miércoles, 4 de junio de 2014

Cap. 58. ELISA:Una nueva esperanza.


—No…Eli, para. 
La voz de Andrés sonaba lejana en mi cabeza. Tardé unos segundos en entenderle. Sentí una punzada molesta. Había apartado la mano de mí y parecía agobiado.
—No sabes la de veces que he soñado con que me dijeras algo así, pero no de esta manera. Así no.
Andrés se incorporó y se pasó las manos por el pelo. 
Me senté a su lado.
—¿Qué? —Todo me estaba viniendo pequeño, tan pequeño que apenas cabía en ello. Era como Alicia atrapada en una casa diminuta para ella; asomando ridículamente sus piernas y sus brazos; mirando por la ventana con su único ojo, cómo el conejo blanco escapaba de ella.
—Tú me has pedido…—empecé a reprocharle.
—Sí, sí. Sé lo que acabo de decir, pero estaba equivocado. Lo siento. Así no.
—¿Cómo que así no? ¿Qué quiere decir eso? 
—Que tú no estás enamorada de mí, que no sabes lo que sientes por mí y que no quiero que vuelvas a dañarme.
Se levantó sacudiendo sus vaqueros y metiéndose la camisa dentro de ellos.
Estaba guapo, realmente guapo. La edad había sustituido esa 
pasividad casi virginal por una posición más reflexiva y dura. 
Me gustaba. Sí, me gustaba mucho.
—Me gustas mucho —le dije.
Se rió.
—¿Que te gusto? Eli, hemos pasado años juntos. ¿De verdad crees que eso es suficiente para poder arreglar todo esto?
—Yo, no he dicho eso. Sólo sentí…de repente —. Decidí callarme. Andrés había dado en el centro de la diana. Yo no había pensado en arreglar nada. Ni siquiera sabía qué era lo que intentaba.
—Acaba la frase, por favor. No intentabas arreglarlo ¿cierto? Era una prueba de esas que haces tú para ver qué sientes.
Agaché la cabeza ruborizada por la claridad de sus palabras.
—Me excité —dije.
—Te excitaste. Ya…
Andrés dio unos pasos por la hierba. Yo quería desaparecer, fundirme con el cielo, diluirme en la nada. Estaba avergonzada y al mismo tiempo sabía que algo había cambiado entre él y yo. Algo que tal vez nos daba una esperanza.
—Vamos a comer —dijo abriendo la bolsa de plástico con un movimiento brusco—. Ni siquiera tengo hambre —añadió dejando caer un sandwich envuelto, sobre la hierba.
Me acerqué a él y le acarici.la espalday le acaricisaces tú para ver quteirginal poré la espalda.
—Tienes razón. No debí hacerlo así. Podemos intentarlo poco a poco…—escuchaba mis propias palabras sin estar segura de que lo estaba diciendo fuera lo que realmente quería.
—¿Hablas de volver a salir?
—Sí. Creo que tal vez esta vez podría diferente.
—¿Por qué, Eli? ¿qué ha cambiado? No consigo entenderte, de verdad. Te enamoraste de una chica ¿recuerdas?
—No, no la recuerdo— dije con dureza—. Te juro que para mí es agua pasada. No sé qué me pasó, pero ni siquiera tengo ganas de verla.
Andrés me miró fijamente. Podía ver su incertidumbre y su desconfianza mezclada con el deseo de creerme. Me pregunté si yo misma estaba siendo sincera conmigo.
—Pues entonces deberías de verla para estar segura de que todo ha acabado.
—Bromeas ¿Crees que voy a coger un avión para ir a Roma a comprobarlo?
—Ni idea, pero yo no puedo fiarme de lo que dices. Ni siquiera creo que tú misma puedas hacerlo. Además está Severine —añadió.
El nombre me golpeó la cara como un bofetón.
—¿Qué pasa con Severine?
—Que me gusta.
—¿Te gusta esa tía?
—Sí —reconoció.
—Cojonudo. Y tú me hablas de mi confusión —dije con aspereza.
—Yo no estoy confuso. No he dejado de quererte pero tengo que tirar para adelante y ella es la primera chica que me gusta desde que lo dejamos.
—Pues chico, no sé qué haces aquí conmigo —recogí la bolsa y la metí de un golpe en la mochila—. Volvamos a Londres.
Me agarró de un brazo.
—Sabes perfectamente que tú eres lo que más quiero en el mundo, pero esto no es incondicional. Si de verdad tienes claro que quieres volver a intentarlo, necesito garantías.
—Vaya, pareces un ejecutivo de Wall Street cerrando un trato —me burlé—¿Desde cuando el amor es una garantía de nada?
