jueves, 11 de septiembre de 2014

Cap.69. ELISA: Te quiero.


Estaba sentada en un sofá de cuero marrón cubierto por una colcha blanca. Chiara preparaba un par de infusiones para nosotras. Frente a mí había una ventana que daba a un amplio patio de manzana, agradable y silencioso lo suficientemente cerca del cielo como para poder ver las nubes oscuras que se movían ligeras empujadas por el viento. El último rayo de sol se coló entre una de ellas y se deslizó por mi cara. Cerré los ojos dejándome deslumbrar por la luz a través de los párpados.
Estaba inquieta y sabía por qué.
Chiara.
Moví involuntariamente los labios al pronunciar su nombre.
—¿Qué has dicho? —preguntó dejando un par de tazas sobre la mesa frente al sofá.
Abrí los ojos e intenté contener el rubor.
—Nada. No sé. Disfrutaba de la luz —dije.
Una suave sonrisa curvó las comisuras de sus labios. Ella siempre parecía tranquila y eso me ponía más nerviosa aún. Excepto cuando se enfadaba abiertamente conmigo, se mostraba como si tuviera el control de lo que sucedía entre nosotras.
—¿Cómo estás? —pregunté, fingiendo que miraba los dibujos de la taza.
—Bien ¿por?
—No sé ¿No se te hace raro que esté aquí?
Ella se sentó a mi lado y negó con la cabeza.
—Qué va. Al contrario, me hace mucha ilusión enseñarte donde vivo… aunque no sea mi casa.
Asentí sin atreverme a hacer más preguntas. No podía creer que ella no sintiera la tensión sexual entre nosotras, pero me resistía a mostrar la mía abiertamente para averiguar si era correspondida.
—Es bonita, y muy tranquila.
—Me alegro de que te guste —dijo dando un sorbo a su infusión.
Me arrepentí inmediatamente después de haberle hecho la pregunta, pero no pude evitarla.
—¿Nando ha estado aquí?
Dejó la taza sobre la mesa y volvió a sonreír.
—No.
—Ya. Seguro…
—¿Podemos dejar de hablar de él, Eli?
—Claro —contesté cogiendo una de las pastas que había sobre un platito a juego con la taza.
Le di un suave mordisco e inmediatamente se desintegró sobre mi camiseta.
—Ups, perdón —me excusé tratando de contener las migas que se deslizaban hacia el suelo.
—No pasa nada —sonrió ayudándome a recogerlas de mis pantalones.
—Están ricas pero son como polvorones —comenté. Su mano estaba caliente sobre mis piernas.
—Son inglesas. Seguro que las conoces. Tienen cantidades ingentes de mantequilla —bromeó—. Como dice mi compañera de piso: un minuto en la boca, toda una vida en los muslos.
Me reí.
—Me encanta que estés aquí —dijo, radiante.
La miré con curiosidad. Ella también había cambiado. Ya no me parecía tan corpulenta como antes. Había adelgazado y su figura era más hermosa. Su antigua rigidez se había transformado en algo fluido y muy femenino que yo nunca había advertido en ella. Su pelo seguía siendo tan hermoso como antes y su boca siempre estaba preparada para la sonrisa. Era emocionante ver la mujer en la que se estaba convirtiendo.
—A mí también me gusta —dije con timidez.
—Ven, Quiero enseñarte algo —me invitó levantándose y haciéndome un gesto con la mano.
La seguí hasta su dormitorio. En cuanto abrió la puerta me llegó un intenso aroma a flores y vi que en la ventana había plantado rosas y geranios.
—Qué bien huele.
—Ah, sí. Echaba de menos las flores. En Roma trabajé con mi abuela en su floristería —. Abrió un cajón del que sacó una libreta de dibujo. Se sentó sobre la cama y yo hice lo mismo.
Pasó algunas páginas en las que apenas me dio tiempo a ver los bocetos de algunos rostros, hasta que se detuvo en una. Levantó la portada del álbum para impedirme que la viera.
—¡Eh! —protesté.
—Espera. Cierra los ojos. Lo dejaré sobre tus rodillas y cuando te diga los abres ¿ok?
