jueves, 15 de mayo de 2014

Cap.55: CHIARA: Traición, renuncia, esperanza.



Los cambios se fueron haciendo fáciles. Mi padre mejoraba lentamente y yo estudiaba con el propósito de conseguir una beca para volver a España. Mi abuela cuidaba del jardín y del invernadero que había construido para abastecer a las tiendas y procurar los encargos que nos pedían. Nunca le pregunté de dónde sacaba el dinero para mantenernos a los tres. El seguro de mi padre y las prestaciones por minusvalía hubieran sido del todo insuficientes sin la ayuda de mi abuela. Pero ella parecía vivir holgadamente y su negocio aparentaba ser más una manera de mantenerse ocupada que una necesidad para su supervivencia.
En aquellos días me sorprendía a mí misma cada vez que miraba mi reflejo en un espejo. Ya no tenía ese aspecto, el de antes. Podía haber sido la hermana gemela de mí misma, rehabilitada. Una nueva casa en la que la luz comenzaba a filtrarse por las contraventanas viejas que se desplomaban después de haber permanecido demasiado tiempo cerradas. Podía atisbar a la mujer que sería, más feliz, más libre, con más esperanza. No había tirado la toalla con Elisa. Volvería a por ella.
Una mañana mi abuela me pidió que bajara a Roma a llevarle unos pedidos. Normalmente usábamos las mañanas de los sábados para conducir juntas la camioneta y repartirlos mientras charlábamos sobre cosas sin importancia. Ella nunca me había vuelto a preguntar por Elisa.
Yo entré en el invernadero. Estaba al fondo, entre los colores de las flores. Puse una mano sobre su hombro y ella continuó cortando algunos de los tallos sin volverse hacia mí. Sentí que su cuerpo temblaba ligeramente. Sus huesos firmes de pronto me parecieron tan frágiles que me asusté.
—Abuela ¿estás bien?
Se inclinó hacia adelante para partir los tallos que caían al suelo y meterlos en un cubo, pensé que se quebraría junto con ellos.
Me adelanté a recogerlos y la miré. Tenía los ojos enrojecidos y sus pupilas parecían haberse encogido dentro de los globos oculares. Algo en ella se estaba retirando de la vida.
—Abuela ¿qué te pasa? —la sujeté y la obligué a mirarme.
—No hagas eso —pidió apartándose de mí.
—Disculpa —me excusé.
Caminó entre los pasillos bordeados de jardineras y macetas y se detuvo unos metros más allá. Sacó algo de uno de sus bolsillos y lo dejó sobre una de las largas mesas del invernadero.
—¿Podrías bajar tú sola hoy a Roma? No hay mucho trabajo y creo que necesito descansar.
—Claro, descansa. Yo me ocupo —le dije mientras la veía arrastrar los pies hacia la salida.
Terminé el ramo que había quedado a medias. Lo envolví en papel celofán y lo até con una cinta de color rosa. Era un ramo para un aniversario, así decía la tarjeta. El rosa, sin duda, era el color apropiado.
Cargué el carrito con los pedidos y al pasar junto a la mesa recogí el papel que había dejado mi abuela con lo que supuse que serían las direcciones. Pero había algo más. Un sobre abierto que contenía una carta. Lo cogí con la intención de llevárselo, pero, llámenlo intuición, no sé por qué me entretuve leyendo el remite.
Era una carta desde España. Mi corazón latió un poco más deprisa. Leí el nombre del remite que olvidé en unos segundos. Sólo reparé en que era una mujer. Dudé un poco, luego decidí que no debía de leerlo y lo guardé en el bolsillo de mi abrigo. Llevé la carga a la camioneta y arranqué el motor.
