jueves, 3 de abril de 2014

Cap. 49.CHIARA: Remordimientos



 Esa noche mi padre nos dio un descanso.
—No me parece bien dejarte sólo —argumenté cuando me obligó a ir al hotel.
—Ese sofá debe de ser una tortura y yo me encuentro cada día mejor —la mascarilla de plástico azulado colgaba junto a la cama y yo no pude evitar sonreír al escuchar su optimismo.
Me  devolvió la sonrisa.
—Al alcance de mi mano —dijo con voz jovial. Luego tosió y su tez palideció de nuevo.
—Papá ¿estás seguro?
—Completamente. Ahora llama a tu abuela y dile que no venga esta noche, es una mujer muy mayor y necesita un descanso.
—Como quieras.
Agitó una mano echándome de la habitación. Le besé en la frente y me despedí de él.
No quería reconocerlo, pero salir de allí siempre era una liberación y un descanso. Caminé un rato y pasé de largo la primera estación de metro. Necesitaba estirar las piernas. Respirar el aire de la noche, frío y limpio, comparado con el ambiente cargado del hospital.
Llamé a mi abuela y le conté el cambio de planes. Ella, no objetó nada. Le dije que no me esperara para cenar, quería tomar algo por ahí. Deseaba llamar a Elisa y escaparme con ella un rato.
Cogió mi llamada inmediatamente.
—¡Chiara!
—Hola.
—¿Todo va bien?
—Sí, no pasa nada, es que hoy me han dado la noche libre ¿Te apetece cenar conmigo algo?
—¿Y si te vienes a casa?
—¿A tu casa? —no estaba segura de que me apeteciera una visita familiar.
—Mis padres salen esta noche a cenar y mi hermano pasa de mí bastante. Él va a su bola y hoy está en su cuarto con su novia. Vente y te preparo algo de cena.
Visto así no parecía un mal plan y siempre me había preguntado cómo sería la casa de Elisa.
Me dio una dirección y la línea de metro que debía coger.
Elisa vivía en el Paseo de la Habana en una casa de diseño. Sin ser ostentosa, obviamente hablaba del éxito y de la economía propia de la clase alta de este país.
Tenían un complicado sistema de seguridad que me hizo pensar que su madre era una mujer miedosa. Yo sabía que el padre de Elisa viajaba mucho, así que todas esas cámaras y las dos rejas que tuve que pasar convertían la casa en una fortaleza.
Elisa me recibió en la puerta de entrada. Su silueta se perfilaba oscura contra la luz.
Se tiró a mi cuello y me besó.
—¡Qué contenta estoy de que hayas venido!
Me reí.
—¿Estás sola?
—Ajá —dijo sin poder dejar de sonreír.
—¿Y tu hermano?
—En su cuarto, con su novia. Pero como si no estuviera, te lo aseguro.
Le di un largo beso que ella me devolvió. Le rodeé la cintura con mis manos, las deslicé por su estrechas caderas. Me ponía a cien, era algo que no podía controlar.
—Vamos —me dijo jadeando mientras tiraba de mi mano.
El recibidor era enorme y unas anchas escaleras de caracol se hundían en un techo de unos tres metros y medio de altura por lo que pude calcular. En la planta baja había un salón parcialmente separado por un muro hecho de elegantes láminas de madera a través de cuyas rendijas podías ver un enorme ventanal que daba al jardín. A la izquierda vislumbré una cocina de diseño y frente a mí un pasillo con habitaciones a ambos lados.
—¿Cuántas habitaciones necesitáis en esta casa? —bromeé.
—Mi madre tiene un gimnasio abajo. Hay dos cuartos de baño y dos habitaciones para invitados más el despacho de mi padre. Arriba están nuestros dormitorios. Venga vamos. Te he preparado un sándwich.
Me arrastró con entusiasmo escaleras arriba. Escuché unas risas que provenían de uno de los cuartos y Elisa se llevó un dedo a la boca.
—No hagas ruido, no quiero que mi hermano te vea.
—Ok —susurré.
