sábado, 12 de julio de 2014

Cap. 63. ELISA: Vuelta a casa.


“Las maravillas suceden cuando menos las buscas”. Eso estaba leyendo cuando el avión aterrizó en Madrid.
Volver de Londres suponía muchas cosas para mí en ese momento. Enfrentarme a la posibilidad de encontrarme con Chiara, y enfrentarme de nuevo a mí misma. Esto último tenía que ver con todos los secretos que guardaba y que ya no sabía cómo mantener ocultos. Pero tampoco estaba segura de poder ser valiente.
A ratos sentía un empuje salvaje, casi suicida, que me impulsaba a hablar de todo con la primera persona que se cruzara conmigo. Pero la razón manejaba esos impulsos, y ni siquiera con Lucía, todo corazón, era capaz de hablar. Yo misma me sorprendía echándome a llorar frente a un anuncio de alguna ONG, o una película de baja calidad destinada a conmover las emociones más elementales del espectador. Mi llanto buscaba una salida, mi pena una justificación, mi amor buscaba a Chiara.
Andrés había aceptado mi partida como parte de mis obligaciones familiares. Él permanecería hasta agosto en Londres, trabajando a tiempo parcial en una cafetería mientras acudía a un cursillo sobre marketing. Podía haberme quedado con él en su piso, que durante los meses de verano ya no compartía con nadie, pero sabía que obligarme a hacerlo sólo nos traería problemas, y la fragilidad de nuestra relación se hacía evidente día a día. Me pregunté si era tan cobarde como yo, o si tal vez sólo intentaba ganar tiempo con la esperanza de que algo ocurriera, algo bueno, algo que yo sabía que no podría darle.
Así que me despedí de él con una pena profunda y por primera vez fui honesta cuando le dije que me apenaba marcharme. Tal vez porque era la premonición de mi partida emocional de su vida.
Papá me esperaba en el aeropuerto. Lucía y yo caminábamos cogidas del brazo como dos pequeñas huérfanas sacadas de una novela de Dickens,  a punto de ser separadas.
—¿Me llamas, eh? —repetía Lucía a cada paso que dábamos hacia la puerta de salida.
—Claro, boba —contestaba yo intentando no ponerme sentimental.
Lucía iba a pasar el verano en Grecia con sus padres y unos amigos, y de pronto ambas nos habíamos dado cuenta de lo difícil que nos iba resultar separarnos tanto tiempo.
Buscamos a nuestra familia entre la gente que aguardaba tras la cinta. Lucía alzó un brazo hacia sus padres y me besó en la mejilla.
—¿Te espero? —preguntó antes de dejarme.
—No hace falta —. Mi padre se erguía entre la multitud sin dejar de sonreír.
Caminé hacia él sin soltar la mano de Lucía en un desesperado intento por no alejarnos. Luego me revestí de acero y simplemente la olvidé.
Eso hacía con todo.
Esa era mi habilidad.
En eso me parecía a mi madre.
Papá me besó y pasó su brazo por mi hombro.
—¿Estás más alta, o me lo parece a mí?
—Tú has encogido —bromeé yo.
—¿Contenta de regresar?
—Claro.
—Tu madre está deseando verte. Ha pasado toda la mañana dándole órdenes a Jasmine sobre la comida. Creo que te espera un buen banquete.
Intenté no pensar en ella, ni en cómo iba a recibirla.
—¿Y si nos vamos a comer tú y yo por ahí? —improvisé.
Mi padre me miró sorprendido.
—¿Y dejar a tu madre plantada? Elisa, ¿no hablarás en serio?
—Tampoco es tan grave. Nunca hemos comido juntos, sólos,  tú y yo ¿verdad?
—Encontraremos el momento —contestó metiendo la maleta en el maletero.
—Es que no me gustan las celebraciones —argumenté a regañadientes. Necesitaba algo de tiempo para entender quién era yo en ese momento. Y, para empezar, me estaba comportando como una niña asustada.
—Seguro que podrás soportarlo. Además tu madre te necesita ahora.
—¿Qué?
—Está teniendo problemas con tu hermano.
—Estás de broma. ¿Nando y mamá? ¡Si Nando la adora!
—Pues ahora adora más a otra mujer
