miércoles, 26 de marzo de 2014

CAP.48: CHIARA: Esperanza.



Los días pasaron muy deprisa, parecía que el tiempo hubiera acelerado su pulso, justo cuando yo necesitaba lo contrario. Mis citas con Elisa eran demasiado cortas. Ella nos visitaba a diario. Mi padre se recuperaba y pasábamos largos ratos charlando con él de cualquier cosa. Los dos se caían bien. Él siempre se alegraba de verla y ella había abandonado poco a poco su ostracismo para dedicarle una ternura titubeante que me hacía quererla más.  Se ofrecía a ordenarle las mantas que tendían a caer hacia uno de los lados de la cama, o corría a la cafetería a subirle a hurtadillas algún capricho que las enfermeras hubiera censurado.
Yo sentía que cada día que pasaba, me enamoraba más de ella, pero no lograba apartar de mi cabeza mi noche con Verónica. No porque hubiera cambiado mis sentimientos hacia Elisa, sino por lo desleal que me sentía. Nunca había imaginado que algo así ocurriría de aquella manera. En mis fantasías, yo me entregaría a una mujer a la que desearía volver a ver. Mi deslealtad en este caso era doble; había sido tentada con algo importante que por amor pertenecía a otra persona, y lo había sentido con alguien que no me importaba, traicionando con mi deseo, a quién más significaba para mí. Si al menos me hubiera enamorado de Verónica, aquello habría tenido más sentido. Parecía que el amor podía justificarlo todo, aunque yo sabía que no era así. Me preguntaba a menudo si podría contárselo algún día, incluso si debía. ¿Era una traición haberme excitado a alguien que no significaba nada para mí? ¿Había alguna ganancia en contárselo a Elisa? ¿Podía sentirme libre guardando ese secreto?
Había días en los que me torturaba de tal forma que me sentía seca y vacía como arena cayendo sobre arena. Esos días tenía que esforzarme mucho en no alejarme de ella, pero evitaba que me tocara y me escabullía de sus muestras de afecto. Había logrado convencerla de que yo era así. Jugaba a mi favor el hecho de que en realidad aún nos estábamos conociendo y parecía que ella lo había aceptado sin más sospechas. Pero eso no me dejaba tranquila.
Mi padre comenzaba a utilizar su antiguo humor que a mí siempre me había irritado y que ahora intentaba tolerar con la ayuda de la buena disposición de Elisa. Esa era una de las características que más apreciaba de nuestra relación. Ella conseguía que yo viera el mundo a través de su mirada y eso transformaba mi visión de las cosas. El amor funciona de esa manera.
Elisa me ayudaba a entender mejor a mi padre y a poder encontrar en él a otro hombre. Uno que podía hacerme reír y que tenía una charla amena y llena de sensatez. Cuánto más lo conocía, más preguntas me hacía sobre él. ¿Cómo podía un hombre así, ser un alcohólico? ¿Qué era lo que había fallado en su vida?
En nuestras reuniones, mi abuela se mantenía ligeramente distante, aunque cortés. Sentía que nos observaba y yo esperaba el momento en que me interrogaría directamente sobre mi relación con Elisa. Pero las cosas casi nunca se desarrollan como tenemos previsto y todo surgió de manera totalmente distinta.
Estábamos los tres en la habitación. Mi abuela leía una novela y yo hojeaba la guía del ocio en busca de alguna actividad para el fin de semana.
—¿Le has dicho ya a Elisa que volvemos a Roma? —me preguntó mi padre de pronto.
La pregunta en sí no tenía nada de particular, pero encerraba la certeza de que él no consideraba a Elisa como una simple compañera de la escuela, sino como algo más. Mi sorpresa fue tan grande que tardé un rato en contestarle.
—Sí.
—Me parece que te echará mucho de menos.
Mi abuela había levantado la vista de su novela y nos miraba por encima de sus pequeñas gafas transparentes esperando ver cómo se desarrollaría la conversación.
—Sólo es una amiga —contesté sin darme cuenta de que con eso estaba diciendo exactamente lo contrario.
—Hija… —comenzó a decir mi padre.
Mi abuela carraspeó y nos preguntó si queríamos algo de la cafetería.
—No, gracias —rechacé, ofreciéndome a bajar yo para escapar de esa conversación.
—Matilda, si eres tan amable, tráeme uno de esos ricos bollos llenos de conservantes que venden envasados. Los que van rellenos de chocolate ¿sabes cuáles? —pidió mi padre en tono bromista.
—Claro. Ahora mismo subo.
Me levanté sin pensar. Mi abuela me miró fijamente y me hizo un gesto para que no la siguiera.
