jueves, 13 de febrero de 2014

Capítulo 45. CHIARA: Verónica


Anochecía cuando llamé a mi abuela.
—¿Dónde estás? Estaba preocupada. Vino tu amiga Elisa a verte. ¿Te pasa algo?
—Abuela, necesito esta noche para mí. ¿Es muy egoísta pedirte que pases la noche con papá otra vez?
Hubo unos segundos de silencio.
—No, querida. Pero me quedaría más tranquila si supiera qué te pasa.
—No es…, mmm…, nada, solo necesito un poco de tiempo —mentí.
—Claro, entiendo —dijo ella participando de mi mentira.
—¿Bien, entonces?… —esperé.
—Me quedaré con él. No te preocupes.
—Gracias, abuela.
—De nada.
—¿Qué le digo a Elisa si vuelve? Creo que pensaba venir a verte esta noche. Le dije que era tu turno.
Vacilé, luego supe que no volvería. Ella podía ser dura y orgullosa. Esperaría a que yo diera señales de vida.
—No creo que aparezca —dije.
—¿Habéis discutido?
—No.
Hubo un silencio tras el cual insistió:
—Escucha, yo soy tu amiga y creo que puedo entender lo que te pasa con Elisa. Solo te pido que no te arriesgues demasiado.
Por un momento sentí que estaba a punto de romper la barrera tras la que me escondía.
—Tal vez un día la veas como a una chica más a la que conociste.
Eso fue definitivo. Sentí cómo las contraventanas de mis sentimientos se cerraban de golpe y mi voz se endureció.
—No conoces nada sobre mí. No intentes darme consejos sobre mi vida. Tú no —contesté.
—Como quieras —respondió ella suavemente—, pero si puedo ayudarte en algo no dejes de acudir a mí. Yo estaré aquí para lo que necesites.
—No, no puedes —dije aguantando las ganas de reprocharle otra vez todas las decisiones que había tomado por nosotros.
—Hasta mañana, entonces.
—Hasta mañana.
Colgué, el teléfono y repasé los mensajes de Elisa pidiéndome que contactara con ella. La culpa se enganchaba a mí como un anzuelo que tiraba de mi pecho. Yo era un pez agonizando fuera del agua, irresponsable al haber asomado la cabeza para ver el mundo exterior. Iba a hacer daño a quien quería, para poder complacer a los que me querían a mí.
Caminé hacia Chueca. El barrio donde se reunían los bares de gays y lesbianas. Había oído hablar de él.
Entré en el primer bar que encontré. Oscuro, con la música demasiado alta, la barra demasiado metálica y brillante, las mujeres demasiado mayores. Algunas se sentaban en mesas o bebían apoyadas en la barra. Sentí las miradas clavadas en mí, reconociéndome como una novata que no frecuentaba ese bar. A pesar de todo, avancé hacia la barra y me senté en un taburete aislado en la esquina. La camarera hablaba con un grupo de clientas en el otro extremo. Reían demasiado alto y una de ellas le hizo un gesto hacia mí.
Ella giró la cabeza y me miró. Era muy alta y llevaba el pelo rubio recogido en un moño que sujetaba con horquillas brillantes. Su sonrisa amplia y agradable hizo que me relajara. Se disculpó con un gesto con el que me pedía unos minutos de espera. Asentí y le devolví la sonrisa por pura cortesía. Llevaba un peto vaquero que le daba el aire de una granjera del Oeste; lo remataba con unas botas también vaqueras. Se apoyaba en la barra meneando el trasero al ritmo de la música y de las risas que compartía con aquellas chicas. Les sirvió unas copas, se secó las manos en el delantal y caminó hacia mí.
