jueves, 16 de enero de 2014

Capítulo 41. ELISA: Amantes


Lucía tomó mi abrigo y me llevó directamente a las bebidas.
—Estás superguapa —me dijo sirviéndome una Coca-cola—. Ya eres mayor de edad y sigues sin probar ni gota de alcohol.
—El alcohol no me sienta bien —contesté con la mirada perdida entre los grupos de chicas y chicos que descarrilaban la noche con sus impetuosas entradas en la casa.
—Bueno, nunca te has cogido una buena moña —rio Lucía.
—Desde luego, como las tuyas, no —apunté bromeando.
No quería sentirme triste, ni hacerle ver que nada de lo que la noche me ofrecía me importaba lo más mínimo. Ella era mi amiga y mi confidente y había hecho un gran esfuerzo al prepararme aquella fiesta.
Balanceé mi pequeña bolsita de equipaje para llamar su atención.
—Vamos arriba, a tu dormitorio —dijo dando un sorbo a un mejunje que borboteaba espuma por los bordes.
Nos abrimos paso a empujones entre las risas y la música y subimos las mismas escaleras por las que yo había escapado de Andrés apenas hacía un par de meses. Atravesamos el pasillo bordeado por la barandilla blanca donde los invitados se apoyaban para charlar o darse el lote. La fiesta acababa de empezar, pero ya se respiraba un aire de inevitable euforia que estallaría en cuanto las copas hicieran su efecto.
Pasamos al lado de una nube de porro y una chica a la que no reconocí me saludó con la mano. Devolví el saludo por pura cortesía y me hundí en la negrura de una habitación en la que acababa de entrar Lucía.
Reconocí el dormitorio donde habíamos estado Andrés y yo.
—Joder, Lucía, aquí no, por favor.
Ella tardó unos segundos en entender. Luego se llevó las manos a la boca.
—Eli, perdona. Lo había olvidado. ¿De verdad te da mucho palo dormir aquí?
—Pues, la verdad es que sí, pero si no hay más remedio —contesté arrojando mi pequeña bolsita sobre la cama.
—Hay que olvidarse del pasado, ¿no? Tampoco debes demonizar a Andrés.
—No es eso, es que hoy echo mucho de menos a Chiara y se me mezclan las cosas.
Lucía se sentó a mi lado.
—De todos modos, sabes que Andrés va a venir a la fiesta.
—Lo imagino —murmuré.
—No podía dejar de invitarle. Es un buen tío y aún te quiere.
—Se lo he contado —dije.
—¿El qué?
—Lo mío con Chiara.
—No me lo puedo creer —susurró asombrada.
—Bueno, me espió hasta el hospital y pensé que era una estupidez inventarme más mentiras.
—¿Y cómo se lo ha tomado?
—Bien —me encogí de hombros.
—¿Bien?
—Eso parece. Me pidió un último beso.
—Qué palo, ¿no? Yo alucino con Andrés, tiene que quererte muchísimo…
Le eché una mirada de reproche.
—Elisa, es la pura realidad. Tampoco está de más que veas lo que este tío está haciendo por mantener el contacto contigo.
—No creas que no lo veo, pero no quiero sentirme más culpable, ¿ok?
—No pretendía que te sintieras mal, es que me ha sorprendido todo lo que me acabas de contar.
Me tumbé en la cama y suspiré. Estaba agotada y sabía que me quedaban muchas horas por delante en las que tendría que fingir una felicidad que no sentía.
—Venga, no te amuermes. Vamos abajo a cambiar esa música horrorosa que están poniendo.
—¿Te importa que me quede un ratito aquí?
Lucía frunció el ceño.
—Ok, pero solo un ratito, si no subiré a buscarte.
Esbocé una sonrisa de niña buena y asentí.
Lucía salió de la habitación y una oleada de música quedó flotando en mis oídos unos segundos.
Golpeé los almohadones para hacerlos más mullidos y me senté apoyando mi espalda contra ellos. Me deshice de los tacones y me froté los pies. Había sido una estupidez vestirme de aquella manera. Ocasionalmente una especie de revancha se apoderaba de mi frágil autoestima y me hacía exagerar mi falta de feminidad. Al menos así lo pensaba. Solo Chiara había rescatado de algún lugar muy profundo a esa chica bonita que ella veía y que debía de ser yo. Ahora que la había descubierto, ansiaba esa sensación y me dije que probablemente eso era lo que sentía mi madre. La completa seguridad de que era una mujer, de que era hermosa, de que era deseable. El jaleo de la fiesta estaba empezando y ya notaba el ruido de los zapatos de tacón, de las plataformas y los pasos de baile retumbando en el suelo.
Me levanté perezosamente, me volví a calzar los tacones y salí del cuarto.
En cuanto estuve en el corredor del primer piso me prometí a mí misma no volver a una fiesta como esa. No me gustaban las fiestas, siempre he sido una chica diurna. Una vez, una gitana me leyó la mano y me dijo que las personas que conociera durante la noche nunca serían buenas relaciones para mí. Y sinceramente la creí.
Pasé junto a una chica enorme que llevaba una melena gris excesivamente larga. Y tropecé un par de veces con los vasos que la gente había comenzado a abandonar en el suelo. Bajé las escaleras y desde lo alto busqué a mis amigas entre la gente. Silvia alzó una mano dando saltitos para hacerse ver. Le sonreí y caminé hacia ella. Una chica se interpuso en mi camino inesperadamente y me arrojó parte de la bebida de su vaso sobre mi falda. Retrocedí sacudiéndome el líquido con la mano.
