y dio otro largo sorbo a su cerveza.
—Ya voy —protesté débilmente.
Le pasé una copa a Andrés mientras le hacía un gesto para que se la llevara a Lucía.
—Creía que estabas con Chiara. Os he visto esta tarde —murmuró la chica sin deja de sonreír.
El batería del grupo remató el tema con un redoble y la gente aulló al escenario. Las luces refulgieron sobre la desconocida.
Entonces la reconocí. Las luces parpadeantes, la oscuridad y mi facilidad para olvidarme de las caras habían hecho su trabajo. Además ella también había cambiado mucho.  En el colegio sólo era una chica menuda y risueña que trataba de ganar confianza pareciendo resuelta y autosuficiente. Pero la bronca de la fiesta de cumpleaños de Andrés volvió  a mi memoria con todo lujo de detalles y un escalofrío me recorrió el cuerpo.
Angie.




17 comentarios:

  1. Llegue aqui por una recomendacion de una web y tengo que decir que en dos dias e terminado de leer lo que va de la historia, me gusta mucho como van las cosas y lo que no me gusta es que estare contando los dias para el proximo capitulo. Sigan con la buena historia saludos desde Mexico

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. ¡Hola! ¡Qué alegría tener una nueva lectora! Te mandamos un abrazo desde España y esperamos que nos sigas leyendo. Mil gracias por tus bellas palabras de ánimo. Besos
      Vic

      Eliminar
  2. Gracias por el capítulo de hoy, esta realmente interesante. Angie parece ser el tipo de persona que culpa a otra de no ser correspondida. Espero que no se ensañe con Elisa de nuevo.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. ¡Sois realmente agudas en vuestros comentarios y me encanta leéros aunque a veces no tenga tiempo para contestados! Un beso. ¡Gracias a ti por leerme!
      Vic

      Eliminar
  3. Dios pedazo capítulazo me ha encantado lo he leído varias veces .No me esperaba lo de Angie me ha sorprendido bastante cada capítulo es mejor que el anterior espero que esta semana no se me haga eterna deseo que ya sea jueves.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. ¡¡Hey!! Mil gracias. ¡¡Qué ánimos nos dan tus palabras!! Besos.
      Vic

      Eliminar
  4. (O.O) Oh my God! Ja! Ahora si se la cargó el payaso a ésta Elisa jajajaja, le va a explotar la bomba y en la cara. El karma, el karma, hay que tener cuidado con éso jejejej, ella que tanto reclama y reclama y mira ahora ella está igual o peor de lo que hizo Chiara. Uyyy es que éste capítulo estuvo bueniiiisimo y los que vienen, presiento que estarán que arden de lo intensos. Excelente Vic, simplemente Excelente!
    Por cierto, cómo has estado Vic? No te he visto comentar.
    Sigues malita? Mucho trabajo?
    Saludos, Ale

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. ¡¡Hola Ale!! He estado con mucho trabajo y con la salud regular. La vuelta a MAdrid se hace dura. No he podido contestar a nadie hasta reubicarme y organizar mis cosas y una novela que tengo que entregar mañana. Esta ciudad,simplemente, me mata. A ver qué hacen nuestras chicas ¿eh?
      Te mando un fuerte abrazo.
      Vic

      Eliminar
  5. :O!!! Noooo maldita la odio! Hahaha muy bno como siempre gracias :)

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Hola Victoria. ¿Sabes que tienes dos nombre que yo uso? Victoria y Lara. ¡¡Qué coincidencia!! Gracias por tu entusiasmo.
      Un beso.
      Vic

      Eliminar
  6. En serio que Elisa esta hecha un lio, a ver si ya se decide, jijiji, gracias por seguir con esta hermosa historia, nos leemos el próximo jueves

    ResponderEliminar
  7. Elisa…Uf un personaje complejo, mucho. Sí, a ver si conseguimos que le eche valor al asunto porque parece que da un paso adelante y otro hacia atrás. Gracias a ti por leerme.
    Besos.
    Vic

    ResponderEliminar
  8. Yo quiero que Chiara también tenga a alguien, pero que le guste, porque Nando, pobre, no cuenta y Angie esta loca. Elisa da demasiadas vueltas, da la sensación que ni ella sabe que quiere. Una pregunta tengo ¿Que es Chueca? ¿Es un bar gay?. Demás decir que los capítulos cada vez están mas atrapantes. Muchísimas gracias a vos Victoria y a los que participen de esta historia :)

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. ¡Hola! Chueca es una zona de bares y restaurantes de Madrid, donde encuentras locales para gays y hetero. Es muy atractiva, muy viva y siempre hay muchísimo movimiento.
      Besos.
      Vic

      Eliminar
  9. Yo recuerdo a Angie, pero no recuerdo cual era la bronca de Elisa en el cumple de Andrés, AYUDAAA.

    ResponderEliminar
  10. Es el capítulo en el que Andrés invita a Elisa a su fiesta de cumpleaños. Ellos dos ya han roto, pero Elisa se siente obligada a ir. No recuerdo el número. Lo miro más tarde y te digo cuál es exactamente.
    ¡Besos!
    Vic

    ResponderEliminar
  11. La bronca no fue acaso en el cumpleaños de Elisa en casa de Lucia? Buena historia pero cuidado con éste tipo de detalles. A veces cae en lo predecible y monótono. Pero no deja de tener potencial y momentos dónde te vuelve a enganchar.
    Gracias por el esfuerzo.
    Saludos

    ResponderEliminar

Escribe aquí tu comentario. Y, por favor, ¡no nos seas trol! ;D