—¿Qué vas a tomar?
—Una cerveza —pedí; nunca había probado una gota de alcohol en mi vida, pero esa noche necesitaba desafiar mi prudencia y convertirme en otra.
—Ok, ¿de barril o de botella?
Dudé.
—Ni idea —admití.
Sonrió de nuevo y sus ojos brillaron chispeantes.
—¿Te ayudo a elegir?
—Vale.
—Tengo una cerveza de manzana sin alcohol —sugirió.
—No, quiero beber algo con alcohol —contesté.
Se apoyó en la barra y me miró con curiosidad.
—¿Algo con alcohol? ¿Eres mayor de edad? —preguntó.
—Sí.
—Pero no has bebido nunca, ¿no?
—No.
—Ok. Empecemos siendo prudentes, ¿te parece? Te traigo una cerveza alemana que es muy buena y vemos qué tal.
Asentí.
Solo me faltaba el babero y la sillita para sentarme a que me dieran mi primera papilla.
Ella abrió una cámara frigorífica de la que sacó un botellín oscuro. Las chicas con las que estaba conversando minutos antes, no perdían detalle. Se acercó y abrió el botellín apoyándolo en el borde de la barra.
—¿Vaso?
—Me da igual —yo miraba fijamente a sus amigas—. ¿Qué les pasa a esas? ¿Es que tengo monos en la cara o qué? —susurré.
Se giró hacia ellas y luego me miró.
—Son clientas habituales y un poco curiosas. Nada que deba molestarte, te lo aseguro. A la gente le gustan las novedades, y tú nunca habías venido por aquí, ¿verdad?
—¿Ficháis a todo el que entra en este bar? —respondí, desafiante.
—Estás muy cabreada, ¿eh?
—Eso es cosa mía.
—Por supuesto —dijo levantando las manos como un vaquero desarmado—, pero bebe despacio, anda. El alcohol potencia las emociones y tú ya vienes cargadita, guapa.
Volvió con sus amigas y les susurró algo. Ellas se rieron, cosa que me cabreó más aún. Pero la entrada de una pareja de chicas muy acarameladas desvió la atención de mí y se saludaron entre ellas.
La camarera me dedicó un gesto de triunfo alzando su pulgar hacia arriba. Yo esquivé la mirada, pero agradecí que se hubiera disuelto el grupo.
Probé la cerveza. El primer sorbo me supo amargo y me pregunté qué tipo de placer encontraba la gente en beber eso. El segundo sorbo me resultó refrescante y entró con facilidad. Se deslizó por mi garganta y, cuando me di cuenta, había acabado con mi botellín. Levanté la mano hacia la camarera y le pedí otra. Ella abrió los ojos asombrada, volvió a la cámara frigorífica y sacó un botellín diferente al primero. Lo dejó delante de mí con un golpe seco.
—Eh, chica dura. No bebas tan deprisa. Te lo aconsejo. El alcohol tarda un rato en hacerse notar y, si es la primera vez, puedes terminar con una buena vomitona.
—Gracias por tus consejos, pero no creo que te haga mucho caso.
—Bien, está bien saberlo. Parece que hoy quieres acabar contigo, ¿eh?
—La verdad es que no —confesé—. Me gustaría acabar con otras personas, pero no puedo.
—Pues el alcohol no te va a ayudar. ¿Quieres charlar un poco?
La miré. Sus ojos eran verdes y cuando sonreía se convertían en dos largas ranuras pobladas de negras pestañas. Me gustaba la manera en la que un mechón de su pelo caía sobre su cara. Un mechón rebelde que ella trataba de sostener detrás de sus orejas una y otra vez. Me fijé en un pequeño lunar sobre su labio superior. Podía haber sido una modelo de revista.