—Joder, perdona, tía. No te he visto.
—No pasa nada —contesté intentado disimular mi enfado.
—Vamos al baño, tienes que limpiarlo, si no te quedará mancha.
—No, deja, no importa. Tampoco me apasiona esta minifalda —dije quitándole importancia.
Pero ella me agarró de la mano y me arrastró hacia uno de los cuartos de baño de la planta baja. Vi la cara de Silvia entre la gente haciéndome un gesto para que volviera. Levanté la mano y le pedí que esperara un segundo. La desconocida caminaba delante de mí, apartando a la gente, a su paso, impetuosamente. A pesar de lo menuda que era, tenía una energía arrolladora que habría podido derribar a un elefante si se hubiera interpuesto en nuestro camino. Tan solo veía su espalda y el rapado de su nuca, que dejaba al descubierto su cuello delgado y blanco. El pelo caía a ambos lados como las cortinas de agua de una fuente y su mano apretaba la mía con firmeza.
Cuando entramos en el baño, fue directamente al lavabo y mojó la punta de una toalla con eficiencia. Tardé un rato en reconocerla. Llevaba los ojos muy maquillados, dos círculos oscuros que hacían resaltar el color verde de sus pupilas y trataban de endurecer un rostro demasiado aniñado. La mandíbula era fuerte y cuadrada, pero su nariz era delicada e infantil, corta como la de un bebé, y eso le daba un aire más atractivo del que recordaba. Era la amiga de Chiara, Angie.
No pude evitar dar un paso atrás.
—Estate quieta, si no no puedo ver las manchas. El color de tu falda es oscuro y el alcohol seca rápido.
—Eres Angie —afirmé.
Levantó la cabeza, que ahora estaba a la altura de mis muslos, y sonrió.
—Creía que no me habías reconocido. La gente como tú no se fija en las chicas como yo… o tal vez sí —añadió con una doble intención que no me gustó nada.
—Déjalo —le dije apartándome de ella—, ya te he dicho que no me importa la falda.
—Será porque tienes muchas, ¿no?
—¿Qué quieres? ¿Por qué me has traído aquí? —le interrogué cada vez más enfadada.
—Quería verte de cerca, para tratar de entender qué ha visto Chiara en ti.
Me giré hacia la puerta y salí del baño sin contestar. Era evidente la agresión y el deseo de lastimarme. Apenas había avanzado un par de pasos cuando escuché su voz detrás de mí.
—No sé por qué te molestas, la verdad.
—No me apetece hablar contigo de mis asuntos personales. No te conozco de nada y la verdad es que no sé qué haces en mi fiesta.
—Me invitaron.
—No creo que Lucía te haya invitado.
—Bueno, ya sabes, un amigo de un amigo y de otro amigo y al final te llega la invitación.
Me detuve y la miré directamente a los ojos.
—Es la casa de mi mejor amiga y mi fiesta de cumpleaños, no entiendo que interés puedes tener en estar aquí.
Sonrió con condescendencia y torció la cabeza hacia un lado, como si se tratara de un científico apiadándose de las reacciones de un animal con el que estaba experimentando.
—Es cierto que eres muy guapa —contestó.
—Déjalo ya, ¿quieres?
—¿Tanto te molestan los piropos? ¡Qué modesta eres! Si no te sintieras guapa no te habrías vestido así.
—¿De qué vas, Angie? ¿Qué es lo que estás buscando? Yo no tengo la culpa de que Chiara no quiera seguir contigo.
—A Chiara le gusto, lo que pasa es que tú la confundes.
—Está bien, si prefieres pensar eso, por mí piensa lo que te dé la gana.
Estábamos de pie a escasos metros del grupo de gente entre los que estaban Lucía y Silvia, que me echaban miradas de reojo.
Le di la espalda a Angie, y entonces, con una fuerza inesperada, me volvió hacia ella y me besó.
Un grupo de gente aulló y silbó a mi alrededor.
La aparté de un empujón.
—¿Qué coño haces? —le grité.
—Eres bollera, ¿no? Quería saber qué es lo que siente Chiara cuando te besa.
—Estas loca —contesté limpiándome la boca.
Miré hacia Silvia, que hablaba con Lucía mientras nos señalaba.
—No soy bollera, entérate, niña estúpida. Quiero a Chiara, pero no me gustan las tías.
—Ya, bueno. Eso es lo que todas nos contamos al principio —sonrió con condescendencia.
—¿Qué pasa? Eli, ¿estás bien?
Andrés estaba a mi lado y miraba a Angie con frialdad. Probablemente lo había visto todo.
—Ah, tú debes de ser el ex de Elisa. Tío, tienes unas tragaderas alucinantes. Debes de ser un santo —observó con una ironía que destilaba amargura.
—Vamos Eli, deja de hablar con esta colgada.
Andrés me pasó la mano por los hombros, algo que me irritó aún más. Era consciente de que la gente más próxima a nosotros estaba completamente absorta en nuestra conversación. De hecho, me di cuenta de que alguien había bajado la música.
Me dejé llevar por Andrés mientras escuchaba los cuchicheos a mi alrededor. Lucía pasó junto a nosotros como una bala. Andrés trató de detenerla. Pero Lucía había metido la cuarta. Podía oír el rugido de sus motores a punto de explotar. Los dos nos volvimos hacia ella.
Estaba junto a Angie.
