jueves, 9 de enero de 2014

Capítulo 40. ELISA: Llámame, por favor


Chiara y yo perdimos el contacto durante unos días. No habíamos llegado a tener sexo, pero el encuentro en la habitación del hospital había estimulado una urgencia y una tensión que me entristecían y que yo ya había identificado como amor.
Intentaba mantener la cabeza fría. Nunca me había acostado con nadie, nunca había amado a nadie y ahora lo sabía con certeza. Lo que había sentido por Andrés era una mezcla de compañerismo y gratitud por quererme, que al pasar el tiempo se había convertido en una caja fuerte en la que me había encerrado yo sola. Con Chiara era distinto. El sencillo hecho de observarla o verla moverse hacía que sintiera cómo se cortaba el aire a mi alrededor. Podía lograr que me estremeciera solo rozando mi brazo. La deseaba por las noches cuando daba vueltas en la cama recordando una y otra vez la escena. Me dolía el cuerpo al pensar en sus manos sobre mi piel. Ella era introvertida y dura, pero en el amor sus movimientos eran ágiles y suaves como los de una experta bailarina. Había una atención calmada en su manera de tratarme que me hacía excitarme como nunca lo había sentido. Ella me veía. Sí, me podía ver mejor de lo que me veía yo a mí misma. Ella me devolvía una identidad que nunca había reconocido.
Después de un par de días sin atreverme a molestarla, ya no podía más.
Era mi cumpleaños y mamá y yo estábamos solas en casa. Papá seguía de viaje desde hacía diez días y Nando había madrugado para subirse a la sierra con unos amigos a pasar el fin de semana. Sobre mi mesilla de noche había dejado un paquetito con una bisutería que probablemente habría elegido mi madre. Como ella, Nando era un experto en escapar de cualquier demostración de ternura.
Llevaba un buen rato con el móvil en la mano, tratando de decidir qué frase era la más adecuada para escribir a Chiara. Deseaba con urgencia saber algo de ella y al mismo tiempo temía recibir una respuesta demasiado fría y que acabara de hundirme más de lo que me estaba comenzando a sentir.
Debía ser cuidadosa. Decidí enviarle algo neutro que demostrara interés sin revelarle mi necesidad de tenerla cerca.
«¿Todo bien?», escribí guiada por la cautela.
Escuché el timbre de la puerta, la voz de mi madre y la de Lucía, y los pasos de ambas subiendo las escaleras. Miré el móvil ansiosa porque sonara su respuesta antes de que ellas entraran. Mi madre abrió la puerta con la majestuosidad de una reina.
—Elisa, Lucía ha venido a felicitarte.
Saludé con la mano a Lucía desde la cama y me despegué de las sábanas con lentitud, afinando el oído hacia el móvil que había dejado bajo la almohada.
Lucía me dio un beso y me pellizcó la mejilla.
—Despierta, que estás grogui. ¡Ya eres mayor de edad! —exclamó.
Escuché la entrada de un mensaje amortiguado por la almohada y el estómago se contrajo aún más.
—Gracias —contesté sin poder compartir su entusiasmo.
—Le diré a Jasmine que os prepare un buen desayuno —propuso mi madre con su mejor sonrisa.
Esa mañana estaba radiante y se deslizaba ligera como un velero. Sabía que ella disfrutaba cuando mi padre estaba fuera y eso me molestaba.
—Genial —contestó Lucía echándonos miradas alternativamente a mi madre y a mí.
—¿Y tú no dices nada? —inquirió mi madre sin abandonar su sonrisa.
Lucía me pellizcó el brazo.
—Bueno —contesté, y volví a meterme en la cama.
Mi madre cerró la puerta sin disimular un gesto de impotencia que le dedicó a Lucía.
Metí la mano bajo la almohada ansiosa por leer el mensaje.
«Necesito arreglar cosas urgentes, aclarar mi vida.»
Lucía se sentó sobre la cama y me miró inquisitiva.
Leí una y otra vez el mensaje tratando de descifrar significados ocultos en esa frase. ¿Se refería a nosotras? ¿Acaso le había defraudado nuestro encuentro en el hospital? ¿Aclararse con respecto a mí? Me reprendí por haber sido tan mojigata y cobarde, y mi ansiedad aumentaba al repasar una y otra vez la torpeza de mis movimientos al rechazar sus caricias.