Seguí sus instrucciones.
—Ok. Listo.
Miré la hoja de dibujo sobre mis piernas y me llevé la mano a los labios, asombrada.
—¿Lo has hecho tú? —pregunté tontamente.
—¿Te gusta?
—Pero no tienes ninguna foto mía ¿verdad? —afirmé pasando suavemente los dedos por el delicado trazo con el que había dibujado mi rostro.
—No me hacía falta. Puedo cerrar los ojos y verte perfectamente.
—¿Tienes memoria fotográfica?
—No exactamente —contestó frunciendo levemente el entrecejo—. Sólo me pasa contigo.
Me sentí estúpida al haberle hecho esa pregunta.
—¿Puedo ver el resto? —le pregunté con un nudo en la garganta.
Me miró un segundo entornando los ojos.
—¿Me prometes que no te enfadarás?
—¿Por qué iba a enfadarme? —pregunté alerta.
—Porque en Roma hice dibujos de algunas amigas y también le hice un retrato a Nando.
—¿A Nando?
—Sí, en una cafetería —se apresuró a puntualizar ella.
—¿Y se lo has enseñado? —pregunté comenzando a pasar las páginas sin su permiso.
Ella apoyó la mano sobre la libreta deteniéndome.
—Eli, para.
—¿Por qué? Sólo son dibujos ¿no? —contesté sin disimular el enfado de mi voz
Era consciente de que iba a arruinar ese momento hermoso entre nosotras, pero los celos eran más poderosos que mi prudencia.
—¡Mira! —exclamó impaciente abriendo la libreta de nuevo por la página donde estaba mi retrato —Eres tú ¿es que no lo ves?
Miré el dibujo un largo rato y no sé por qué me entraron ganas de llorar. Me contuve y  apreté los labios.
—Elisa… —murmuró ella con tono cansado.
—Lo siento —me disculpé—. No sé nada de ti. Ni siquiera estoy segura de por qué estamos aquí las dos.
Apoyó su mano sobre la mía y la apretó con suavidad. Luego la llevó a sus labios y la besó con dulzura.
La abracé y hundí mi cara en su cuello. Ella acarició mi cabeza. Había olvidado la tranquilidad que me producían sus caricias cuando me angustiaba por  algo. Recordé la primera vez que ella había sostenido mi mano, sentadas en las escaleras del colegio, en medio de una de mis crisis de ansiedad. Ella era mi hogar.
Me separó suavemente y sostuvo mi cara entre sus manos.
—Te quiero —susurró.
Quise besarla pero no dejó que me moviera. Tenía los ojos clavados en los míos y su mirada comenzó a excitarme. Ella siempre tenía esa luz en los ojos que yo envidiaba en algunas personas. A su lado yo debía de parecer una versión patética de una huerfanita.
—Dime que me quieres —pidió sin soltar mi cara.
—No —contesté.
Ella abrió los ojos ligeramente sorprendida, pero siguió sosteniendo mi rostro.
—No esperaba eso —sonrió con amargura.
—Decirle a alguien que le quieres es tan fácil ¿no crees? —puntualicé—Lo difícil es demostrarlo.
De nuevo sonrió y me acarició la mejilla. Se separó de mí cerrando el álbum de dibujo con suavidad. Yo me maldije por haber roto el encanto del momento.
—No quería ser desagradable.
—No, no te preocupes. Me he dejado llevar por la impresión de verte tan cerca.
—¿Por eso me has dicho que me querías? —pregunté irritada.
—No sé —dijo mirándome sin dejar de sonreír—Como es tan fácil decirle a alguien que le quieres…
Apreté los labios con disgusto.
—No se te escapa ni una ¿eh?
Se quedó quieta mirando la libreta de dibujo. De pronto me pareció que estaba muy lejos de mí.
—Lo siento —dije intentado recuperarla.
—No importa.
—Bésame —le rogué.
Sonrió de medio lado.
—Siempre pasas de un extremo al otro, Elisa.
—Sí que te quiero —susurré.
—¿Ese es el pago por un beso? No, gracias.
—No tengo que pagar por un beso de nadie —contesté levantándome de la cama dispuesta a salir de allí.
Me cogió del brazo al pasar junto a ella.
