miércoles, 3 de septiembre de 2014

Cap. 67. ELISA. Hablemos.


—¿Qué haces aquí? —exclamé perpleja mirando a Andrés.
Mi madre sonreía junto a la puerta de entrada. Yo me había detenido en lo alto de la escalera. Aún estaba en pijama y aún bajo los efectos de mi conversación con Chiara la noche anterior. Lo ltimo﷽﷽﷽﷽﷽nterior. Lo ui conversacia. habúltimo con lo que había contado era con que él apareciera.
—¿Pero qué maneras son esas de recibir a tu novio? —se apresuró a reprenderme mi madre.
Yo evité hacer ningún comentario. El numerito de la noche anterior había sido más que suficiente para que temiera lo que era capaz de decir si me enfrentaba a ella o si le contestaba de mala gana.
Andrés esbozó una sonrisa de compromiso.
—Quería darte una sorpresa —dijo obedeciendo a la invitación de mi madre para que entrara en casa.
Me rehíce lo más rápido que pude.
—Perdona, es que no me lo esperaba. Pensaba que no volvías de Londres hasta mediados de mes.
Bajé los escalones despacio, dándome tiempo a pensar en lo que sentía, en lo que iba a hacer.
—Pasad a la cocina para que Jasmine os haga un buen desayuno —invitó mi madre con entusiasmo.
Andrés me dirigió una mirada interrogante.
—Claro —susurré llegando al último escalón.
Me acerqué a él y le ofrecí mi mejilla para que la besara. Andrés sonrió por mi gesto. Él sabía que yo era pudorosa a mi manera y que jamás le habría besado en la boca delante de mi madre.
—Yo ya he desayunado, pero con gusto os acompaño —contestó Andrés en su más perfecto estilo londinense.
—Qué bien te ha sentado Londres —alabó mi madre cogiéndole del brazo.
Les seguí, vacilante, con todas mis alarmas activadas y mis pensamientos tratando de ordenar todo lo sucedido en las últimas veinticuatro horas.
Mamá dio ordenes a Jasmine para que nos preparara un desayuno al más puro estilo inglés a pesar de los insistentes pero cordiales rechazos de Andrés. Finalmente salió de la cocina y nos dejó a solas.
Andrés estaba sentado en uno de los taburetes blancos, junto a la barra donde solíamos desayunar Nando y yo. Me pregunté dónde estaría mi hermano. Temía que apareciera en la cocina. Temía su reacción después de nuestra charla sobre Chiara. No podía prever si sería discreto con mi confesión o jugaría a uno de los juegos preferidos que tan bien había aprendido de mi madre: el sarcasmo.
—¿Y si desayunamos fuera? —le propuse a Andrés.
Jasmine  acababa de dejar delante de nosotros una bandeja con huevos revueltos y bacon junto a unas tortitas que rezumaban sirope de chocolate y nata. Mi estómago no podía admitir ni un gramo de comida y mi oído estaba más atento a los sonidos de mi casa que a Andrés.
—No creo que sea muy cortes desaparecer ahora  ¿no te parece?
—Te aseguro que me importa un rábano ser cortés con mi madre —contesté.
Andrés me miró con ojos amables.
—¿Te has peleado con ella?
—Está insoportable desde que he vuelto.
—Pues parece encantada de tenerte en casa. Me cuesta creer que no se alegre de que tenerte cerca.
—No es eso —dije, y no añadí nada más.
Andrés miró a Jasmine que se esforzaba en tostar unos sándwiches mixtos.
—Ok, pero por favor, dile que no trabaje más. Me da apuro que nos vayamos sin probar bocado —me susurró contestando a mi propuesta de salir desayunar.
—Eso tiene arreglo —dije yo levantándome del taburete.
—Jasmine, si mi madre pregunta por nosotros, dígale que hemos subido a desayunar a mi cuarto —le dije con cortesía—. Los sándwiches los guardaremos para más tarde. Muchas gracias.
Andrés me miró agradecido y me ayudó a poner los platos en la bandeja. Subimos las escaleras sin hacer ruido.
—¿Por qué tanto misterio? —me preguntó Andrés divertido.
—Ya te lo he dicho, no quiero encontrarme con mi madre, ni que nos organice el día.
—¿Pasaremos el día juntos? —preguntó más curioso que halagado.
—Es una manera de hablar —me apresuré a contestar.
—Veo que te mueres de ganas de estar conmigo —bromeó.
—No es cierto. Pero ya te he dicho que no te esperaba y había hecho planes…
—¿Ha vuelto Lucia de Grecia?
—No, había quedado en hablar con Silvia.
—Ok. Pero podemos pasar unas horas juntos ¿verdad?
—Sí, claro —dije obsequiándole con una sonrisa falsa.
Le abrí la puerta de mi dormitorio y dejamos la bandeja sobre mi mesa de estudio.