—No sé si quiero charlas. La verdad es que quiero algo que no puedo tener —confesé animada por una sensación nueva que crecía poco a poco en mi cabeza.
—Bienvenida al club —rio—. Creo que eso es la vida, básicamente.
—No, eso no debería ser la vida.
—Hay tantas cosas que no deberían ser como son, que si hiciéramos una lista no nos quedaría nada por lo que estar felices. Tal vez solo tienes una racha mala.
—Es una racha que dura lo que llevo de vida —le dije.
Mi elocuencia crecía y me aliviaba, pero era algo en lo que claramente no me reconocía. Ella se rio con ganas.
—Perdona, pero a pesar de que está claro que estás jodida, tiene gracia escuchar cómo hablas de las cosas. Eres una pesimista empedernida.
—Vaya, es un consuelo que a los demás les hagan reír mis malos rollos —contesté, enfadada.
—Shh, tranqui. No quería ser poco delicada. Aquí vienen muchas chicas y todas son duras, o al menos pretenden serlo. Vienen jodidas de haber tenido que enfrentarse a lo que son, algunas no tienen apoyo familiar, otras se jactan de ello, pero todas se sienten extrañas. En algún lugar, muy escondido, están furiosas y tristes, y tratan de disimularlo. Tú llegas y confiesas que estás mal, que no has bebido en toda tu vida y que no te gusta que te miren. Eres una chica valiente —dijo apoyándose otra vez en la barra.
Me bebí el botellín en dos largos sorbos. Quería impresionarla. Ella tomó el casco vacío y lo sacudió boca abajo. Un par de gotas cayeron sobre la barra.
—Vas muy rápido —dijo pasando un trapo sobre el alcohol derramado.
Su cara era limpia y agradable, su boca era larga y generosa. Me levanté del taburete y la besé. Esperé a ser rechazada, contaba con ello. Pero ella no se apartó, me devolvió el beso.
—¿Mejor? —me preguntó con calma.
—Mucho mejor.
—Tengo pareja —me dijo.
—Y yo —contesté sintiendo que el local comenzaba a balancearse suavemente.
—Bien. Me gusta que las cosas queden claras.
La besé de nuevo. Unos aullidos acompañaron nuestro beso. Alguien palmeó la barra, pero en ese momento ya no me importaba nada.
Me agarré a su boca con ansia, con deseo, saboreé su gusto a cerveza mezclado con el mío. Sentí que mi furia comenzaba a convertirse en excitación.
Ella me detuvo.
—Eh, espera. Cálmate —miró a su alrededor—. Creo que estás hecha un lío y no sé si esta es la mejor manera de aclararte.
Me senté en el taburete con el corazón a cien por hora. Una extraña sensación de ir a cámara lenta comenzaba a invadir cada uno de mis movimientos.
—Soy virgen —dije dando otro sorbo a la cerveza.
—Y hoy has decidido estrenarte en todo, por lo que adivino —dijo con ironía.
—Exacto —afirmé moviendo exageradamente mi cabeza—, que le den por saco a todo, me importa una mierda el amor y todas esas gilipolleces, ¿entiendes?
—Ajá —contestó más divertida que interesada—, ¿quién te ha hecho tanto daño?
—El mundo, tooodo el mundo —agité el brazo a mi alrededor y tumbé un vaso largo que había a mi izquierda; la camarera lo agarró al vuelo.
Apartó de mi alcance todo lo que podía ser susceptible de ser roto, derribado o lanzado por los aires.
—Bebe más despacio antes de que empieces a hacer daño tú a tooodo el mundo —me aconsejó.
