jueves, 24 de abril de 2014

CAP.52. ELISA: Rencor.


Sentí su cuerpo a mi lado. Su respiración junto a la mía. Recordaba aún sus labios sobre mi clítoris y eso me excitaba y me inquietaba. Había algo agradablemente aterrador en entregarse a alguien. 
Me moví nerviosa en la cama. Su respiración era caliente y ligeramente fuerte. No quería despertarla, no quería que se fuera, y al mismo tiempo sabía lo que tenía que hacer.
Un dolor punzante me atravesó y me encogí junto a ella. 
No hagas nada, no pienses en nada, pensé. 
Pero otra voz dijo: Vete, vete lejos de mí.
Ella tenía el poder de destruirme y de darme la vida. Nunca nadie lo había tenido, nunca nadie me había enloquecido de ese modo. Vete, aléjate de mí me repetí, mientras todo mi cuerpo gritaba lo contrario.
Intenté no desearla, ni querer tocarla. Lloré en silencio, hecha un ovillo junto a ella, junto a mi amor y a la asesina de mi confianza.
Pasaron unos minutos, no recuerdo cuántos, hasta que decidí salir de la cama. 
Caminé a oscuras por el cuarto, intentado no hacer ruido. Salí al pasillo y fui hasta el baño. La casa estaba en silencio, un silencio distinto al de otras veces, uno que salía de mi cuerpo y lo vaciaba todo, un silencio oscuro y profundo como el de un viejo pozo abandonado.
Entré en el bañó y encendí la luz. Mi reflejo en el espejo me pareció distinto. No era más hermosa, no, no se trataba de belleza, era algo indefinido que había visto en algunas mujeres mayores que yo. Era el reflejo de la realidad, descarnada, ya sin fantasías acerca del futuro, era el reflejo de la mentira y la verdad conviviendo juntas, del dolor y el placer formando parte de la misma experiencia, era el reflejo de la vida golpeando mi ingenuidad.
Estuve unos segundos mirándome, apoyada en el lavabo. Abrí el grifo del agua y me lavé la cara. Su olor estaba en mis labios, en las yemas de mis dedos, en mi pelo. Me froté las manos con un cepillo, me enjaboné los brazos y las piernas, empapé una esponja en agua y jabón y limpié mi sexo permitiendo que el agua resbalara por mis muslos, hasta el suelo y una vez allí lo manchara todo. Tenía que borrar cualquier rastro de ella, tenía que sacarla de mí.
Salí del baño en silencio, atenta a cualquier ruido y regresé al dormitorio. Cerré la puerta y me metí en la cama.
—¿Eli, est— Estás empapada. ¿Tea. Deberñias de marcharte —  regress,¡ hasta el suelo y una vez allolor y el placer formando parte de la miás bien? —me susurró con voz pastosa—Estás empapada. ¿Te has duchado?
—Son las cinco y media. Deberías marcharte —contesté tiritando de frío.
—Ven, acércate a mí. Estás temblando, ¿qué te pasa?
Me abrazó y me besó en los labios. Tomó mi boca y mordió levemente mi labio inferior, para luego acariciarlo con su lengua. El agua se mezcló con mis fluidos que comenzaron a activarse de nuevo. No había resistencia en mi cuerpo aunque la hubiera en mi mente. Era aterrador. Se tumbó sobre mí y me besó en el cuello mientras una de sus manos acariciaba mi pecho. Su dedos apenas rozaban mis pezones y eso provocaba un placer mayor que si me estuviera masturbando.
—Para… por favor…
—No. Te quiero hoy, hasta el último segundo que pueda pasar contigo —susurró en mi oído mientras su lengua resbalaba por el lóbulo de mi oreja. 
Giré la cabeza para dejarle hacer. Entonces la vi. Mi madre estaba allí, mirándome, a pesar de la oscuridad. Era imposible no sentir sus ojos, clavados en mí.  Su respiración contenida, luchando por permanecer silenciosa, la tensión de su mano empuñando  el pomo de la puerta. Cerré los ojos sintiendo que los latidos de mi corazón mezclaban el placer y el miedo. Ella cerró la puerta lentamente.
Chiara se movía entre mis piernas lamiendo mis ingles, haciendo resbalar su lengua por mis muslos, mordisqueándolos suavemente. En ese momento ella era dueña de ese movimiento sensual que despierta con el sueño, invadiendo al cuerpo de una lentitud deliciosa y aumentando los sentidos. El olor de su aliento era dulce y agradable. Quise besarla y golpearla al mismo tiempo, pero me contuve.
—Tienes que marcharte —repetí.
Se levantó y se sentó sobre mí a horcajadas.
—No quiero dejarte ¿entiendes? No puedo.
—Tienes que irte —repetí procurando que mi voz no delatara nada.
Miró su móvil sobre mi mesilla de noche.
—Joder… —susurró.
Apartó las sábanas y se sentó en la cama.
—Mi avión sale a la una de la tarde. Terminal cuatro. Luego te mando el número de vuelo ¿estarás allí, verdad?
Asentí con la cabeza. Ella recogía su ropa mientras hablaba en susurros.
—Estaremos a las once y media. Mi abuela ha pedido asistencia para embarcar a mi padre. Mejor, así tendremos más tiempo para estar juntas.