Sentí un espasmo en el estómago.
—¿Qué pasa? —pregunté con cautela.
—No estoy seguro. Ninguno de los dos me cuentan gran cosa, pero creo que Nando sale con alguien que no es del agrado de tu madre.
—Ya… —. Mi cabeza trabajaba a la misma velocidad a la que conducía mi padre por la autovía.
—He intentado razonar con ella. Tu hermano es un adulto y creo que hace mal metiéndose en su vida privada. Pero ya sabes cómo es ella.
Me gustó que la llamara así. Cada vez que escuchaba: “Tu madre esto, tu madre lo otro”, sentía que arrojaban sobre mí la responsabilidad de ser su hija. "Ella" era un pronombre que la alejaba de mí lo suficiente como para no sentirme involucrada en sus actos. "Ella" se había esmerado en colocar entre las dos la distancia suficiente como para que quisiera  liberarme de cualquiera de las consecuencias de sus decisiones.
—Sí. Sé cómo es "ella" —murmuré.
—Bueno, tampoco quería hablar así —rectificó, volviendo a su papel de padre—, pero creo que esta vez se está equivocando. Nando discute a menudo con ella y  ahora ya no para en casa. Ese chico ha crecido y ya no se le pueden prohibir ciertas cosas. Supongo que igual que tú, ¿eh? ¿Qué me dices, flacucha? ¿Nos darás guerra a tu madre y a mí este verano?
Sonreí sin pararme a considerar la pregunta. Si lo hubiera hecho, no le habría gustado mi contestación. 
Abrí la ventanilla y bajé el aire acondicionado. Era un mes de Junio fresco y añoraba el aire de Madrid. Mi padre me miró un segundo con complicidad. Me gustaba cuando era cercano. Entonces se convertía en un muchacho rudo y tierno a la vez, vestido en un traje demasiado almidonado para él.
Condujo en silencio hasta la salida de la autovía. Entonces le pregunté:
—¿Y sabes quién es la chica con la que sale?
—No, la verdad es que ninguno de los dos me ha dicho su nombre.
—¿No tienes curiosidad?
—Me gustaría conocerla, pero el nombre es lo de menos.
—¿Y Nando está… enamorado?
—Supongo que él cree que sí. La verdad hija, es que no consigo entender cuál es el problema con esa chica.
Estábamos llegando a casa cuando la puerta mecánica del garaje se abrió. El descapotable de mamá rugía como un gato ronroneando. Nando estaba sentado al volante. No se me escapó su expresión al verme llegar. Mamá apoyada en la ventanilla hablaba con él con acritud. Nando apretaba el acelerador  a cada segundo. Papá sacudió la cabeza apagó el motor y bajó del coche. Yo me mantuve quieta en mi asiento. Nando no apartaba la mirada de mí.
Mi padre se acercó a ella, y mi madre se giró hacia él con brusquedad. Parecía realmente agitada. Nunca la había visto así.
Bajé del coche y saqué mis bultos colocándolos en el suelo. Cerré el capó y miré a través de las ventanillas traseras. Papá sujetaba las manos de mi madre, que ya no miraba a Nando, sino a él. Mi padre le hablaba despacio, ligeramente inclinado hacia ella y Nando había apagado el motor mientras descansaba con aspecto hastiado, apoyando los antebrazos  sobre el volante.
Nuetras miradas volvieron a cruzarse y antes de que pudiera evitarlo salió del coche y cerró la puerta con un portazo impaciente. Luego caminó hacia mí.
—Bienvenida a la Guerra de los Rose —bromeó sin sonreír.
—Sí, menuda recibida.
—Será por poco tiempo. En cuanto me deje largarme.
—Ya —. Arrastré mi maleta hacia la puerta de casa. Nando cargó con mi mochila.
No quería dar por hecho nada, ni hacer suposiciones, ni enfurecerme sin saber antes de qué se trataba.
Entramos en casa y dejamos el equipaje al pie de la escalera.
—¿Te vas? —le pregunté al verle caminar hacia la puerta.
—Sí, claro.
—¿No comes con nosotros?
—La fiesta es para ti. Para mí ahora son las broncas. Es gracioso ¿verdad? Por una vez nos hemos cambiado el papel.
—En absoluto. Yo la odio —dije sin reflexionar.