Asentí mirándome las piernas, que ahora me parecían las de Elisa. Me miré las manos y vi las suyas. Me llevé la mano a los ojos y los froté con fuerza.
—Eh, ¿cómo estás? ¿Vas bien?
—Perfectamente —murmuré sin poder centrar la vista.
Ella extendió una mano sobre la barra y agarró la mía.
—¿Cómo te llamas?
—Chiara.
—Mira, Chiara, vamos a hacer una cosa. Quédate un rato aquí, tranquila, y no bebas más, ¿de acuerdo? Te voy a poner un vaso de agua que quiero que te bebas despacito y, si tienes náuseas, ve al cuarto de baño y vomita todo lo que salga. Me temo que el alcohol actúa demasiado deprisa en tu cuerpo.
—Mi padre es alcohólico, ¿te lo he dicho?
—No, pero tú no eres tu padre. Eres una cría enfadada que está intentado lastimarse.
—No soy una cría.
—De acuerdo, no eres una cría. Pero ahora te comportas como si lo fueras.
—Me da igual.
—Bien, eso es efecto de la cerveza. Probablemente mañana no te apetezca recordar esta noche.
Unas chicas la llamaron desde el otro lado de la barra. Escuché su nombre.
—Vero. Nos vemos.
—Ciao, chicas, hablamos —exclamó ella.
—¿Vero? —pregunté yo—. ¿Te llamas Vero?
—Verónica —aclaró ella.
—Es bonito —dije.
Aún sostenía su mano. No quería que se fuera.
—¿Te quedas un rato conmigo? —le pregunté sintiendo cómo las palabras salían a trompicones de mi boca.
Echó un vistazo.
—Claro, si me dejas que desaparezca unos minutos para servir las copas que me pidan.
—Vale.
—Perfecto —dijo y soltó mi mano para cruzar los brazos de nuevo sobre la barra.
—Perdona por lo de antes —me excusé.
—Bah, no pasa nada. Además, besas muy bien —susurró acercando su cara hacia mí un poco hasta rozar la punta de su nariz contra la mía.
—Ni idea —dije yo buscando el botellín un poco nerviosa—. ¿Y la cerveza?
—Aquí —dijo ella y deslizó con la mano un vaso de agua hacia mí.
—Vaya, se acabó la juerga —refunfuñé.
Me sentía menos furiosa, y un poco más aturdida.
—No ha estado mal para ser tu estreno, ¿eh? —bromeó retirándose el mechón de pelo de la cara—. ¿Cuántos años tienes?
—Diecisiete, pero cumplo dieciocho en diciembre.
—¿Qué día?
—El trece.
Las erres comenzaban a ser un problema en mi boca.
—Sagitario —dijo.
—¿Qué?
—Tu horóscopo, eres sagitario, ¿sabes? El que tiene un arco que dispara flechas —dijo imitando a un arquero.
—Ah, eso. Ya. ¿Y tú cuantos años tienes?
—Veintisiete. Diez más que tú.
—Ah, qué bien —le di un sorbo al agua y derramé parte sobre mi falda—. Yo no creo en esas cosas del horóscopo y todas esas chorradas —dije intentando añadir algo de seriedad a mi dicción.
—Bueno, es curioso, a veces coincide.
—¿Con qué?
—Con lo que dicen los libros sobre los horóscopos.
—Ya. ¿Y yo coincido?
—No lo sé, no te conozco, pero está claro que eres fuego.
—Fuego… —susurré tratando de apartar la imagen del fuego ardiendo en mi casa.
—Sí, explosiva, impetuosa, apasionada…
—Será —en ese momento necesitaba agarrarme a la barra con las dos manos—.  Creo que me estoy mareando.
—¿Tienes ganas de vomitar?
Asentí con la cabeza.
—Sube esas escaleras y a la derecha están los baños. Venga, ve hacia allá. Ahora te sigo.
Salí disparada hacia las escaleras, que se tambaleaban como si el suelo se deslizara de un lado a otro. Me agarré a la barandilla mientras me llevaba una mano a la boca para no vomitar hasta llegar a los baños.