En cuanto salió de la habitación mi padre se incorporó en la cama y me pidió que le ayudara a colocarse los almohadones de una manera más cómoda. Aún me impresionaba ver la parte de su cabeza que mostraba el cuero cabelludo quemado.
—¿La quieres mucho, verdad?
Seguí entretenida con los almohadones. No quería hablar de eso con él. Podíamos haber sido dos perfectos desconocidos tratando de crear intimidad en cuestión de minutos.
—¿A quien? —pregunté haciéndome la loca.
—A Elisa. Ella te adora.
—Bueno, ¿y que? —dije yo con frialdad.
—Que tengas cuidado de no hacerle daño, ni de hacértelo a ti. Creo que llevas demasiados años sufriendo para ser tan joven
Le miré perpleja. ¿Qué sabía él de mi vida?
—No entiendo de qué hablas.
—Sí, entiendes, pero puedo aceptar que no quieras compartir conmigo tu secreto —dijo él.
Metí las sábanas bajo el colchón intentando darme tiempo para pensar. Estaba abrumada por la claridad de sus palabras y por el asombro que suponía para mí descubrir que ese hombre que llegaba la mitad de los días ebrio a nuestra casa, mantenía una capacidad de observarlo todo, con la que yo no había contado. No acababa de decidir si eso debía de enfadarme aún más con él. Si se había dado cuenta de quien era yo, ¿por qué no me había echado una mano?
Me senté en el sofá y le miré directamente.
—¿Qué quieres saber, papá?
—¿Qué quieres contarme, hija?
Me reí. Estaba claro que era más listo de lo que yo había supuesto. Él sonrió y su sonrisa fue dulce, a pesar de las quemaduras que habían convertido sus labios en una mueca parecida al jocker de Batman.
—No he empezado yo esta conversación  —le acusé—, ahora no te escondas.
—Tienes razón. Hace mucho tiempo que tenía que haber hablado contigo sobre esto, y con tu madre. Supongo que la llegada de tu abuela me ha dado valor para hacerlo.
—¿La llegada de la abuela? ¿Por qué?
—¿Sabes por qué se dejaron de hablar tu madre y ella? ¿ no?
—Sí —murmuré con un inesperado ataque de pudor.
—Bien, me alegro. En las familias no debería haber secretos.
Vacilé un momento antes de animarme a contestar.
—Mamá lo sabía, nunca quise que fuera un secreto. Pero tú no estabas y ella no quería hablar de eso.
—Bueno, ahora estoy aquí y me tienes para lo que quieras.
—Papá, ¿sabes de lo que estamos hablando? ¿verdad?
—Hija hablamos de Elisa y de ti. Hablamos de que la quieres y no precisamente como se quiere a una amiga. Hablamos de que llevas mucho tiempo sintiendo algo que te hace infeliz porque crees que no te comprenden y sé que yo tengo una buena parte de culpa. No deseo que te sientas así.
Agaché la cabeza y me miré las manos. Me levanté del sofá y caminé hasta la ventana. Me faltaba el aire y traté de abrirla un poco.
—¿Te importa si abro un poco? —le pregunté corriendo la hoja de cristal.
—No, claro ¿estás bien?
—Más o menos —contesté.
—Si no quieres seguir hablando, no pasa nada, hija.
Asentí de espaldas a él. Trataba de poner orden en mi cabeza. Todo cambiaba demasiado rápido. Me giré dispuesta a dejar que la conversación fluyera.
Miré las pocas hebras de pelo que quedaban en su cabeza. Había sido un hombre apuesto, siempre tan extrovertido como un surtidor de agua empapándolo todo. Grande, con esas manos que intentaban agarrar el afecto a puñados. Me pregunté cómo había sido el sexo entre ellos. No podía imaginar a mi madre respirando junto a él, dejando que la penetrara, aceptando sus caricias y su olor a alcohol. Probablemente hacía años que habían dejado de hacer el amor. Pensé que debía de manejarme cuidadosa como un ladrón, caminar de puntillas y rodear la conversación hasta estar segura de que no me iba a hacer daño.
—La quiero muchísimo, papá.
—Bien.
Negué con la cabeza.
—No, no está bien, porque nos vamos de Madrid.
—Tienes diecisiete años. Chiara, y toda una vida por delante. Elisa puede venir a visitarnos cuando quiera y tendréis tiempo de conoceros con calma.
—Yo no quiero conocerla con calma. Yo quiero estar con ella todo el tiempo.
Sonrió.
—Sí, eso suele suceder al principio, pero luego es menos… explosivo. La intensidad amorosa baja —añadió.
—¿Y entonces uno cambia el amor por las cervezas? —dije yo enfurecida por sus argumentos que intentaban quitarle importancia  a lo que yo sentía.
Encajó bien el golpe.
—No, entonces uno se da cuenta de que ni el amor ni las cervezas resuelven lo que uno no tiene dentro.