Durante el trayecto a Roma no pude apartar la carta de mi cabeza. Me moría de curiosidad por saber qué vinculaba a mi abuela con España. Pero era su vida, su privacidad y yo sabía que no debía vulnerarla.
Aparqué la camioneta en uno de los parkings que me venían más a mano y comprobé las direcciones. Reparé con sorpresa que una de ellas era la casa de Gaia. Yo había escrito la dedicatoria en la tarjeta. “Y ahora esperamos la impotente caída de nuestro amor a la tierra, fértil tierra que nos acoge”. Te quiero siempre. S.
Mi primer impulso fue largarme de allí. Llamé al timbre que parecía ser la portería, pero nadie me abrió. Anduve frente a la puerta unos minutos. No tenía ganas de volver a verlas y no entendía por qué habían encargado ese ramo a mi abuela. Después de la primera visita había decidido que sería la última. No era rencor lo que sentía, sino una mezcla de desconfianza y cautela que no sabía explicar y que me había incomodado las escasas horas que había estado con ellas. Miré hacia las ventanas que daban a la calle. Un rayo de sol rebotó en uno de los cristales cegándome. Subiría y lo dejaría en la puerta, llamaría a otro vecino para que me abriera y así evitaría encontrarme con ellas. Apenas había alzado una mano hacia los telefonillos cuando alguien me detuvo.
—¿Chiara?
Sara estaba detrás de mí con las llaves en la mano. Seguía cubriendo su pelo con un pañuelo oscuro.
—Ah, vaya. Iba a marcharme ya —mentí—Menos mal que te he encontrado, no sabía dónde dejar el ramo.
Sara sonrió y mostró unos pequeños dientes blancos perfectamente alineados detrás de unos labios propios de una modelo de revista. Fue entonces cuando me di cuenta de su encanto. Ella era una mujer que no ocultaba su feminidad. A pesar de su pelo cubierto y su ropa anodina había algo vibrante de sexualidad que te pillaba totalmente por sorpresa.
Retrocedí para ofrecerle el ramo. Ella lo tomó entre las manos y aspiró su perfume con suavidad.
—Maravilloso. Muchísimas gracias. ¿Te puedo invitar a un café?
—Oh, bueno, es que acabo de empezar el reparto y no voy muy bien de tiempo.
—La chica escurridiza —susurró sin abandonar su sonrisa.
La seguí escaleras arriba, sin saber por qué. Tal vez su comentario me había enfadado, tal vez sólo era curiosidad, tal vez deseaba entender por qué Gaia se había enamorado de una mujer que no era yo.
Abrió la puerta de la casa y se descalzó en el recibidor, caminó hacia la cocina con el ramo en las manos y sacó un jarrón que llenó de agua.
—Le encantan los aniversarios —dijo y advertí una tierna burla en su voz.
—¿Dónde está Gaia?
—Ha ido al ginecólogo, para ver que todo va bien. Ya sabes, el embarazo…
—No, ni idea. Nunca he tenido un hijo.
Su carcajada fue fresca y sus ojos se iluminaron.
—Eres… tan joven. Gaia me habló mucho de ti cuando nos conocimos. Se sentía culpable por… creo que por haberte rechazado.
—Estás de broma.
Se encogió de hombros y no añadió nada más.
—¿Te parece que está bien así? —me preguntó después de haber jugado con las flores un rato.
Asentí sin prestar mucha atención al ramo.
Lo dejó sobre la mesa del salón donde habíamos tomado tarta la última vez, luego caminó por el pasillo y yo la seguí, Podía haberme quedado en el salón, pero la seguí. Entramos en su dormitorio, el dormitorio de Gaia y Sara, pensé aún incrédula.
Se desnudó delante de mí y yo no aparté la mirada. Apartó el pañuelo de su cabello y vi el color negro de su pelo muy parecido al mío. Su pecho era muy grande y sus piernas largas y macizas. Sentí que me sonrojaba.