—Pues debería serlo. Al menos de que intentarás ser honesta conmigo.
—Tú no lo has sido tampoco. Hasta hace un momento Severine no existía y ahora de pronto, estás enamorado de ella.
Procuraba engordar sus propias palabras para esconder la fragilidad de las mías.
—¿He dicho yo la palabra "amor"? —contestó entornando los ojos con suspicacia.
—Has dicho que te gusta, y…
—Y nada más —cortó él—. Deja de inventarte cosas. Por una vez intenta ser honesta y valiente ¿ok?
—No sabía que pensaras tan mal de mí —me defendí.
—Te conozco Eli y la mayoría de las cosas que te pasan parecen resbalar sobre tu piel como si estuvieras impermeabilizada. Si no fuera por tus crisis de ansiedad uno podría pensar que no sientes nada.
Eso dolió. Sí, la imagen de mi madre se superpuso sobre la mía revelándome todo lo que había aprendido de ella.
—¡Tú no estás dentro de mi! ¡No tienes ni puta idea de lo que siento!— exclamé furiosa.
—Pues muéstralo de una vez —contestó él, implacable.
—Ok, déjalo. Todo esto ha sido una estupidez, el viaje, el picnic. No tenía que haber accedido.
—Lo que falla siempre está fuera de ti ¿eh? 
—No me juzgues. No tienes ningún derecho.
—No juegues con la gente y no te juzgaré.
—¡Yo no juego con nadie! —grité exasperada.
Recordé a mi madre desnuda, al final de un pasillo entrando en un dormitorio donde le esperaba otro hombre. Sentí que el aire comenzaba a faltarme.
—¡Yo no soy como tú crees! ¡No soy como ella! —seguí gritando.
—¿De qué hablas? —Andrés estaba muy quieto.
Yo había empezado a jadear. Mis pulmones se encogían como 
puños y la musculatura del diafragma me ceñía como si quisiera partirme en dos. Dio unos pasos hacia mí.
—Eli, tranquila —dijo suavizando su voz —tienes que controlarte.
Me apoyé en el tronco del árbol. Comenzaba verlo todo borroso y el color de la hierba, de pronto, era demasiado verde. Dolorosamente intenso. Abrí la boca arrancando bocanadas al aire. 
—Me estoy ahogando —susurré sintiendo que el pánico comenzaba a apoderarse de mí.
Andrés me cogió por detrás y me apretó con fuerza.
Forcejeé con sus brazos. Me estaba ahogando. Apretó un poco más y entonces me soltó de golpe. Así de fácil. Y todo pasó. El aire entró abrasador en mis pulmones, luego sentí que el corazón de aquietaba de nuevo. Me dejé caer en el suelo enjugándome las lágrimas.
Él se sentó a mi lado mirándome con preocupación.
—¿Mejor?
Asentí.
—Debiste de estudiar medicina —susurré medio en broma—¿Por qué has hecho eso?
—No lo sé.
—Gracias.
—No importa. No me gusta que lo pases mal.
—A nadie le gusta.
Pasó su brazo por mis hombros.
—¿Amigos?
—Claro —contesté.
—¿Quieres que volvamos a Londres?
—Creo que sí.
Aún estaba mareada y Andrés me ayudó a levantarme. Atravesamos la ciudad que ahora languidecía después del colorido desfile. A esas horas pude reconocer el alma antigua de Oxford. Sus ladrillos centenarios, su elegancia académica.
Le propuse dar un paseo antes de coger el tren.
Callejeamos por la ciudad mordisqueando los sándwiches de las bolsa. Yo había regresado a mi esfera, y mientras estuviera allí dentro podía sentir que el mundo era un lugar de buenos resultados. La característica más notable de Andrés era su capacidad de serenarme cuando la angustia podía reducir mi corazón al tamaño de un alfiler. Confiaba en él y eso me sorprendió. No había muchas personas en el mundo que lo lograran.
—Eli ¿Puedo preguntarte algo?
Mi esfera se fortaleció.
—Hm-Hum —dije masticando un pedazo de pan con pavo y mostaza.
—Dijiste que no te parecías a ella. O algo así ¿a quién te referías?
—¿Cuándo dije eso? —pregunté mirando el nido de unas cigüeñas en lo alto de un campanario.
—Antes de ponerte mal.
Lo bueno de mis crisis de ansiedad es que solían dejar una pequeña amnesia en mi memoria que me mantenía a salvo de revivir el motivo de mi angustia. Mi primer y último psicólogo, al que había abandonado por puro aburrimiento, lo había llamado “resistencias”. Me gustaba la palabra, significara lo que significase. Resistir era algo que hacíamos muy bien en mi casa.