—Eh, estoy aquííí —canturreó Lucía sacándome de mis sombríos pensamientos—. ¿Qué pasa?
Le enseñé el mensaje de Chiara.
—No entiendo.
—Llevo dos días sin saber nada de ella. Le acabo de preguntar qué tal iba todo y esto es lo que me ha contestado.
—Ya veo —asintió Lucía devolviéndome el móvil—. ¿Y qué es lo que te preocupa del mensaje? —preguntó.
Me di cuenta de que para que me entendiera debía contarle lo que había pasado entre nosotras.
—La última vez que nos vimos nos besamos —murmuré sin atreverme a mirarla.
—Bueno, no fue el primer beso, ¿no? No entiendo, Eli. ¿Qué te inquieta?
—Empezamos a hacer… Creo que estuvimos a punto de enrollarnos —dije en susurros.
Lucía leyó el mensaje de nuevo.
—«¿Crees?» —repitió con un tono cargado de paciencia maternal.
—Lo paré yo.
—Ya —dijo asintiendo con la cabeza—. Y ¿por qué?
—Era… demasiado —concluí.
No encontraba una manera de explicar lo que me había pasado.
—¿Demasiado qué?
—Demasiado bueno, demasiado intenso —expliqué.
—No hay nada que sea demasiado bueno —replicó impaciente.
—Me asusté.
—¿Por qué?
—Por lo que sentía —respondí molesta.
—¿Placer?
No contesté.
—Eli, ¿qué te pasa? ¿Por qué te asusta tanto ser feliz?
—No era felicidad, era otra cosa.
—¿Qué?
Tragué saliva, tenía la boca seca y me temblaba la mandíbula.
—Amor, creo…
—¿Y eso no te hace feliz?
—No —dije negando con la cabeza; ahora contestaba la niña pequeña y enfadada que guardaba dentro de mí desde hacía años.
—Entonces tienes un problema —sentenció Lucía levantándose de mi cama.
—¿Uno? —reí con sarcasmo—. Ojalá sólo tuviera un problema. Creo que ahora mismo tengo algo más que un problema. Me he enamorado de una chica, he roto con mi novio, no puedo hablar de lo que siento con nadie que no seas tú y me siento como un montón de basura escondiendo sus miserias.
—¡Qué bruta eres! —exclamó Lucía, enfadada—. ¿Qué miserias tienes que esconder?
—¿Cómo crees que reaccionarían mis padres si les contara lo que me está pasando? ¿Y mi hermano? ¿O la propia Silvia? ¿De verdad crees que la gente es tan abierta como tú piensas?
—Yo no me paro a pensar en lo que los demás opinan sobre mí; yo hago lo que siento —sentenció Lucía con dureza.
—Pues qué valiente eres — repliqué incrédula.
Lucía se sentó a mi lado, estábamos en mi dormitorio y el olor a café se filtraba lentamente en la habitación. Sabía que de un momento a otro mi madre aparecería por la puerta para que bajáramos a desayunar.
—Elisa, ¿qué quieres? No te entiendo, parece como si nunca quisieras estar bien.
—No quiero seguir hablando de esto —murmuré.
—Como quieras.
Nos quedamos unos segundos calladas sin saber qué decirnos. Yo me sentía violenta por haberle confesado tantas cosas y al mismo tiempo sabía que sin su ayuda estaba perdida. Abrí el mensaje de Chiara de nuevo y lo leí con un nudo en el estómago.
—Quiero que me escriba algo cariñoso —murmuré.
Lucía suspiró.
—Me contaste que la última noche apareció una señora que, se supone, era su abuela y que Chiara no la recibió de buen grado, ¿no? Probablemente estén teniendo algún tipo de problema familiar.
—Siempre se tiene tiempo para escribir un mensaje —refunfuñé.
—Eli… —Lucía suavizó el tono—, a veces el mundo gira alrededor de otras órbitas diferentes a la tuya —bromeó.
—Muy graciosa —repliqué.
—No tenemos ni idea de lo que le puede estar pasando, ¿verdad?
Asentí con la cabeza.
—Pues deja de darle vueltas y pasa el día de tu cumpleaños con tranquilidad. Ya verás como te escribe. Dale tiempo.
—Tú no estás en mi lugar. No tengo ganas de celebrar mi cumpleaños, ni de fiestas ni de nada —dije tumbándome en la cama.
—Pues yo he montado la de dios en mi casa para ti esta tarde, así que espabila porque te quiero guapa y arreglada a las ocho.
