jueves, 17 de julio de 2014

CAP. 64. CHIARA: Nando


Mi relación con Nando había abandonado su carácter titubeante y formal que yo me había esforzado en mantener, para convertirse en una relación fluida y más agradable de lo que yo hubiera imaginado que habría podido conseguir con un chico.
Hablábamos de cualquier cosa y siempre conseguíamos sortear nuestras diferencias de opinión con una buena dosis de humor. Yo procuraba no preguntarle por su vida familiar. No era tonta, y podía imaginar que su madre no aprobaba su relación conmigo. Tal vez Nando lo ocultaba, aunque por lo poco que había intuido sobre ella, adivinaba una mujer controladora y manipuladora. No debía de resultar fácil esconderle algo.
Él era un chico atento y extremadamente educado. Aún no lograba acostumbrarme a que se adelantara a retirarme la silla cada vez que cenábamos juntos, ni que se empeñara en abrirme la puerta antes de que yo lo hiciera. Sus maneras galantes contrastaban con su físico de gimnasio, más acorde con muchachos ruidosos, hedonistas y poco dados a las galanterías. No había tardado en darme cuenta de que era más listo de lo que a primera vista me había parecido. Aunque adivinabas algo de su melancolía, él la ocultaba con su buen humor, su facilidad para hacer chistes y cierta ironía seca que probablemente pertenecía a su madre. Me hacía reír con facilidad y era un profesional en quitarle leña a mis preocupaciones.  Su ingenio era asombroso y era tan tozudo como Elisa.
Yo había hablado con él con franqueza. Fue una decisión que tomé basada en mi desastrosa experiencia con Marcello. Él escuchó todo mi relato sin aspavientos, sin un gesto que delatara cualquier juicio sobre mí, y se lo agradecí. A partir de ese día temí que las cosas cambiaran, pero no fue así. Su trato se volvió más delicado aún hacia mí, y nuestra complicidad mayor, aunque nunca hablábamos de Elisa, ni de cualquier otra chica. Era un regalo que la vida me estaba dando y como tal lo acepté. Tal vez con cierta dosis de ingenuidad, ahora lo sé.
Pero a finales de Junio las últimas citas comenzaron a ser diferentes. No sabía qué era exactamente lo que había cambiado. Era como entrar en una habitación en la que un pequeño objeto había desaparecido, uno de esos objetos en los que no reparas pero que llenan un vacío inevitable al dejar de estar allí. Su humor se tornó más tenso, sus maneras retraídas. Fue fácil adivinar que algo importante le había ocurrido cuando cambió su sincera alegría por  otra fingida.
Salíamos del cine, era un sábado por la noche, y él había estado sombrío a pesar de sus esfuerzo por parecer el mismo chico de siempre. Llevábamos un buen rato charlando pero nuestra conversación se atascaba y nuestros silencios nos incomodaban a los dos. Yo había desarrollado en su compañía una persona amable, abandonando mi constante actitud de defensa. Me sentía relajada a su lado y ahora parecía que nos encontráramos por primera vez.
Acabamos en una vieja cafetería sin encanto acorde con nuestra desorientación frente a lo que los dos sentíamos. Él se pidió unas tortitas con sirope de chocolate. La camarera nos miró con fastidio. Estaban a punto de cerrar. Nando insistió en su pedido y la mujer se alejó murmurando algo incomprensible aunque no amistoso.
Estuve unos segundos esperando a que encontráramos un tema de conversación, hasta que decidí que todo esto era un absoluta tontería y que era yo la que debía de romper esa maldita tensión que iba creciendo entre nosotros.
—¿Qué te pasa, Nando?
Él levantó la mirada de la mesa y forzó una sonrisa.
—Nada ¿por qué lo preguntas?
—Es evidente que estás raro.
—No, es que estoy cansado.
—Ya.
Podía ser un poco cruel si eso le iba a hacer hablar y a decirme la verdad, y decidí serlo.
—Pues llevas cansado desde hace días. No cuela.
—Ya ves —volviendo a su ensimismamiento.
—Eh, Hola ¡Soy yo! ¡Chiara! ¿te acuerdas de mí? Escucha, sé que te pasa algo y no voy a parar hasta que me lo cuentes porque no me apetece seguir viéndote así, día tras día. No, no mola nada.
—Mira que puedes ser egoísta … —murmuró.
Su crueldad se había adelantado a la mía y me pilló desprevenida. No éramos ni novios ni amantes, sin embargo habíamos conseguido un acceso natural al otro que yo no deseaba perder, pero ahora, de pronto comenzaba a recordarme al hermetismo de su hermana Elisa.
—¿Egoista? ¿porque quiero saber qué es lo que te preocupa?
—No. Porque no me dejas espacio para que esté preocupado.