Empujé la puerta con tanta fuerza que rebotó y me dio en la nariz. Ahogué un grito y corrí a uno de los inodoros.
Ni siquiera me dio tiempo a cerrar la puerta. La primera arcada por poco me hace caer. Pensé en mi padre. ¿Eso era lo que sentía cada vez que bebía? No podía imaginarme una vida así. Vomité varias veces mientras las lágrimas corrían por mi cara. Sentí la mano de alguien sujetando mi frente y una voz detrás de mí.
—Tranquila. Ya pasa.
Estaba de rodillas en un urinario público, con las rodillas mojadas probablemente del orín de otras personas. Me sentía horrible, y la imagen de Elisa corriendo hacia el hospital se repetía en mi cabeza como el fotograma de una película atascada.
Verónica se agachó junto a mí. Su voz a mi espalda. Me agarró por la cintura, con delicadeza y me sostuvo unos minutos. Me eché a llorar.
—Eso está bien. Llora, es bueno llorar.
Abracé sus brazos que me rodeaban. Ella me balanceó y me acunó como a una niña y yo cerré los ojos.
Me ayudó a levantarme. Me apoyé en ella avergonzada y tratando de evitar su mirada. Aún estaba borracha y lo sabía.
—¿Dónde vives?
—Te lo he dicho, no tengo casa.
—De acuerdo. Espera unos minutos, te llevaré a mi casa. A ver si Noelia me cambia el turno. Siéntate aquí un rato y no te muevas, ¿ok?
Asentí. Ella sonrió. Fue hasta los lavabos y se mojó las manos, las pasó por mi frente y mis mejillas. Mi boca sabía amarga.
—Bebe un poco —dijo.
Me levanté como pude, ayudada por su brazo. Agaché la cabeza hasta el grifo y de nuevo todo bailó a mi alrededor. Aguanté la arcada y bebí despacio.
Me apoyé en los lavabos y me giré hacia ella.
—Chica, menudo estreno acabas de tener —dijo apartándome mechones de pelo mojado de mi cara.
—Lo siento —dije y comencé a llorar.
—Venga, tranquila. No pasa nada. Todos hemos pasado por esto.
Apoyé mi cabeza en su pecho, sentía una languidez que disolvía mi furia y la convertía en algo dócil y fácil de expresar.
—No sé qué hacer —gemí.
Ella me sostuvo en sus brazos unos minutos.
—Primero tienes que esperar a que se te pase la borrachera. Ahora no es el momento de resolver nada.
—Déjame estar contigo —supliqué.
Hubo un silencio durante el que ella siguió abrazándome.
—De acuerdo. Si crees que te vas a encontrar mejor, veré qué puedo hacer para ayudarte.
—Gracias —dije separándome de ella.
—Vamos abajo.
—¿Te importa que me quede un rato aquí? —pregunté sin poder enfocar bien la vista.
—No sé si me fío de ti lo bastante como para dejarte sola. Estás muy nerviosa, chica.
—No, no voy a hacer nada. Es que aún tengo náuseas.
—De acuerdo, pero no tardes mucho. Te espero abajo, tengo que arreglar lo de mi turno.
Salió de los baños mirándome. Levantó un dedo con el aire de una institutriz avisando de un posible castigo si no me comportaba bien.
Me miré en el espejo. Tenía una herida en la nariz. Recordé la puerta del baño golpeándome la cara. Sin embargo no me dolía. Yo no era una borracha yendo y viniendo entre excesos y vomitonas y sin embargo podía entender por qué la gente bebía. Había algo perverso en el hecho de beber, algo que te hacía exagerarlo todo, engordar las cosas y hacerlas estallar sin responsabilidad. Me agarré a esa sensación y decidí que eso sería lo que haría esa noche.