Mi madre golpeó la puerta un par de veces antes de pasar.
—Chicas, os han preparado un desayuno digno de un par de reinas —susurró como si fuéramos a cometer una travesura.
Lucía me empujó fuera de la cama y yo las seguí escaleras abajo con desgana. No quería desayunar, ni salir de casa, solo deseaba tener noticias de Chiara, volver a verla. Todo lo demás me resultaba tan molesto e irritante como un montón de moscas zumbando a mi alrededor.
Hablamos de la fiesta y mi madre le agradeció a Lucía todas las molestias que se había tomado para prepararla. Me echaba furtivas miradas de reojo e intentaba que yo participara de la conversación. Lucía cooperaba para tratar de cubrirme. Fue un desayuno tenso del que me escapé en cuanto Lucía se despidió de mi madre. Huí escalera arriba a mi dormitorio y me conecté a internet para distraerme. Ella no tardó en aparecer y por supuesto yo no estaba preparada para un cortés interrogatorio.
—¿Puedo pasar? —dijo sin esperar mi respuesta.
—Bueno, ya estás dentro —contesté con la mirada fija en el ordenador.
—¿Puedo saber a qué se debe tu malhumor de hoy?
Me sorprendió su nueva estrategia sin rodeos.
—No estoy de malhumor —contesté suavizando mi tono.
Ajá —dijo haciendo girar uno de los anillos de sus dedos—. ¿Te ha felicitado Andrés?
No pude evitar clavarle una mirada furiosa. Esa pregunta era tramposa, pues yo sabía que Nando le había contado todo.
—Ya no estoy con él y lo sabes.
—Solo sé lo que me cuentas —se defendió ella— y que desapareces todas las tardes después de clase y que estás irritada y nerviosa y que me gustaría saber qué te está pasando.
No tenía sentido seguir la conversación con ella. Tan solo seguía la órdenes que en su cabeza dictaban el comportamiento correcto de una madre, pero yo no sentía un atisbo de empatía real hacia mí, y sin embargo no pude resistirme a la tentación de enredarlo todo.
—No, no te gustaría saberlo, créeme —contesté con una carcajada amarga.
Ella torció la boca en una mueca de disgusto.
—¿Es necesaria tanta aspereza para hablar conmigo?
Probé a reírme, pero mi risa se deshizo y se convirtió en un sonido extraño, como el de un pájaro pidiendo auxilio.
—Está bien, cuando quieras hablar de lo que te pasa, me avisas —dijo palmeando suavemente la mesa con la mano mientras me daba la espalda.
—Mamá… —dije impelida por un momento de debilidad.
—¿Sí? —dijo mirándome fríamente.
—¿Tú me quieres? —pregunté asombrada por mi propia pregunta.
Frunció el ceño y me miró un segundo.
—Soy tu madre.
—Eso no quiere decir nada —dije volviendo a mi ordenador—. Hay madres que no quieren a sus hijos, e hijos que no quieren a su madres —añadí premeditadamente—. La sangre no significa nada, nada en absoluto.
—Elisa, eres demasiado complicada, deberías disfrutar más de las cosas y pensar menos —contestó abriendo la puerta de mi dormitorio.
—Claro, como haces tú —susurré con rencor.
—¿Y qué hay de malo en eso? —dijo deteniéndose un segundo.
—Absolutamente nada, es como hacerse una lobotomía. Se debe de vivir muy bien sin pensar.
Escuché su respiración un poco más rápida y más fuerte a medida que la conversación avanzaba.
—Qué mal te han sentado los dieciocho, hija mía —dijo antes de salir del cuarto.
Yo cerré la tapa de mi ordenador de un golpe y arrojé el móvil sobre la cama.
A las ocho estaba lista para la fiesta, sobre unos ridículos tacones y un vestido rojo que nunca me había puesto. Antes de salir de casa pasé frente a su dormitorio y me detuve un segundo intentando decidir si despedirme de ella o no. Había cogido una pequeña bolsa con mi pijama, un cepillo de dientes y una muda para el día siguiente. Golpeé su puerta con los nudillos.
—Nos vemos mañana —grité.
Eso dije: «Nos vemos mañana», y ella no contestó nada.
Mantuve la mano sobre el pomo de la puerta, luego lo solté con suavidad y bajé las escaleras.

