jueves, 3 de julio de 2014

CAP.62. CHIARA: Al centro del corazón.


—¿Cómo te van las cosas? —. Mi abuela organizaba un complicado ramo de flores mientras yo ataba las bolsas de tallos y hojas desechadas para la basura.  
—Bueno, lo ves todos los días. Vivo contigo —bromeé.
—Pero apenas hablamos de nosotras —insistió.
—Yo no tengo mucho que contar, abuela—mentí, ocultando el hecho de que Nando y yo estábamos en contacto desde que había regresado de Madrid.
Tampoco habíamos hablado acerca de la entrevista con el testamentario, ni siquiera sabía si ella había relacionado a Elisa con todo aquello.
—¿No has vuelto a visitar a Gaia, verdad? Aquella amiga que me comentaste. Ya debe de estar a punto de dar a luz ¿no?
Me alivió que su interés se desviara de nuestro viaje.
—Lo cierto es que me he desconectado de ellas —murmuré recordando mi última visita a su casa.
—¿Pasó algo?
—¿Por qué lo preguntas?
—Por nada en especial, pero me sorprende que no hayas vuelto a tener contacto con ellas. A fin de cuentas no has hecho muchos amigos en la universidad.
—Estoy bien así.
—Nadie está bien solo.
—No estoy sola, abuela. Os tengo a ti y a papá.
—Nosotros no somos tu futuro.
—Sois mi presente y eso me vale de momento.
—¿Y de Madrid?¿No has conservado amistades?
Tocaba en la herida y lo sabía, pero ella no iba a dejar que me escondiera mucho más tiempo.
—¿Qué quieres saber exactamente, abuela? —le dije abandonando la bolsa en el suelo para mirarla directamente. Si íbamos a ser sinceras necesitaba que ella también se arriesgara—. No me gusta que des tantas vueltas para preguntarme algo que tienes claro desde el primer segundo de tu conversación.
—No es fácil hablar contigo, Chiara. No, al menos, de tus sentimientos.
—¿Y qué quieres saber sobre ellos? —suspiré.
—Si eres feliz. O al menos, si te propones intentar serlo.
—¿Y quién no?
—Te equivocas al suponer que todo el mundo lo desea, y no me gustaría descubrir que tú eres una de esas personas que han decidido tener una vida de tristeza escondida.
Me detuve antes de contestarle. Había pasado de una gran circunvalación para coger un atajo directo a mis entrañas. Sentí algo parecido a la lástima por mí misma y no me gustó.
—Iré a España en Junio. Tengo cosas que resolver allá —aclaré con la voz quebrada.
—Bien —dijo sonriendo. Había satisfacción en su gesto y algo de orgullo. ¿Cuánto de su propia vida estaba proyectando sobre la mía?
—Fui a verla —añadí.
Ella detuvo su labor y miró fijamente las flores.
—Pero no estaba —añadió.
—No, está estudiando en Londres. Me lo dijo su hermano —contesté sorprendida.
—Se parecen bastante ¿verdad?
Mi sangre se detuvo en su flujo por mi cuerpo unos segundos, y el corazón bombeó unos cuántos latidos rápidos para ponerla en marcha de nuevo.
—¿Cómo lo sabes?
Se rió con amargura.
—Su madre explicó por qué su hija Elisa no estaba en la reunión. Lo demás fue pura deducción y el extraordinario parecido que hay entre los hermanos.
—Abuela… yo no pude contártelo. Parecía tan… raro. Cuando me di cuenta creí que se trataba de un error. Luego me agobié con todo. Estaba esperando el momento para hablar contigo de esto.
—No hay nada de qué hablar. No hay nada que repetir. Tienes la oportunidad de hacer lo que yo no pude.
—No hagas eso, por favor — le rogué.
—¿Qué estoy haciendo? —preguntó quitándose las gafas y pasándomelas para que se las sujetara. Espolvoreó el ramo con agua y unas gotas de limón.
—No me pidas que resuelva tu vida —dije.
Le devolví las gafas esquivando su mirada. Resultaba duro no regalarle mi éxito para consolar su fracaso. ¿Pero acaso iba a conseguir que Elisa regresara a mí?
—No es eso lo que pretendo —contestó con dureza.
La miré. Era una mujer alta y fuerte pero su espalda se curvaba protegiendo su pecho. La dureza de su gesto había hecho desaparecer los labios hasta convertirlos en dos finas líneas marcadas por la pena. Las comisuras caían hacia abajo, y sus ojos miraban el mundo con desprecio. Sólo en contadas ocasiones se adivinaba la dulzura femenina que alguna vez había compartido con los demás. Pero se había cerrado a todos, como una concha guardando un tesoro y ahora ni siquiera estaba segura de que siguiera ahí dentro.