Entramos en su dormitorio. Sobre una mesa de estudio había una bandeja con un par de sándwiches y unas fresas con nata. También había brownies bañados en helado de vainilla y unas coca-colas.
—¿Te gustan las fresas? —preguntó nerviosa.
—Sí, mucho —contesté enternecida.
—También te he puesto un brownie. Los hace Jasmine, la chica que cocina y están buenísimos. Venga vamos a cenar , yo estoy muerta de hambre.
Elisa cogió la bandeja y la llevó hasta su cama. Había colocado almohadones en el lateral que se apoyaba en una pared y cuya cabecera daba una enorme ventana.
Devoramos los sándwiches con apetito y se ofreció a prepararme otro.
—No hace falta. Estoy llena —contesté mirando el brownie.
—Tienes que probarlo. Son la leche.
Eché un vistazo a su dormitorio. Era ligeramente impersonal, como lo podría haber sido una habitación de hotel. Todo estaba en su sitio, nada te hacía adivinar qué tipo de persona vivía allí. No había fotos, ni posters, dibujos o adornos.
—Qué austera eres —comenté.
Ella miró a su alrededor.
—¿Austera?
—Sí, no tienes ni un adorno.
—No me había dado cuenta. La verdad es que no me gustan las casas llenas de cosas. Hasta hace poco había una foto mía y de Andrés en la nieve, pero como comprenderás la tuve que quitar.
Asentí comprensiva.
Partió un pedazo de brownie para mí y acercó la cuchara a mi boca.
—Muy bueno —alabé.
—A mí no me gusta mucho el chocolate, pero esto me vuelve loca —dijo metiéndose otro pedazo en la boca.
En su casa era distinta. Ella tenía mucho dinero y ni siquiera se daba cuenta. No reparaba en las comodidades que le rodeaban. Pensé que eso era lo que la hacía tan desgraciada, la ignorancia acerca de las dificultades reales del mundo. En su ambiente brillaba como una moneda de oro entre un millar. La imagen de mi padre sin pelo, apareció ante mí encogiéndome el pecho.
—Eres muy afortunada —le dije.
—¿Por qué dices eso?
—Porque no te falta de nada y no creo que te falte nunca.
—Me faltas tú y no quiero que me faltes nunca —repitió, abrazándome.
Nos tumbamos juntas en la cama. Estábamos de costado mirándonos. Nunca habíamos tenido esta tranquilidad.
—¿Vendrás a Roma? —le pregunté.
—Sí —contestó ella dándome un beso en la boca.
—Yo no sé si podré venir tantas veces como quisiera. No tengo ni idea de qué va a ser de nosotros —le dije.
—Todo irá bien, ahora estás aquí. No hablemos de eso, por favor.
Apoyó su cabeza en mi pecho.
Totalmente vestida y con los zapatos puestos me acosté a su lado. Ella hizo lo mismo. Llevaba un sueter fino que se quitó. Pasó su brazo por encima de mi cintura y se acurrucó apoyando la cabeza sobre mi pecho.
—¿Qué piensas? —susurró.
Toqué su pelo suavemente.
—En nada en concreto —mentí. El escarabajo verde danzaba ante mis ojos.
—Últimamente estás ausente —dijo.
—Es posible — admití—todo me viene demasiado grande.
—¿Yo también? —preguntó con su voz más dulce.
Le cogí de la barbilla y acerqué su boca a la mía. La besé con delicadeza.
—No, tú no me vienes grande.
—Yo no he sentido esto por nadie ¿sabes? Es como si fuera la primera vez en todo y a veces tengo un poco de miedo.
—Yo también —admití.
Se apretó más contra mí. No era un momento de sexo, sino de ternura. Podía sentirlo en la manera en la que nos tocábamos. Dos niñas asustadas por el futuro.
Entrelazó sus dedos con los míos.
—Me gustan tus manos.
—Encajan con las tuyas.
—Es verdad. Perfectamente.
—Como el zapato de la cenicienta. Al final encontró su talla.
—No he visto esa película.
—Mi madre era fan de Walt Disney y me ponía todas las que ella había visto de pequeña. Esa era una de sus favoritas.