Entonces lo recordé.
Mi madre. Yo no era como ella.
Lo dije en voz alta, sin darme cuenta.
—¿Tú madre? —repitió Andrés.
—No sé, creo que pensé en ella, pero tal vez fue sólo una frase. No me acuerdo —intenté rectificar.
—¿Qué pasa con tu madre?
—¿Vas a hacerme una terapia ahora? —le dije suavizando la
voz.
—No, pero podemos charlar si algo te preocupa ¿Te parece?
Yo no era una ignorante en psicología. Sabía que debía de escapar de mis padres, cortar los lazos con ellos, asesinarlos de algún modo y crear una vida propia para poder volver a aceptarlos. Pero antes estaba aquel asunto de mi madre con ese hombre. No tenía ni idea de cómo gestionar aquello.
—Mi madre tiene un amante —dije dándole otro mordisco al sándwich.
Andrés se paró en seco.
—Estás de coña ¿no?
—Para nada —dije yo sin detenerme.
—¿Y lo sabe Nando?
—Se moriría si lo descubriera —dije.
—Joder, qué fuerte.
—Ya ves. Mi madre, perfecta, inmaculada.
—No sé qué decirte. Pero no creo que en eso te parezcas a ella.
—No sé por qué lo dije —admití.
Doblamos por una esquina que se abría a un pequeño parque.
—¿Y tu padre? ¿Crees que él sabe algo?
—No, no lo creo —estaba segura.
—Yo no sé qué haría si me enterase de algo así.
—Me gustaría matarla —susurré.
—No, no querrías hacer algo así, pero entiendo que estés 
enfadada.
—No estoy enfadada ¿sabes? Siempre pensé que ella fingía.
—Qué fingía.
—Todo. Ella no sabe ser natural. Se esconde de todo el mundo… —. Me detuve, consciente de mis propias conclusiones—Tal vez no tenga ni idea de quién es, como yo.
Bordeamos el parque y nos detuvimos frente a un College.
—Son preciosos —dije—, parecen sacadas de una película de Harry Potter. Qué envidia poder estudiar aquí.
Yo estudiaba fotografía, una decisión de última hora que había desconcertado a mi familia y que me ayudaba a ganar tiempo para poder pensar. Nunca había sentido una vocación clara hacia nada en particular, pero tenía que justificar mi necesidad de escapar  de ellos de algún modo. Sabia que mi padre se sentía decepcionado. Él era listo y adivinaba mis motivos, mis dudas y mi falta de empuje hacia nada en concreto. Yo le había prometido aclararme durante ese año. Luego entraría en una universidad.
—Puede que me venga aquí a estudiar —dije invadida por el romanticismo de la ciudad a esas horas.
—¿No te gusta la fotografía?
—No está mal. No sé… sólo intento ganar tiempo.
—¿Para que quieres tiempo?
—Para pensar qué me gustaría estudiar, para aclararme con mi vida. —A veces me tienta regresar a España y otras me resulta asfixiante la sola idea de volver a mi casa.
—Podrías compartir piso con alguien…
—Sólo sería capaz de vivir con Lucía. Aún no entiendo por qué Nando se ha quedado con ellos.
—Él no se siente mal con tus padres —. Siempre olvidaba que Andrés y Nando eran amigos.
—Bueno, mi hermano es fan de ellos.
—Eso está bien —dijo Andrés sonriendo.
—¿Defensor de la familia? — me burlé.
—Defensor de la felicidad. Como uno la pueda alcanzar.
—Me gustaría ser como tú —susurré—. Es como si todo te 
resultara fácil.
Arrugó el ceño y me miró con reproche.
—Perdona —me apresuré a disculparme recordando toda nuestra historia.
Llegamos a la estación. Apenas eran las tres y media, y la noche bajaba su telón anunciando el fin del día.
—Joder, no sé si puedo con este clima —dije mirando el cielo cargado de nubes.
Andrés me cogió por la cintura y me besó en la mejilla. Algo se había aflojado entre nosotros. Algo bueno que nos hacía sentir relajados y cómodos. Su beso fue amable y yo lo acepté con una sonrisa.
—Gruñona —susurró.
—Bobo —contesté bromeando.
—Te quiero —dijo.
—Y yo a ti —contesté.
Estuvimos sentados en un banco, cogidos de la cintura hasta que el sonido del tren nos separó de nuevo. Fuera lo que fuera lo que había sucedido entre nosotros, era bueno. Eso supe. Aunque ninguno de los dos estuviera seguro del lugar hacia el que nos dirigíamos.


