jueves, 20 de febrero de 2014

Capítulo 46. CHIARA: Ayuda


Estaba sentada en un sofá cubierto por una colcha blanca. Aún intentaba entender cómo había ido a parar allí. Verónica me quitaba las botas, de rodillas frente a mí. Yo me sentía incómoda, pero era incapaz de articular palabra. La vomitona me había quitado las escasas fuerzas que me quedaban para protestar o tratar de recuperar mi dignidad.
La casa de Verónica era un pequeño ático al que entrabas directamente al salón. No había vestíbulo, ni recibidor. Un antiguo aparato de música en un rincón y algunos CD esparcidos por el suelo. Un iPod conectado a la base y un póster de una pintura que no lograba reconocer. Un sofá donde me había dejado caer nada más cruzar la puerta. Eso era todo. Las paredes estaban ligeramente desconchadas y en los huecos en los que la pintura había dejado al descubierto una más antigua, alguien había escrito a lápiz fragmentos de poemas o frases. Junto al sofá, la salida a una pequeña terraza ayudaba a que la habitación resultara más amplia.
Bien, listo. Botas fuera. ¿Cómo estás?
Mareada… —admití.
Aún te durará un rato. Creo que deberías dormir. Yo al menos me voy a la cama. Mañana tengo que madrugar.
Entonces, me voy —comencé a decir intentado levantarme del sofá.
¿Cómo que te vas? ¿Adónde? Me has dicho que no tienes casa.
No, mi casa se incendió.
Verónica entornó los ojos con incredulidad.
No sé si me estás tomando el pelo o eres un personaje sacado de una novela de Dickens.
Me encogí de hombros y dejé caer la cabeza sobre el respaldo del sofá. Estaba agotada y harta de todo.
Venga, vamos a la cama —insistió Verónica tirando de mi mano.
Me dejé llevar con la convicción de que no duraría en esa casa más de media hora a lo sumo. Pero no fue así.
Verónica me desnudó sin ningún reparo y yo cerré los ojos para fingir que no estaba allí. Me dio una camiseta de manga corta y me metió en su cama. Ella se recostó a mi lado y dio un largo suspiro que concentraba todo el cansancio de un día de trabajo.
Intenté alejarme de ella de manera que nuestros cuerpos no se tocaran. Ella se dio cuenta y giró la cabeza hacia mí, sonriendo. Su dormitorio tenía una cama de matrimonio bastante grande, pero yo nunca había dormido con nadie. Frente a la cama colgaba un tapiz indio demasiado colorido para mi gusto. Las mesillas de noche eran cajas de madera que habían sido cuidadosamente pintadas y despintadas para darles ese aire esnob y descuidado que comenzaba a estar de moda en la decoración.
No muerdo, ¿eh? —me dijo con burla.
Pero yo sí —contesté dándome la vuelta.
Pues muerdes muy bien, preciosa.
¿Qué?
¿No te acuerdas de nada?
Intenté entender a qué se refería. Una imagen borrosa trataba de abrirse paso en mi cabeza. Verónica y yo dando traspiés en la calle. Yo besándola contra una pared.
Claro que me acuerdo —mentí a medias—, no estoy tan colocada.
Eso espero, te he metido una buena dosis de vitamina B.
¿Qué has hecho qué? —exclamé intentando girarme.
Chist, tranquila, es para que se te pase el colocón —susurró acariciándome la cabeza.
Estuve unos segundos mirando la pared frente a mi lado, en la que no había nada, y eso la hacía parecer más oscura y vacía. No me gustaba esa sensación. No me gustaba saber que era capaz de perder el control de esa manera.
Todo esto es una mierda —susurré.
No, no es una mierda. Solo tienes un mal día. Déjate cuidar —me propuso.
De pronto sentí el brazo de ella rodeándome por detrás.
No me moví. Aún no sabía si me gustaba lo que estaba pasando o lo que iba a pasar, ni siquiera sabía si iba a pasar algo.
Sentí que se acercaba lentamente hacia mí. Sentí sus pechos en mi espalda y sus muslos desnudos en la parte de atrás de los míos. Olí su perfume, tal vez demasiado aromático, con rastros de incienso o pachuli.
Cerré los ojos, pero los tuve que abrir de inmediato porque aún me mareaba. Apoyé una mano en la pared.
¿Estás bien? —me susurró.
No lo sé —dije—, depende de a qué te refieras.
Ella se rio. Su risa se hundió en el pelo que cubría mi nuca.
No cierres los ojos hasta que no se te haya pasado el mareo —me aconsejó.
Acarició mi vientre con la mano y la dejó allí, con suavidad. Eso me alivió y a la vez me inquietó más.
Comenzaba a sentir mucho calor, así que sin pensarlo me incorporé y me quité la camiseta. Volví a cubrirme con las sábanas a toda prisa.
Ella apoyó su mano en mi cadera, la deslizó por mi muslo y se detuvo en el borde de mis braguitas. Estuvo un rato jugueteando con las pequeñas puntillas. Yo la dejé hacer a pesar de que estaba aterrada. Pasó un dedo por debajo de mi ombligo y mi vientre se contrajo. Ella se rio como un ratoncito. Yo me moví incómoda.
¿Te molesta?
Creo que sí.
Apartó la mano inmediatamente y retiró su brazo de mi cintura.
No quería incomodarte, parecía que buscabas… un encuentro.
Me giré hacia ella en la cama.
Hoy no soy una chica de fiar —le dije para disculparme.
Sí, eso me había parecido a mí —contestó devolviéndome una sonrisa resignada.
