jueves, 18 de septiembre de 2014

Cap.70. ELISA: Un nuevo comienzo.


Salimos a la calle ya de noche. Era plenamente consciente de que después de nuestro último beso, Chiara había adquirido una rigidez repentina que me entristecía. Podía entender que sólo era una forma de frenar nuestras ganas de estar juntas, y que probablemente ella estaba haciendo el mismo esfuerzo que yo por intentar comenzar nuestra relación de nuevo, sin dejarnos llevar por el deseo, construyendo algo sólido que nos uniera. Me sorprendió  darme cuenta en ese mismo instante de lo poco que nos habíamos llegado a conocer. En realidad nuestra relación se había basado en una serie de idas y venidas cargadas de discusiones y ansiedad por estar juntas. Me pregunté si no sería yo la culpable de que nunca hubiéramos disfrutado de momentos de calma. Yo no había presenciado peleas en mi casa hasta ahora, pero reconocía en mí algo de la manipulación de mi madre. Su tozudez frente a sus deseos, su habilidad para tergiversar las cosas. Me disgustó enormemente sentir que me parecía a ella en todos los defectos que tanto odiaba.
—¿En qué estás pensando? —me preguntó Chiara interrumpiendo la oleada de reproches que me estaba dedicando en ese momento.
—En nada. Mil cosas —murmuré sin mirarla.
—No deben de ser muy buenas porque se te ha puesto una cara terrible —insistió con dulzura.
Rozó levemente mi mano sin dejar de caminar junto a mí, pero cuando me proponía machacarme ni siquiera su compañía lograba aliviarme.
—En este momento no tengo muy buena opinión de mí —confesé.
—Pues no hagas lo que sea que estés haciendo contigo, porque la culpa nunca es buena consejera.
Medité sobre lo que acababa de decir. Me fastidiaba no poder argumentar en contra de lo que escuchaba. Era más fácil volver a ponerme de malhumor culpabilizándome que intentar convertir lo pasado en algo sobre lo que construir una cosa mejor.
Forcé una sonrisa con el firme propósito de hacer lo posible por no volver a estropearlo todo.
—De acuerdo. Soy una persona estupenda —bromeé.
—Sí, lo eres, Eli —dijo ella, y esta vez cogió mi mano suavemente.
Le sonreí al tiempo que miraba a mi alrededor sin poder evitarlo.
—¿Prefieres que te suelte? —preguntó ella.
Asentí con la cabeza.
Ella abandonó mi mano sin un gesto de reproche.
—¿Ves? Soy horrible —repetí regresando a la baja opinión que tenía en ese momento sobre mí misma.
Chiara se detuvo y me cogió de las manos.
—Elisa, deja de repetir eso. Si tienes miedo lo entenderé, si tienes dudas lo entenderé. Yo también tengo miedo y dudo…
—¿Tú dudas? —pregunté inquieta por una posibilidad que no había contemplado.
—Como tú —sonrió—. Esto no ha empezado bien y sin embargo seguimos intentando estar juntas, pero no es  fácil. Lo sé y cuento con la posibilidad de que vuelvas a desaparecer. ¡Cómo no voy a estar asustada!
Me alivió escuchar que su miedo era a que yo la abandonara, no a que ella lo hiciera.
—No me iré —dije, dejándome llevar por el entusiasmo.
Apoyó un dedo en mis labios.
—Shh. No prometas cosas que no estés segura de que vas a poder cumplir. Vive el momento conmigo.
Me acerqué a ella para besarla, pero me detuve. La mirada socarrona de un camarero apoyado junto a la puerta de una cervecería me avergonzó.
Chiara se giró hacia él, luego volvió a mirarme y me besó largamente.
Me agarré a sus labios como si fueran agua para mi sed.
Se separó de mí y dijo:
—¿Ves? ¿no es tan difícil?
Disimulé mi respiración agitada y mi deseo de que volviera a besarme y evité mirar hacia el camarero.
—Qué valiente eres —murmuré avergonzada de mi propia reacción.
—No, Eli. No soy valiente, sencillamente estoy harta. Me he escondido toda la vida y aquí, en España, parece que la gente como yo puede mostrarse sin miedo.
—“La gente como tú” —repetí pensando en cómo sonaba esa definición.
—Sí. Lesbianas, bolleras … como sea que las llaméis.
—Suena tan mal.
Me dirigió una mirada de sorpresa.
—“Lesbiana” no es una fea palabra —dijo reanudando la marcha —, como no lo es alto, o bajo, o católico, o protestante. Todo depende de lo que asocies a la definición. Me gustan las mujeres, llámalo como quieras.
Nunca lo había dicho con tanta claridad. Le gustaban las mujeres. Sí, ella lo sabía. Lo había decidido, o qué sé yo. En cambio mi amor por ella no incluía la posibilidad de amar a las mujeres, sino a ella.
Fruncí el ceño con disgusto.
—A mí me gustas tú —dije sin poder evitar un gruñido.
Me miró directamente al advertir mi tono
—Y tú a mí. ¿He dicho lo contrario?
—No, pero cuando dices: “ me gustan las mujeres”,  me siento como si tuviera que competir con un millar de personas.
Se rió.
—Tantas como si me gustaran los hombres, ¿no crees?
Preferí no contestar y seguí caminando. Ella siempre tenía una respuesta sensata para tirar por tierra mis miedos, pero no lo lograba.
—Da igual si son hombres o mujeres, la cuestión es… —empecé a decir cuando ella me interrumpió aplaudiendo.
—¡Bravo! ¡Por fin te das cuenta!
Me detuve un segundo con el ceño fruncido.