25 comentarios:

  1. muy fuerte para mí Chiara se ha convertido en otra persona. Pues sí que quería a Elisa, que apenas ni siquiera ha cortado con ella y ya se está liando con otra, todo con el cuento claro de que si está enfadada, que si bebida...el personaje de Chiara ha cambiado y no para bien, está claro que Elisa le importa un pimiento.

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    1. Es apenas consecuente convertirse en otra persona. ¿Es que no ha visto todo lo que le ha pasado a Chiara? Su madre murió, su padre quedó convertido a nada. Incluso enterarse de la historia de su abuela, es desconcertante recibir todos esos golpes al tiempo. Es doloroso, hay que huir, si todos esos hechos pueden ser dolorosos para un adulto, imagínese para un adolescente, que se está definiendo, que está cambiando su manera de percibir las cosas, que está buscando un lugar. En esas circunstancias yo también me dejaría llevar. Chiara ama a Elisa, se aferra a ella porque es lo único que siempre quiso, pero a veces hay que romper las reglas, hay que trascender, ver hasta donde se es capaz de vivir. Chiara no está cambiando para mal, está cambiando para fortalecer su espíritu y amar intensamente.

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  2. este capitulo muy interesante, pero ya van muchos cap sin estar elisa y chiara juntas que dolor buuuu

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  3. Dios que capitulazo! vaya vaya..interesante...pero no entiendo deberia de ir a buscar a Elisa si tanto la ama, no entiendo porque iría a un bar a emborracharse, ..cosas de niñas?¿ si Elisa ha estado con ella, es decir la busca, la apoya, no se porque despecharse y en un bar! :`(

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  4. ¡Como se hace esperar el capitulo de ellas dos juntas! jaja.. Lo único que espero es que Chiara no este con Verónica, la verdad que hace unos capítulos que no entiendo su comportamiento, actúa de forma muy rara, primero mandarle un mensaje a Elisa y después irse, ahora irse a tomar a un bar. hubiera estado bueno que ya que se quedaba en el hotel llamara a Elisa, igual me gusta porque es impredecible, nunca sabes con lo que te va a salir. Lo bueno es que el capitulo es largo eso si.. jaja

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  5. Por favor, que no se acueste con ella.
    Como nos hacéis sufrir.

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  6. 17 y 27 Ajajajaja no se me suena ya quiero ver a las chicas juntas bueno o leerlas me gusta como hacen q se desarrolle el personaje de chiara

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  7. Interesante el capitulo, pero porfavor victoria ten piedad que el proximo capitulo se encuentren elisa y chiara.

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  8. como demcostumbre genial!! y me uno a el sufrimiento, vero parece buena chica y no creo que se aproveche de Chiara mas bien la quiere cuidar vio en ella el sufrimiento neto que siente, y creo q la llevara a casa de elisa o Chiara se lo pedira ojala y asi con el efecto del alcohol Chiara le dira todo eso que le pasa or la cabeza y no se atreve a decir por miedo o prudencia xD espero con ansias el siguiente y este se me hizo corto la verdad jajaj muchos saludos y besos desde vzla!!

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  9. Yo ya no quiero que se encuentren total chiara se va morreando con la primera que ve...

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  10. Efectivamente, creo que el personaje de Chiara se os está escapando de las manos. Empieza a rozar el absurdo. Decepcionante.

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    1. Pensaré sobre tu comentario. A pesar de todo espero que sigas leyéndome.
      Un abrazo.
      Victoria

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    2. Bueno respeto tu opinión, si así lo ves..pero creo que fue acelerado eso de que la actitud de Chiara este "rozando en lo absurdo", creo mas bien es una reacción debido a una acción, es decir, todo lo que le ha pasado no? y si, es una historia ficticia creo cierto? el escritor puede hacer con el personaje lo que quiera a fin de cuenta es su imaginación, pero si ahondamos mas eso perfectamente puede pasar en la vida real o no? claro que no entiendo el "despecho" de Chiara sin motivos digo el querer estar con otra chica sin que Elisa le haya dado motivos, pero como dije antes quizás para ella (Chiara) la solución fue esa..en fin..eso pienso. Esperemos a ver que pasa en los próximos jueves...Saludos!

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  11. Pues yo entiendo perfectamente a Chiara, por Dios si se te muere la madre, te quedas sin casa, tu padre en un hospital, tu novia con problemas de aceptación, te dicen que tienes que mudarte de donde esta el amor de tu vida y tienes solo 17 años, vamos que es para volverse un poco errático y si le pones alcohol mas se lía todo, me extrañaría más bien que se tomara todo con calma y como una mujer madura, por Dios si yo tengo 24 y creo que ya llevaría mínimo 10 borracheras con todo eso, aunque uno sepa que el alcohol no es la salida.