Creo que mejor me voy a casa —murmuré sin moverme.
A tu casa de cenizas —musitó ella.
Cerré los ojos, cansada, y ella pasó la mano por mi mejilla.
Chica, ¿qué te han hecho?
Intenté no echarme a llorar.
Nada.
¿Por qué no te desahogas de una vez? Yo no te conozco de nada, tus secretos están seguros conmigo y creo que te aliviará.
Me siento fatal, aquí creando expectativas, invadiendo tu casa y luego vomitándote encima mis miserias.
Y algo más que eso —rio.
Qué vergüenza —me tapé la cara con las manos.
Ella me las apartó suavemente.
Todos hemos pasado por la primera borrachera y el alcohol lo exagera todo. Seguro que no es tan terrible como tú crees.
Me encogí de hombros. Trataba de evitar una confesión íntima. Ya me empezaba a sentir cada vez más incómoda, tumbada desnuda en la cama de una chica que apenas conocía, como para contarle mi vida.
No importa, yo soy un poco bruja —susurró juguetona—, lo tuyo son males de amor, con una chica que se llama… Elisa.
Me miró con ojos chispeantes y traviesos.
Mi estómago saltó hasta mi pecho.
¿Cómo sabes eso? —exclamé incorporándome en la cama.
Tranqui, preciosa. Ya te he dicho que soy un poco bruja.
Me senté en la cama y comencé a vestirme, furiosa y asustada.
No sé de dónde has sacado ese nombre, pero no es asunto tuyo.
Su mano me detuvo. Estaba sentada en la cama, pero ya no sonreía.
Eh, calma, calma. No soy ninguna espía, es que te has pasado la noche llamándome Elisa. No hay que ser un lince para deducir de qué va todo.
Me detuve y dejé salir el aire contenido.
Lo siento —me disculpé.
Solo estaba jugando —se disculpó, arrepentida.
Cerró su mano sobre la mía. Estuvimos un rato así, con las manos quietas, pero un imperceptible movimiento las presionaba y las aflojaba. Era sutil, casi podría haber sido parte de mi imaginación, pero sentía el flujo de la sangre de su mano sobre la mía y eso me tranquilizó.
Elisa es…
Me detuve sorprendida al darme cuenta de que no sabía qué era exactamente para mí, ¿mi novia?, ¿mi amante? Ni siquiera nos habíamos acostado y ya habíamos discutido una docena de veces.
¿Y qué te pasa con ella? —preguntó Verónica tratando de ayudarme a seguir hablando.
Me pasa que me tengo que volver a Roma para siempre y no sé cuándo la volveré a ver, ni si la volveré a ver, ni siquiera estoy segura de que ella sea lesbiana.
Eso es más fuerte —contestó Verónica sentándose en la cama.
Apoyó unas almohadas sobre la pared y me hizo un gesto para que me sentara a su lado. Obedecí rindiéndome a mis confesiones.
¿Y si no es lesbiana? ¿Qué hay entre vosotras?
No es que no sea lesbiana. Ella dice que solo le gusto yo. Antes salía con un chico.
Soltó una carcajada.
La eterna historia de algunas chicas. Lo intentan, años y años con chicos, y un día, ¡pam! Se enamoran de una amiga y se repiten que no son lesbianas, que solo es algo raro que le pasa con esa amiga y ya está. Chiara, nos seas ingenua. Si esa chica tiene algo contigo, ¿qué más necesitas saber?
Sacudí la cabeza con pesar.
Supongo que necesito estar con ella, vivir más tiempo con ella, pero no tengo ese tiempo.
Si lo quieres de verdad, encontraréis una manera de seguir viéndoos.
Hablas igual que mi abuela —me burlé.
Cogió mi mano entre las suyas y la llevó hasta su pecho. Sentí el calor de su piel bajo la camiseta.
Esto es lo que habla. Esto es lo que siente, esto es lo que tienes que escuchar. La cabeza solo sirve para confundirnos.
Intenté no mirarla. Conforme los efectos del alcohol desaparecían, me avergonzaba más la situación.
Creo que lo mejor es que rompamos antes de que yo me vaya.
¡Tonterías! —exclamó soltando mi mano—. Escucha, no sé qué te ha pasado, pero estás aterrada porque quieres mucho a esa chica y no confías en que ella sienta lo mismo.
Puede que sí —admití.
Pues, o te la juegas o te quedas con la duda. El dolor nunca te lo vas a poder ahorrar, en el juego del amor ese es el precio. Tú quieres amar sin riesgos y eso es imposible, es como tratar de vivir ignorando que un día todos moriremos.
Creo que casi me resulta más fácil aceptar eso que perder su amor —susurré.
Si aceptas una cosa, aceptas la otra. Todo en esta vida está de paso hacia otra parte, incluso lo que más amas un día se marchará para convertirse en otra cosa, pero no dejes de vivir por eso.
Me pasó el dorso de su mano por la mejilla y apartó mi pelo.
Eres preciosa —dijo.
Noté que me sonrojaba.
Venga, vamos a dormir. Necesitas descansar y yo también.
Tiró de mí hacia abajo y yo me hice un ovillo a su lado. Quería irme y al mismo tiempo ella me daba paz. Sus palabras se repetían en mi cabeza como una oración. Algo en esa chica era realmente curativo para mí.
Gracias —susurré sin mirarla.
Inclinó la cabeza hacia mí y me besó dulcemente.
De nada. Duerme.
No volvió a intentar tocarme, ni siquiera cuando yo me arrimé a ella buscando su protección. Cerré los ojos y me abandoné al bienestar.