—Ah. Se trata de eso. Quedamos, salimos juntos, tú te quedas metido en tu ostra rumiándote no sé qué, y yo finjo que me lo estoy pasando pipa. Sí, no había caído en que era un planazo.
—Si quieres dejamos de quedar —dijo de pronto.
—¡Vaya! Acaba de aparecer Terminator ¿A qué viene eso?¿Es lo que tú quieres? —pregunté sin temor.
Esa era un de las ventajas de nuestra relación. No tenía miedo a perderlo. Claro que le quería, pero desde el primer día había calculado que una relación como la que teníamos podía tenía fecha de caducidad y de algún modo inconsciente me había preparado para eso.
—No. No quiero dejar de verte. Pero no sé si puedo seguir así.
—¿Cómo?
—Aguantando las ganas de tocarte.
—¿Perdón? —. Su declaración no me sorprendió, pero sí descubrir que pese a las largas conversaciones que habíamos tenido sobre mi homosexualidad, él seguía deseándome. Yo pensaba que, normalmente, los chicos se retraían frente a esto.
—No hablas en serio ¿verdad?
—¿Qué pasaría si lo intentáramos?
—¿Intentar el qué? Nando, me gustan las tías, eso no es negociable.
—Pero tú estás bien conmigo y yo contigo. Tenemos muchas cosas en común, nos divertimos juntos y sé qué te gusto…
Le miré conmovida y al mismo tiempo enfadada por su ingenuidad. No terminaba de tener claro si era algo impostado o simplemente yo no le conocía tanto como había pensado.
—¿Por qué quieres estropear nuestra amistad?
—Porque me gustas, Chiara y porque te quiero muchísimo.
Podía haber previsto algo así, me dije en ese momento. Ningún chico mantiene una amistad con una chica si no tiene esperanzas de tener sexo con ella. Eso me habían dicho siempre.
—Vaya chasco, amigo mío.
—¿El tuyo o el mío? —contestó con dureza.
—Supongo que para los dos. Parece que ninguno se ha enterado de donde estaba el otro.
—Te equivocas. Sé exactamente donde estás, por eso necesito hablar de esto contigo, porque no quiero que termines viéndome como un hermano.
—No tengo hermanos, ni siquiera sé lo que es eso.
—Sabes a lo que me refiero. A veces creo que estás conmigo por Elisa.
Ahí había tocado una verdad que yo ocultaba. Por supuesto que mi primera intención al acercarme a él había sido saber de Eli, pero poco a poco había encontrado un amigo, un compañero, algo nuevo que nunca había tenido y eso también era importante para mí.
—Si fuera por eso, te preguntaría por ella ¿no crees?
—Sí, eso es cierto. Tal vez sólo estás esperando a que yo te cuente algo.
—Nando, tengo su teléfono y ni siquiera me he acercado a la posibilidad de marcar su número. No, no te veo por Elisa. Te veo porque nunca he tenido un amigo como tú.
Extendió una mano sobre la mesa pidiendo la mía. Yo se la ofrecí, ligeramente asustada. Nando y yo no nos tocábamos nunca y yo no sentía esa electricidad que hay entre dos personas que intentan por todos los medio fingir que sólo son amigas a pesar de la atracción. No , no lo sentía, ero en cuanto me tocó me di cuenta de que él había estado conteniéndola.
Entrelazó sus dedos con los míos y me miró.
—Intenta verme de otro modo.
—¿Cómo?
—Como alguien a quien quieres, solo eso. Qué más da si soy un hombre o una mujer. Me quieres y lo sé. ¿No es suficiente?
—Para qué.
—Para estar conmigo.
—Ya estoy contigo —die retirando mi mano.
—Sabes a qué me refiero —contestó molesto por mi gesto.
— No, no lo sé.
—Necesito tocarte. Me muero de ganas de besarte y no me atrevo. No quiero que me rechaces.
—¿Has estado sintiendo eso todo este tiempo?
—Sí. No me puedes decir que no lo has notado.
—Creía que habías asumido lo que siento por los tíos.
—Y yo creía que podría hacerte cambiar de opinión.
—¿Por qué ahora, Nando? ¿por qué me cuentas todo esto ahora?
—Porque estoy acojonado.
Me bastó esa frase para entender que Eisa había regresado a casa. Estábamos a finales de Junio, la universidad ya había acabado hacía semanas, y aunque era probable que Elisa hubiera hecho planes para las vacaciones, yo sabía que llevaba meses si aparecer por Madrid.
—Nada cambiará entre nosotros —dije pensando en ella.
—Eso es lo que me acojona. Creí que con el tiempo iríamos avanzando. Pero ahora tengo miedo de que eso nunca ocurra, y de que  yo termine realmente jodido.
—Creo que ya lo estás. Llevas mal desde hace días. Y no me lo estas contando todo ¿verdad?
—No tengo nada más que decir. No hay nada que contar, creo que he sido lo suficientemente sincero y me he humillado bastante ya —contestó recobrando su orgullo.
—Que yo sepa nadie te ha humillado.