—Qué raro se me hace estar en tu cuarto ¿sabes que hace más de un año que no pongo un pie en tu casa? —comentó sentándose en mi cama.
—Lo sé. Por eso yo también me he descolocado un poco… —mentí. Mi móvil estaba encendido y en él brillaba el aviso de un mensaje.
—¿Me esperas mientras me ducho?
Asintió y echó una mirada a la bandeja de comida.
—Claro, y hasta puede que dé buena cuenta de parte del desayuno.
Cogí el móvil disimuladamente y me encerré en el baño. Abrí la carpeta de mensajes y vi el nombre de Chiara. Inmediatamente mi corazón metió una marcha más rápida.
¿Cómo estás? ¿todo bien? Cuando quieras nos vemos. Bss.
Leía la frase varias veces. Cada palabra cambiaba de significado e intensidad en cada lectura. Unas veces me parecían frías palabras de compromiso, en otras creía adivinar un sincero interés. Abrí el grifo de la ducha y me senté en el borde de la bañera con el móvil en la mano.
Pensé qué era lo que iba a contestar. No quería parecer ansiosa por verla, aunque lo estaba, y mucho. Pero me fastidiaba que aún tuviera ese poder sobre mis estados de ánimo y me había propuesto ser más fuerte que antes.
Miré la hora del mensaje. Lo había enviado hacía cuarenta minutos. ¿Estaría ella pendiente de mi respuesta? Decidí hacerle esperar un poco más. Me desnudé y me metí en la ducha. Sentí que el agua me calmaba un poco y alargué todo lo que pude esa sensación. No sabía qué hacer con Andrés. Había contado con tener el día para mí. Aún no sabía si vería a Chiara o no, pero la llegada de Andrés precipitaba mi deseo de verla. De nuevo la culpa me atenazó el pecho arrebatándome la tranquilidad que había conseguido bajo el agua. Cerré el grifo y me envolví en una toalla.
Estaba furiosa. Sí. Y sabía que si no me controlaba, cargaría contra Andrés.
Cuando salí del baño el cuarto estaba vacío. Leí una nota suya sobre la mesa.
“Te conozco lo bastante como para saber que no te ha gustado que me presentara en tu casa sin avisar. Si te apetece que hagamos algo hoy, llámame. Un beso. Te quiero. Andrés.”
Me dejé caer sobre la cama con la nota aún en la mano. Entonces ella llamó a la puerta.
—¡Estoy desnuda! —grité.
—Esperaré entonces —fue la voz de Nando la que escuché, no la de mi madre como había imaginado.
Me quedé en silencio. Nada estaba sucediendo de la manera correcta, pensé. Me desembaracé de la toalla y me vestí a toda prisa.
—Pasa —le invité abriendo la puerta sin mirarle.
—Sólo será un segundo —dijo con voz seca.
Metí las manos en los bolsillos de los vaqueros más asustada que curiosa y me quedé de pie junto a la ventana esperando  a que él dijera algo.
—Siento lo de anoche —dijo mirando la bandeja sobre mi mesa con curiosidad.
—No te preocupes —contesté.
—Pero no voy a tirar la toalla. Pensarás que estoy loco, la verdades que me da igual. Lo he estado meditando toda la noche y no creo que seas lesbiana, ni que yo te esté quitando nada que tú no hayas tirado antes a la basura…
—Yo no he tirado a nadie a la basura —le interrumpí.
Hizo un gesto de impaciencia con la mano y me cortó.
—Como quieras llamarlo. Chiara y yo tenemos algo especial. Es posible que ella no se dé cuenta. A veces la gente tarda en valorar lo que tiene…
En ese punto de su monólogo yo dejé de escucharle. La compasión se apoderó de mí. Mi hermano estaba luchando desesperadamente por convencerse de algo que jamás sucedería y pensé que en eso también se parecía a mi madre. No podía admitir que las cosas no sucedieran como él había previsto. Nando siempre había llevado el control de sus relaciones y por una vez no conseguía dirigir esta. Casi sonreí al pensar en Chiara, en su carácter, en la fuerza de sus decisiones. Su voluntad era inquebrantable y fuerte como el acero. A su lado Nando me parecía un crío pataleando por algo que no podía tener.
—No voy a pelear contigo —le interrumpí.
Me miró sorprendido.
—¿Qué quieres decir exactamente con eso?
—Que no soy yo la que tiene que decidir nada, sino Chiara. Ella sabe mejor que nosotros lo que quiere.
—Por supuesto —rió con una carcajada demasiado fuerte—. Pero tú puedes estar en medio o hacerte a un lado.
—¿Perdona? —contesté.
—¿Ha venido Andrés esta mañana, no? —preguntó señalando la bandeja del desayuno.