Nando se detuvo y me miró muy serio.
—Yo no la odio, pero no puede meterse en mi vida como si tuviera derecho a decidir lo que es mejor para mí y lo que no lo es. No, no la odio.
—Pues mejor para ti. A ver cuánto tiempo aguantas sus mentiras.
Entornó los ojos como un felino y abrió la boca para decir algo. Luego se lo pensó y salió de casa.
Escuché sus voces en el jardín y el motor del descapotable. Subí a mi habitación y me metí en la ducha. 
Los meses me habían hecho olvidar la inevitabilidad de ese vacío en mi casa y ahora me golpeaba el corazón. Echaba de menos  a Lucía y su empeño en acercarse constantemente a mí. 
Me mantuve bajo el agua tibia un buen rato, cerré los ojos y escapé del pasado. Yo era una nueva persona, me repetí. Una nueva persona que podía manejar las situaciones.
Bajé al comedor, después de vestirme y estar segura de que  todo estaba en calma. Tenía que ser cauta. Mamá nos había visto a Chiara y a mí. Era imposible que ella hubiera olvidado aquella noche, de la misma manera que yo no lograba olvidar su infidelidad. Por una vez ella no tenía ventaja sobre mí. La reina negra no podía lastimarme.
La persona que  encontré cuando bajé al comedor era una vieja fotografía de mi madre, algo que no me esperaba. Me miró un segundo bajo unos parpados mucho menos jóvenes de lo que yo recordaba. Apenas había faltado un semestre, pero ella aparentaba haber envejecido varios años. Extendió los brazos hacia mí, y sonrió con su habitual profesionalidad, pero las arrugas a ambos lados de sus ojos y los surcos en sus comisuras eran la huella de noches en vela, y probablemente horas de lágrimas. Me invadió una compasión desconocida y la abracé con un cuidado infinito, consciente de la fragilidad en la que se movía ahora.
—Mi ingrata hija, por fin en casa —susurró y me besó en la cabeza.
Sentí sus costillas bajo el vestido negro ajustado y aflojé mi abrazo como respuesta a su reproche.
—Ahora que estás aquí podrás ayudarme —dijo en voz baja sin dejarme ir.
Me separé de ella y la miré fijamente.
—¿Te encuentras bien? —Nunca antes había sentido inquietud por ella.
—Perfectamente, salvo por el hecho de que tu hermano está cometiendo un lamentable error. El mismo que cometiste tú.
Salvaje. Sí. Fue una declaración salvaje e imprudente, impropia del estilo de mi madre. Eso pensé. Miré a mi alrededor buscando la ayuda de mi padre, pero él no estaba.
—He esperado meses para que pudiéramos hablar —dijo ella cogiéndome la mano. 
Mi impulso fue retirarla y salir huyendo de allí.
—No me mires así. Las dos sabemos cosas y tenemos que aclarar mucho juntas. Tienes que convencer a Nando de que deje a esa…¿chica? —se rió con amargura—Debe de ser un demonio ¿No es cierto?
Me alejé de ella unos pasos. Estaba loca. Eso pensé. Pero no. Allí, debajo de su sufrimiento seguía esa mujer implacable que no estaba dispuesta a que nada se le escapara de las manos.
—Mamá, estás desvariando —dije con dureza.
—Has metido el veneno en esta casa. Como tu abuela —susurró entornando los ojos con crueldad.
—¿Te has vuelto loca? —exclamé intentado no subir la voz.
—¿Soy yo la que se acuesta con chicas? —contestó alzando las manos dramáticamente —¿Soy yo la que permito que mi hermano se lie con una…
—Una ¿qué? —grité.
—Una pervertida —dijo con voz suave mientras caminaba hacia la cocina.
—Creo que me largo —dije caminando hacia la escalera de bajada.
Me topé de frente con mi padre que me sujetó de un brazo.
—¿Qué es todo esto? ¿Es que no podemos tener ni un segundo de paz en esta casa?
—Está loca —dije deshaciéndome de su mano. 
Sentí su brazo asiéndome con fuerza.
—Cállate —susurró—. Cállate, Elisa.
—No, no me voy a callar, papá.
Tiré de mi brazo tan fuerte que sentí que el hueso crujía.