—Ya. Ahora me vas a hablar de todo ese rollo de conocerse a uno mismo y de quererse y luego ser independiente y finalmente quedarse solo ¿no? Porque eso fue lo que hizo la abuela y a mí no me parece que haya sido muy feliz. Lleva con ella una foto de hace mil años con lo único que ha quedado de la felicidad que perdió.
Un sonido hizo que mirara hacia la puerta y tropezara con ella. Matilda sacudía la cabeza con paciencia. Cerró la puerta y nos miró.
—Te dije que no era buena idea hablar con ella de todo esto —se dirigía a mi padre.
—Estoy aquí ¿eh? No habléis de mí como si yo no estuviera.
—Uno de los problemas de esta familia es que siempre hemos hablado así —replicó Matilda sentándose en el sofá y extendiéndome un pequeño bizcocho envasado para mi padre—. No puedes hablar de los sentimientos sin que alguien se enfade —añadió, abatida.
Ahora se dirigió a mí.
—No, no he sido muy feliz, pero uno tiene que elegir y luego apechugar con sus decisiones y aceptarlas, y a eso nadie te ayuda.
—Pero a mí no me habéis dejado decidir y ahora queréis que hablemos de qui propenso a inclinaciones censurables y desafortunadasNo sentar a tus hijos que hagan lo que tpetarlas y a eso nadie te ayuda.daén soy y de lo que siento y jugar a que todo es normal cuando tú no has podido vivir tu amor. Me estáis pidiendo que haga lo mismo.
—Hija eres muy joven. ¿No entiendes que probablemente este no sea tu amor definitivo? —replicó mi padre.
—¿Y por qué no? ¿por qué tienes que saber tú más que yo sobre lo que va a ser mi vida?
—Porque tengo bastante más experiencia que tú.
—Oh, vaya. Esa frase. Claro, es muy socorrida para poder ordenar a tus hijos que hagan lo que tú quieres. La puta experiencia. ¿Cuál de las dos? ¿La tuya como alcohólico o la tuya como una lesbiana reprimida? — exclamé exasperada.
No sentí el bofetón hasta que me ardió la cara y eso sucedió unos segundos más tarde cuando mi abuela se tapó la boca con la mano y se echó a llorar.
—¡Matilda! —exclamó mi padre.
—Dios, lo siento. Chiara, perdóname —extendió los brazos hacia mí intentando abrazarme. Yo di un paso atrás.
De pronto no me importaba nada de lo que estaba pasando. No sentía nada. Sólo me veía a mí misma como un personaje desorientado y ridículo propenso a inclinaciones censurables y desafortunadas, al que intentaban hacerle creer que lo que sentía no era malo para luego castigarle.  Ellos no tenían derecho a hacerme sentir de ese modo.
—Chiara, escucha. Todo esto pasará. Lo normalizaremos y podremos empezar todos de nuevo —se apresuró a decirme mi padre. Los cojines resbalaban por su espalda amontonándose como piedras derruidas.
Sentí una extraña calma que me hizo acercarme a él y volver a colocarle las almohadas de manera que pudiera estar cómodo.
—Sí, papá —musité ayudándole a sentirse cómodo—, está conversación no tiene ningún sentido. Sea como sea no me queda otra que volver a Roma. Ya veré cómo y cuándo mantener el contacto con Elisa. Eso es asunto mío.
—Por supuesto —contestó mi padre cogiéndome la mano. Le sonreí. Fue una sonrisa sincera. Él había hablado conmigo, era la única persona de toda mi familia que había tenido el coraje de hacerlo. Ni siquiera mi abuela se había atrevido a arriesgarse a una conversación así.
La miré y le dije.
—Soy lesbiana como tú, pero no viviré la vida que tu has vivido y de verdad que siento mucho lo que te pasó, pero ya no puedes hacer nada para arreglarlo. No intentes estropear lo mío, por favor.
—¿De verdad crees que yo pretendo tal cosa? Chiara, puedes ser muy cruel.
—No pretendo hacerte daño, sólo quiero que tú no me lo hagas.
—Creo que deberías de escucharme, hay muchas cosas que te podría contar acerca de mí y que te harían entender que no fui tan cobarde como tú crees — dijo con dureza.
—Tiene gracia, me he pasado la vida sola con todo esto y de pronto ahora, todos quieren hablar conmigo, explicarme, aceptarme y alejarme de lo que más amo.
Mi abuela no añadió nada a mi comentario y un silencio incómodo nos rodeó durante minutos.
No tenía otra opción.
Besé a mi padre en la frente.
—Todo irá bien, lo sé.
Luego me acerqué a mi abuela.
Nos miramos unos segundos, directamente, sin titubeos.
—Lo siento — le dije.
—Yo también —contestó ella.
Salí de la habitación del hospital y caminé por el pasillo. Imaginé que al final estaba Elisa y en mi ensoñación caminé hacia ella.