—¿Quién coño te ha invitado a esta fiesta?
—No me acuerdo —contestó Angie tras acabar su copa de un sorbo.
—Pues te agradecería que te piraras. Esta es mi casa y que yo recuerde no estabas invitada.
—Ok, ningún problema guapa, lo que he venido a hacer ya está hecho —contestó Angie dándole la espalda a Lucía.
Andrés apretó más su brazo sobre mis hombros de manera paternal. Yo me separé un poco y le hice un gesto con la mano para que cediera.
Caminé hacia Silvia, que había congelado su gesto y solo conseguía mover las pupilas siguiendo mis movimientos.
Le tomé la copa de la mano y por primera vez en mi vida le di un largo sorbo a una cerveza que me supo a gloria.
Silvia salió de su estupor lentamente, como si aún tratara de reconocerme.
—¿Eres… eres lesbiana? —preguntó en voz baja.
Lucía se unió a nosotras.
—Listo, una cucaracha menos —dijo con una sonrisa forzada.
—No —le contesté a Silvia.
—¿No, qué? —preguntó Lucía, que se había perdido parte de la conversación.
—¿Tú lo sabías? —insistió Silvia mirando a Lucía.
Se movía como un robot al que los engranajes se le han atascado de pronto.
—¿Si sabía el qué?
—Lo de Elisa —preguntó señalándome.
—Joder, Silvia, por qué no lo dejamos un ratito por esta noche. Es su cumpleaños.
—¿Sabes que me he pasado semanas diciendo por ahí que no eras lesbiana. ¿Por qué no me lo dijiste? Debo de haber parecido una absoluta tonta —reflexionó Silvia saliendo lentamente de su estupor y volviendo a su habitual egocentrismo.
—No soy lesbiana, Silvia.
—¿Ah, no? —preguntó mirando a Lucía.
—¿Y a mí por qué me miras? —exclamó Lucía, que estaba apunto de perder la paciencia.
—Os habéis hecho todo tipo de confidencias porque no os fiabais de mí —respondió con dolor.
—Silvia, ahora no es el momento —insistió Lucía apoyando una mano en su hombro.
Silvia me miró. Yo estuve a punto de eludir su mirada, pero la sostuve y me di cuenta de que la había lastimado.
—¿Pensaste que si me contabas lo que te pasaba dejaría de ser tu amiga?
Bajé la mirada al suelo. Estaba cansada y furiosa, y comenzaba a sentir esa antigua culpa tan familiar y de la que llevaba años intentado escapar.
—Me voy —dije abriéndome paso entre la gente.
La mano de Lucía rozó mi manga sin lograr detenerme. Recé para que no me siguiera. Caminé entre la gente sin atreverme a mirar a mi alrededor. Solo quería alejarme de allí.
Cuando llegué a la calle me detuve y me refugié entre los coches aparcados en el jardín de Lucía. Sentía una fuerte opresión en el pecho y bien podría haber sido uno de los asesinos de Hamlet en ese momento intentado escapar de su fechoría.
Me alejé poco a poco de la casa de Lucía y me quité los zapatos a pesar del frío del asfalto y de la suciedad que sentía bajo mis pies. Cuando llegué a mi casa estaba agotada. Había dejado mis cosas en casa de Lucía, pero tenía el móvil, aunque estaba apagado. Decidí no encenderlo hasta la mañana siguiente. Estaba segura de que tanto Andrés como Lucía me habrían llamado.
Debí haberme quedado en casa de Lucía, eso pensé más tarde. No estaba preparada para saber algunas cosas. Aunque ignoro si alguna vez se está.
Entré en casa. Las luces estaban encendidas y eso me extrañó, pero algo, una intuición, me hizo andar de puntillas y deslizarme sin ruido por la casa. Percibí un olor extraño. Siempre he sido sensible a los perfumes, y este era fuerte y masculino. Subí las escaleras que llevaban a los dormitorios y me quité los zapatos para amortiguar mis pisadas. Mientras subía reparé de reojo en la mesa del salón y en un par de copas y algunos platos llenos aún de aperitivos. No los suficientes para pensar en una fiesta, más bien una íntima reunión. En mi inocencia imaginé a mi madre charlando con una buena amiga, las dos riendo, quizá incluso preparando algo de comer. Mi madre nunca cocina, recordé. Entonces la vi, aunque ella no pudo verme a mí. Estaba desnuda, de espaldas, al final del pasillo, frente a la puerta de su dormitorio. Un acto reflejo hizo que me agachara para refugiarme en la oscuridad del último tramo de la escalera. Mi madre estaba desnuda. Mi madre, que lleva camisones de trescientos euros, caminaba desnuda y descalza por la casa, con el pelo recogido cayéndole a mechones desordenados por la espalda y los hombros, dejando que ese olor extraño se pegara a su piel. Ella abrió la puerta de su dormitorio. El perfume masculino se agudizó en el aire. Mi corazón latía tan fuerte que pensé que ella lo podría oír. Cuando cerró la puerta tras ella aún permanecí unos minutos agachada, encogida como un animal asustado. Intenté respirar con suavidad, pero el aire apenas entraba en pequeñas dosis en mis pulmones. Escuché las voces y una risa que no reconocí. Me tapé los oídos y me pregunté qué era lo que tenía que hacer. No podía ni pensar qué habría pasado si ella me hubiera descubierto aquí, en el pasillo.
Y entonces me di cuenta de que era yo.
Era yo la que la había visto.
Era yo la que la había descubierto.