—Elisa. Vuelve aquí ­—rogó ella.
La miré desde el vano de la puerta.
Mi padre caminó hacia la mesa y se sentó en su silla. Jasmine sacó una bandeja  plateada que dejó sobre la mesa, y mi madre ordenó pequeños canapés de colores con aire casual.
—Jasmine ha preparado esto para ti. No sabes lo que ha trabajado la pobre.
Todo era una absoluta locura. Inspiré y dejé salir el aire muy lentamente.
—Hija, ven a comer con nosotros —me pidió mi padre. Él  intentaba llevar a la mesa su sentido del orden, y ajustaba los cubiertos junto al plato como si en ese gesto tratara de contener a mi madre.
Retrocedí y me senté a su lado. Apenas podía respirar, pero entendí que todo se había tambaleado durante mi ausencia. Apoyé la mano sobre la de mi padre y recibí con serenidad la comida que mi madre me servía.
Ella se marchó antes de acabar de comer. Había comenzado a sufrir migrañas, más dolorosas que antes. Papá y yo terminamos la comida silenciosos, sintiendo el pesar que ella dejaba sobre nosotros.
—Papá ¿qué pasa?
—Ya te lo dije en el coche.
—No, papá. Nadie se pone así por eso —contesté pensando en Nando.
—Tu madre siempre ha sido… apasionada para todo —dijo bebiendo de su copa de vino.
—¿Mamá? ¿dices que es apasionada? Debes de hablar de otra mujer que yo no conozco.
—Sus formas son su manera de ocultar sus debilidades, su fuego…—hablaba sumido en una especie de nostalgia—. La muerte de tu abuela no ha ayudado a su tranquilidad. Yo esperaba que ella superara de una vez… No sé si sabes algo sobre todo ese asunto —preguntó mirándome directamente a los ojos.
Vi su tristeza, su impotencia, su cansancio.
—Sí. Ella era lesbiana —aclaré sin temor.
—Es complicado, Elisa —se aclaró la garganta—. Nunca ha podido aceptarlo. Tu madre es tan convencional…
Me resistí a hablarle de lo convencional que era cuando él estaba de viaje, pero no debía arrojar mi rencor y mi enfado sobre él. Por una vez la luz entraba en nuestra casa, y yo me aferraba a la conversación que estaba teniendo con mi padre.
—Papá, tú sabes quién es la chica que sale con Nando ¿verdad?
Estaba inmóvil, mirando fijamente sus manos sobre el mantel y no reaccionó a mi afirmación. Exhaló algo de aire que había contenido en sus pulmones y dijo:
—Creo que es una amiga tuya.
—Sí.
Esperé unos segundos a que siguiera hablando.
—Ella dice que tú y esa chica… habéis… que estáis. Ella está muy alterada con todo esto, hija.
—No has acabado la frase, papá.
—¿Es necesario que te diga lo que ya sabemos los dos?
—Sí. Yo necesito oírlo —supliqué.
—Ella cree que eres como tu abuela.
—¿Y cómo era mi abuela?
Extendió su mano hacia mí y la apretó si levantar la mirada.
—Hija, yo te quiero, seas cómo seas. No estamos hablando de mí, sino de ella. Necesito que le ayudes.
—No sé cómo puedo ayudarla —contesté si aflojar la presión de mi mano contra la suya.
—Habla con ella de cualquier cosa. Intenta que se distraiga. Convéncela de que todo está bien.
—Papá… ¿Cómo quieres que haga eso? Nada está bien, y los dos lo sabemos.
—La verdad, hija mía es que ya no tengo ni idea de lo que es estar bien o mal en esta casa, pero yo no sé qué hacer con todo esto.
Soltó mi mano y jugó con la migas de pan que yacían sobre la mesa. Él respondía a esa definición que la gente daba a los hombres que viven ajenos a la parte dramática de la vida. Él era “un buen hombre”, cumplía con su trabajo sin quejarse y daba a su familia una buena calidad de vida. Un buen hombre que había permanecido a salvo mientras todas las fichas habían continuado en su lugar, pero que ahora no lograba encontrar su sitio. Me compadecí de él.
—Lo intentaré, pero tenemos que seguir siendo honestos —le pedí.