—Para. No empecemos otra batalla.
Tuve que hacer un verdadero esfuerzo por no dejarme llevar por el impulso de empezarla. Ella tenía razón. Por alguna razón no era capaz de acercarme a ella sin pelear.
Volví a la cama y me senté clavando la mirada en el suelo. Esperé a que ella dijera algo. Pero no lo hizo. Sabía que tenía que vencer mi orgullo y mi amor propio para volver a empezar. Me sentí cansada y harta de mi maldito carácter. Se sentó a mi lado y me extendió el dibujo. Lo había firmado con una dedicatoria.
Te quiero, porque te recuerdo a todas horas, porque tu cara está constantemente en mi cabeza y porque he hecho esto para ti sin esperar volver a verte. Espero que me creas cada vez que mires tu retrato.
Sostuve el dibujo sin saber qué hacer con él.
—Soy una idiota ¿verdad?
—A veces sí —contestó.
—Sí, lo soy.
Dejé el dibujo sobre la cama junto a mí y la miré.
—Sé que te quise, pero también sé que nos hicimos mucho daño y eso me asusta.
—Lo sé. A mí también —reconoció.
—Pero cuando estás cerca de mí, no puedo evitar sentir algo muy fuerte —añadí sin mirarla—¿Se puede desear a alguien sin quererla?
—No lo sé ¿puedes tú?
—Ni idea. Todo es nuevo para mí.
—¿Quieres que lo descubramos juntas? —preguntó con precaución.
—¿Cómo? —pedí ansiosa de encontrar soluciones.
—Salgamos juntas. Hagamos cosas que nos unan.
Su proposición tuvo un efecto inesperado en mí, y la abracé.
Ella me sostuvo con calidez.
—¿Por qué tienes tanta paciencia conmigo?
—¿Porque te quiero, Elisa? —contestó con ironía.
Sonreí, aunque ella no lo vio. Era lista y rápida en reaccionar. Acariciaba mi pelo.
La sangre había empezado a hervirme de nuevo bajo la piel
—No sé si podré salir contigo sin sentir esto—le dije separándome de ella.
—Ni yo —reconoció.
Me besó de nuevo, pero esta vez ella sólo acercó los labios a los míos hasta rozarlos levemente.
—Duele… —gemí llevándome la mano al pubis. Siempre me sucedía con ella. La excitación llegaba de golpe como un fuerte dolor.
Apretó los labios y me sostuvo por la nuca. Sentí que su mano bajaba hasta mi pubis y simplemente la dejo ahí, sobre mis vaqueros, irradiando ese delicioso calor que hacía posible que mis músculos se aflojaran y permitieran que llegara el placer.
Yo me aferré a ella y la besé con fiereza. Metí la lengua en su boca buscando la suya y la traje hacia mí. Tenía un miedo espantoso a no disponer de otra oportunidad a que ella se hartara de mis cambios de humor, de mis celos, de mis vaivenes, quería agarrar ese momento y alargarlo hasta el futuro.
Me tumbé en la cama sin dejar de besarla. Ella metió la mano bajo mi camiseta y el dolor volvió a intensificarse. Me tensé ahogando un gemido.
—¿Demasiado deprisa? —susurró separándose unos milímetros de mi boca.
—No —mentí, aguantando el dolor.
Sentí sus dedos abriéndose paso por el sujetador y cuando rozó la piel de mis pechos me estremecí de placer.
—Dios, Chiara. No pares, aunque me duela — le supliqué.
—No quiero que sientas dolor, sino placer —dijo besándome la barbilla, el cuello, el escote.
La empujé hacia abajo, sin pensar, ardiendo de deseo.  Su mano se movía suavemente por encima el vaquero y me asombró descubrir que podía sentir cada uno de sus movimientos como si estuviera desnuda. Era aún más excitante sentirla sobre la tela que sin ella.
Cogió mi mano y la llevó a uno de sus pechos. Yo lo apreté y levanté la cabeza para bajarle el escote y besar la piel. Desabroché los botones de su camisa con ansiedad, tirando de ellos. Abrí la tela y apoyé las dos manos sobre el sujetador. Ella me miró. Estaba muy seria y apretaba la mandíbula con fuerza.