Hubo un largo silencio durante el que sentí de nuevo esas ganas de llorar que contena﷽﷽﷽﷽﷽﷽﷽﷽sus mentiras y su alegrque yo tenan por eso, otras ella pretendadre y en nosotras. Nuestra vida famiiar nunca fue agraía al recordar a mi madre.
—¿Piensas mucho en ella?
—Contantemente, aunque intento no hacerlo. Ahora tengo que pensar en mi padre y en nosotras. Nuestra vida familiar nunca fue agradable. Él es un alcohólico.
—¿Tú crees que volverá a beber después de esto?
—No lo sé. Antes del incendio mi padre trabajaba todo el día y volvía a casa con ese olor a alcohol impregnado en su abrigo. Mi madre le servía la cena como cada noche. A veces discutían por eso, otras ella pretendía que todo estaba bien. Pero para mí, él era inevitable como un árbol en medio de una carretera por la que yo tenía que pasar cada día. Odiaba sus mentiras y su alegría tonta, esa que he visto en la gente que bebe. Pero ahora ha cambiado. O tal vez he sido yo. Es como si lo estuviera descubriéndo. A veces creo que puedo llegar a respetarle, a quererle, aunque nunca estoy segura de si podré fiarme de él.
Elisa me besó en la mejilla.
—No te agobies. Todo irá bien, ya lo verás.
Me giré hacia ella y cogí su cara entre mis manos. Me gustaba estar así de cerca, me gustaba mirarla y que ella lo hiciera. Sonrió.
—¿Te ríes? —le pregunté divertida.
—Sí, contigo me pasa a veces, creo que es porque me siento muy feliz y eso me hace reír —dijo—. No me mires así, me haces sentir tonta.
—No te miro de ninguna manera y no creo que seas tonta. Eres diferente, como si no te preocupara ocultar nada. Al principio no parecías así.
—Al principio tenía miedo y estaba confusa. Ahora ya no lo tengo.
Se giró en la cama y se puso sobre mí. Era ligera, pero siempre desprendía ese calor que me excitaba.
—Para, está tu hermano y yo no estoy tranquila.
—Solo quería sentirte, aplastarte —rió.
—Eres demasiado delgada para aplastarme —bromeé.
Metió la mano bajo mi camisa y me acarició la cintura.
—Tienes una piel maravillosa —susurró.
—Eli, déjalo.
—No, no quiero dejarlo, quiero tocarte y que me toques. Quiero acabar lo que empezamos en la habitación del hospital.
La miré sorprendida.
—¿Aquí en tu casa?
—Sí, ya te he dicho que mis padres no están.
—Pero tu hermano sí.
—Él va a su rollo —dijo besándome el cuello.
Sentí un escalofrío en la nuca y aparté el pelo para facilitarle las cosas.
Me mordió lentamente y apoyó los labios con firmeza mientras jugaba con su lengua sobre mi piel, Luego pasó al lóbulo de mi oreja. Aparté la cabeza. No podía soportarlo, me encendía demasiado rápido.
—No, Eli…aquí no estoy tranquila.
—Ok, entonces, vámonos, porque si no yo no voy a poder contenerme —dijo levantándose de la cama
—¿Que nos vayamos? ¿A dónde?
—No sé, vamos al centro a dar un paseo.
—¿Ahora?
—Sí, ¿por qué no? Nunca hemos salido de copas.
—Yo no bebo —mentí recordando la noche con Victoria.
—Ni yo, es un forma de hablar.
—¿Y a dónde vamos?
Déjame que piense… a un bar de lesbianas —se rió.
—¿Conoces alguno?
—No.
—Además a esos sitios se va a ligar ¿no? —dije haciéndome la tonta.
—Ni idea, pero tengo curiosidad.
—Como quieras —contesté levantándome de la cama y metiéndome la camisa por dentro del pantalón.
Salimos a la noche. Unas palomas se elevaron con el paso de un coche. Ella me llevaba cogida de la mano. Aún no estaba acostumbrada a eso y sin embargo Elisa se mueve como si fuera lo más natural del mundo.
—Te voy a llevar de turismo —sonrió.
Cogimos el metro, era jueves. En esta ciudad la gente comienza el fin de semana en juves, así que no me extrañó ver grupos de chicos y chicas que invadían los vagones. Entre ellos los rostros cansados de los adultos que regresaban al calor de sus casas. De pronto me sentí más cercana a ellos que a la gente de mi edad.