—Si lo sabes ¿por qué lo preguntas?
—En realidad no era una pregunta. Lo que me pregunto es qué vas  hacer con él ahora que Chiara ha vuelto a Madrid —dijo mirándome con dureza.
—Eso es asunto mío.
Levantó las manos como si estuviera desarmado.
—Pues buena suerte, hermanita —contestó dirigiéndose hacia la puerta.
—Nando —le llamé.
Se giró hacia mí sonriendo, con la boca torcida en una mueca.
—Somos hermanos… —le recordé apelando a nuestro cariño. No quería sentir que se estaba desatando una guerra entre nosotros. Ya tenía suficiente con la que mantenía a ocultas con mi madre.
—Claro —advertí cierta perturbación en él.
—Yo te quiero… —titubeé.
Sonrió de nuevo sin contestar nada. Salió de mi dormitorio y cerró la puerta con cuidado tras él.
Pasé el resto de la mañana nerviosa. Cogiendo y dejando el móvil constantemente. Leyendo el mensaje de Chiara y la nota de Andrés e intentado ordenar mi cabeza.
Estar lejos de Chiara me ponía ansiosa. Las compuertas en las que había aprisionado nuestros recuerdos cedían lentamente y cada minuto lograban ganar un puesto en mi corazón. Me moría de ganas de verla, pero tenía dos frentes abiertos. Andrés y Nando.
No salí de mi dormitorio hasta el medio día, cuando llegó la hora de comer.
Baje al comedor y vi dos platos sobre la mesa.
—¿Mi madre no come en casa? —le pregunté a Jasmine.
—Si, señorita. Su hermano Nando salió a comer con una amiga.
Noté una punzada de celos. Era ridículo, me repetí mientras esperaba a mi madre. Pero, ¿por qué no? Tal vez Chiara empezaba a estar cansada de esperar. Tal vez ella podía intentar probar con mi hermano. Tal vez no la conocía tanto.
Tecleé un mensaje.
Todo regular. Me gustaría que nos viéramos. ¿Puedes esta tarde?
Mis dedos tomaban la decisión por mí. Dejé el móvil sobre la mesa, atenta a la entrada de su respuesta.
Mi madre entró en el comedor.
—¿No comes con Andrés? —preguntó de forma casual mientras se sentaba frente a mí.
—Nos veremos luego —atajé para ahorrarme otro interrogatorio.
—¡Qué guapo estaba! ¿Verdad?
Asentí bajando la mirada a la sopa que Jasmine nos acababa de servir.
—Menos mal que alguien en esta casa tiene cabeza —apuntó.
—Sí, la verdad es que sí —contesté yo devolviéndole la indirecta.
Ella ignoró mi respuesta.
—Ha sido la mejor decisión que has tomado en mucho tiempo. Romper con él fue… una crisis de pareja. Es un chico formidable y además…
—Mamá —le interrumpí—, deja de hablarme de Andrés como si fuera un producto de la tele tienda ¿vale?
Para mi sorpresa rompió a reír.
—Siempre me olvido de tu extraño sentido del humor. Sólo estoy diciendo que me gusta tu novio.
Recalcó la palabra “novio”, con intención. Decidí que lo mejor era no seguir con la conversación y no contesté nada.
Acabamos la comida en silencio, mi atención puesta en mi móvil que no daba señales de vida. Tras la comida decidí salir a dar un paseo. Las temperaturas eran muy altas, pero me sentía incapaz de quedarme en casa esperando a tener noticias de Chiara.
Salí silenciosa, procurando que mi madre no se diera cuenta de que me iba y deambulé por nuestra zona, refugiándome bajo la sombra de los árboles. Chiara llamó entonces. No esperaba su llamada, si acaso una breve indicación del día y la hora de nuestra cita. Descolgué el auricular ilusionada y nerviosa, y me esforcé en templar mi voz antes de contestar.
—¿Hola?
—Hola, Eli. Perdona que no te haya contestado antes. No encontraba el cargador y he tenido que salir a comprar uno nuevo.
—¿Estás en la calle? —pregunté sin poder controlarme.
—No. Acabo de volver a casa a cargar el móvil ¿dónde estás tú?
—He salido a dar un paseo. Por mi barrio. Pero hace un calor horroroso y creo que me voy a volver a casa.
—¿Cómo estás?
—Bueno. Todo es…
—Un lío —acabó ella.
—Sí —confirmé yo.
—¿Aun quieres que nos veamos?
—Creo que tenemos que hablar ¿no? —dije con cautela.
—Claro. Estaría bien, pero, ¿te apetece verme, Eli?
Me contuve un segundo. Me moría de ganas de decirle tantas cosas, que no me atrevía a abrir la boca.
—Va a ser…”raro” —acerté a decir.
—“Raro” no suena muy bien.
—No quería ser descortés —dije sintiendo que con eso la alejaba más de mí.
—Claro —susurró ella.
—¿Sabes algo de Nando? —le pregunté sin poder contener mi curiosidad ni mis sospechas.