7 comentarios:

  1. Ha sido muy bonito este capítulo, Andrés es super mono

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  2. Hace tiempo que Chiara no aparece, se la echa de menos..

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  3. Hola chicas... bueno a pesar de que todas estemos atacadas esperando una pequeña insinuacion de un regreso con chiara, es bueno leer estos capitulos donde vemos que el personaje es como nosotros, que tiene fondo y forma, que carga con un cumulo de sentimientos que la hace real. Agradecida con victoria por responder mi comentario en el capitulo antrrior. Y decirle que ella y su hermana son geniales al darnos esta gran historia. Que nos muestra lo real de la vide de.una adolescente descubriendose.
    Me ha encantado. Abrazos grandes y afectuosos...

    Desde COLOMBIA.. KELLY ..;-)

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  4. Me encanta andres ya sea como amigo o como novio, lo que sea. Pero es bueno considerado y super paciente con elisa.

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  5. A mi Elisa me recuerda a esa típica persona que no sabe lo que quiere y de las que evito. Hace daño sin querer y no sabe admitir bien sus errores.
    CHiara para mi tiene fases, aunque me desespera un poco su inseguridad y sacrificio permanente.

    Me está gustando mucho la novela porque ambos personajes me desesperan y siempre pienso en pegarles un chillido a cada una para que espabilen. Y eso es porque ne llegan, vamos, que despiertan sentimientos y remueven.

    Enhorabuena por el trabajo bien hecho!!

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  6. Andres me aburre, es super tierno y elisa cuando esta con el me hace no quererla.
    Que vuelva chiara Pronto

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  7. Si, que vuelva chiara. Andres es muy mono pero para otra chica... Elisa tine que ser para Chiara me gustan juntas

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