Desperté a las cinco y media. Tenía la boca pastosa y un dolor de cabeza espantoso. Podrían haber tratado de abrirme el cráneo con una cuerda. Verónica dormía abrazada a mí. Intenté deshacerme de su abrazo y ella susurró algo y me besó. No rechacé su beso, ni su mano cuando se hundió bajo las sábanas. Quería irme, pero la excitación había crecido súbitamente, como si todo mi cuerpo hubiera estado preparado para ello. Cerré los ojos diciéndome que lo iba a parar, pero no lo hice, dejé que ella siguiera. Desapareció bajo las sábanas y sentí el calor de su aliento entre mis piernas. La detuve con una mano.
No, no. Por favor, para.
Me levanté de la cama a toda prisa. Empapada en algo más que sudor. Ella surgió bajo las sábanas con la piel brillante y el pelo revuelto. Era realmente preciosa, me dije. Pero eso no bastaba.
Volvió a tumbarse en la cama, de espaldas a mí. Apenas cubierta por las sábanas. Vi un pequeño tatuaje en su espalda. Tan pequeño que no había reparado en él antes. Era un diminuto escarabajo, verde brillante. Reposaba sobre uno de sus omoplatos. Lo rocé con el dedo. No sé por qué lo hice, pero busqué mi móvil y saqué una foto del tatuaje.
Me vestí sigilosamente y salí del dormitorio de puntillas. Antes besé su pelo.
¿Adónde vas? —susurró ella.
Al baño —mentí.
Anduve descalza por el corto pasillo y me senté unos minutos en el sofá de la entrada. Mi respiración aún se agitaba y un deseo sin amor tiraba de mí hacia el dormitorio. Me calcé y salí de la casa.
Cuando llegué a la calle, intenté orientarme. No tenía ni la más remota idea de cómo habíamos llegado hasta allí, ni en qué zona de Madrid estaba. Caminé por algunas callejuelas hasta que me di cuenta de que no habíamos salido de Chueca. Me alivió pensar que el paseo hasta el hotel no me llevaría más de media hora.
Algo en mí se había abierto, se había reblandecido. Algo que me gustaba y que daba a mi cuerpo un movimiento distinto. Podría haber sido una bailarina después de su actuación o una hoja que por fin se había desprendido de la rama y ahora flotaba impulsada por el aire.
Cuando llegué al hotel, intenté pensar en lo que iba a hacer. Me metí en la ducha dispuesta a borrar el rastro de Verónica. Para mi sorpresa ni siquiera era capaz de recordar su cara. Haberla besado, haber compartido el lecho con ella no me hacía sentir del todo bien, a pesar de su amabilidad y de su ayuda. Así que no recordarla casi era un alivio, me dije. «Mañana lo habrás olvidado», me repetí mientras salía de la ducha y me secaba con una toalla. Entonces abrí el neceser de mi abuela y busqué unas tijeras. No sé por qué lo hice, pero mechón a mechón fui cortando mi hermoso pelo. Lo sentí resbalar por mi espalda, sobre mis hombros, por mi pecho desnudo. El pelo tiene memoria, me dije mientras lo cortaba. Me miré en el espejo. Llevaba una corta melena a la altura de los hombros, como Elisa. Lo recogí con una goma. Aún podía hacerme un pequeño moño.
Pasé papel higiénico por el lavabo y por el suelo, para recoger el cabello caído. Luego me tumbé en la cama. Dormí profundamente, inundada de sueños en los que escarabajos de colores me hacían cosquillas en la piel. Elisa, a mi lado, los miraba con espanto. Desperté sobresaltada por el teléfono. Escuché la voz de mi abuela.
¿Te he despertado?
Ajá —murmuré.
Quería estar segura de que estabas bien.
Sí, estoy bien.
Tu amiga no vino.
Ya.
Bueno, solo quería decírtelo. Tu padre ha dormido considerablemente bien, dadas las circunstancias, pero preguntó un par de veces por ti.
Me visto y voy —le dije—. ¿Qué hora es?
Las dos de la tarde —recalcó ella.
No —dije incrédula.
Bien, si vienes al hospital, te espero y comemos juntas.
De acuerdo —respondí avergonzada.
Le darán el alta en una semana.
¿Una semana?
Sí. Me temo que con la crisis de este país no desean tener las camas ocupadas mucho tiempo. Tendremos que preparar pronto todo lo necesario para trasladarlo al hotel.
¿Necesitas que lleve algo? —pregunté tratando de parecer tranquila, pero la angustia comenzaba a impedirme respirar con normalidad.
Toma algo de dinero y pasa por alguna tienda de maletas para comprar una pequeña. Tendremos que comprarle algo de ropa y otras cosas para el viaje. Si miras en una bolsa azul que hay junto a la cama encontrarás una billetera. Usa el dinero.
Papá debe de tener algo en el banco, ¿no? —contesté, intentado dar un orden a nuestra vida.
Seguro que sí, pero no encontraron ninguna cartera cuando nos dieron lo que llevaba encima tras el incendio. Tendremos que solicitar tarjetas nuevas y eso llevará unos días, tal vez más de una semana.
«Bien», pensé. Una semana hasta que nos den las tarjetas nuevas.
Será mejor transferir el dinero a un banco nuevo. No podemos esperar tanto. El hotel resultaría demasiado caro para los tres.
Claro —murmuré viendo como mis esperanzas se disolvían de nuevo en una realidad dura que aún no quería admitir.
¿Te espero entonces? —preguntó.
Claro. No tardo nada.
Tardé un rato en darme cuenta de mi nuevo corte de pelo. Luego recordé un escarabajo verde y nada más.