—No ¿por?
—Por nada. Es que ha salido a comer con una amiga.
—Pues no era yo.
—Ah, vale.
—¿Te habría importado?
—Me habría sorprendido.
—Aún somos amigos, Eli —contestó con suavidad.
—Ya, pero tal y como están las cosas, creo que sabes que él no lo vive así.
—Por supuesto. Por eso nos hemos dado un tiempo.
Esa frase consiguió tranquilizarme, aunque sonaba extraña.
—¿Y tú? ¿estás con alguien? —preguntó sin rodeos.
—No —mentí.
—Qué mal mientes —contestó ella.
Pensé en mi contestación antes de abrir la boca para volver a falsear mi situación.
—Andrés y yo…nos estamos viendo. Salimos. Es distinto a la primera vez. Más fácil.
—Me alegro —Y ahora era ella la que mentía.
—¿Te alegras?
—Si tú estás bien, yo estoy bien.
—Qué generosa te has vuelto —contesté furiosa.
—¿Y qué quieres que te diga?
—La verdad.
—Qué valor tienes, Eli. Pides sinceridad y coraje cuando tú no eres capaz de darlos.
Su voz sonó tan dura que me asustó. Estuve unos segundos sin decir nada, sobrecogida por la idea de que de pronto ya no quisiera verme.
—Nunca dije que fuera valiente —me defendí.
—Pues para pasar por esto hay que serlo ¿sabes?
—¿Y a qué te refieres con “esto”?
—Jugar a que te gustan las chicas.
—Eso ha sido cruel.
—No más que lo tuyo.
—Nunca jugué contigo.
—¿Y ahora? ¿qué vas a hacer? —preguntó con voz tensa.
—Tengo ganas de verte —contesté sin pensarlo.
Su silencio se me hizo eterno.
—¿Por qué lo haces todo tan difícil?
—Acabo de decir que tengo ganas de verte —protesté.
—Sí, Eli, pero antes siempre tenemos que estar a punto de discutir.
—¿No ves que tengo miedo?
—Siempre tienes miedo, Eli.
—¡Porque cuando me acerco a ti todo se vuelve difícil! ¡Te enrollaste con otra! ¡Y ahora mi hermano te quiere!
—¡No me enrolle con nadie, Elisa! ¡Y tu hermano sólo quiere lo que no puede tener!
Mi respiración se había acelerado. No tenía previsto discutir con ella y menos hablar de lo que nos había separado. No, así. Por teléfono.
—Nando te quiere de verdad.
—Yo no pondría la mano en el fuego. Querer es una palabra que se usa con demasiada ligereza. Hemos pasado mucho tiempo charlando y nos llevamos bien, pero si me quisiera aceptaría lo que soy, en lugar de intentar convertirme en una chica a la que le gustan los chicos.
—Siempre pides cosas muy difíciles —protesté defendiendo a Nando.
—Y a Nando le gustan las cosas difíciles. Mira Elisa, estoy cansada de que la gente no sepa lo que quiere y ande por ahí juzgando a los demás. Yo he tratado de ser otra persona, pero no funciona así. Sé lo que quiero y lo que me gusta, aunque a veces… me pones a prueba.
De algún modo acababa de hacerme una declaración y eso me hizo sonreír, aunque ella no lo viera. Me quería. Sí, ella aún me quería.
—No es mi intención —susurré imprimiendo a mi voz toda la dulzura que pude.
—Eso espero.
—¿Nos vemos el sábado? —propuse antes de que comenzáramos otra discusión.
—Por mí, bien.
—¿Prefieres que hablemos, o quedamos ya? —La ansiedad por verla iba en aumento a medida que hablábamos más. No importaba si discutíamos o no. Ella siempre provocaba en mí ese deseo que yo no experimentaba con nadie.
—Llámame el sábado por la mañana. No sea que te arrepientas —dijo con algo de recelo.
—De acuerdo —accedí sorteando su comentario.
Colgué cuando estaba entrando en casa. Quedaban cinco días para el sábado. No pude evitar una sonrisa, a pesar de lo larga que sabía que se me iba a hacer la espera. Tropecé con mi madre nada más abrir la puerta. Estaba muy arreglada y encendía un cigarrillo en ese momento.
—¿Te vas? —pregunté sorprendida. Mi padre estaba de viaje y ella no solía salir a esas horas.
—Voy a hacer unas compras —dijo guardando el tabaco en su bolso.
—¿No sacas el coche? Hace un calor infernal —le advertí pasando junto a ella. Percibí el aroma de su mejor perfume. Nuestra casa tenía salida a la garaje por otra puerta.
—He llamado un taxi taxi. Además Nando se ha llevado el descapotable —añadió haciendo un gesto de despedida con la mano.
La vi alejarse, y la imagen de su cuerpo desnudo regresó a mi memoria como un perro obediente.
—¿Quieres que te acompañe? —le grité con urgencia.
Pero ella no se volvió.
—Mamá ¿qué estás haciendo? —susurré. Luego entré en casa e intenté no pensar en ella.