Elisa apoyaba la cabeza en mi hombro. Nadie nos miraba y eso me sorprendió. Llegamos a Gran Vía y atravesamos la calle Fuencarral donde los comercios habían comenzado a cerrar. Reconocí la zona como la de la aquella noche.
—No me gusta mucho esta zona —le dije.
—Pero si no la conoces.
—Ya, pero no me da buena vibración.
—Como quieras. Nos quedamos sin nuestro bar de lesbianas —sonrió—¿Quieres que vayamos a Malasaña? Yo no suelo ir por allí, es un poco…cutre.
—¿Y si vamos a aquel bar del concierto? —le propuse.
—Pero si hay actuación pasamos. Yo no pago por oír tocar a unos plastas.
Lo cierto es que me daba igual a dónde fuéramos. Me sentía feliz y libre de estar a su lado. Le rodeé la cintura con mi brazo y ella pasó el suyo sobre mis hombros. Eran las nueve y media de la noche y me sentí envuelta por nuestra propia burbuja, privada, pequeña y cálida.
Nos metimos por callejones oscuros, apenas iluminados por las luces que salían de los bares. La gente hablaba en voz baja y eso me gustó, me gustaba esa sensación de calma que hacía tiempo que no tenía.
Elisa se detuvo en una cafetería que mantenía las puertas abiertas al exterior. Parecía un lugar tranquilo y las luces anaranjadas y tenues resultaban acogedoras.
—¿Entramos y pasamos del bareto ese? —me propuso.
—Ok, por mí bien.
Al entrar derribé sin querer la chaqueta que cuelgaba del respaldo de una silla.
Me agaché a recogerla y se la devolví. Ella me miró y abrió la boca en una enorme sonrisa. Tardé un segundo en darme cuenta de que se trataba de Verónica.
—Eh ¡Chica mala! —exclamó.
Elisa estaba detrás de mí y  supliqué que no la hubiera oído
Le devuelví la chaqueta y me giré hacia Eli. La besé, un largo beso que intentaba cubrirme las espaldas.
Elisa rió ligeramente avergonzada.
—Venga, vamos dentro —me dijo empujándome cariñosamente.
Pase junto a Verónica que no dejaba de mirarnos. Vi su sonrisa ladeada y sentí su mano rozando la mía a propósito. Mi corazón golpeaba a un ritmo desenfrenado.
—Vámonos — le dije a Elisa dándome la vuelta bruscamente.
—¿Por qué? Allí hay una mesa libre.
—Creo que prefiero pasear. No hace mucho frío ¿no?
—Hoy no te aclaras ¿eh? — contestó frunciendo el ceño.
—Pues no, no mucho. Perdona.
Elisa miró a Verónica.
—Creo que has ligado —me susurró al oído.
—Seguro —insistí tirando de su mano.
—Aunque a lo mejor he ligado yo —bromeó siguiéndome a través de las mesas. ¿De todos los bares de Madrid habíamos tenido que coincidir con el mismo en el que estaba Verónica?
—No deja de mirarnos —.Tiré de su mano y hasta que no salimos a la calle no me quedé tranquila.
Una vez allí consigo recuperar la calma poco a poco.
—Pues a pasear — dice Elisa.
El cuerpo de Verónica desnudo se repetía en mi cabeza como la aguja de un vinilo atascada en el mismo surco una y otra vez. El olor de su sexo. Su piel sudorosa brillando como nacar.
Empujo a Elisa dentro de un portal oscuro. La beso y la beso y la beso. Paso la mano por debajo de sus camisa y aprieto sus pechos. Ella murmura algo , pero no quiero escucharla. Me agacho frente a ella y le levanto la falda. Apoyo mis labios en su pubis. Necesito olerla, grabar eso en mis sentidos. El perfume de sus braguitas me parece delicioso. Ella me habla.
—Chiara ¿qué pasa? Aquí no, por favor.
Me quedo un rato de rodillas delante de ella. Aspirando su aroma. Le beso delicadamente y me abrazo a sus piernas. Ella me acaricia la cabeza y trata de tranquilizarme.
—No sé qué te pasa esta noche, pero estás muy nerviosa — me susurra.
No quiero pensar, no quiero recordar, no quiero otra cosa que hundirme en Elisa y desaparecer.