—Eli, cariño mío —susurró excitada. Tenía las mejillas sonrosadas y su boca era más roja que de costumbre. Se quitó la camisa con un solo gesto y volvió a besarme.  Añoraba su piel, sus hermoso y grandes pechos, sus sonrosado pezones, añoraba el olor de su sexo. Añoraba el sabor de su saliva y su lengua moviéndose dentro de mi boca, Añoraba sus suaves mordisqueos, sus caricias en mi cintura, sus muslos firmes y fuertes sobre los míos.
—Desnúdate —le pedí.
—Demasiado deprisa —contestó echándose a mi lado y arrastrándome sobre ella—. No quiero que vuelvas a salir huyendo.
—No lo haré. No voy a irme a ninguna parte —prometí.
Suspiró y me apretó contra ella. Yo apoyé mi cabeza en su pecho. Deseaba quitarle el sujetador, besarla, morderla. Ella despertaba en mí, un deseo desconocido que, a pesar de la distancia y el tiempo, había aumentado.
—Deja que te vea desnuda —rogué.
Extendí mis dedos hacia sus pezones bajo la tela. Mi mano tembló y a pesar de todo recorrí el  contorno abultado, duro, preparado para mis besos. Ella se aferró a mi pelo para que no me moviera.
—Espera —dijo—. No podemos volver a equivocarnos Elisa.
Levanté su sujetador y la acaricié sin escuchar sus protestas.
—Para ¿No entiendes que todo va a ser un lío otra vez? —dijo aflojando su mano en mi cabeza.
Llegué con mis labios hasta su pecho y levanté totalmente el sujetador para poder besarlos.
Ella arqueó el cuerpo.
Yo la besé con más violencia. Comencé a desabrocharme los vaqueros. Pero ella se incorporó  de repente.
—¿Qué pasa? —pregunté jadeando.
—Que esto no está bien —dijo comenzando a abrocharse la camisa.
—¿Por qué? — gemí.
—¡Porque está Andrés, Elisa!—exclamó furiosa. 
—Ni siquiera estaba pensando en él —contesté.
—Ni yo, pero no por eso has dejado de salir con él. Joder, haces que olvide todo.
Podía sentir la lucha que sostenía entre su deseo y su sentido de la ética. Me avergoncé de no tenerla.
—¿Y qué más te da Andrés? —protesté tumbándome en la cama.
—¿Es así como manejas las cosas, Eli? ¿Me deseas? ¿Sales con otro? ¿Tienes celos de un dibujo de tu hermano?
—No fui yo la que se acostó con otra.
—Por Dios, para ya con eso. ¿Sabes lo que pasó? ¡Nada! ¡Nada de nada! ¡La besé! ¡Sí! Y me llevó a su casa, y pensé que podría hacerlo, pero no pude porque te quiero a ti ¿Es que no te entra en la cabeza?
Escuché sus pasos por el dormitorio. Yo estaba echada sobre la cama con los ojos cerrados preguntándome por qué me daba igual todo excepto ella. Intenté pensar en Andrés y repetirme que no debía traicionarle, pero en mi cabeza sólo estaba Chiara, y mi deseo hacia ella, y mi necesidad de que ella me amara, de que no se fuera de mi lado, de que pasáramos más tiempo juntas, de poder conocerla mejor.
—No me importa —dije al fin, sentándome sobre la cama—. Soy como mi madre: egoísta. Y sólo sé que quiero estar contigo y eso es lo único que me importa ahora mismo.
—“Ahora mismo” no me vale —dijo ella —. Eso ya lo tuve, y me hizo sufrir.
Miré cómo se recogía el pelo de nuevo. Ese gesto siempre iba acompañado en ella de su capacidad de controlar, de frenar, de enfriarse. Aún sentía el aroma de su perfume.
—No quiero ganarte un rato para perderte después.
—Y yo no quiero que hablemos más — le dije con sinceridad. 
—De acuerdo. Pasaremos mas tiempo juntas —accedí.
Se acerco a mí y me pasó un dedo por los labios.
—Eres preciosa. Cada día, cada año más hermosa.
Me levanté de la cama y la besé. Simplemente apoyé mis labios sobre los suyos sin fuerza. Dejé que nuestras respiraciones adquirieran un ritmo semejante. Sonreímos al mismo tiempo. Fue fácil. Fue increíblemente fácil.