ra en tu casa sin avisar. Nada mustado que me presentara en tu casa sin avisar. Nada mtura. Unas veces e parecaban sirope de cho

25 comentarios:

  1. Pero porque hasta el sabadooooo... si habian quedado en el bar al dia siguiente.. noooo... q ansiedad, no creo poder esperar una semana mas... Victoria deberias regalarnos otro capitulo por la larga espera.. ;) ...
    lorena

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  2. Lo bueno de la literatura es que podemos hacer una elipsis de esos cinco días ;) ¡No desesperes!
    Besos.
    Vic

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  3. Esto no puede ser cierto, llevo todo el mes de agosto entrando cada día por si colgábais el capítulo antes y ahora que por fin está colgado ¡¡no se ven!! Desespero, voy a llorar y todo jajajaja..
    Está escrita de una forma muy amena, sabes como mantenernos en vilo. En cuanto empiezas a leerla te transporta directamente allí y me alegra saber que un día a la semana desconectaré de todos los problemas durante un rato para volver a sumergirme en este mundo. ¡Muchas gracias por compartir la historia!
    ¡Hasta la semana que viene!
    Carlota

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  4. Me encanta tu novela, gracias por hacer mi jueves mas placentero. Saludos desde México.

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  5. Ya volviste!!que bueno :D ojala y en el otro capi ya sea sábado y que lo leamos pronto. Me encanta la historia, me tiene más que enganchada jeje
    Saludos

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  6. Waoooo!!!
    Y es aquí donde viene el cap. preliminar? Espero q no y por el contrario nos regales una escena con las chicas. :D
    Valió la pena la espepera y gracias por hacerlo mas largo.
    Esperaré ansiosa la continuación.