Ni siquiera yo misma estaba segura de que la honestidad fuera la tarjeta de invitación hacia la paz. Normalmente sucedía lo contrario, pero la tormenta ya había entrado en mi casa y no teníamos otra opción.
Estrechó mi mano como si acabáramos de cerrar un trato.
—Creo que por hoy es suficiente. No quiero que vuelvas a salir huyendo de casa, hija. Te necesito.
Toqué el timbre para que Jasmine recogiera la mesa y le pedí que se marchara antes. Papá se metió en su despacho y no salió en toda la tarde. La casa pesaba silenciosa sobre el asfalto de la calle, mas lleno de vida que nuestros muros. 
Al anochecer escuché  los pasos de mi padre preparándose para salir de viaje.
Nos abrazamos en el descansillo y sentí su fragilidad debajo de su impecable traje de Armani, de sus músculos recios, de su inquebrantable fe en que la vida no castigaría a las buenas personas.
—Cuídate y cuida de ella.
—Lo intentaré.
Le acompañé hasta el jardín y esperé a que los faros del coche iluminaran las losetas y la hierba. Luego entré en la casa y conecté las alarmas.
Decidí esperar a Nando despierta y subí hasta el salón. Me desplomé sobre el sofá y exhalé toda la tensión acumulada. Lo que sentí fue una revelación al pensar en Chiara. Había tratado todo este asunto de Nando como si la chica de la que hablaramos no fuera ella: Chiara. Mi amor. No podía creer que saliera con Nando. No, no era posible que ella tratara de destruirme de ese modo. Todo tenía que haber sido un malentendido. Por eso debía de hablar con Nando cuanto antes.
No la vi hasta que encendió la pequeña luz que alumbraba el rincón del salón donde solía sentarse mi padre.
—Me has asustado, mamá —dije llevándome la mano al pecho. Mi corazón había empezado a latir con fuerza. No estaba preparada para más charlas.
—Llámale y dile que vuelva a casa —dijo ella sin escucharme.
—¿Estás bien? — pregunté.
—Perfectamente —. Su voz había recuperado la calma que solía tener.
—¿Necesitas algo? —Me había levantado del sofá y caminaba hacia ella, pero me detuve. No lograba acercarme más. De algún modo la temía.
—Ya te lo he dicho —. La luz del mechero iluminó su cara un segundo. Se había maquillado y vestía un camisón de flores. Su pelo caía sobre sus hombros como oro negro. Entendí que su belleza estaba ligada a su poder y a su crueldad, y eso me asustó.
—No puedo hacer eso, mamá. Nando no es un niño.
—Pero tú le contarás todo y él dejará de estar obsesionado con ella.
—¿Te refieres a Chiara? —dije recobrando la calma poco a poco.
—No recuerdo su nombre.
—Mientes fatal, mamá.
—Lo has aprendido bien, hija mía.
—¿Cuándo te he mentido?
—No me importa ¿sabes? Ya te has curado. Pero ahora tu hermano necesita ayuda.
—¿Qué has dicho?
—Que Nando…
La interrumpí.
—No, no has dicho eso. Has dicho “Tú ya te has curado” ¿Es eso lo que crees?
Aplastó el cigarrillo sobre el cenicero y lo tiró al suelo sin querer. Las brasas quemaron el bajo de su camisón y ella lo sacudió con fuerza. Vi que sus manos temblaban. Me apresuré a ayudarla.
Estaba agachada junto a ella, y recogía las colillas, y sacudía las cenizas cuando escuché los pasos a mi espalda. Mamá se puso en pie y me hizo un gesto para que me apartara. Nando nos miraba sin entender nada.
—Hijo —dijo ella extendiendo una mano hacia él.
Me incorporé del suelo, furiosa por sentir celos. Ella no se merecía mi amor.
—Me voy a dormir —contestó Nando arrojando las llaves sobre la mesa del comedor.
—Yo también —dije pasando junto a ella.
—¡No! —exclamó golpeándose los muslos con fuerza.
Nando se detuvo y sonrió.
—Mamá, chillar no te dará la razón.
—¡Dile algo! ¡Dile la verdad! —me gritó.
—No la metas en esto —susurró Nando furioso.
—Me largo de aquí —contesté subiendo las escaleras.
Escuché un golpe y el sonido de los cristales y me giré rápidamente. El cristal de la mesita auxiliar estaba roto y mi madre sangraba por la muñeca.