—Tardo un minuto, por favor espérame.
Asentí como una boba mientras ella entraba en el baño. Luego reaccioné. Me levanté y salí de la casa, sin hacer ruido, como una ladrona. Bajé las escaleras con el corazón palpitando de culpa. No había hecho nada y al mismo tiempo lo había hecho.
¿Quién era Sara? ¿Amaba a Gaia realmente? ¿Por qué había hecho eso? ¿y por qué yo me había quedado allí mirándola?
Caminé aún turbada por el recuerdo de su cuerpo desnudo. Por mi propia comodidad al verla hacerlo. Intenté apartar ese pensamiento de mi cabeza mientras terminaba de atender a las últimas entregas.
Cuando volví al parking me quedé unos segundos sentada dentro de la camioneta, respirando al aire viciado de los tubos de escape del subterráneo. Mi sexualidad despertaba, a pesar de mis deseos de enterrarla entre libros y propósitos de fidelidad hacia Elisa. Deseaba el contacto de un cuerpo, deseaba a Elisa, sí,  pero me ocultaba a mí misma que parte de ese deseo era mi propia química, mi edad, mi sexo desarrollándose.
Arranqué el motor y me quité la chaqueta. Mi mano tropezó con el papel en el bolsillo. Saqué la carta, quité el contacto y la leí. Estuve un largo rato, no recuerdo cuánto leyéndola, despacio, siendo consciente de que había estado obsesionada por mi propia vida, sin establecer un verdadero contacto con mi abuela. Me detuve en una frase.
“…He pasado horas vagando por las habitaciones, los rincones en los que algunas veces estuvimos juntas, tratando de encontrarte allí y he descubierto que  en ellos aún seguías lo bastante viva como para poder olvidarte. No se puede pedir cuentas a la vida, lo sé, nunca te contestará, ni te devolverá nada a cambio, pero te llevo en mi último viaje tan dentro de mí como te sentí cuando te tuve. Eres y serás aún después de que me haya ido, más allá de este cuerpo que nunca conoció otra emoción que la de tenerte a mi lado, mi compañera, mi amiga, mi amante y mi amor.”
Sentí que estaba escuchando un secreto, algo que no debía de recibir yo, pero al mismo tiempo tuve la certeza de esa carta también se dirigía a mí. A través de dos generaciones alguien me estaba tratando de avisar de que no debía de renunciar a Elisa. Guardé la carta en mi bolsillo y conduje en silencio hasta nuestra casa.
Mi abuela dormía en su habitación y yo dejé la carta encima de su mesilla de noche. Ella me cogió de la muñeca y me detuvo.
—Se ha marchado. Por fin. El tiempo nos ganó la batalla. Tal vez ahora pueda descansar —murmuró cerrando los ojos suavemente.
—Abuela… —le acaricié el largo pelo blanco que yacía desparramado como hebras de algodón sobre la almohada —Lo siento mucho.
—No. Está bien. Ahora todo está bien, como debería de estar. Ya no hay conflicto, ya no hay conflicto —sollozó.
—Nunca debió de haberlo —le dije.
—Si al menos pudiera haberla visto una última vez —musitó con la voz rota.
La abracé. Me tumbé junto a ella y abracé su cuerpo marchito, herido por la falta de amor, por la renuncia a lo que ella era realmente. Permanecí a su lado, junto a ella, acompañándola, por su dolor y por el mío, y por el que intuía que Gaia sentiría tarde o temprano. El amor no debería de ser así, me dije. El amor no debería hacer desgraciada a la gente. Eso no puede ser amor.  Le hablaba a ella, a Elisa y me pregunté si podría oírme, si tal vez existían los milagros.