No, no quería parecerme a ella. No deseaba odiar al mundo por haberme arrebatado algo. Quería aprender a perder, quería aprender a volver a amar, con Elisa o sin ella. Lo intentaría, sí. Pero no sucumbiría a su cobardía si ella me rechazaba. Mi corazón era grande, lo sentía latiendo y expandiéndose más y más cada día. Mi corazón ansiaba vida, experiencias, amor y no ahorraría sufrimiento si era necesario para vivir. Y lo era. Eso ya lo había aprendido.
—Vaya como vaya, no me encerraré en mí misma si es eso lo que te preocupa.
No volvimos a hablar del tema, hasta la mañana que llamó Nando. Habíamos intercambiado wassaps algunas veces. Yo mantenía un tono cordial, amistoso pero distante. Él compartía algunas fotos conmigo y se interesaba por mi carrera de periodismo. Nunca hablábamos de Elisa, aunque yo había hecho algún discreto intento por tener noticias suyas. Esa mañana me dijo que habían hablado sobre mí. Hubiera sido lo miso que si me hubieran dado una descarga eléctrica. No lo pensé, marqué su número sin reflexionar ni un segundo
—¡Eh! ¡Qué sorpresa!
—¿Qué te ha dicho? ¿de qué habéis hablado?
—Para, para. ¿Me has llamado por eso?
—Claro. Elisa y yo estamos distanciadas. Es normal que me preocupe lo que ella pueda pensar de mí.
—¿Y lo que yo piense? ¿Te importa?
—Perdona. Claro que me importa. Somos amigos ¿no?
—Sí. Eso es lo que le dije.
—¿Y?
—No parece que le haga mucha gracia.
¿Quería decir eso que estaba celosa?
—¿Por qué?
—Ni idea. Mi hermana es muy rara. A veces no creo que se entienda ni ella misma.
—Ya.
—Oye, pensaba llamarte, pero te has adelantado. Mira estaba pensando en ir a Roma unos días.
No conseguí seguir el resto de la conversación. Algo parecido a una alarma encendió las luces rojas que comenzaron a parpadear como locas.
—Espera, espera. No puedes venir a verme —comencé a decir.
—¿Quién ha dicho que voy a verte? —vaciló.
—Ok, he metido la pata. Claro, el mundo es grande y puedes ir a donde te plazca.
—Exacto. Iré unos días con un par de amigos. Tal vez te apetezca que nos veamos.
—Tal vez.
—Te veo entusiasmada con la idea.
—Vivo lejos de la ciudad. No va a ser fácil bajar a verte.
—¿No tenéis coche?
—Si. Pero mi abuela lo usa para sus cosas —mentí.
—Puedes pedírselo una noche y cenas conmigo. Si te apetece, claro —sentí cómo su entusiasmo iba cediendo a mi frialdad.
—Haré todo lo posible. Claro. Por qué no.
¿Y por qué no? Me pregunté. No habíamos pasado ninguna frontera que nos hiciera más cercanos de lo que podían ser dos personas que habían pasado tres días juntos, y mantenían una cierta correspondencia.
—Bien —dijo con voz apagada.
—Nando…
—Dime.
—Somos amigos ¿lo sabes, no?
—Bueno  eso estoy intentado, aunque pareces demasiado asustada siempre.
—No es cierto.
—Sí lo es.
—No estoy asustada, solo intento que ninguno de los dos se cree falsas expectativas.
—Ah, es eso. Claro. Elisa me avisó. Dijo que no te gustaría que fuera a verte. ¿Crees que me interesas?
—Creo que eres el hermano de una amiga mía y que tengo que tener cuidado.
—Creía que ya no erais amigas. ¿Y por qué tienes que tener cuidado?
Porque no me gustan los chicos, pensé.
Dilo, díselo. No hagas lo que hiciste con Marcello.
—No podría explicártelo por teléfono.
—Entonces tengo una razón más para ir a Roma.
—Eres libre de hacer lo que quieras.
—La verdad es que se me están quitando las ganas —dijo con voz seca.
—Lo siento. No quiero parecer borde.
—Pero lo estás siendo ¿sabes?
—Perdona. Yo no esperaba que quisieras verme tan pronto.
—¿Sabes que han pasado casi dos meses desde que nos vimos?
—¿Sabes que me estás hablando como si fuéramos novios?
—Ea, vale. Me he acelerado un poco. Es que me apetece mucho verte otra vez.
No, no lo digas. No dejes que te haga daño.
—En Junio iré a Madrid. Tengo que buscar un piso para el curso que viene. Solo queda un mes. Podemos vernos entonces.
—¿Lo prefieres así?
—Sí, la verdad es que sí.
—De acuerdo. Esperaré a Junio.
—Genial.
—Seguimos en contacto ¿no?
—Sí, seguimos en contacto.
—Un beso.
—Otro.
Le apreciaba. Eso sentí cuando colgué el teléfono. Era un cariño fraternal que nunca había sentido por un chico. No quería hacerle daño. De hecho me di cuenta con sorpresa que me aterraba la idea de herirle. Nadie había sido tan amable conmigo en mucho tiempo. Él era un chico educado y tierno que se escondía detrás de una masa de músculos bien trabajados, y eso me conmovía. Amaba la música y a menudo me enviaba hermosas frases de algunos de los libros que leía.