Se giró hacia mí mientras se abrochaba el pantalón.
—Eli…
—Dime.
—Te quiero.
—Te quiero —repetí yo.
Me dio un beso, mientras acariciaba mis mejillas. Me miró fijamente. Sentí todo su amor intentando quebrar mis defensas, derrumbando los altos muros con los que intentaba protegerme.
—Te veré luego —dije devolviéndole el beso.
Me giré de espaldas a la puerta para no verla marchar y cerré los ojos.
Cuando los volvía a abrir ya era de día. Mi cama aún olía a ella y me apresuré a deshacerla, a quitar las sábanas y poner unas nuevas.
Salí al pasillo y fui hasta el baño. Tropecé con Nando que abría la puerta de su dormitorio.
—¿A dónde vas con las sábanas? — me preguntó frotándose los ojos.
—Están sucias —contesté caminando hacia las escaleras.
Bajé hasta la cocina y arrojé la ropa de cama dentro de la cesta junto a la lavadora. La presioné con fuerza hacía abajo, como si intentara ahogar un cuerpo en el agua.
—¿Qué haces? —. La voz de mi madre sonó gélida detrás de mí.
—Nada —respondí ocultando mi sobresalto.
—Jasmine las cambió hace un día —dijo alejándose de mí—, aunque será mejor que las vuelva a lavar.
—¿Le pido que lave también las tuyas? —me oí responder—Ah, no, claro. Seguro que de eso ya te encargaste tú.
Se detuvo de espaldas a mí. Ahora ya era demasiado tarde para protegernos la una de la otra. Esperé a que dijera algo. Tal vez me abofetearía, o me gritaría. Sabía que no lo iba hacer, pero juro que deseaba que lo hiciera. Si ella se quebraba podría acercarme, si ella compartía su secreto, yo podría compartir el mío.
—Cierra la puerta cuando acabes. La cocina se está quedando fría —contestó alejándose.
Podría haberla atacado, hundir un cuchillo en su corazón de piedra. O tal vez sacar la espada helada que llevaba clavada en él. Yo merecía algo mejor que su desprecio y su censura. Ella no era perfecta. Ella no era quién fingía ser. La seguí por la casa, muy cerca, tan cerca que era una provocación.
—Mamá ¿qué quieres decirme? —susurré a su espalda.
Entró en su dormitorio y abrió el bolso. Encendió un cigarrillo y a la luz del mechero vi temblar sus manos.
—Vístete. Llegarás tarde al colegio.
—Puede que no vaya hoy.
Apretó la mandíbula al tiempo que sonreía.
—Sí, por supuesto que irás. A ver a esa amiga tuya ¿cómo se llamaba?
—Chiara, mamá. Se llama Chiara y hoy se marcha a Roma.
Suspiró y volvió a sonreír.
—Bueno. Mejor así.
—Te odio —musité.
—Todos los adolescentes odian a sus padres —se limitó a contestar.
—No te importo nada ¿verdad? —mi voz temblaba de rabia y tristeza.
—Soy tu madre.
—Eso es un cargo, no un sentimiento. No significa nada. Tú no te hablas con la tuya.
Dio una larga calada que consumió un tercio del cigarrillo. Ese gesto fue el único que la delató. Estaba nerviosa, tal vez asustada. Tenía que aprovechar su debilidad.
—Nunca hablas de ella.
—¿De quién? —preguntó aplastando el cigarrillo contra un cenicero.
—De la abuela.
—¿Vamos a hablar de eso ahora? —dijo fingiendo una sonrisa.
—No. No vamos a hablar de eso, sino de lo que has visto esta noche y de lo que yo vi hace una semana.
El cigarrillo estaba apagado, pero ella continuó apretando los dedos contra él.
Luego se sentó en su pequeña butaca blanca, con las piernas cruzadas y apoyó las manos sobre los brazos de la butaca.
—No sé de qué hablas.
—Sí, sí lo sabes.
Levantó la vista hacia mí, pero no pudo mirarme. Estaba sonriendo y parpadeando a la vez como si estuviera intentado entender algún tipo de broma.
—¿Qué haces?
Nando entró en la habitación.
—¿No tienes clase hoy? —preguntó mirándome.
—No —contesté saliendo de la habitación.
—Ah, no sabía. Podías haberme avisado. Estaba esperándote.
—Mamá me ha dado el día libre —añadí.
Escuché sus voces susurrando en voz baja. Entré en mi dormitorio y cerré la puerta con pestillo. No hacía falta, sabía que ella no se acercaría a mí. No de momento. Necesitaría tiempo para pensar cuál debía de ser su siguiente paso. 
Abrí el cajón y saqué un juego de sábanas limpias. Hice la cama lentamente, con la precisión de una doncella bien entrenada. limpias lim sñabanas mimpiaslar el gemido de mi cabeza.
 labiose y de lo que yo vi hace una semana.r que si me estuviera mastur limpias lim
Me metí en la cama sin ninguna sensación de orgullo o satisfacción por lo que acababa de hacer. Tenía ganas de vomitar y me llevé la mano al estómago.
A las once miré el móvil y lo apagué.
Me cubrí con las sábanas y traté de dormir un poco. La escena del video desfiló varias veces por mi cabeza. La boca de Chiara sobre otros labios, sus brazos rodeando a otra chica.
Nunca podría olvidarlo. Nunca.