—Bueno, me estás rechazando amablemente.
—Nunca te hice pensar en otra posibilidad si me planteabas algo así.
—A veces los actos son más sinceros que las palabras.
—¿Qué es lo que te ha hecho pensar que de pronto me iban a gustar los chicos?
—Todo lo que compartimos. Llevamos semanas saliendo juntos y te relajas, lo noto, y sé que me quieres.
—Claro que te quiero, Nando. Eres el mejor amigo que he tenido nunca.
—Qué mal puede sonar eso a veces.
La camarera dejó un plato de tortitas frías cubiertas de cantidades ingentes de nata y dos botes de sirope en los que empalagosas gotas de colores se pegaban al  plástico exterior.
—Son cinco euros —dijo dejando un plato de plástico marrón sobre la mesa.
Nando pagó y la camarera dejó caer unas monedas de mala gana sobre el plato.
—Tienen una pinta horrible —dije yo intentado cambiar de tema.
—La verdad es que no me apetecen nada.
—Pues no te las tomes ¿quieres que nos vayamos?
—¿A dónde?
—No sé. Podemos dar un paseo. Se está bien en la calle.
—Podemos ir a casa de mi amigo Pablo —propuso él.
—¿A estas horas? No creo que le guste recibir visitas.
—Él no está, pero tengo llaves de su casa. Podemos estar allí un rato, charlando.
—No me hagas esto, Nando, por favor —susurré inclinándome hacia él—No me obligues a decir que no tantas veces.
—¿Qué es lo que no te gusta de mi proposición?
—La esperanza que hay detrás de ella.
—¿Y qué si la tengo? ¿también me la quieres quitar?
—Ok, vamos —dije levantándome de golpe de mi asiento. Comenzaba a estar harta de darle vueltas a lo mismo. Si necesitaba pasar por la realidad, pasaríamos por ella.
Salí de la cafetería sin esperarle. Me alcanzó en la calle.
—Para, Chiara —me sujetó de un brazo—Así no. No es así como quiero que lo intentemos.
—¿Y te has parado a escuchar todo lo que yo te he dicho? —exclamé exasperada—Porque parece que sólo estamos hablando de tus necesidades, de tus sentimientos y yo soy una especie de cobaya a la que se le puede convencer de que aprenda un laberinto que no desea recorrer. ¿Y qué pasará en casa de tu migo Pablo? ¿qué pasará cuando te diga que no otra vez? ¿dejarás de ser mi amigo? ¿dejarás de quererme? ¿Volverás a llamarme? No, por supuesto que no.
—No sé qué pasará. Sólo sé que no quiero perderte sin haberlo intentado.
Comprendí que mi vida, la que había vivido esas cuatro semanas iba a cambiar esa noche y sentí una tristeza más profunda de la que yo misma había previsto.
—Por favor, no me obligues a intentarlo. No quiero que pasemos por eso.
Me sentía derrotada de nuevo, a punto de ser desterrada otra vez a la soledad, al rechazo. Pensé que se iría y me dejaría allí, pero pasó su mano por mi cara y me acarició con ternura.
—Eres la mejor chica que he conocido nunca. Eres sincera y valiente, y muy guapa ¿Cómo no iba a enamorarme de ti? No soy de piedra, Chiara.
Intenté sonreír, pero estaba triste, aunque no había lágrimas en mis ojos. Las lágrimas se habían convertido en un lujo en mi vida que ya había gastado demasiadas veces.
Dejó de acariciarme y me cogió de la mano.
—Paseemos así un rato.
Anduvimos cogidos de la mano. Comprendí que nuestro tiempo iba a acabarse. Apreté su mano y le agarré del brazo.
—Tu también eres un chico valiente y sincero y también eres muy guapo —contesté con sinceridad.
—Gracias. Es la primera vez que me dices algo así.
Nos sentamos en un banco de Serrano y yo apoyé mi cabeza en su hombro. No intentaba darle esperanzas, sólo quería disfrutar de su ternura antes de que desapareciera para siempre de mi vida.
—¿Dejarás de verme, verdad?
—No, si tú no quieres y si no… vuelves con mi hermana. No podría soportarlo.
Cerré los ojos al escuchar esto. Había estado esperando esa condición toda la noche. No dije nada. No había nada que pudiera decir. Elisa. Elisa, Elisa.
Abracé a Nando y le dije:
—Perdóname.
—¿Por qué dices eso? —preguntó sin rechazar mi abrazo.
—Sólo perdóname, recuérdalo si alguna vez te enfadas conmigo tanto que no quieres volver a verme. Eres la primera persona que me ha tratado con verdadero afecto. Nunca lo olvidaré.
—¿Te estás despidiendo?
Sentí su boca buscando mi cuello y le dejé que me besara.
Nos apartamos antes de que él se sintiera lastimado.
—Me voy a casa — dije levantándome.
—No me dejes así.
—Siempre te dejaré así, ese es el problema, Nando.
Y esta vez sí que sentí pena y dejé que la pena saliera, mientras caminaba hacia mi casa. Mi nueva casa en Madrid, donde de nuevo estaría sola.