Nando y yo corrimos hacia ella.
—Sujétala fuerte. Voy a por un pañuelo —dijo él obligándome a sostener la mano ensangrentada de mi madre.
Ella intentó zafarse de mí. La senté de un empujón y la mantuve quieta con mi brazo sobre su hombro.
Nando regresó con un poco de alcohol, algodones y vendas. Mi madre tenía un corte profundo en el dorso de la mano.
—¿Llamamos al médico?
—No, no creo que haga falta —contestó él.
—No es nada —dijo ella buscando el paquete de tabaco con la mano que tenía libre.
De reojo vi a Nando meter una pastilla en un vaso con agua que había traído.
—Bébete esto, mamá —es para tu migraña.
—Ya no me duele la cabeza — protestó ella.
—Eso no importa. Tienes que tomarlas como prevención.
—¿Te quedarás conmigo?
—Claro —contestó él apretando la venda alrededor de su mano.
—¿Me escucharás?
—No, mamá. No lo haré.
—Díselo tú —sujetó mi hombro con la mano en la que sostenía el cigarrillo y sentí el calor de la brasa cerca de mi mejilla.
—Joder, ya está bien —exclamé y me aparté de ellos.
—Dile que ella es lesbiana —. Mi estómago saltó, pero  Nando no reaccionó a lo que acabábamos de escuchar. Terminó su labor con la eficiencia de un enfermero y recogió los cristales del suelo.
Yo subí a mi dormitorio y abrí mi maleta. Necesitaba fijar mi atención en algo mecánico, algo que parara mi cabeza. No conseguía aclarar nada de lo que estaba ocurriendo, pero esa noche no me sentí capaz de seguir adelante con todo aquello.
Escuché a Nando atravesar el pasillo y la puerta de su dormitorio. Terminé de guardar mi ropa en el armario y me tumbé en la cama.
Debía de ser de madrugada cuando él me despertó. Me había quedado dormida, vestida sobre la colcha y mechones de pelo húmedo se pegaban a mi cuello.
—Elisa, necesito hablar contigo.
Me incorporé medio dormida.
—¿Qué pasa? ¿Es mamá?
—No, soy yo.
—¿Y que te pasa, Nando?
—Creo que ya lo imaginas, ¿verdad?
—Lo que he visto es que todos parecéis haberos vuelto locos —contesté frotándome los ojos.
—Estoy enamorado de Chiara. Nunca he sentido nada igual.
Intenté apartar la mirada de él. Estaba cambiado. Ahora podía ver sus debilidades, su intensa necesidad de amar y ser amado, su miedo a perder lo que quería.
—Nunca te he pedido nada, sabes bien que hemos hecho nuestras vidas por separado y que jamás nos hemos metido en las cosas del otro. Pero esta vez necesito que me ayudes.
—Nando… yo. No puedo ayudarte. No sé que quieres que haga.
—No la llames. No intentes contactar con ella. Dame una oportunidad. Tú has vuelto con Andrés. No creo que realmente te interese ella y yo la quiero. La quiero muchsimo﷽﷽﷽﷽﷽﷽uiero. La quiero muchñisim ellaortunidad. Tñu has vuektos por separado y que jamísimo.
—Nando, ella es lesbiana ¿lo sabes, verdad?
—Puede que sí, o puede que jamás haya conocido a un chico que le gustara de verdad.
Entonces me di cuenta de que con toda seguridad ellos no estaban saliendo. Ella no había tenido sexo con él, y eso, me alivió.
—¿Y no quieres saber qué pasa conmigo? —le pregunté.
—Ella me contó algo y yo construí el resto de la historia.
—Ah, ¿sí? ¿Y cómo continúa?
—Bueno, tú seguirás con tu vida. Ella fue algo ocasional, una experiencia, nada más.
—Entiendo —contesté intentando mantenerme serena—. Pero yo no estoy segura de que sea como tu lo cuentas.
—La dejaste marchar. La abandonaste. No me jodas la historia.
No dijo nada más. Salió de mi dormitorio con la misma facilidad con la que yo sentí que estaba saliendo de mi vida.
"Las maravillas suceden cuando menos las buscas", recordé. ¿Podía ser esa mi esperanza?
Era mi hermano, y amaba a la misma chica a la que yo amaba.
Era mi hermano y no quería perderle.
Era mi hermano.
Eso me repetí.él apretando laél