12 comentarios:

  1. Excelente, haciendo honor al título de la entrada.
    Me encantó como terminó, como siempre, dejándome cada vez más enganchada en la historia.

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  2. Son las 18:56 ..acabo de terminar d leer el cap y ahora quiero el siguiente y falta una semana para eso T.T .... me gusta mucho la Historia ;)

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  3. Simplemente diré que es magnífico.
    Un saludo jefas!

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  4. Me muero, creo que logran manejar los sentimientos bastante bien y eso es con lo que te identificas (que con las situaciones de incendios y abuelas lesbianas, es aunque emocionante un poco intenso), pero divago de verdad su manejo de reacciones, sentimientos son muy genuinos.

    Felicidades por su magnifico proyecto.

    Glv

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  5. Que triste, me da mucha pena lo que les ha pasado.

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  6. Imposible no identificarse con lo que Elisa esta sintiendo, el deseo intenso de querer perdonarla y el rencor producto del engaño enfrentados, está muy bueno, sigan así :)

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  7. Llevaba un tiempo sin leer, pero veo que no ha decaido la historia en absoluto. Tan fantástica como siempre. Un saludo y hasta el siguiente capitulo.

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  8. ¡Woow! Un excelente capítulo, la manera de describir la relación de Elisa con su madre es sorprendente.
    Gracias.

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  9. Gracias a todas. Seguimos trabajando para que la novela salga en ebook. La que la quiera dedicada, tendrá que decírmelo, a ver si se puede hacer por la red de alguna manera. Un beso a todas y gracias de nuevo por vuestros ánimos.
    Victoria

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    1. Eso (la dedicaroria) sería muy atento de tu parte.
      Y de salir la versión electrónica, mantengo mi palabra de contribuir económicamente a ello.
      La novela me encanta y debido a esa calidad, quisiera retribuirtelo.
      Ojalá incluyas algún sistema de pago (PayPal, etc).
      Saludos.

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