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  7. La espera desespera...Esperemos que el reencuentro sea inolvidable ;)

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  8. Victoria volviste!!!!! Y q tal regreso ehhh :) se viene lo bueno con las chicas....ojala el prox capitulo ya sea sabado jajajaja solo la indecision de elisa me pone los pelos de punta! Y sufrooo porq y si se le cruzan los dos al mismo tiempo (chiara y andres)... q hara ella???? A cual eligira?? Ya esta visto q chiara no va a dar mucha guerra mientras elisa sea feliz...aunq sea con andres :'( pero buenooo ya no quiero especular mas ;) veamos como llega esa cita el sabado!! Besos Victoria y bienvenida de vuelta ;)
    Hayde

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  9. Sois geniales chicas y chicos. Gracias por el recibimiento. Mil besos.
    Vic

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  10. Wow.. enhorabuena que haz vuelto victoria, ya nos hacias demasiada falta tu y la historia. Magnifico regreso. Espectacular capitulo y con ansias de volver a leerte, la capacudad que tienes de transportarnos para graficar las escenas en nuestra mente es fantastica.


    Hasta el proximo capitulo..


    Desde Colombia...


    Att. KELLY ;-)

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    1. Hola Kelly:
      Mil gracias por tu entusiasta recibimiento. Un beso enorme desde España. Vic

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  11. Al fin regresaron! Las esperaba como agua de Mayo chicas jajajaj. Espero que hayan tenido unas vacaciones excelentes. Y ahora retomando a la novela..5 días? Qué martirio jijiji. Saludos. Atte Ale

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    1. Hola Ale: Ya nos queda poquito para el jueves. Espero que te guste lo que estoy escribiendo para ese día. Un beso y gracias por seguirnos.
      Vic

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  12. Wow se me puso la piel de gallina al leer la conversación entre elisay chiara. Se percibe el deseo que se tienen una por la otra. quiero que sea jueves ya! Sigue así victoria! saludos desde argentina

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  13. Bienvenida de vuelta Victoria, nos tenias a todos hechos un lío existencial... jajaja

    Entrando en materia, cada vez esta mas cerca el encuentro de las chicas y estoy que muero de ansias. No veo la hora de que sea jueves (o mejor dicho sabado)!!!

    Te mando un abrazo muy caluroso desde Colombia
    Luisa V.

    PDT: Definitivamente te me convertiste en una adicción ;)

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    1. Hola Luisa:
      Me encanta que te guste tanto la novela. Espero que sigas tan enganchada como hasta ahora. Un beso enorme.
      Vic

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  14. Me encanta la novela, espero con ansias cada nuevo capítulo. Tenes un don para escribir. Gracias por compartir tu arte con nosotros.

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    1. ¡Es un gran piropo el que me acabas de regalar! Gracias a ti por tus ánimos.
      Un beso.
      Vic

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  15. He de decir que fue emocionante encontrar un nuevo capítulo, pero también decepcionante porque no avanzas con la historia y sólo das vueltas e indirectas sin llegar al “fondo del asunto“ con lo cual vuelves a tu novela burrida y que poco a poco se pierda el interés en leerla.
    Espero y los próximos capítulos seas mas directas y avances en la historia.
    Saludos desde México.
    ATTE: Danielle.

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    1. ¡Vaya Danielle! Siento mucho que te esté aburriendo la novela. Espero que el próximo capítulo, que ya está colgado, te divierta más. Pero bueno, comentarios como este, aunque no sean muy agradables, también son de gran ayuda.
      Gracias por tu interés a pesar de tu aburrimiento.
      saludos.
      Vic

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  16. Que ya es miércoles!! solo queda un día!!
    sin duda espero con ansia los jueves, es increíble la historia
    no hay un pequeño avance?? jajaja

    Saludos!

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  17. Os lo cuelgo mañana a primera hora. Adelanto: ¡Nuestras chicas por fin se encuentran!
    Un beso y gracias.
    Vic

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  18. HOLA

    Gracias a Dios ya casi llega el momento de volver a leer, realmente te agradezco que nos regales tu maravilloso trabajo, no dejes que te desanimen comentarios como el que te realizaron de que la historia era aburrida, déjame decirte que realmente sabes como tenernos en suspenso, espero con ansias leer el próximo encuentro, te mando buena vibra!

    un abrazo desde México

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  19. ¡Mil gracias por tu apoyo! ¡Sí que tienes buena vibra, la verdad! ¡Qué buenos los ánimos que me acabas de enviar! Me quedé un poco triste con aquél comentario, pero tal vez tenga algo de razón y a veces retrase demasiado lo que tanto anheláis todas… qué sé yo. De todos modos, te agradezco muchísimo este comentario, de verdad.
    ¡Un beso enorme y mil gracias! Me pongo a escribir ya el de la próxima semana. ;)
    Vic

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