31 comentarios:

  1. Muy buen capítulo
    Esta historia es genial ,la espera vale la pena
    Muchas gracias por el capitulo
    Hasta el otro jueves

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  2. Woww.. cumpliste Vic... ahora el problema es q me dejaste mas iniciada que el anterior cap y vuelve la ansiedad por el siguiente... me suele pasar con tu novela... Que pasion y que amor transmiten estas dos... he tenido q leer tres veces y no porque no lo entienda sino por lo bueno que es... Por favor si sacas el libro avisame porq lo quiero con autografo y dedicatoria...
    Fan #1
    Un abrazo... lorena

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    1. Hola Lorena. Vamos a ver qué tal lo llevan nuestras chicas ;). Y por supuesto que si saco el libro (que me está costando, la verdad), os lo diré a todas y os mandaré a las primeras que lo descarguéis, un hermoso regalo.
      Un beso.
      Vic

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  3. Wow, muy buen capítulo. Me recordó algo q sucedió hace 2 semanas. Esta historia cada día me hace recordar más momentos como si fuesen míos.

    Gracias por esta trama, gracias por esta historia tan fuerte y completa como la vida misma.

    Jane.

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    1. Hola Jane. Me encanta cuando os recuerda a cosas reales, momentos de vuestras vidas. Eso quiere decir que voy por buen camino, y me anima a seguir.
      Un beso enorme.
      Vic

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  4. Solo dire dos cosas ME ENCANTO!!! Ame lo madura y decidida que luce Chiara, me encanta como pretende que las cosas sean diferentes y serias entre ella y Elisa! Como siempre quedo a la espera de un proximo capitulo.

    Saludos desde Venezuela!

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    1. ¡Espero que te guste el siguiente! Saludos desde España.
      Vic

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  5. Impresionante el capitulo tantas emociones a flor de piel dios a esperar hasta el jueves no se si pondré espero que se me pase volando esta semana gracias Victoria eres increíble

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    1. ¡Gracias, guapa! Vosotras sí que sóis increíbles con vuestro entusiasmo.
      Gracias de nuevo por cada semana que me ayudáis a seguir.
      Vic

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  6. Wow!! Que capitulazoo!!! Jamás había tenido tantas ganas de leer y leer!! A quien le diga que espero cada jueves para leer no se lo cree xD Gracias!!

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    1. ¡Hola Clara! ¡Qué bien que te guste tanto! Gracias a ti. Un beso enorme.
      Vic

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  7. Todas las semanas espero un nuevo capitulo , Me encanta!

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  8. oh por Dios muchísimas gracias... muy bueno el capitulo, y los que se vienen supongo que serán mejores.... mil gracias de nuevo por regalarnos esta linda historia que cada jueves me alegra el día :3

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    1. Gracias a ti por segur la historia y ser fiel a nuestras chicas. Un beso.Vic

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  9. Intenso pero sin dejar de ser realista, me gustó la reacción de Chiara ante la impulsividad de Elisa, sería interesante ver como se desarrolla la dinámica entre estas dos mas allá de la pasión, contando los días para leer el siguiente, sigan así. Saludos :)