16 comentarios:

  1. Buenas! una pregunta, a que se refieren con: "lo había hecho con alguien que no me importaba".. "haberme acostado con.. (Veronica)" , Que yo recuerde ellas no llegaron a tener sexo.. ¿O me perdí de algo? 0.o

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    1. Sí, no llegaron a tener sexo completo, pero para Chiara haber estado desnuda en la cama con una chica con la que empezó a tener cierta intimidad por primera vez en su vida, es lo mismo que haber traicionado a Elisa. Ella sintió el deseo, pero lo detuvo a tiempo y eso la atormenta. Tal vez tuve que haber sido más clara en esa frase. Lo repasaré. ¡¡Gracias!! Besos. Victoria

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  2. Me encanta esta novela. Es fresca, entretenida, romántica, divertida, dramática...tiene de todo y es cómo la vida misma. Sinceramente, no puedo entender cómo es que no quieren publicarla. Me da pena que con los tiempos que corren todavía existan prejuicios absurdos y pongan barreras a todo aquello que quiera seguir adelante y que tenga temática homosexual... desde novelas hasta películas, pasando por guiones de series y páginas web.

    Tengo 21 años y se podría decir que he nacido en una buena época y en un buen ambiente en el que poder manifestarme tal cuál soy, nunca he sufrido ninguna represión ni comportamiento hostil hacia mí, pero sé que otras no son tan afortunadas. He crecido con algún que otro referente pero no los suficientes y se agradece ver que hay gente que trabaja porque hayan más. Todo lo que siempre quise es ver otras chicas sintiendo lo mismo que yo ahí afuera en las que poder apoyarme y verme reflejada, por mí misma y por otras que vengan detrás. Por vuestro aporte a la visibilidad y por una novela excelente… muchísimas gracias. Os seguiré leyendo, tanto si es en el blog o en formato papel. Mucha suerte tanto con este proyecto como con otros que tengáis en el futuro, lo digo de todo corazón.

    P.D.: ¿habéis pensado en hacer un crowdfunding? ¿Sería viable la autoedición con éste método?

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  3. Hola: Sí lo he estado pensando y creo que voy a intentarlo. Muchísimas gracias por tu interesante comentario. La homosexualidad femenina sigue siendo menos "popular" que la masculina y no entiendo por qué. Yo seguiré con la novela adelante, porque me gusta escribirla y me siento comprometida con ella. Lo del Cowfunding podría ayudar. Espero que nos sigas por mucho tiempo. Gracias, de verdad.
    Victoria

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  4. Ufff que bueno estuvo este capítulo... ese tipo de conversaciones siempre son difíciles, sin importar la orientación sexual… a los 17 yo me creía toda una mujer madura… jajajaja, 20 años después me doy cuenta de que no…
    Siento mucho lo de la publicación, la novela está muy bonita y si no es esta, pues sigan intentando… será la próxima… suerte!

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  5. imagino que para ti será importante lo del "papel", pero seguramente la "chiquita" que te ha dicho lo del croudfunding tenga la clave, la mayoria de la música y otros servicios ya se descargan con una de las appa de los móviles de ahora....las herramientas estan cambiando.

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  6. Está semana hay nuevo episodio? El anterior acabo demasiado interesante y estoy impaciente por ver como continúa la historia. Muchas gracias por compartir con todos nosotros cada semana está gran novela, hacéis un trabajo ejemplar y sublime.
    Saludos desde Murcia

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  7. Hola chicas:
    Sí, esta semana habrá un nuevo capítulo que colgaremos el jueves. ¡Gracias por vuestra paciencia! Un beso.
    Victoria

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  8. Hola, me gustaria saber tu opinion acerca del mejor libro romantico o los mas recomendables que hayas leido sean de temática lésbica o no. Un saludo.

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  9. Ah... después de un día duro esperaba encontrarme con la novela...

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  10. buen capitulo como siempre!!! :) :) Ojala que a pesar de las complicaciones en sus vidas, Chiara y Elisa encuentren la manera de estar juntas :)

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  11. Por favor sube ya el proximo capitulo que no puedo aguantar mas!! Jajaja

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  12. COLGADLO YA POR FAVOR...

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  13. ¿Y el capítulo de hoy? Saludos

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  14. Y el capítulo de hoy?

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  15. muy muy buen capítulo....nunca había leído una historia con la que me identificara, tanto con chiara como con elisa
    muchisimas felicidades desde México
    P.D. cuando suben capítulo nuevo?

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