17 comentarios:

  1. Es la tercera vez que lo leo ya, no puedo creer que tenga que esperar al jueves, quiero mas!. Exelente historia, jamas habia estado tan enganchada con algo. Me encanta!.

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  2. Un capítulo muy bonito :) esperando con ansias el reencuentro de Elisa y Chiara, un abrazo!

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    1. ¡Nos alegra mucho que te haya gustado! Pronto llegará el reencuentro.

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  3. Pobre Nando pero así es mejor hay que ser sincero y decir la verdad aunque a veces duela...habrá elegido ya Elisa? Gracias Victoria por otro fantástico capitulo hasta el próximo jueves ojalá fuera mañana

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  4. No lo entiendo. Realmente no lo entiendo y ya...

    Beth

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  5. Que buen capituloo. De verdad me apena nando pero el sabia en lo que se estaba metiendo y ahora llego el momento

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    1. Sí, da penita, pero parece que a veces uno se pone tozudo con las cosas…¿No os ha pasado nunca?
      Besos.
      Victoria

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  6. Me gusto mucho el capitulo, la manera en que Chiara trata la situación con Nando es genial, personalmente siento que estas situaciones con algunos hombres son muy cansinas. Gracias!

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  7. La elección de Elisa será tan dura como la espera del próximo capítulo! ... ojala decida estar con Chiara, es más probable que Nando supere esto algún día. Quiero que nuestras chicas se encuentren ya!
    Muchas gracias Victoria por este gran trabajo, un cálido abrazo desde Colombia!

    Paula.

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    1. Hola Paula:
      Gracias a ti por tu amable comentario y tu delicadeza.
      Un beso desde España.
      Victoria

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  8. Cada día me maravilla más esta historia. No da llegado el reencuentro! Felicitaciones

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  9. ¡A mí me maravilla conseguir que tengas esa sensación y es de gran ánimo leer tus palabras! Un millón de gracias.
    Victoria

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  10. Hijole, que capítulo tan más emotivo! Pobre Nando, es cierto que él sabía en lo que se estaba metiendo; pero es muy difícil hacer entender a tu corazón cuando las cosas simplemente no se pueden dar. Creo que en algún momento todos hemos tenido alguien al que queremos mucho y al cual tememos perder por decirle la verdad de nuestros sentimientos, repito...EXCELENTE TRABAJO chicas, muy HONESTO!
    Ojalá y ya se reúnan y que el reencuentro sea un poco más extenso jejej...la tensión nos está volviendo loquitas jajaja.
    Saludos
    Atte. Ale

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