Esa noche pensé en escribirle un largo email contándole todo. Lo redacté varias veces, pero no logré mandarlo. Esa noche hablé con mi padre. Nunca lo había hecho antes, a pesar de que él siempre parecía receptivo a saber sobre mis cosas.
—¿Papá, puedo preguntarte algo?
—Claro —dejó el libro que sostenía y se quitó las gafas. Hacía tiempo que no conversábamos y sonrió ante la perspectiva de charlar conmigo. No es que yo no quisiera compartir cosas con él. Era una costumbre fraguada con el dolor que mi madre había hecho crecer en mí. Esa sensación constante de inconveniente que yo aún percibía  a veces en mi interior.
—¿Si te enamoraras de una chica… como yo y no lo supieras? ¿cómo te sentirías al descubrirlo?
—Supongo que me fastidiaría no poder ser capaz de enamorarte —contestó con honestidad. Eso era lo que necesitaba y se lo agradecí.
—Pero, ¿me odiarías por eso?
—Si lo hiciera no merecería ni siquiera ser tu amigo.
—Papá, no se trata de eso. No quiero que alimentes mi autoestima diciéndome lo fantástica que soy, sino que pienses lo difícil que es ser lo que soy. Sobre todo si necesitas un amigo.
—Pues si lo necesitas, lo primero que tienes que hacer es sincera con él y no dejarle que se enamore sin que sepa a lo que se enfrenta.
Asentí emocionada por su franqueza y su valor. Nunca, ni siquiera mi abuela, nadie había sido era tan claro y tranquilo al hablarme de esto. Ella parecía sentir que el mundo le debía algo, que nos debía algo a todas las lesbianas. Mi padre hablaba de personas, y eso me ayudaba a sentirme reconciliada, no en batalla con nadie.
—Gracias —dije y le besé.
Me detuvo con su mano.
—Hija. Habla con ese chico cuanto antes. Si de verdad te importa su amistad, no dejes que se sienta engañado.
—Lo haré.
Y lo hice.
Llegó Junio. Yo pasaba horas buscando en internet anuncios de habitaciones para estudiantes, hasta que encontré una. Intercambié algunos correos con una de las estudiantes con las que compartiría piso y me preparé para volver a España para entrevistarme con ellas. 
Mi padre estuvo muy cariñoso la semana antes de mi partida. Jugábamos a las cartas algunas noches y le enseñé cómo manejar skype para que pudiéramos charlar mientras yo estaba en Madrid. Mi abuela permanecía alejada de todo aquello, como si mi decisión de volver fuera algo personal para ella. Me llevó al aeropuerto y me dio algo de dinero. Intenté rechazarlo. Ella había corrido prácticamente con todos nuestros gastos dese hacía más de un año. Se lo dije.
—Papá dependerá de ti mucho tiempo, abuela.
—Puede que no tanto —contestó. Sus ojos estaban más opacos que de costumbre.
—¿Por qué dices eso? —pregunté alarmada.
—Soy vieja, más que tu padre. La naturaleza se hará cargo de mí antes que de él si sigue su curso normal.
—No hables así, abuela. Ahora no.
Su chantaje emocional me había pillado por sorpresa. Ella nunca había sido ese tipo de mujer. La edad cambiaba  a la gente. La acobardaba. Sí, eso era lo que estaba pasando. La miré y sólo vi a una anciana asustada por el hecho de que la vida seguía implacablemente su curso.
—Son sólo tres horas de vuelo —añadí—. Si pasara algo estaría aquí en el mismo día.
—Claro, por supuesto —contestó aclarándose la garganta.
La abracé y ella se tensó bajo mi abrazo.
—Os llamaré en cuanto llegue a Madrid.
—No dejes de hacerlo.
Di un par de pasos y retrocedí.
—Abuela, todo irá bien. Todo está bien como está ¿sabes? A veces sé que es así, aunque luego lo olvide —. Ahora me dirigía a ella como si yo fuera una anciana y ella una niña.
—Hablas así porque eres joven. Ojalá puedas seguir haciéndolo cuando llegues a mi edad.
—Procuraré no olvidarlo.
Me alejé de ella con la incómoda sensación de estar representado un papel demasiado grande para mí.
Durante el vuelo me concentré en Nando. No había olvidado mi conversación con mi padre. Ni lo que debía de hacer. Él había insistido en ir a recogerme al aeropuerto y yo había accedido. Mejor hacerlo cuanto antes.
Divisé Madrid desde el aire. Vi la tierra quemada por el calor, la nube de polución constante sobre la ciudad,  y más allá, en el centro mismo de la ciudad, la vi a ella. Elisa. En el corazón mismo estaba ella.