—¿Estás intentado liarme?
—No, sólo te empujo a que llegues a tus propias conclusiones. “Da igual si son hombres o mujeres” —repitió
—Pues yo la única conclusión a la que he llegado es que te gustan las mujeres —repetí con tozudez.
—Sí, Elisa. Y a ti te gusta Andrés, y te gustó yo—me recordó.
—No es lo mismo —protesté sin encontrar un argumento que apoyara mi queja.
—¡Por supuesto que no es lo mismo! No es lo mismo amar a un hombre que a una mujer, pero en los dos casos es amor.
—No es eso lo que yo siento por Andrés —confesé con la sensación de que me iba empujando poco a poco hacia las cuerdas del ring.
Nos quedamos en silencio mientras bajábamos por un ancho boulevard. Sabía que Chiara esperaba a que le explicara lo que acababa de decir sobre Andrés, pero yo estaba enfadada por haberme dejado manipular.
—Eres una experta en argumentar, ¿verdad?
—¿Eso crees? ¿De verdad piensas que tengo algún interés en ganar una batalla dialéctica?
—No. No lo creo —admití—. Pero sabes que mi relación con Andrés es …un lío —logré decir—. Y te aprovechas de eso.
—No, Elisa. No me aprovecho de eso. “Sufro” por eso, porque desde que te conozco estoy esperando a que dejes de estar hecha un lío y desearía que ya lo hubieras resuelto.
—De algún modo no estoy tan confusa —confesé en voz baja—, porque sé que te quiero, que te deseo a ti, que no he sentido esto por nadie.
—Bueno. Dejémoslo estar. ¿Te parece? ¿Qué te apetece hacer? —preguntó zanjando el tema —¿Quieres que vayamos al cine?
—La verdad es que no llegamos a ninguna sesión y prefiero seguir charlando contigo.
—Estamos cerca de Chueca.
—¿Chueca?—Ahora yo trotaba detrás de ella que había acelerado el paso.
—Sí, estuvimos unos días antes de que …
—Ya, ya sé dónde está Chueca —le interrumpí impaciente recordando el video que había recibido de Chiara con otra chica.
—Entonces, ¿te apetece?
—No me importa.
—No es eso lo que te he preguntado. ¿Tienes algún problema en que vayamos a una zona de lesbianas? Tal vez allí me dejes cogerte de la mano sin asustarte —bromeó.
Mi reacción fue inmediata. Cogí su mano con fuerza y tiré de ella tomándole la delantera.
—Vamos al mundo de las bolleras. Si tengo que demostrarte que te quiero haciendo esas tonterías, lo haré.
—No son tonterías —respondió siguiéndome sin soltar mi mano—. A mí me da igual si la gente nos mira y allí te garantizo que nadie nos mirará. Bueno tal vez a ti sí, pero sólo por lo bonita que eres.
—Ya, una belleza — respondí con ironía.
—Intenta tratarte mejor —me aconsejó.
—Si hiciera eso, puede que no fuera a Chueca.
Se detuvo en seco.
—¿Por qué?
—¡Joder, Chiara! Porque aún recuerdo el video por el que nos peleamos y tú besabas a una chica en la plaza de Chueca. Además, ese es tu ambiente, ¿no? Donde puedes encontrar a otras chicas además de mí.
Lo había soltado todo sin respirar. Jadeé y me separé unos pasos.  
Ella estuvo unos segundos sin decir nada. Caminó hacia un banco del paseo y se sentó. Me acerqué  y me senté a su lado.
—Lo siento —dije mintiendo.
No, no lo sentía. Tenía miedo de disgustarla, pero todo lo que había dicho era cierto.
—No. Está bien. Esto forma parte de lo que intento hacer contigo.  Conocerte. Supongo que tienes razón. No he sido muy delicada proponiéndote ir a Chueca. Sólo trataba de encontrar un lugar en el que poder tocarte sin que dieras un respingo.
Extendí la mano hacia la suya y la apreté.
—Ten paciencia conmigo —rogué.
—Claro —respondió con melancolía.
—No te pongas triste, por favor.
Me acarició la mejilla.
—No. No me pongo triste —contestó forzando una sonrisa.
—¿Ves? Ahora me estás tocando y no estoy tensa.
—Sí, es cierto —asintió con la cabeza sin dejar de sonreír.
—¿Vamos?
—¿Estás segura? —preguntó.
—No, pero probemos. Creo que es la única manera —admití.
—Elisa, ¿alguna vez me perdonaras por aquel beso?
Aparté la mirada de ella. Cada vez que recordaba el video me entraban ganas de llorar.
—Supongo que se me irá pasando.
—¿Podrías creerme si te digo que no significó nada? —insistió.
—¿Me creerías tú si te digo que te amo más a ti que a Andrés? —respondí sabiendo que eran dos temas que no lográbamos zanjar.
Nos estábamos mirando sin ocultar nada y eso me gustó.  A pesar de la pena, las dudas y el miedo, estábamos allí, por una vez intentado ser honestas.
—¿Y qué harás con él? —preguntó mirando al suelo—Yo no tengo nada con aquella chica. Ni siquiera recuerdo su nombre —confesó.
—Supongo que tengo que hablar con él de todo esto.
Me devolvió una mirada incrédula.
—¿Harás eso?
—Sí.
—Bien. ¿Me lo contarás cuando lo hagas?
—Claro —prometí.
—Vamos —dijo levantándose del banco y esperando a que la siguiera.
—Vamos.
Nos hundimos en la noche y en las luces brillantes de los bares y la música que flotaba por las calles. Pensé en Andrés y en lo que tenía que decirle y sentí de nuevo esa cobardía que trataba de hacerme escapar de los conflictos. Miré a Chiara, erguida, ligera, amable y valiente. Cogí su mano y me dejé llevar por ella.