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    1. Hola Irina. Si, parece que de las dos la más centrada es Chiara y mira que hay que tener paciencia con Elisa… a ver si consiguen empezar a tener una relación estable.
      Un beso y gracias por leernos.
      Vic

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  10. Por fiiiinnnnn, que hermoso, su pasión ha crecido, esperemos que realmente empiecen a luchar por su amor

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  11. Wow!!!! No pues si que ha sido una BOMBA! Rayos! Tuve que leerlo y re-leerlo de lo bueniiiiiisimo que estuvo Vic...de veras que ésas vacaciones te sentaron MUUUY BIEN jajajaja. Todavía me late el corazón a mil x hora de la emoción, mueeero por el próximo capítulo, quisiera que todos los días fueran JUEVES jajajaja.
    Por cierto, ¿cómo vas con la gripa? ¿ya mejor?
    Saludos, Ale

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    1. Hola Ale:
      ¡Qué bien que te gustó! No te creerás pero sigo con mi gripe, me ha tomado afición :D Bueno, mientras no me quite las ganas de escribir… Un beso enorme. ¡Hasta la semana que viene!
      Vic

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    2. Todavía? No, pues tremenda gripe la que te ha dado, pero es solo la gripe? Nada grave verdad? Pues cuidate mucho Vic, si no pues no dudes de ir al Dr. Saludos

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  12. El mejor capitulo lejos..! Me parece bien lo que hizo Chiara, de frenar toda la situación por Andrés. Ahora creo que es él quien envió el vídeo jaja algo malo tiene que tener.. Y que bien que se den la posibilidad de conocerse mas, de hacer cosas juntas. Ya quiero saber que pasa el Jueves. Beso y gracias por el capitulo :)

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    1. Hola Sol:
      Gracias a ti por tu comentario. Me encanta que dejéis vuestras impresiones en el blog. Me ayuda mucho.
      Un beso.
      Vic

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  13. Wow, tu si que sabes como lucirte! :),

    Sería genial que nos pudieras dar dos capítulos a la semana!, uno corto y uno largo (el de cada jueves) jajajaja

    Pero bueno, mira que te exigimos de más!

    Saludos desde México, buena vibra y que te mejores de tu gripe!

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  14. Cada capitulo es mas geniales, aunque Chiara apago el incendio en su punto de ebullición, me encanta como ha madurado y que este consciente que para un nuevo comienzo hay que cerrar heridas pasadas, Saludos ;)

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  15. Que buen capitulo!!! Me encanta cada uno de los matices que le das a las chicas, el como se conocen mutuamente y su magia cuando están juntas... Adoro tu historia y como me transportan cada una de tus palabras.

    Muchas Gracias por compartir con nosotros tu gran talento ;)

    Saludos desde Colombia

    Luisa V.

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  16. Nooo Ely no le creas Chiara te pudo dibujar por que tenía fotos tuyas del face, no le creas!!!!!! Aunque es pianista y dibuja bonito, es toda una artista, quédate con ella!!!! XD.
    Ely cuestionó algo que a mi me pareció muy importante: ¿Se puede desear sin querer?, honestamente y aunque me duela decirlo a lo largo de esta estupenda novela a mi me ha parecido que se desean, pero amor, no se, creo que necesitan dejarlo germinar, creo que del amor solo hay una semilla pero no ha germinado, en cambio el deseo ese ya es todo un arbol frondoso.
    Gracias por regalarme a mi como lectora tantas emociones, y se que no soy la única eres una bonita persona al compartirlo sin fin de lucro :)

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  17. Me ha encantado el capitulo. Lastima que hasta hoy puedo leerlo, desconectada del mundo victoria he estado. Pero ya de regreso, gracias por ser tan estupenda en este capitulo. Ha sido fascinante. Con ansias de que sea jueves para asi poder leerlo ese mismo dia. Cuidate.


    Saludos desde colombia.

    Kelly..;-)

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  18. Estupendo el capítulo Victoria pero crees que podrías sustituir la palabra "genitales" es que hace más referencia a un tío y corta un poco el rollo cuando la lees .Gracias por escribir esta maravillosa historia.

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