13 comentarios:

  1. WOW cada vez le ponen cosas interesantes a la trama!! Excelente!! EK

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  2. Antes de todo, Felicitaciones por su oportunidad de publicación :)

    OMG!!! la mama de elisa esta montando cachos, pobre perra esa :O....
    angy esta como loca, que le pasa a la amiga?

    Alejandra, desde venezuela

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  3. Eu estou triste por ter que ficar um tempo sem ler a historia e feliz por que essa é uma grande oportunidade, que você tenha uma boa sorte.

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  4. wooowww..cada vez se pone mejor! pero y cuando se van a ver nuestras chicas? ya llevan tiempo o(

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  5. Mis mas sinceras felicitaciones ... esta muy interesante... ojala y se te cumpla tu sueño de publicación y que sea pronto para poder leerlo todo. Att Jaz... Colombia

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  6. les deseo la mejor de las suertes, y que se cristalice su proyecto, todas las buenas vibras desde México.

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  7. Woooo!!... cada vez más interesante. Mis sinceras felicitaciones por lo de la propuesta de la editorial, es maravilloso. Mucho éxito :D. Desde México

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  8. Ojala se cumpla ese sueño, sere la primera en esperarlo impaciente, un besito seguir asi, llegareis muy lejos.

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  9. Increíble. Piel de gallina cada vez que leo un capítulo. Tengo 23 años y me está pasando algo parecido a la historia. El caso es, que la forma de escribir es tan tan tan real, que lleváis a la persona a cada instante. Ojalá saquéis libro y ojalá los capítulos por aquí tampoco terminen.

    Un saludo y enhorabuena por la capacidad de saber contar algo tan bonito y natural que puede surgir y que a esta sociedad aún le cuesta entender.

    Mucha suerte chicas! :)

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  10. Hola chicas!

    Pues apenas empecé a leer su historia en la mañana y ya he acabado :O me encanta su prosa! me encanta la historia, las protagonistas..todo!

    me alegra mucho que tengan la oportunidad de publicar la historia!!! :) les deseo mucha suerte y mil gracias


    por sus palabras, por su tiempo, por su esfuerzo y por el amor entre Elisa y Chiara, son fuente de esperanza para muchas de nosotras

    UN ABRAZO!

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  11. Lei todos los capitulos el fin de semana y gracias a la recomendacion de una amiga que me dio la pagina del blog encontre esta grandiosa historia que en verdad vale la pena leer y ahora estoy a la espera del proximo capitulo en verdad genial si que saben cautivar :P ...Tory Mexico

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  12. No veo la hora en que subas los siguientes capítulos o a que salga el libro publicado, lo que sea primero....wow!!! :O

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  13. Quiero que se encuentren ya por favor!!!!!!

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