ELISA.

Llevaba horas siguiendo el recorrido de la luna, como una de tantas noches de insomnio cuando escuché su voz. La voz de Chiara llamándome. Algo flotó sobre mí. Pude sentir su peso en el aire, cayendo sobre mi cuerpo, liviano, etéreo.  Sus labios descansaron sobre los míos tan solo unos segundos, pero supe que era ella y el amor lo llenó todo. Mi corazón se abrió como las dos hojas de una ventana que había permanecido demasiado tiempo cerrada. Nunca había sentido esa alegría, nunca esa total y absoluta certeza de que pasara lo que pasara, ella estaría siempre conmigo. Minutos más tarde, la incredulidad tomó el timón y volví a la oscuridad de la noche, limpia, hueca, silenciosa y vacía.


12 comentarios:

  1. Dios mío!! Gracias por hacer mis jueves un día excelente, ya quiero el reencuentro, necesitamos el reencuentro❤❤❤

    ResponderEliminar
  2. Me ha gustado muchísimo como todos los demás capítulos sobre todo la carta de la mujer desconocida por k te da a entender de k tienes k luchar por esa persona vamos chiara lucha k elisa no te ha olvidado...Y a k ha venido eso de k sara se desnude delante de chiara y ¿por qué no ha apartado la vista chiara? No habrá aprendido ya con lo de verónica además había algo más en esa conversación k no se ha visto vaya ahí va haber algo.Nada a esperar otra semana más haber con k nos sorprendes

    ResponderEliminar
  3. Hola chicas, tengo que decir que me encanto el capitulo pero por sobre todo lo que mas me llego he incluso me saco una lagrima fue elisa, se que el amor y la distancia duele, la duda y aun asi saber que ese amor asi no estes en contacto existe y te para. No te deja seguir y existe esa.eterna duda de y si la veo que voy a sentir, si estoy con otra le engaño? Conozco esa sensacion y la manera en que transmiten es sin duda alguna especial y llena de emocion, espero ver que pasa con ellas ya han crecido y madurado por lo que unas vacaciones y verse por casualidad no estaria de mas. Espero con ansias el siguiente episodio.
    Ayan

    Pd chicas se les copio por duplicado la parte de elisa.

    ResponderEliminar
  4. Este capitulo es hermoso, me identifico tanto con Chiara...
    Espero cada semana su capitulo, sigan así chicas.
    Saludos desde México. C:

    ResponderEliminar
  5. Cada jueves tengo dos sentimientos el primero es la emoción de leer un nuevo capitulo, el segunda la ansiedad por continuar y saber que sucederá en las siguientes lineas y es bonito pero es triste.

    ResponderEliminar
  6. ¡Wow! Este episodio me hizo llorar.
    Épico, así lo describo.

    ResponderEliminar
  7. Oh Dios...esto fue demasiado!! Excelente que en el mismo capitulo aunque sea una partecita del siguiente episodio..

    ResponderEliminar
  8. Qué manera de escribir y describir los sentimientos, las sensaciones... Enamorada me tenéis de esta historia tan maravillosa. Que aunque no comente demasiado la tengo siempre en mente. Cada vez se me hacen más cortos los capítulos, y la espera por desgracia más larga XD. Felicidades y sigan así. :)

    ResponderEliminar
  9. Uno de los mejores capítulos!! Las felicito! Saludos desde Argentina.

    ResponderEliminar
  10. Que capitulo mas emocionante! me dio mucha pena lo de la abuela de Chiara, fue muy triste. Y lo de Elisa sintiendo la presencia de Chiara a pesar de la distancia fue super emocionante, realmente hermoso. En cuanto a Chiara, es humana, tranquilamente le pueden pasar cosas con otra chica, es de lo mas normal. Ademas según leí en el preliminar Elisa volverá a tener novio, y esta bien que Chiara haga su vida. Obviamente hasta que se reencuentren y puedan estar juntas.

    ResponderEliminar
  11. me encanto este capitulo como todos pero chicas traten de que se reencuentren por que ya es hora de que vivan su amor a plenitud otra cosa yo pienso como chiara respecto a sara felicidades chicas

    ResponderEliminar
  12. Ese tipo de amor que te deja destrozada pero a la vez conteniendo tanto sentimiento, es lo que tienen cada una de las chicas. Y con lo que yo al menos me identifico. Me sigue gustando el relato, me encanta. Gracias.

    ResponderEliminar

Escribe aquí tu comentario. Y, por favor, ¡no nos seas trol! ;D