26 comentarios:

  1. Disculpad el retraso no he parado en todo el día en casa y lo publico hoy a a las dos:45 de la madrugada. ¡Disfrutadlo aunque sea con un poco de retraso!

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  2. ¡Me encanto! Espero cada semana el nuevo capítulo, me fascina. Gracias.

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  3. Por los que vivimos en latinoamérica está chido, todavía es jueves y son las nueve de la noche, este día es cool, regreso de la escuela y me encuentro con este maravilloso capitulo después de un día ajetreado, gracias :D

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  4. Dios! Chiara es toda una zorra! Que mal, muy mal, terriblemente mal. Elisa merece a alguien mejor, no a Chiara que por el simple hecho de ver a Verónica casi casi termina violándola en un callejón :S

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  5. Chicas con la mejor onda, si pueden corrijan los errores de nombre entre Verónica y Victoria. Saludos ;)

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  6. Me ha encantado :))))))))

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  7. Ufff ha estado bueniiiiisimo...de los mejores que han hecho! Muy intenso!!!

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  8. ¿No es Véronica? Has puesto Victoria las dos últimas veces.
    Saludos

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  9. Va ta bien! PEro chequen, que en dos ocasiones Verónica pasa a ser Victoria.
    Felicitaciones por la historia!

    Saludos
    Violeta

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  10. Muchas gracias por subir este nuevo capítulo ha estado de maravilla, esta vez nos acercamos a un encuentro casi íntimo entre las protagonistas lo que hace que tenga muchas más ganas de seguir leyendo... En fin es la primera vez que comento en el blog y lo hago para sumar al apoyo que necesitas como autora, dejame decirte que escribes super bien, que he leido pocos libros así y que he tenido mucha suerte al encontrar esta hermosa historia!! simplemente maravillosa, sigue adelante y que nadie ni nada te detenga en tus objetivos.
    saludos desde Ecuador
    pd: creo que la persona encargada de corregir el capítulo se le ha pasado por alto palabras en su mayoria al final.

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  11. Lo primero es: que linda que es Elisa! la paciencia que le tiene a Chiara es admirable, se nota que la quiere mucho. Chiara me es indescifrable, porque como habla de Elisa se nota que la ama, pero cuando esta con ella se retrae, no la entiendo. Si es por lo de Verónica no entiendo como puede sentir tanta culpa, no fue para tanto, y eso de pensarla a cada rato me parece raro, espero que no se haya enamorado de ella. espero que pronto le cuente a Elisa lo que paso con Verónica, al menos así va a justificar su comportamiento.

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  12. Gracias :P Muy buen capítulo. Una cosilla, al personaje de Verónica le has llamado Victoria un par de veces jeje.

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  13. Me encanta. sigan así chicas, pobre Chiara no debería reprocharse tanto lo que paso, solo fue una noche de copas =)

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  14. En Reacciones falta el apartado "excitante" ;D.
    A mi Chiara me tiene confundida, pero también es verdad que Verónica a sido la única chica con la que a estado en la cama desnuda, de momento, aunque no pasara nada eso la a marcado. Porque claro ella siente esa atracción sexual hacia ella pero eso no quita que también la sienta hacia Elisa, aunque hacia ella es diferente porque también la ama.
    En resumen, que esta bien que enredéis las cosas porque a veces eso pasa en las relaciones, el hecho de que alguna se sienta atraída por otra persona.

    Gracias por haber creado esta maravillosa historia, hacéis que me emocione y me cabree, pero en el buen sentido, y también hacéis que me excite (solo un poquito) XD

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  15. Dios que capitulo!!! Me encanto solo una cosa chicas a veronica en ciertas partes le pusieron victoria... a ver cuando estas dos resuelven esa tension sexual porq ni yo la aguanto xD

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  16. Perdon, no se si soy yo que es tarde o si me he perdido o que...pero dice veronica y luego victoria...quien es quien?? Saludos desde argentina!!

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  17. ¡Hola Chicas! Gracias a todas por avisarme de las erratas, las acabo de corregir. Sois de gran ayuda para estas cosas, porque aquí no damos abasto, a veces corregimos ya muy cansadas y se nos pasan cosas. ¡Mil disculpas! Me encanta vuestro entusiasmo y eso compensa todo el esfuerzo, sois fantásticas. Un besazo enorme y feliz fin de semana a todas. Victoria.

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  18. Hacia mucho que un capitulo no me gustaba tanto ha sido genial!!!!!!!

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  19. Me emocionan mucho estos capitulos así tan pasionales y tan bonitos, un saludo

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  20. Victoria me emocionó mucho este capítulo, me encantan las escenas de ellas juntas y enamoradas. En cuanto a las que dicen que no entienden a chiara bueno es bastante sencillo se siente mal por lo que hizo esa noche y eso de que no hizo nada...si el mandar un mensaje o cosas así a veces son traiciones pues lo de irte a dormir con otra y besarte pues sí que es como para tener remordimientos.

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  21. Madre mia la que se va a montar cuando Chiara le diga a Elisa lo de Veronica...
    Un saludo!

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  22. Podriais poner dos dias a la semana para subir capitulo, es muy duro aguantar con capitulos asi...

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  23. Buenos días:
    soy una estudiante italiana de la Universidad de Bologna, en Italia. Estoy traduciendo algunos de los cuentos de Victoria Pérez Escrivá, en concreto del libro “Antes, cuando Venecia no existía” para mi trabajo de fin de grado. Quería pregustar si sería posible obtener una direccion de correo electronico para hacerle una pequena entrevista vía mail para que mi trabajo sea más completo. Siento intentar contactarla aquí, pero no he encontrado una direction de correo en el web. Espero su respuesta. Disculpen las molestias!
    Cordiales saludos,
    Serena Pozzetti

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    1. Hola Serena: Podemos contactar vía email. Búscame en facebook y te mando por mensaje privado mi correo. EN Facebook estoy con mi nombre. La foto es un fondo de hojas de colores verdes y rojizasy un dibujito de un pastelero con un pastel en la mano.
      Un saludo.
      Victoria

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  24. La mejor historia que he leido desde hace tiempo, enhorabuena :)

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