15 comentarios:

  1. Son más tiernasss. Me encanta como va desarrollándose esta historia. Gracias x alegrarme mis jueves ;)

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  2. :) Hermosa adición la que genera esta novela. Gracias Victoria por regalarnos todas las semanas distintas emociones. Siempre espero con ansias los jueves, y me pongo feliz al ver que ya esta el capitulo nuevo. Te saludo desde Argentina, te deseo el mayor de los éxitos!
    PD: Nunca puedo dejar mi comentario, ya sea porque entro desde el cel, o simplemente porque me salta error. Me disculpo si se publica mas de una vez.

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  3. Ya quiero que sea jueves otra vez. Gracias por sacarme una sonrisa :) saludos.

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  4. Y que se encuentren con Verónica.. XD

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  5. Oraleeee, el capítulo de hoy si que estuvo muy profundo, bastante serio, muuy bueno. Se nota que las chicas han madurado un poco, es excelente ver el crecimiento que han tenido, los miedos que parecen haberse ido, otros no tanto, pero la idea de que en algún momento puedan superarlos. Excelente Vic, muy íntimo y personal. Ánimo! Que ya sea Jueves otra vez! Jajaja. Saludos, Ale

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  6. Me encanta esta historia. Mil gracias por todo.
    Besos desde República Dominicana :*

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  7. Nunca he leído una historia que me atrape tanto. Maravillosa. Felicidades y gracias por esto.

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  8. Me encanta esta historia. Hacen falta más novelas de este tipo. Espero que cosechen mucho éxito. Estoy deseando que sea ya jueves.

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  9. Me he leido toda la historia en dos dias, habeis conseguido que me enganche. Deseando saber como sigue.
    Vuestro trabajo es genial, os felicito

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  10. Esperando con ansias el nuevo capítulo

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  11. Hey, ¿qué pasa con el nuevo capítulo del día jueves 25 de Septiembre?
    Lo necesito. *-*

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