26 comentarios:

  1. Ya se acerca el momento

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    1. Poco a poco. Las cosas de palacio van despacio… :)
      Besos y gracias por seguirnos.

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  2. Me gusta mucho la relación que se estableció entre Chiara y Nando sobre todo la conversación que tienen en este capítulo por que me parece que Nando sabe lo de Chiara es interesante como se va desarrollando toda la historia espero que pase rápido la semana para leer el próximo capítulo...ah una pregunta me he fijado que en la página ya no aparece el nombre de " Clara" ha dejado este proyecto espero que no porque estáis haciendo un trabajo impresionante con toda esta historia.

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  3. ¡Hola!:
    Gracias por tu comentario. Te explico por qué no aparece su nombre. En realidad la novela está escrita íntegramente por Victoria Pérez Escrivá.Ella abrió el proyecto con su hermana, pero Clara nunca llegó a participar de él más que como co-diseñadora del diseño de la página. Lo que pasó es que siempre pensamos que en algún momento engancharía con la historia, pero no fue así. Por eso, porque ahora estamos preparando el libro para su edición digital, hemos tenido que quitar su nombre porque no es coautora del texto. Igualmente, la autora te agradece mucho el reconocimiento que le estás dando a su trabajo sin darte cuenta de que no ha sido la labor de dos personas, sino de una. Eso nos anima más. Ojalá las dos hermanas hubieran participado de la escritura pues ambas son excelentes escritoras. Pero no pudo ser.
    Un abrazo.:)

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  4. *o* falta poco para que se vean, tenía rato que no contaba los dias para leer una historia así, felicidades me encanta

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  5. Esta historia engancha muchísimo. Una maravilla como escribe Victoria.
    No da lllegado el tan deseado reencuentro, qué intriga! Saludos

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    1. ¡Muchísimas gracias por tu halago! Ya dentro de poco, llevaremos un año escribiendo esta historia. Estamos deseando sacarla en libro y poder promocionarla mejor. Espero que no sigas leyendo como hasta ahora y que no te defraudemos. Un beso.