19 comentarios:

  1. No era Verónica?..........

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  2. Gracias, ¡sí. es Verónica! Ha habido unos fallos en la corrección. Gracias por avisarnos.:) Ya están resueltos. Un abrazo.
    Victoria

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  3. un muy buen capítulo, como siempre deja ganas de mas. :)

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  4. Conocí esta novela hace mas de un mes, en un día , lei todos los capítulos publicados hasta esa fecha..Me encanto! siempre espero el día jueves.Saludos desde Argentina.

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  5. Me alegra informar de que cada vez hay más visibilidad, es decir, el otro día fui a aula, un pabellón donde están los stan de las universidades y por lo tanto habia solo adolescentes y me sorprendió para bien ver por lo menos tres o cuatro parejas de chicas, no sé me parece que las cosas tienen que estar cambiando para que ahora las chicas tengan la valentía de mostrar al mundo cuales son sus gustos y que la gente en su mayoría lo vean como algo natural

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  6. Está novela me encanta, definitivamente siempre trae algo nuevo. Saludos :)

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  7. Esperando con ansías el próximo jueves!!!

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  8. esperando con ansías el próximo jueves!!

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  9. esperando con ansias el próximo jueves!!!

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  10. esperando con ansias el próximo jueves!!!

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  11. esperando con ansias el próximo jueves!!!

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  12. gracias por compartirnos esta historia, muy buena :)

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  13. Q buen capitulo!!!! Q fuerza de voluntad la de chiara para rechazar a veronica...ella solo quiere estar con elisa <3 lo q me parece es q esa foto q tomo del tatuaje de veronica le puede traer problemas mas adelante..diganme bruja pero ya lo veo venir ;) chicassss gracias por tan buen capitulo..este fue mas larguito :) besos desde Perú!!!!

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  14. Critina Cano... siiii que estas con ANSIASS...!!!! buen... capitulo !! pero preferiría que publiquen 15 o 20 capitulos por dia o algo asi....XD bueno piensenlo ... jejeje XD saludos también desde Perú....

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  15. Cuando saldrá el nuevoo??

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  16. ¿Y el siguiente capitulo?

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  17. Hoy no saldrá el capitulo 47?? Amo esta blognovela!! <3

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  18. Hola chicas!!
    Cuándo saldrá el siguiente capitulo??
    Saludos desde México, D.F.

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