    En definitiva capítulos así es lo que enriquecen y te atrapan en la obra, me ha encantado y menos mal que Chiara tuvo suerte de encontrarse con alguien como Veronica, si se va de una vez con Elisa sería demasiado predecible, no olvidemos que Chiara es un poco asocial así que creo que esta actitud corresponde con todo lo que hemos visto de ella a lo largo de los demás capítulos.

    Chicas hacen un increíble trabajo, eso se nota por los comentarios desesperados de muchos que ya quieren ver a las chicas juntas, pero para mi lo que importa es también el como, así cuando finalmente se reúnan se que será mucho mas emotivo y significativo. Sigan así son excelentes y este capítulo es una joya en todo el sentido de la palabra =)

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  12. Yo opino que de regalo de San Valentín nos regalen un capitulo este viernes :D

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  13. creo que el estar con verónica le da aún mas realismo, es joven y no ha experimentado nada aparte de lo que ha hecho con elisa, con lo que está pasando, borracha y con una chica mayor muy guapa... más de una caeriamos. aajajaaj felicidades por la historia, es fantástica

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  14. Zaaaaaaaaz! Ahora Chiara es una ebria y actua como toda una lesbiana hecha y derecha....en cuanto las cosas se ponen difíciles huye para acostarse con otra....pobre Elisa, no se merece a alguien asi. Mejor ya terminalas de separar.

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  15. Hola chicas:
    Gracias a todas por vuestros comentarios. algunas habéis calado muy bien al personaje de Chiara, que está inspirado en alguien real y sí, hay gente complicada y muy sensible a todo que sale por peteneras cuando no puede más. Siento la decepción de algunas de vosotras, pero ¡la historia sigue!
    Un abrazo.
    Victoria

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    1. Nooooo, tù sigue así lo haces muy bien, total en gustos se rompen generos :D


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  16. genial!! me reencontre con Chiara es tan complicada asocial y comunicativa... como yo.. XD

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  17. Lo primero muchísimas gracias a ti victoria porque la presion que supone el leer capitulo a capitulo las criticas no debe resultar fácil y lo llevas con un temperamento envidiable, además creo que se nota que las críticas hacia chiara se dan porque las lectoras quieren muchísimo a la pareja y les duele como si fuese su novia, al menos eso pienso yo.y es cierto que decepciona un poco lo de chiara pero no por tonterías de que si es borracha sino por la infidelidad hacia elisa, porque esta en realidad no ha hecho nada, aunque entiendo que es algo real y que pasa en la vida diaria. Besos desde toledo!

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  18. No sabes lo que animan las buenas, y esas las agradezco. Sobre las malas, me hacen pensar y a menudo me ayudan también. Así que me aplico una premisa cada vez que abro vuestros comentarios: Agradece lo bueno y aprovecha lo malo. Siempre se aprende de todo. Un fuerte abrazo desde Madrid. :)

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  19. Es una historia creada por unas geniales escritoras y como tal hay que verla, aprender a apreciar el juego que da, es muy enriquecedor y a la vez tremendamente real; ya que hay muchas chicas que están en embrión en cuanto a lo que tiene que ver con madurez e inteligencia emocional...Y ésta novela lo refleja muy bien. Por lo demás dejar de sufrir tanto, que me da la impresión que las seguidoras sois todas quinceaneras que esperan realizarse a través de la búsqueda del amor y viven la fantasía con la intensidad que podrían poner en la realidad de lo que significa vivir.... Chicas, transmiten y enganchan muchísimo, adelante y mis deseos de éxitos continuos en vuestra vida literaria!!

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  20. Hola, hoy comencé a leer la historia y me parece perfectamente real, narra situaciones que no siempre parecen respuestas a acciones, cosas que suceden casi sin quererlo. Hasta lo más impredecible en la ficción puede suceder, pero a mi no me parece descabellado que la chica busque desahogarse con una extraña si no quiere hacerlo con su familia... tiene 17 años con la rebeldía corriendo por sus venas... Me agradó el capítulo. Felicitaciones! (Vero)

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