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  6. Que excelente capitulo, no me decepcionas victoria, buenos giros y encantada de que chiara vuelva a madrid y eso de que le importe nando, que sienta que mas alla de todo necesita un amigo es refrescante para la historia, ansiosa esperando con que nos sorprenderas con la reaccion de nando, y a la expectativa de elisa al saber todo esto.
    Un abrazo para ti, para todo tu equipo, y enhorabuena por ti, y saludos ..


    Att. Kelly ;-)

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    1. Hola Kelly: ¡Ya te reconozco como seguidora fiel y eso me encanta! Tus comentarios siempre son alentadores y no sabes cómo te lo agradezco. De verdad.
      Un beso enorme.
      Victoria

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  7. Ya es jueves 10 y sigo esperando cap desde hace horas o.o please ya suban.

    Beth.

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    1. Hola Beth: Ya lo tienes, y este es más largo de lo habitual. Ojalá que eso compense la espera.
      Un beso.
      Victoria

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  8. Hola. ¿Esta semana no hay capítulo?

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    1. ¡Sí!Ya lo hemos colgado. El verano lo descoloca todo. Espero que te guste esta entrega. Besos.
      Victoria

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  9. Hola! Es la primera vez q escribo...
    llevó 3 días sseguidos leyendo su historia y no puedo esperar para leer el último capítulo porfavor ya suban el 63 haha de verdad me ha encantado su obra haha y esq me identifico a veces cn los personajes... Porfavor continúen
    Un abrazo desde México! Las amo haha

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    1. ¡Qué guay que los hayas leído en tres días! Gracias mil. Hoy hemos colgado el 63. ¡Un beso enorme desde España!
      Victoria

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  10. Disculpa y el capítulo de esta semana?

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    1. ¡Lo acabamos de colgar! ¡Disfrútalo!
      Besos.
      Victoria

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  11. Cuando sale el capítulo 63?? Lo difundi entre mis amiga, me encanta la novela, atrapda desde el principio!!!

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    1. ¡Lo hemos colgado hoy! Ha habido todo tipo de problemas informáticos desde el jueves. ¡YA está en el blog!
      Besos.
      Victoria

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  12. Sigo esperando el proximo cap ;).

    Beth.

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    1. Ay, ay, ay Beth querida. Ya está colgado. Sorry por la espera. :(
      Besos.
      Victoria

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  13. Q nervios!!!!!!!!!! Chiara ya esta en Madrid de vuelta!! y q bueno q lo primero q tenga en mente,,bueno aparte de Elisa <3 sea aclarar las cosas con nando. Parece q es un buen chico y a ella le gustaria tener su amistad, y luego esperar el retorno de Elisa tambien que al parecer no esta muy contenta con la nueva cercania de su hermano y su ex novia,,,como dije...q nervios!!!
    Buen capitulo como siempre!!!
    Gracias Victoria, besos!

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    1. ¡Mil gracias a ti! Lo acabamos de colgar en el blog.
      Un beso grande.
      Victoria

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  14. El encuentro de Chiara y Elisa se acerca :) solo espero que ambas encuentren el camino de vuelta y puedan estar juntas, porque las dos se aman... aunq ha habido mucho q no se dijeron necesitan aclarar la 'supuesta traicion' Gracias por el capitulo!! genial como siempre :) saludos

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    1. ¡Gracias a ti por animarnos a continuar! En breve celebraremos los dos años de novela. ¡Todo un récord para mí!
      Un beso.
      Victoria

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