20 comentarios:

  1. Ouch! no puedo creer el rumbo q lleva esto >_< Ellas tienen q encontrarse de nuevo y hablar de todo lo q sucede con Nando. No creo q Elisa le vaya a dejar a Chiara en bandeja de plata.

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    1. Vas bien encaminada, querida amiga lectora…
      Besos.
      Victoria

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  2. Que capítulo tan intenso ¿Qué hará Elisa? ¿Nando o Chiara? Como será el reencuentro entre nuestras chicas lo que se es que éste está próximo a que ocurra le habrá dicho Nando a Chiara que Elisa ya esta en Madrid que nervios no puedo esperar a leer el siguiente capítulo.Gracias Victoria por otro capítulo de esta apasionante historia.

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    1. Muchas gracias a ti, de verdad. Me encanta leer vuestros comentarios y vuestro entusiasmo por la historia.
      Un beso enorme.
      Victoria

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  3. mereció la pena la espera, deseando que sea jueves, cada día debería ser jueves de hecho!! felicidades de nuevo un beso y mucho ánimo
    Gracias

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    1. A ver si esta semana puedo escribiros uno más largo. Prometo colgarlo el jueves sin falta.
      Un beso y mil gracias.
      Victoria

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  4. Q dilema!!! Elisa decidiendo entre chiara y nando :( me parece q ahora ve las cosas mas claras... sw da cuenta q aun ama a chiara y tiene celos del acercamiento se su hermano. Rl esperado encuentro no tardara en darse...q emocion!!! Q capitulo para tenerme a punto de soltar el telefono jajaja gracias Victoria!!! Q ya sea jueves de nuevo... besos! :)

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    1. ¡Gracias a ti! A todas las que creáis este foro de opiniones.
      Un beso.
      Victoria

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  5. Eow. Debo admitir que desde el jueves entraba al blog a cada rato para ver si ya estaba el capitulo. Como siempre genial y especial. Esta historia ha tomado un giro impresionante.
    Saludos victoria.

    Att. Kelly ;-)

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  6. Q manipuladora la mama de elisa y se ve q hara todo lo posible por apartar a chiara de sus vidas :( Elisa la tendra dificil porq tiene que actuar sin lastimar a su hermano, ojala se vean pronto las chicas :) linda historia como siempre!!! Besoss

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    1. Lindas palabras. Gracias.
      Besos para ti también.
      Victoria

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  7. Que habrá pasado entre Chiara y Nando para que este crea que están saliendo. Tal vez son solo sus ganas. Chiara se las va a ver difícil la madre de Elisa la odia. Y pobre Elisa, llegar y tener ese recibimiento triste. Casi tan triste como estoy yo porque Argentina perdió la final :(

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    1. Ohhh, sí. Yo no soy mu fútbolera, pero me enteré de la final. Nuestro final espero que sea mejor que el de Argentina... ;)
      Un beso enorme.
      Victoria

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    2. Esperemos que si. !Por favor! jaja.. Al menos un final feliz. Y que sea lejano también. Besote :)

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  8. Wow y 1000 veces wowww! No creo que sea necesario decirlo, porque todos lo sabemos; pero es que chicas su trabajo es MARAVILLOSO!!! SIN PALABRAS! Aunque como nota, debo decir que fue un MEGA MOMENTO el de Elisa al hablar con tanta honestidad con su padre y sacar AL FIN todo el tema a flote con su madre y hermano. DIFICIL, PERO EXCELENTE!!!! BRAVO, CHICAS, BRAVO!!!!
    Atte Ale

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  9. Caray , Ale ¡Qué entusiasmo! Sí, fue difícil para ella hablar, pero su padre le tendió un cable. A ver qué decide hacer Elisa ahora.
    Un beso grande.
    Victoria

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  10. wow q historia , ojala q estas chicas se encuentren pronto y desidan juntas luchar por su amor....
    xq un amor asi no se puede separar..
    Gracias por compartir la historia. Mi favorita la amo <3 :)

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  11. Me dejo intrigada como le habra contado chiara a nando la historia entre ella y elisa o.O y el para ganar puntos con ella le habra contado lo de elisa y andres??? Q nervios todo esto!!! Lo q me gusto al final es q a pesar q nando significa mucho para elisa ella le dejo claro q la historia q el se ha imaginado no es para nada como ella la siente o como piensa dejar q acabe :) :) y bueno ahi nando le sale con q ella no tiene nada q hacer ahi porq ya la dejo ir una vez :( y ahi yo le grito a mi compu ESO ES ASUNTO DE ELLAS DEJALAS Q LOS RESUELVAN!!! jajaja bueno el capitulo asi de emocionante esta q ya quiero q sea jueves!!! Vamos Elisa ponte las pilas q tu hermano t la madruga ;) gracias Victoria!!! Besos

    Hayde :)

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  12. Me parece cada dia más increible esta historia... Enhorabuena, ojala llegueis muy lejos! Y sobretodo, gracias por hacer que cada dia nos respeten más personas, aunque desgraciadamente hay muchas personas todavia como la madre de Elisa. Un beso. GRACIAS!

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