27 comentarios:

  1. Muy lindo!! :) muchas intrigas. Lili.

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  2. Buenos dias a tod@s..Vic sorry pero se me hace tan corto, es dificil entregar dos capitulos? si seguro que si, porque sino ya lo hubieses hecho cierto?; en fin que se puede hacer, cada vez esta historia se pone mas emocionante por Dios! #ElisaYChiara estan metidas en mi piel bueno en realidad la novela con todos sus personajes. Un enorme abrazo a tod@s

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  3. Es demasiado esperar hasta el próximo jueves T_T y eso es una gran tristeza.

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  4. Por favor teneis que escribir más largo o más veces a la semana es que sinceramente esperar tanto para tan poco quita interés

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  5. A mi me encanta, y lo que se me hace eterna es la espera para el próximo capítulo! Felicidades!
    Saludos,

    Ale

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  6. Hola, yo os pediría desde argentina que nos recomendeis libros de temática lesbica pues hay muy pocos y los que se conocen no son de mucha calidad, gracias.

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  7. Hola muy buena novela, me encanta espero con ansías que llegué el jueves para leerla.

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  8. Bella attualizzazione!! Non vedo l'ora che si rivedano Chiara ed Elisa... che descriviate le emozioni di Elisa nel riveder Chiara dopo quell'incontro così intimo!!!
    Muy encatada de leer esta novela!!!! Muchas gracias.

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  9. BUENÍSIMO. Se hace muy corto cada capítulo, sí, pero yo estoy intentando recuperar el espíritu paciente del lector de entregas dickensianas para disfrutar la espera. De momento no lo he conseguido .
    Escribís muy bien y con una sensibilidad que pone la carne de gallina por momentos.
    Muchísimas gracias por compartirlo de una forma tan desinteresada.Me estoy poniendo un poco cursi...QUE DE PUTA MADRE,quería decir.Y que aquí me tendréis al pie del cañón hasta que vea a las niñas con la carrera acabada, curro, monovolumen y un par de churumbeles!

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    1. Jajajaja.

      ¿Vamos haciendo un bote para los pañales?

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    2. Loquehagafaltaloquehagafalta.

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  10. SOU DO BRASIL, E ESTA NOVELA, CHEGOU ATE MIM POR INTERMEDIO DE UN SITE SO PARA LESBICA, NEHO LENDO OS CAPITULIS SEMANALMENTE, E ESTOU APAIXONADA POR ELISA Y CHIARA,

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  11. ¡Por fin de vuelta! Juro que entraba todos los días con la esperanza de encontrar un nuevo capítulo. Leí los anteriores de un tirón que tener que esperar tantos días me tenía un poco perturbada. Es que la historia me ha atrapado tanto, la manera en que se relata cada momento, es exquisita. Cómo es posible diferenciar e identificar al instante cuando es Chiara o Elisa, es simplemente asombroso. Felicidades por tan buena labor. Ojalá no deba esperar tanto para la próxima entrega, pero eternamente agradecida por tan buen material. Saludos desde Argentina.

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  12. Me encanto! valió la pena la espera, muy buen capitulo. Si, de verdad que parece corto, pero no quiero ser tan exigente me imagino que no debe ser fácil, lo importante es la calidad del capitulo mas que si es corto o no, mi humilde opinión, y la verdad es que se superan capitulo tras capitulo, los detalles que hacen que nos podamos trasladar hasta la situación e imaginar las emociones de las protagonistas. Cada semana te engancha mas y por eso nos quedamos con las ganas. Y simplemente gracias por tan linda historia

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  13. Pues yo creo que tienen una duración adecuada... cuentan lo necesario y además, cuando se alarga por alargar, pierde la intensidad.
    Decir que escribís bien sobra. Si no me equivoco sois profesionales y sabéis cómo redactar mucho mejor que muchas de nosotras.
    Lo que agradezco (como otros tantos comentarios) es que compartáis vuestro esfuerzo y tiempo desinteresadamente.

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  14. Aiii... lloro. Quiero más! Esto me sabe a muy poco. Enserio, es genial. Toda la historia es genial. No tengo palabras.

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  15. Parece que os habeis hartado de nosotras porque no contestais jajaja

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  16. Hola. Para nada. Os agradezco mucho todo lo que escribís y vuestros ánimos y comentarios, pero he estado de hospitales con un familiar y lo que me queda, y no tengo tanto tiempo como querría para poder contestar a todos los comentarios. Como siempre, cuando los leo, me llevo una alegría. Gracias mil. de verdad. Un abrazo a todas.
    Victoria

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    1. Espero que tu familiar mejore, muchas gracias por la historia. Lili, de Argentina. Un abrazo.

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    2. Vaya. Mucho ánimo y que salga todo lo mejor posible. Un abrazo.

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  17. Ufff es sábado y ya estoy ansiosa por que llegue el próximo jueves...esto es un sin vivir!! Yo creo que voy a dejar de leer durante un tiempo para poder leerlo ya cuando esté terminado todo seguido

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  18. me lei todos los capitulos en 4 dias la verdad es que me encanta !!! :)

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  19. Da gusto tener novelas así para leer sin tener que pagar nada, gracias chicas por el trabajo que haceis. Espero impaciente hasta el próximo Jueves. Un beso chicas!

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  20. Impaciente!! Espero que el próximo sea mas largo. Nos recomendais novelas lesbicas por favor?

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    1. Dos que me gustan mucho son: Tipping the Velvet o El lustre de la perla (en español) de Sarah Waters y Carol de Patricia Highsmith.

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    2. Waters es muy buena.
      Novelas con trama e intriga que no se basan sólo en la homosexualidad del personaje.
      Matas dos pájaros de un tiro; lees una buena novela y tienes personajes del ambiente.

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  21. Saldrá mañana capítulo?

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